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Dvořák: Nuevo Mundo, nuevos tiempos

Antonín Dvořák (1841-1904) fue un compositor muy viajero. El músico checo hizo viajes y estancias por distintos países de Europa, incluyendo lugares tan dispares como Rusia o Inglaterra. Pero las andanzas de Dvořák no se detuvieron en el Viejo Continente. El compositor cruzó el Atlántico hacia Estados Unidos, donde vivió durante tres años.

La visita al continente americano se produjo gracias a una invitación. Jeanette Thurber, una acaudalada filántropa y mecenas, pidió al compositor checo que se hiciera cargo del Conservatorio Nacional de Música de América, que ella misma había fundado pocos años antes. Dvořák aceptó con una condición: que los nativos americanos y afrodescendientes que mostraran dotes para la música, pero no pudieran costearse los estudios, fueran admitidos gratuitamente en la institución. Thurber dio su visto bueno y en 1892 el conservatorio estrenó nuevo director.

Adagio, Allegro molto de la Sinfonía no.9 de Dvořák por la Filarmónica de Viena.

A diferencia de otros músicos, que emprendían aventuras americanas con el único fin de lucrarse, desde el primer momento Dvořák quiso conocer la música de su nuevo hogar. Se interesó por el folclore estadounidense, que para él estaba constituido por la música de los nativos y los espirituales de los afroamericanos. El compositor tuvo una gran relación con los espirituales gracias a uno de sus alumnos, Harry Burleigh. El músico afroamericano ayudaba a Dvořák en su adaptación al Nuevo Mundo a cambio de las lecciones. Burleigh era, además de un estudiante de composición, un gran cantante, y fue a través de su voz como el compositor checo conoció un gran número de espirituales.

Scherzo: Molto vivace de la Sinfonía no.9 de Dvořák por la Czech Philharmonic Orchestra.

La relación entre Dvořák, sus alumnos y los espirituales fue, en cierto modo, circular. Si Burleigh le había abierto las puertas de este género, fue otro de sus alumnos, William Arms Fisher, quien convirtió el Largo de la Sinfonía no.9 (1893) en una suerte de espiritual: Goin’ Home (hasta el punto de ser considerado parte del repertorio tradicional). Dvořák ya había reparado en la fuerza del movimiento. De hecho, se planteó utilizarlo como base para una cantata o una ópera sobre La canción de Hiawatha, un poema épico de Henry Wadsworth Longfellow. Este proyecto nunca llegó a realizarse, privándonos de la que seguro hubiera sido una gran obra sobre la figura del líder nativo.

Goin’ Home de William Arms Fisher.

Sinfonía del Nuevo Mundo

Esta Sinfonía no.9, también conocida como Sinfonía del Nuevo Mundo o Sinfonía desde el Nuevo Mundo, fue una de las obras que Dvořák compuso durante su estancia en Estados Unidos. Las otras son el Cuarteto de cuerda no.12 (1893, Cuarteto americano), el Quinteto de cuerda en mi bemol (1893) y el Concierto para violonchelo en si menor (1895). Para la sinfonía, Dvořák recurrió a los conocimientos que había adquirido sobre el folclore estadounidense. Aunque no llegó a emplear ninguna melodía de los nativos, utilizó los recursos de esta minoría para crear sus propios temas originales. Aunque se puede percibir claramente la identidad americana, Dvořák también incorporó elementos del folclore de su tierra, Bohemia, ya que era algo inherente a su música. Esta intrusión, ya fuera consciente o inconsciente, refuerza la idea de mestizaje y multiculturalidad sobre la que se ha intentado construir la sociedad y la cultura estadounidense.

Goin’ Home no es la única obra que bebe de la Sinfonía del Nuevo Mundo. William Arms Fisher pudo ser el primero o uno de los primeros en utilizar la música de Dvořák, pero no fue ni será el único. La sinfonía sigue hechizando a músicos de todos los géneros y estilos a día de hoy. Podemos encontrar numerosas referencias a esta obra en temas de música comercial. Distintos fragmentos (a menudo del cuarto movimiento, Allegro con fuoco) han inspirado a grupos como Arch Enemy (War Eternal), Accept (Samson and Delilah) o Blind Guardian (By the Gates of Moria). Pero, sin duda, uno de los mayores homenajes a la sinfonía es el de la banda italiana Rhapsody en The Wizard’s Last Rhymes.

The Wizard’s Last Rhymes de Rhapsody.

El tema no se limita a referenciar la obra de Dvořák, sino que se basa casi completamente en la Sinfonía no.9. Es la última pista del disco Rain of a Thousand Flames. En este álbum también aparecen también otras referencias, como a la secuencia Dies irae (solo el texto), a la banda sonora de la película Phenomena (1985) o a la melodía tradicional irlandesa Cooley’s Reel.


Referencias:

Döge, K.  (2001). Dvořák, Antonín. Grove Music Online.  https://doi.org/10.1093/gmo/9781561592630.article.51222

Beckerman, M.  (2014, 31 de enero). Dvořák, Antonín (USA). Grove Music Online. https://doi.org/10.1093/gmo/9781561592630.article.A2257504

Redacción y edición: S. Fuentes

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