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Menéndez: historia del clarinete

El clarinetista bilbaíno Julián Menéndez nació en Santander en 1895. Cuando apenas tenía un par de meses su familia se trasladó a la capital de Vizcaya, donde el músico y sus hermanos se criaron. Desde una temprana edad demostró grandes dotes para la música. Con 12 años ingresó en la Banda Municipal de Bilbao, pero los estudios del joven acabaron por llevarle a Madrid.

En Madrid consiguió una plaza como clarinetista en la Banda Municipal. Rápidamente llegó a ser solista de la agrupación gracias, en parte, al respaldo de Miguel Yuste, otro ilustre clarinetista —y subdirector de la banda— que vio el enorme potencial del joven. Pese a alcanzar esta notoriedad tan pronto, Menéndez no se relajó y continuó desarrollando distintas facetas de su carrera profesional.

Estudio de concierto no.2 de Julián Menéndez por Enrique Pérez Piquer (clarinete) y Aníbal Bañados (piano).

Menéndez compuso obras para banda, orquesta y un amplio abanico de formaciones instrumentales. Incluso se atrevió con la zarzuela en La canción del corso, que gozó de una estupenda acogida en su época. Pero, sin lugar a dudas, el grueso de la composición del músico vasco se centró en su instrumento, el clarinete. Revisó, actualizó y amplió los métodos de Antonio Romero (quien, junto a Yuste y Menéndez, es considerado uno de los tres pilares de la Escuela Española del Clarinete) y escribió un gran número de estudios. Entre ellos figuran sus Seis estudios de concierto, que se convirtieron en obras de concurso en la Banda Municipal de Madrid.

Las composiciones de Menéndez continúan siendo una parte indispensable de la formación de los clarinetistas hoy en día, pero no gozan de gran difusión fuera de este instrumento. El verdadero legado de Julián Menéndez son sus arreglos. El clarinetista arregló para banda un inmenso número de obras orquestales. Muchos de sus arreglos que continúan en el repertorio de la ahora Banda Sinfónica Municipal de Madrid. Tal era su maestría en esta labor que incluso Igor Stravinsky —acérrimo detractor de los arreglos— elogió la transcripción para banda que el clarinetista hizo de La consagración de la primavera.

Estudio de concierto no.3 de Julián Menéndez por Enrique Pérez Piquer (clarinete) y Aníbal Bañados (piano).

Además de la interpretación, la composición y los arreglos, Menéndez se aventuró en más ámbitos musicales. En 1930 creó una sociedad de venta de partituras, instrumentos y discos junto a Manuel Garijo y Vicente Respaldiza (esa es la fecha del primer registro del que se tiene constancia, aunque los implicados sostenían que comenzaron en 1924). Tras unos años la sociedad se disolvió —aunque Menéndez ya había salido de ella previamente— y Garijo y Respaldiza fundaron sus propias tiendas de música.

Menéndez y el Régimen

Julián Menéndez colaboró con varias orquestas y agrupaciones como solista, aunque continuó trabajando en la Banda Municipal de Madrid hasta su jubilación en 1956. Sin embargo, su carrera estuvo a punto de truncarse tras el golpe de estado franquista. En su afán por destruir el legado de la República y asesinar a cualquier potencial disidente, el Régimen sometió a gran parte de los músicos de la Banda Municipal a “depuraciones”. En estos procesos estudiaban a las personas sobre las que tenían dudas y a sus familias.

Estudio de concierto no.1 de Julián Menéndez por Enrique Pérez Piquer (clarinete) y Aníbal Bañados (piano).

Menéndez y su hermano Severiano, trompetista en la Banda Municipal, fueron sometidos a estos procesos. El clarinetista se había adherido al sindicato UGT, por lo que las cosas no pintaban bien para él. Mediante una serie de escritos intentó, sin éxito, rebatir las acusaciones. Buscó testigos que le respaldaran —entre los que figuraba Respaldiza— pero solo uno de los cuatro que había citado se prestó a declarar. Pese a las circunstancias adversas, todo apuntaba a que el largo proceso no iba a tener consecuencias graves para el clarinetista. Cuando parecía que la situación iba a solucionarse, Menéndez fue denunciado por el trompista Álvaro Mont, que sostenía que Gabriel Garijo había oído al clarinetista hablar contra el Régimen. En 1942, cuatro años después de comenzar el proceso judicial, Garijo dio su versión de los hechos, confirmando la acusación a Menéndez.

Quinteto de viento: Álvaro Mont (verde) y Manuel Garijo (azul).
Quinteto de viento: Álvaro Mont (verde) y Manuel Garijo (azul).

Las alegaciones del clarinetista eran continuamente ignoradas, por lo que, desesperado, dejó de recurrir las acusaciones. Salieron en su auxilio 31 músicos de la Banda Municipal, que redactaron un escrito defendiendo la inocencia de su compañero y proclamándole “el mejor músico de Madrid”. El juez consideró que, pese a este documento, no había suficientes apoyos que atestiguaran la afinidad al Régimen de Menéndez.

Sin embargo, este apoyo de sus compañeros pareció calar de alguna manera en los jueces. En 1943 se emitió una resolución definitiva: el clarinetista demostraba ideas de izquierdas y se oponía al Régimen. Pese a este veredicto adverso, se desaconsejó retirarle de sus funciones como clarinetista por su valor como profesional. Severiano Menéndez no corrió la misma suerte. Fue encarcelado y, finalmente, retirado de la función pública (los músicos de la Banda Municipal son funcionarios). Murió poco tiempo después.


Referencias:

Fernández Garín, R. (2017). El clarinetista Julián Menéndez González (1895-1975) [tesis doctoral, Universidad de Oviedo]. Repositorio Institucional de la Universidad de Oviedo. http://hdl.handle.net/10651/44544

Redacción y edición: S. Fuentes

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