El siglo XIX fue una época en la que florecieron los virtuosos de distintos instrumentos a lo largo y ancho de Europa. Esta oleada de músicos sobresalientes se extendió también a América, con varias figuras que despuntaron, como la pianista venezolana Teresa Carreño. De entre todos estos solistas extraordinarios, la mayoría de los que han pasado a la historia eran violinistas, como Paganini o Sarasate, o pianistas, como Liszt o Chopin. A mediados de siglo surgió en París una excepción a esta regla: un virtuoso de la flauta, la primera superestrella de este instrumento. Se trataba de Jules Demersseman (1833-1866). Quizás el motivo de que este flautista y compositor no pasara a la posteridad —como los músicos previamente mencionados— se debiera a su temprana muerte. Demersseman murió con tan solo 33 años, seguramente de tuberculosis.
Demersseman empezó a despuntar siendo muy joven. Fue admitido en el Conservatorio de París con tan solo once años. En la institución parisina estudió flauta con Jean-Louis Tulou y solfeo con Alexandre Tariot, además de armonía y contrapunto y fuga. Ya en sus primeros cursos consiguió un primer premio en flauta y un accésit en solfeo. Con trece años amplió estos galardones con un primer premio en solfeo y un accésit en contrapunto y fuga, demostrando que además de un destacado flautista era un compositor prometedor. Demersseman llegó a ser admitido como candidato al Premio de Roma en dos ocasiones, aunque no consiguió hacerse con este codiciado galardón.
La prensa se hizo eco rápidamente de la maestría de Demersseman, elogiando su “talento […] altamente refinado, extremadamente brillante y muy distinguido”. El flautista se consagró en los conciertos organizados por Musard y Arban, con emplazamientos tan selectos como el Casino de París o los Campos Elíseos. Demersseman llegó a ser comparado con Paganini, quizás por su doble vertiente como virtuoso y compositor. Al igual que el violinista italiano, el flautista francés plasmó en sus composiciones su brillante técnica interpretativa, pero también fue más allá de su instrumento. En el caso de Demersseman, escribió música para otros instrumentos de viento, como el saxofón o el trombón.
Demersseman fue uno de los primeros compositores en escribir música para saxofón (el instrumento fue patentado en 1846) gracias a la amistad que le unía con Adolphe Sax. Este vínculo también dio lugar a obras para saxcorno y para un diseño de trombón de seis pistones desarrollado por el fabricante de instrumentos belga. Pese a que estos dos últimos prototipos no alcanzaron la misma fama que el saxofón, las obras de Demersseman se convirtieron en una parte importante del repertorio para trombón. La mayoría eran solos de concierto y temas con variaciones extraídos de óperas. Gracias a este formato y a la exigencia técnica de las composiciones, estas obras breves fueron requeridas con frecuencia en distintos concursos. Por ejemplo, en el Conservatorio de París se pidieron veinte veces obras de Demersseman en concursos de trombón entre 1863 y 1896.
Referencias:
Editions BIM. (Sin fecha). Jules Demersseman (1833-1866). Consultado el 2 de marzo de 2024. https://www.editions-bim.com/composers/jules-demersseman
Mead, S. (Sin fecha). Steve in recording studio once again for Jules Demersseman solo repertoire CD. Euphonium.net. Consultado el 2 de marzo de 2024. http://www.euphonium.net/home.php?newsID=102
Musik Fabrik. (Sin fecha). Biographical Sketch. Jules Auguste DEMERSSEMAN. Consultado el 2 de marzo de 2024. http://www.julesdemersseman.com/
Redacción y edición: S. Fuentes
