La compositora y pedagoga musical Kerstin Thieme (1909-2001) nació en la pequeña localidad sajona de Bad Schlema. Ante la imposibilidad de formarse en este municipio, la joven tuvo que desplazarse primero a Aue y posteriormente a Leipzig para avanzar en sus estudios. Ya en la gran ciudad, Thieme accedió a la Universidad de Música y Teatro, donde estudió con Hermann Grabner. Entre sus compañeros se encontraba el compositor húngaro Miklós Rózsa, quien llegaría a ser un célebre creador de bandas sonoras en Hollywood. Thieme terminó sus estudios —incluyendo un doctorado sobre el sonido orquestal de Mozart— y, guiada por su interés en la pedagogía y la docencia, aprobó el examen estatal para ser profesora de música en enseñanzas secundarias.
Thieme comenzó a trabajar como docente, compaginando esta actividad con sus primeras composiciones, que tuvieron una muy buena acogida. Sin embargo, este comienzo profesional prometedor se vio interrumpido cuando fue llamada a filas durante la Segunda Guerra Mundial. En el conflicto fue hecha prisionera y trasladada a Italia, donde fue retenida hasta 1946. Tras regresar a Alemania, Thieme tuvo que huir de la zona de ocupación soviética por razones políticas, mudándose a Núremberg, en Baviera. Allí ocupó primero un puesto de Consejera de Educación gracias a su formación pedagógica, aunque rápidamente abandonó este puesto de carácter más técnico para volver a ejercer de docente, retomando también su actividad como compositora.
La autora alemana continuó dando clases hasta su jubilación, en 1974. Durante este tiempo fue profesora en, por ejemplo, la Hochschule für Musik Nürnberg o la Universidad Friedrich Alexander de Erlangen-Núremberg. Thieme estableció una relación muy fuerte con la ciudad bávara que la había acogido tras su huida del este. Contactó con los distintos coros y asociaciones corales amateurs de la ciudad y les hizo partícipes de algunos de sus estrenos. Este dato es especialmente relevante teniendo en cuenta que la música vocal gozó de una posición privilegiada en el repertorio de Thieme y en ella daba una importancia muy parecida al coro y a los solistas. También como parte de esta participación en la vida musical de la ciudad, la compositora escribió numerosas obras para que se estrenaran en las distintas ediciones de la Semana Internacional del Órgano de Núremberg.
Las obras de Thieme gozaron de un gran reconocimiento en vida de la compositora. Fueron galardonadas con numerosos premios nacionales e internacionales, como el Premio Fanny Mendelssohn o el Premio Città di Trieste, que ganó en tres ocasiones con las obras Varianti b-a-c-h, Mosaici y el concierto para violín Omaggio a Tartini. En la última etapa de su vida, Kerstin Thieme fue incorporando cada vez más la religiosidad en su música. La fe siempre había sido algo importante para la compositora, pero en esta etapa adquirió un papel crucial. Fue en estos últimos años cuando Thieme puso música a varios salmos y escribió su célebre Réquiem. Estas obras incorporaron textos en latín a la producción de la compositora, idioma que no había utilizado previamente. Ella concebía esta lengua como una forma de extender su mensaje musical a un público mucho más amplio, más allá del mundo alemán al que ella pertenecía.
Referencias:
Firnkees, N. (Sin fecha). Die menschliche Komponente in der Musik gefunden: Zum Tode der Komponistin und Musikpädagogin Kerstin Thieme. Consultado el 17 de febrero de 2024. https://www.kompositionen-thieme.de/assets/applets/Festrede_Firnkees_2001.pdf
Redacción y edición: S. Fuentes
