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Von Bingen, una mente maravillosa

La película Una mente maravillosa (2001) nos muestra la vida del matemático John Nash, Premio Nobel de Economía en 1994. La cinta, ganadora de cuatro Premios Óscar, está basada en una novela homónima de la escritora Sylvia Nasar. Pese a ser imprecisa en algunos aspectos —ya que Nash no llegó a participar en su elaboración ni a autorizarla—, la historia contribuye a la visibilización de la esquizofrenia.

Nash sufría alucinaciones debido a su enfermedad mental. En la película estas alucinaciones toman la forma de tres personas: William Parcher, Charles y la sobrina de este último, Marcee. La cinta comienza con la llegada de Nash a Princeton, donde conoce a su inexistente compañero de habitación, Charles. Este encuentro está enmarcado por la música del vinilo que el matemático está escuchando. Aunque sea brevemente, alcanzamos a escuchar unos segundos de Columba aspexit, una obra de la compositora alemana Hildegard von Bingen (1098-1179).

Columba aspexit de Hildegard von Bingen por Voices of Ascension.

Hildegard von Bingen

La elección de Hildegard von Bingen, Doctora de la Iglesia, para formar parte de la banda sonora de Una mente maravillosa puede ser una pequeña broma del director, Ron Howard, ya que las visiones y apariciones divinas fueron algo habitual en la vida de la compositora. Siendo muy pequeña, von Bingen fue entregada a un monasterio, Disibodenberg, como ofrecimiento a Dios. Allí creció bajo la tutela de una monja, Jutta von Sponheim, que le enseñó teología y algo de latín.

Cuando la niña tenía seis años, afirmó haber tenido visiones. Se lo contó a Jutta, que también había sufrido experiencias similares y pudo ayudar a Hildegard a sobrellevar la situación. Con el tiempo, se fue corriendo la voz sobre aquellas dos mujeres bendecidas por la divinidad. Según su fama crecía, muchos padres fueron dejando a sus hijas a cargo de Jutta y Hildegard, con lo que se fue creando una pequeña congregación femenina junto a Disibodenberg.

O tu illustrata de Hildegard von Bingen por VocaMe.

Cuando Jutta murió, Hildegard se hizo cargo del grupo. En 1141 le comentó a uno de los monjes que, en una de las apariciones, Dios le había pedido que anotara las visiones. Tras estudiar las transcripciones, el monje confirmó la procedencia divina de las mismas. Este reconocimiento puso a la congregación en un problema: no querían que una mujer profetizara, pero tener una figura así en el monasterio aumentaría los donativos y los ingresos de nuevos miembros. Las distintas autoridades eclesiásticas fueron escurriendo el bulto hacia sus superiores, y las visiones de von Bingen acabaron por llegar a oídos del papa Eugenio III.

El Papa investigó la cuestión y le dio a Hildegard su beneplácito, además de animarla a compartir todo lo que el Espíritu Santo le comunicara. Ante esta autorización papal y la incesante llegada de nuevas acólitas, von Bingen tuvo una visión para trasladar el convento a otro lugar. Pese a la oposición de los monjes, la religiosa consiguió su propósito y fundó el monasterio de Rupertsberg. Con este golpe sobre la mesa, la congregación femenina consiguió escapar del control de los monjes. La fama de Hildegard von Bingen era tan grande que, gracias a las distintas donaciones, el nuevo monasterio también consiguió ser independiente económicamente de los poderes laicos. Tan bien les iba a las arcas de Rupertsberg que la abadesa se permitió admitir únicamente a hijas de familias nobles y acaudaladas.

In Principio del auto sacramental Ordo virtutum de Hildegard von Bingen por Psallentes.

Pero la separación de Disibodenberg también tuvo sus consecuencias negativas. Algunos nobles decidieron apartar a sus hijas de aquel monasterio regido por mujeres para enviarlas a otras comunidades religiosas. Ese fue el caso de Richardis von Stade, una monja que compartía las visiones de Hildegard y estaba llamada a ser su sucesora. Aparte de la ausencia de hombres, otro de los aspectos más criticados de Rupertsberg era el atuendo de las monjas en los días de fiesta. Se ponían coronas con símbolos religiosos y anillos de oro, ya que la abadesa afirmaba que no merecían menos ornamentos que los sacerdotes y obispos. Pese a las bajas, el flujo de mujeres no cesó, hasta el punto de tener que redirigir a algunas hacia otro monasterio, el de Eibingen, donde actualmente están los restos de von Bingen.

Aparte de sus visiones, la abadesa escribió o dictó otros libros. Entre sus obras teológicas podemos encontrar Scivias, el Liber Vitae Meritorum o el Liber Divinorum Operum. A partir de su llegada a Rupertsberg, Hildegard von Bingen comenzó a escribir música. De su producción conservamos un auto sacramental, Ordo virtutum, y un conjunto de obras agrupadas en el libro Sinfonía de la armonía de las revelaciones divinas.

Además de compositora y teóloga, von Bingen tenía unos amplios conocimientos de botánica, medicina y fisiología. En este campo escribió el Libro sobre las propiedades naturales de las cosas creadas, dividido en Physica y Causae et Curae. Tales eran los conocimientos de Hildegard von Bingen, que esta obra se volvió a utilizar tras la Segunda Guerra Mundial. Ante la escasez de medicamentos, una abadesa recurrió al tratado, cuyos remedios naturales fueron recuperados y aplicados a los pacientes.


Referencias:

Morrón, L. (2015, 6 de noviembre). Santa Hildegarda de Bingen: religión, ciencia y poder. Los Mundos de Brana. https://bit.ly/3eugkGX

Rabassó, G. (2012). Hildegarda de Bingen: Sinfonía de la armonía de las revelaciones celestiales. Lletra de Dona. https://bit.ly/3eWjHFi

Redacción y edición: S. Fuentes

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Dvořák: Nuevo Mundo, nuevos tiempos

Antonín Dvořák (1841-1904) fue un compositor muy viajero. El músico checo hizo viajes y estancias por distintos países de Europa, incluyendo lugares tan dispares como Rusia o Inglaterra. Pero las andanzas de Dvořák no se detuvieron en el Viejo Continente. El compositor cruzó el Atlántico hacia Estados Unidos, donde vivió durante tres años.

La visita al continente americano se produjo gracias a una invitación. Jeanette Thurber, una acaudalada filántropa y mecenas, pidió al compositor checo que se hiciera cargo del Conservatorio Nacional de Música de América, que ella misma había fundado pocos años antes. Dvořák aceptó con una condición: que los nativos americanos y afrodescendientes que mostraran dotes para la música, pero no pudieran costearse los estudios, fueran admitidos gratuitamente en la institución. Thurber dio su visto bueno y en 1892 el conservatorio estrenó nuevo director.

Adagio, Allegro molto de la Sinfonía no.9 de Dvořák por la Filarmónica de Viena.

A diferencia de otros músicos, que emprendían aventuras americanas con el único fin de lucrarse, desde el primer momento Dvořák quiso conocer la música de su nuevo hogar. Se interesó por el folclore estadounidense, que para él estaba constituido por la música de los nativos y los espirituales de los afroamericanos. El compositor tuvo una gran relación con los espirituales gracias a uno de sus alumnos, Harry Burleigh. El músico afroamericano ayudaba a Dvořák en su adaptación al Nuevo Mundo a cambio de las lecciones. Burleigh era, además de un estudiante de composición, un gran cantante, y fue a través de su voz como el compositor checo conoció un gran número de espirituales.

Scherzo: Molto vivace de la Sinfonía no.9 de Dvořák por la Czech Philharmonic Orchestra.

La relación entre Dvořák, sus alumnos y los espirituales fue, en cierto modo, circular. Si Burleigh le había abierto las puertas de este género, fue otro de sus alumnos, William Arms Fisher, quien convirtió el Largo de la Sinfonía no.9 (1893) en una suerte de espiritual: Goin’ Home (hasta el punto de ser considerado parte del repertorio tradicional). Dvořák ya había reparado en la fuerza del movimiento. De hecho, se planteó utilizarlo como base para una cantata o una ópera sobre La canción de Hiawatha, un poema épico de Henry Wadsworth Longfellow. Este proyecto nunca llegó a realizarse, privándonos de la que seguro hubiera sido una gran obra sobre la figura del líder nativo.

Goin’ Home de William Arms Fisher.

Sinfonía del Nuevo Mundo

Esta Sinfonía no.9, también conocida como Sinfonía del Nuevo Mundo o Sinfonía desde el Nuevo Mundo, fue una de las obras que Dvořák compuso durante su estancia en Estados Unidos. Las otras son el Cuarteto de cuerda no.12 (1893, Cuarteto americano), el Quinteto de cuerda en mi bemol (1893) y el Concierto para violonchelo en si menor (1895). Para la sinfonía, Dvořák recurrió a los conocimientos que había adquirido sobre el folclore estadounidense. Aunque no llegó a emplear ninguna melodía de los nativos, utilizó los recursos de esta minoría para crear sus propios temas originales. Aunque se puede percibir claramente la identidad americana, Dvořák también incorporó elementos del folclore de su tierra, Bohemia, ya que era algo inherente a su música. Esta intrusión, ya fuera consciente o inconsciente, refuerza la idea de mestizaje y multiculturalidad sobre la que se ha intentado construir la sociedad y la cultura estadounidense.

Goin’ Home no es la única obra que bebe de la Sinfonía del Nuevo Mundo. William Arms Fisher pudo ser el primero o uno de los primeros en utilizar la música de Dvořák, pero no fue ni será el único. La sinfonía sigue hechizando a músicos de todos los géneros y estilos a día de hoy. Podemos encontrar numerosas referencias a esta obra en temas de música comercial. Distintos fragmentos (a menudo del cuarto movimiento, Allegro con fuoco) han inspirado a grupos como Arch Enemy (War Eternal), Accept (Samson and Delilah) o Blind Guardian (By the Gates of Moria). Pero, sin duda, uno de los mayores homenajes a la sinfonía es el de la banda italiana Rhapsody en The Wizard’s Last Rhymes.

The Wizard’s Last Rhymes de Rhapsody.

El tema no se limita a referenciar la obra de Dvořák, sino que se basa casi completamente en la Sinfonía no.9. Es la última pista del disco Rain of a Thousand Flames. En este álbum también aparecen también otras referencias, como a la secuencia Dies irae (solo el texto), a la banda sonora de la película Phenomena (1985) o a la melodía tradicional irlandesa Cooley’s Reel.


Referencias:

Döge, K.  (2001). Dvořák, Antonín. Grove Music Online.  https://doi.org/10.1093/gmo/9781561592630.article.51222

Beckerman, M.  (2014, 31 de enero). Dvořák, Antonín (USA). Grove Music Online. https://doi.org/10.1093/gmo/9781561592630.article.A2257504

Redacción y edición: S. Fuentes