Lady Vengeance (2005) es la película que completa la trilogía de la venganza del cineasta surcoreano Park Chan-wook. Continuando la temática de Sympathy for Mr. Vengeance (2002) y Oldboy (2003), este largometraje tiene una especial sensibilidad que se ve enmarcada por su banda sonora. Además de música original, compuesta por Choi Seung-hyun, la cinta se vale de distintas obras de Antonio Vivaldi y utiliza como broche final un arreglo de Jordi Savall de la canción anónima valenciana Mareta nom faces plorar. Pero si hay un fantasma musical que nos acecha una y otra vez a lo largo de la película, este es el Capricho n.º 24 de Niccolò Paganini (1782-1840).
En ocasiones los 24 caprichos de Paganini han sido considerados meros estudios técnicos, posiblemente una de las expresiones más elevadas de estos. Esta acusación suele provenir de violinistas que sufren en sus propias carnes las diabluras del virtuoso italiano. Pero no se trata de una obra puramente técnica, es además un conjunto de gran musicalidad. El alcance y reconocimiento de esta colección va mucho más allá del instrumento para el que fue escrita. Ya desde su publicación en 1820 los 24 caprichos captaron la intención de compositores e intérpretes de otros instrumentos. Numerosos autores citaron las melodías de Paganini o utilizaron estos estudios como referencia técnica. Y aún más músicos intentaron transcribir los caprichos para tocarlos ellos mismos. No es de extrañar que esta fascinación continúe en la cultura audiovisual, tanto en Lady Vengeance como en muchas otras películas y series.
Parte del éxito que tuvieron los 24 caprichos en su primera publicación se debió al halo de misterio que envolvía a Paganini. El violinista no había publicado ninguna composición para violín solo o solista. Repartía las partituras de sus obras orquestales entre los músicos antes de los conciertos y ensayos y las recogía al terminar. En estos mismos ensayos se saltaba sus solos y nunca estudiaba cuando otros pudieran escucharle. Todo ello con un fin muy concreto: que quien quisiera disfrutar del prodigioso espectáculo que ofrecía tuviera que pagar la entrada, que llegaba a costar hasta cinco veces el precio habitual. Por esta razón, la publicación de los caprichos supuso un resquicio al que admiradores y detractores se aferraron, una remota posibilidad de desentrañar los secretos de Paganini y quizás impregnarse de su talento.
Pero los secretos siguieron siendo inexpugnables. Aunque muchos lo intentaron, pocos consiguieron dominar los caprichos. Incluso llegó a decirse que era música imposible que se había escrito para no ser tocada. Todo esto aumentó la expectación antes los siguientes conciertos de Paganini. Y el ansia no hizo más que crecer, ya que el violinista cayó enfermo y durante años permaneció apartado de los escenarios. Retomó su actividad como intérprete en 1828 con un concierto en Viena, su primera actuación fuera de Italia. Con este evento comenzó una gira de seis años que recorrería toda Europa. Al concluirla, habiendo mostrado su incomparable habilidad ante todo el continente, Paganini se retiró y se dedicó a buscar y coleccionar instrumentos antiguos hasta su muerte.
Más música en el cine de Park Chan-wook:
Referencias:
Borer, P. (1995). The twenty-four caprices of Niccolo Paganini: their significance for the history of violin playing and the music of the Romantic era [tesis doctoral, Universidad de Tasmania]. https://doi.org/10.25959/23210069.v1
Fernandes, R. (2021, 5 de agosto). Paganini’s 24 Caprices: achieving a musically informed performance. The Strad. https://www.thestrad.com/playing-hub/paganinis-24-caprices-achieving-a-musically-informed-performance/13408.article
Gutmann, P. (2003). Niccolo Paganinini’s «Caprices». Classical Notes. http://www.classicalnotes.net/classics/paganini.html
Redacción y edición: S. Fuentes
