Categorías
Retratos sonoros

Los Siete de Jrénnikov: Denísov

Lo primero que nos llama la atención cuando hablamos de Edison Denísov (1929-1996) es su nombre, algo completamente inesperado en un compositor ruso. Su padre, físico, eligió este nombre en honor al inventor estadounidense Thomas Alva Edison. Desde muy pequeño, el joven Edik —así es como le llamaban la mayoría de sus conocidos— demostró un gran interés por las matemáticas y las ciencias. Más tarde afirmaría que esta atracción se debía simplemente a que su padre tenía muchos libros sobre esos temas.

Con dieciséis años Denísov aprendió a tocar la mandolina. Su maestro fue un químico al que había escuchado tocar música folclórica en una residencia para estudiantes de postgrado de física y matemáticas en la Universidad de Tomsk, donde su padre investigaba. Tras este instrumento llegaron el clarinete y la guitarra de siete cuerdas, instrumentos que aprendió a tocar de forma autodidacta. La música se volvió poco a poco una parte indispensable en la vida de Denísov, que compaginaba conciertos en hospitales para distraer a los enfermos con sus estudios de matemáticas en la universidad.

Arreglo para grupo de jazz del 3º movimiento de la Sonata para saxofón alto y piano de Edison Denísov.

En 1950 Denísov sintió que había llegado el momento de decidirse entre las matemáticas y la música. Indeciso, escribió a uno de sus referentes, Dimitri Shostakóvich, quien, además de responderle, pidió al joven que le enviara alguna composición. Cuando Denísov le envió sus partituras, el consagrado músico le respondió: “Querido Edik, tus composiciones me dejan atónito. Creo que tienes un gran don para la composición y sería un pecado enterrar tu talento”. Respaldado por el propio Shostakóvich, el joven intentó acceder al Conservatorio de Moscú, pero dos miembros del tribunal le rechazaron por no tener una base sólida de teoría musical.

Denísov regresó a su Tomsk natal, donde se formó concienzudamente. En 1951 volvió a intentar acceder al Conservatorio, esta vez siendo admitido en el departamento de composición. Allí entró en contacto con la música vanguardista europea. Uno de sus profesores, Vissarión Shebalín, hacía llegar a sus alumnos partituras de compositores prohibidos por las autoridades, que incluían desde Mahler hasta la Segunda Escuela de Viena. El joven compositor, quizás por su formación como matemático, se vio muy atraído por esta música. Investigó las técnicas compositivas que utilizaban estos autores prohibidos y publicó artículos con sus hallazgos, además de integrarlos en su propio estilo. Rápidamente pasó a formar parte de los círculos de compositores soviéticos alternativos, tomando parte y organizando reuniones clandestinas donde contactaban entre ellos.

El sol de los incas, de Edison Denísov, por el grupo de solistas del Teatro Bolshói.

A través de estos círculos disidentes una de las obras de Denísov acabó siendo programada en Darmstadt y París. Esa obra fue El sol de los incas. La composición tuvo una gran acogida en occidente y le valió al compositor encargos de muchos grandes instrumentistas, pero también le puso en el punto de mira de las autoridades soviéticas. Quizás para huir de la vigilancia de las autoridades —o tal vez por su curiosidad innata—, Denísov realizó viajes por distintas regiones de Rusia para investigar su folclore. El compositor se comparaba con Bartók, que pasó a ser una más de sus influencias.

Tras concluir sus estudios de postgrado, Denísov acabó dando clases en el Conservatorio de Moscú. Seguramente el compositor transmitía a sus alumnos su amor y fascinación por la música contemporánea, igual que Shebalín hiciera con él años atrás. En 1979 Denísov y dos de sus alumnos —Yelena Fírsova y Dimitri Smirnov— fueron denunciados en el sexto congreso de la Unión de Compositores Soviéticos. Se acusaba a estos y otros compositores (Gubaidúlina, Artyomov, Suslin y Knaifel) de participar en festivales occidentales sin la aprobación de las autoridades. Se impusieron restricciones a este grupo, conocido como Los Siete de Jrénnikov, para publicar y programar su música.


Referencias:

Éditions Billaudot. (Sin fecha). Edison Denisov. Consultado el 25 de septiembre de 2021. https://www.billaudot.com/es/composer.php?p=Edison&n=Denisov

Haar, O. P. (2004). The Influence of Jazz Elements on Edison Denisov’s Sonata for Alto Saxophone and Piano [tesis doctoral, The University of Texas at Austin].

Redacción y edición: S. Fuentes

Categorías
Retratos sonoros

Los Siete de Jrénnikov: Gubaidúlina

En 1979 se celebró el Sexto Congreso de la Unión de Compositores Soviéticos. En este evento, el líder de dicha institución, Tijon Jrénnikov, denunció a un grupo de compositores. En la Rusia soviética estas denuncias no eran nada nuevo. Ya en el Primer Congreso, celebrado en 1948, fueron denunciadas figuras como Prokófiev, Shostakóvich o Miaskovski.

El grupo denunciado en el Sexto Congreso recibió el sobrenombre de “Los Siete de Jrénnikov”. Fueron acusados de participar en festivales de música soviética en occidente sin autorización. El líder de la Unión calificó su música de “ruido sin sentido en vez de auténtica innovación musical”. Los Siete de Jrénnikov eran: Yelena Fírsova, Dimitri Smirnov, Alexander Knaifel, Viktor Suslin, Vyacheslav Artyomov, Edison Denísov y Sofiya Gubaidúlina.

A diferencia de la generación de Shostakóvich, que trató de encajar en el régimen pese a sus discrepancias, Los Siete de Jrénnikov mantuvieron sus ideas estéticas. Sufrieron restricciones a la hora de publicar e interpretar sus obras. Esta presión institucional llegó a tal punto que, en pocos años, la mayoría de Los Siete abandonó el país.

Offertorium de Sofiya Gubaidúlina por la Orquesta Evgeny Svetlanov (solista: Vadim Repin).

Sofiya Gubaidúlina

Las diferencias con el régimen de Sofiya Gubaidúlina (1931) comenzaron a surgir siendo muy pequeña. Cuando estudiaba en una escuela de música para niños, entró en contacto con conceptos de espiritualidad que veía reflejados en la música de maestros como Johann Sebastian Bach. Instintivamente mantuvo esta inquietud religiosa en secreto, una decisión que le evitó un gran número de problemas con las instituciones soviéticas, opuestas a la religión.

Se graduó de piano y composición en el Conservatorio de Kazán. En esta institución aparecieron de nuevo las desavenencias con las corrientes oficiales. La mayoría de música occidental contemporánea estaba prohibida, hasta el punto de realizar registros de los dormitorios en busca de partituras ilegales. Este férreo control no fue impedimento para Gubaidúlina y sus compañeros. La compositora comenta que, pese a las prohibiciones, conocían músicas de todo tipo: desde Charles Ives hasta John Cage.

La siguiente etapa formativa de Sofiya Gubaidúlina se produjo en el Conservatorio de Moscú. Aunque recibió una beca Stalin, su música era calificada de irresponsable, en parte por su experimentación con afinaciones alternativas. En este entorno hostil, la compositora agradeció el espaldarazo de Shostakóvich. El compositor, al evaluarla en su examen final, le animó a “continuar su camino, aunque otros lo calificaran de errado”.

Sonata para contrabajo y piano de Sofiya Gubaidúlina por Daniele Roccato (contrabajo) y Fabrizio Ottaviucci (piano).

Tras graduarse, la compositora tártara buscó formas de continuar el camino que Shostakóvich le había señalado. Compuso música para documentales, donde tenía una cierta libertad para añadir elementos de modernidad a sus obras. También creó un grupo de improvisación de música folclórica, Astreja, junto a los compositores Viktor Suslin y Vyacheslav Artyomov.

La música de Sofiya Gubaidúlina se caracteriza por aunar distintas corrientes: música electrónica y canciones populares, instrumentos tradicionales —como el bayán, un acordeón ruso— y usos innovadores de instrumentos de la tradición occidental. La religión (ortodoxia rusa) siempre está presente, conviviendo con elementos matemáticos como la serie de Fibonacci. Concretamente, la compositora ha recurrido a esta sucesión numérica desde principios de los 80 para asignar distintos parámetros estructurales en sus composiciones.

Poco después de la denuncia de Jrénnikov, Gubaidúlina ganó un gran renombre internacional gracias a su obra Offertorium (1980). Se trata de un concierto para violín basado en un tema de la Ofrenda musical de J. S. Bach. Federico II, rey de Prusia y alumno de Quantz, retó al compositor alemán a improvisar una fuga sobre un Thema Regium que él mismo había escrito. Bach salió airoso del desafío y más tarde incorporó ese tema a la Ofrenda musical. Este tema real es el que la compositora rusa tomó para su Offertorium.


Referencias:

Berry, M. (2009). The Importance of Bodily Gesture in Sofia Gubaidulina’s Music for Low Strings. Music Theory Online, 15(5).

Medić, I. (2012). Gubaidulina, misunderstood.Muzikologija, 2012(13), 101-123. https://doi.org/10.2298/muz120303014m

Redacción y edición: S. Fuentes