Se dice que Federico Chueca (1846-1908) supo conectar como ningún otro con la sociedad madrileña de su época. El compositor conocía bien al público de su ciudad natal y estaba familiarizado con los distintos entretenimientos a los que acudían. Su formación en el Conservatorio fue efímera debido a su falta de interés y de motivación. Estas carencias las compensó con una inmersión en cafés, salones y bailes que le permitió empaparse rápidamente de todas las corrientes musicales que pasaban por ellos. La familia de Chueca insistió en que estudiara medicina, pero, replicando lo ocurrido con su formación reglada musical, tampoco duró mucho en la Universidad. Con la decisión de no estudiar tomada, el compositor empezó a trabajar como pianista en los cafés que frecuentaba.
A pesar de no ser un entusiasta del estudio, Chueca sí participó en las revueltas estudiantiles de 1865, por las que acabó detenido. Desde la cárcel compuso su primera obra, Lamentos de un preso, aunque no pudo transcribirla hasta ser liberado. Esta creación captó la atención de Francisco Asenjo Barbieri, que apadrinó musicalmente al joven. Juntos impulsaron una corriente renovadora de la zarzuela que convirtió al género chico en el gran protagonista de la cultura madrileña. El estilo de Chueca combinaba melodías sencillas y pegadizas con temas populares. Fue así como consiguió romper las barreras de clase y llegar a los obreros. La popularidad de la zarzuela fue tan grande que incluso pudo competir con el cine cuando este aterrizó en España.
La formación atípica de Chueca tuvo sus ventajas a la hora de conectar con el público, pero también tenía sus inconvenientes. El compositor creaba sus obras al piano, instrumento que dominaba y sobre el que improvisaba habitualmente con gran maestría, pero no orquestaba estas composiciones. Para ello contaba con colaboradores, que muchas veces quedaban en el anonimato, ya que el autor madrileño afirmaba que la autoría de sus obras era exclusivamente suya. Y a pesar de todo, esta limitación técnica también acabó teniendo un punto positivo para Chueca. Su música no estaba restringida a una plantilla fija, como podría ser la orquesta, sino a las capacidades del orquestador con quien colaborara. Por eso muchas de sus obras fueron arregladas para banda, facilitando que llegaran a la gente en celebraciones populares.
Una de las obras más representativas de Chueca, La Gran Vía, ejemplifica a la perfección todas estas cuestiones. La música fue firmada por el compositor madrileño junto a Joaquín Valverde, que habría actuado como orquestador. La temática reflejaba la preocupación de la sociedad madrileña ante la construcción de la Gran Vía, una nueva arteria que estaba llamada a modernizar la ciudad, pero que implicaba la destrucción de edificios y calles existentes. También incluyó a personajes populares, como Los Ratas. Estos rufianes se ganaron la admiración de Nietzsche cuando asistió a dos representaciones en Turín. Aquella ligereza, picardía y malicia representaban justo lo que el filósofo alemán estaba buscando tras haberse desencantado con la magnificencia y grandiosidad de los dramas wagnerianos.
Referencias:
Rodríguez-Lorenzo, G. A. (2020). From Zarzuelas to Military Bands: Building a Spanish Musical Identity. En Maria do Rosário Pestana, André Granjo, Damien Sagrillo y Gloria Rodríguez-Lorenzo (Eds.) Our Music/Our World– Wind Bands and Local Social Life (pp. 401-418). Colibrí.
Mejías García, E. (2009). La edición y difusión comercial de la obra de Federico Chueca: un músico de éxito en el Madrid del último tercio del XIX. Cuadernos de Música Iberoamericana, 17.
Solés, L. (2021, 1 de mayo). Federico Chueca, el padre de ‘La Gran Vía’. Ópera Actual. https://www.operaactual.com/reportaje/federico-chueca-el-padre-de-la-gran-via/
Webber, C. (2008). Federico Chueca 100 años después [Ignacio Jassa Haro, trad.]. Zarzuela.net. https://www.zarzuela.net/ref/feat/chueca08_spa.htm
Redacción y edición: S. Fuentes
