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Retratos sonoros

Condesa de Día, trobairitz de noche

Cuando pensamos en música medieval nos vienen a la cabeza trovadores y juglares, monjes y catedrales. Grandes hombres como Perotín, Machaut o Dufay que contribuyeron a escribir la historia de su tiempo. Esa misma historia que se ha empeñado en olvidar, ocultar o menospreciar a grandes mujeres como Castelloza, Leonor de Aquitania o Almucs de Castelnau.

Si hay un elemento transversal en la historia y la música medieval, este es el cristianismo. La fe era el principal motor de la sociedad. Y era cosa de hombres.

Sin embargo, la cristiandad tenía sus enemigos: cualquiera que no comulgara con la doctrina papal. Y esos paganos y herejes no estaban solo en Tierra Santa. Existieron guerras santas en territorio europeo, ya fuera contra cátaros, husitas o simplemente por intereses políticos, utilizando la religión como una mera excusa.

Beatriz de Día
La Condesa de Día.

Nos dirigimos a una de estas islas heréticas donde el catarismo no era perseguido: la Occitania de finales del siglo XII y principios del XIII. Como la aldea de Astérix, esta región francesa —por aquel entonces independiente— resistía la omnipotencia de la Iglesia, llegando a convertirse en el centro cultural de Europa. Una meca cultural en la que las mujeres podían heredar propiedades y gestionarlas en ausencia de sus cónyuges.

Es en este marco donde surgen las trobairitz, trovadoras y poetisas de la nobleza. Pese a tener constancia de más de 20, apenas se conservan sus poemas y obras. De hecho, solo se ha conservado intacta la música de una cansó: A chantar m’er de so qu’eu no volria de la Condesa de Día (1175-1225).

Beatriz de Día

No se sabe con exactitud quién fue esta condesa, aunque a menudo se usa el nombre de Beatriz de Día para referirse a ella. Esta es solo una de las tres identidades que se barajan. Esta ambigüedad se debe a que la única fuente sobre la mayoría de trobairitz y trovadores son las vidas y razós —breves biografías en prosa. Y en esta ocasión, la información que nos aportan se limita a:

La condesa de Día fue esposa de Guilhem de Peitieu, dama hermosa y buena. Y se enamoró de Raimbaut d’Aurenga, y compuso sobre él muchas canciones buenas

Se han conservado 117 versos y 4 composiciones (cansós, canciones de amor) de esta trobairitz, además de una tensó (pieza de diálogo o debate) de la que pudo ser coautora junto a su amante, Raimbaut d’Aurenga. Esta última obra es Amics, en gran cossirier. Uno de los argumentos que defienden esta coautoría es Fin loi me don’alegranssa, una de las cansós de la Condesa de Día que parece ser respuesta a la tensó.

La cansó conservada intacta, A chantar m’er de so q’ieu no volria, trata de un amor no correspondido. Los versos transmiten un profundo dolor. Es un texto de una increíble fuerza y que muestra la enorme sensibilidad de la compositora y poetisa.

Si la anterior cansó encaja perfectamente en los cánones del amor cortés —invirtiendo los roles de género a los que se nos ha acostumbrado—, Estat ai en greu cossirier se aleja completamente de ellos. Este poema muestra a una condesa que, en un plano mucho más terrenal, habla de su relación con un amante y cómo desearía que ocupara el lugar de su marido:

Yacería mi caballero una noche

desnudo en mis brazos

y me encontraría en éxtasis

siendo su almohada

[…]

Sabed que con pasión albergo la esperanza

de que ocupéis el lugar de mi marido

tan pronto como me juréis

que cumpliréis todos mis deseos.1

Represión y demonización

La Iglesia no se contentó con reprimir las libertades de que gozaban estas trobairitz. Para evitar que otras mujeres pudieran verse tentadas a seguir su ejemplo, hicieron lo posible por borrarlas de la historia. Una de las herramientas de las que se valieron fue la masculinización de los poemas, por ejemplo, intercambiando los géneros de la rapsoda y el amante.

Un caso aún más hiriente es el de Na Maria, prètz e fina valors de Bieiris de Romans, donde, además de existir una autoría femenina, la poetisa dirige su amor a otra mujer. Y esta tergiversación del poema original no fue inmediatamente posterior a la época de las trobairitz, sino que data del siglo XVIII.

También las representaciones de estas mujeres cambiaron para ocultarlas de la historia. Si en su época se llegó a representar a la condesa sosteniendo un halcón como muestra de su poder, las ilustraciones posteriores se inclinan más por poses devotas o por posturas grotescas y vestidos levantados en actitudes sugerentes.

Por suerte, la figura de la Condesa de Día fue rescatada y reivindicada como símbolo de la autonomía lingüística (Languedoc) y política de Occitania. En 1888 se erigió un busto suyo en Die (nombre actual de Día) y en 1896 Clara d’Anduza recibió el mismo honor en su localidad.

Otras trobairitz

Alamanda de Castelnau
Almucs de Castelnau
Azalaís de Porcairagues
Bieiris de Romans
Castelloza
Clara d’Anduza
Garsenda de Sabran
Gertrudis de Hackeborn
Gertrudis Magna
Gormonda de Monpeslier

Guillelma de Rosers
Hadewijch de Amberes
Herrada de Landsberg
Hildegarda de Bingen
Iseut de Capio
Leonor de Aquitania
María de Francia
María de Ventadorn
Tibors de Sarenom


Textos originales:

1Would that my knight might one night / lie naked in my arms / and find myself in ecstasy /with me as his pillow; […] Know that with passion I cherish / the hope of you in my husband’s place, / as soon as you have sworn to me / that you will fulfill every wish. (Traducción del original al inglés)


Referencias:

Ganze, A. (January 01, 2009). “Na Maria, pretz e fina valors”: A New Argument for Female Authorship. Romance Notes, 49(1), 23-33.

Institut d’Estudis Catalans (Sin fecha). Corpus des Troubadors. Consultado el 3 de junio de 2020. https://trobadors.iec.cat/

Lorenzo Arribas, J. (2008). Beatriz de Dia, condesa, trovadora… y símbolo de independencia. Revista Medieval, (27), 80-89.

Redacción y edición: S. Fuentes