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Retratos sonoros

El futurismo único de Barradas

La compositora uruguaya Carmen Barradas (1888-1963) era hija de emigrantes españoles con una gran sensibilidad artística. Gracias a esta afinidad, hicieron que cada uno de sus descendientes empezara a instruirse en un arte distinto según las inclinaciones que mostraran los niños. La mayor, Carmen, estudió música, mientras que sus hermanos Rafael y Antonio hicieron lo propio con la pintura y la poesía, respectivamente. Este ambiente familiar hacía que los pequeños se retroalimentaran entre sí, tomando recursos de las disciplinas de sus hermanos de forma completamente natural. La temprana muerte de su padre hizo que Barradas interrumpiera su formación musical, aunque finalmente pudo retomarla gracias a una beca. La joven acabó graduándose como profesora de piano en el Conservatorio del Uruguay en 1915.

La culminación de los estudios de Barradas vino acompañada de un importante cambio en su vida. Dos años antes Rafael había partido hacia Europa en busca de inspiración artística. Ante el estallido de la Primera Guerra Mundial, el pintor intentó regresar a Uruguay, pero el gobierno se negó a ayudarle en este retorno. Ante esta situación el resto la familia emigró hacia España para reunirse con Rafael. Primero en Barcelona y más tarde en Madrid, Barradas y su hermano se integraron en los círculos vanguardistas, trabando amistad con destacadas personalidades como Federico García Lorca o Joan Miró. La compositora pudo estrenar gran parte de su obra y rápidamente se ganó la admiración y el cariño de la crítica española.

Tríptico de Funcición, Aserradero y Fabricación, de Carmen Barradas, por Aniana Jaime.

El estilo de Barradas bebía de distintas corrientes vanguardistas europeas —tanto musicales como pictóricas, gracias a la multidisciplinaridad que los hermanos cultivaban desde la niñez—, pero en lugar de limitarse a imitarlas, las adaptaba a su lenguaje personal. Muchas veces se asocia su obra al futurismo, movimiento que seguramente le llegara a través de la estancia de Rafael en Italia. Es cierto que temáticamente Barradas tiene mucho en común con las ideas impulsadas por Marinetti, como demuestran sus obras Fabricación, Taller mecánico o Esperando al coche. Pero el lenguaje musical de la autora uruguaya iba mucho más allá, explorando los límites de la tonalidad a través de la bitonalidad o incluso ciertos indicios de atonalidad. También experimentó con nuevas grafías para poder plasmar en sus partituras las innovadoras ideas con las que trabajaba.

En 1922 Barradas y su familia regresaron a Uruguay. Pese a la plenitud que habían logrado en el plano artístico, sufrieron dificultades económicas durante su estancia en España. A estas complicaciones se sumó un empeoramiento en la salud de Rafael, que aceleró la decisión de volver. El regreso a su país natal fue muy duro para la compositora. Los círculos artísticos menospreciaron su obra y la de su hermano, que falleció en 1929. Barradas poco a poco fue apartándose de los escenarios y la composición. Ninguno de los tres hermanos tuvo descendencia, por lo que su legado acabó siendo heredado y prácticamente perdido por unos parientes políticos. Solo la intervención de la pianista e investigadora Néffer Kröger, especializada en la obra de Barradas, logró preservar parte de su obra.


Referencias:

Hogstad, E. E. (2018, 27 de junio). Carmen Barradas: Composer, Innovator, and Noise-Maniac. Song of the Lark. https://songofthelark.wordpress.com/2018/06/27/carmen-barradas/

Santos Melgarejo, A. (2013). Carmen Barradas, la vanguardia olvidada. H enciclopedia.

Redacción y edición: S. Fuentes