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Retratos sonoros

Marić: una mirada a Bizancio

Alois Hába, uno de los más célebres compositores microtonales, fue uno de los maestros de Ljubica Marić (1909-2003). Pese a encontrarse al amparo de esta figura tan importante, la compositora y directora serbia desarrolló rápidamente un estilo propio. Se trataba de una personalidad musical con influencia de sus mentores, pero también con una dimensión interior descomunal que la hacía muy distintiva. Esta originalidad fue una de las razones por las que su Quinteto de viento, escrito durante su etapa formativa en el Conservatorio de Praga, le valió un reconocimiento instantáneo. Estas impresiones positivas eran compartidas allá donde se interpretase la obra: Praga, Ámsterdam, Estrasburgo…

Concierto bizantino, de Ljubica Marić, por Olga Jovanović y la Orquesta Filarmónica de Belgrado.

Marić no solo estudió composición en Praga, también completó su formación en violín y dirección. En este último ámbito, llegó a ponerse al frente de grandes orquestas, como la de la Radio de Praga o la de la Radio de Belgrado. Durante esta etapa estudiantil consiguió que se programaran sus obras —a veces dirigidas por ella misma— en importantes eventos de distintas ciudades, incluido un festival de la Sociedad Internacional para la Música Contemporánea.

Tras la estancia praguense, Marić ocupó distintos puestos docentes en su Serbia natal. Esta carrera culminó con una plaza de profesora titular en la Academia de Música de Belgrado, actual Universidad de las Artes de Belgrado. También se involucró enormemente en los círculos artísticos de su país, siendo secretaria de la Asociación de Compositores Serbios y, desde 1981, miembro de pleno derecho de la Academia de las Artes y de las Ciencias de Serbia.

Canciones del espacio, de Ljubica Marić, por la Orquesta de la Radiotelevisión de Belgrado.

Buscando las raíces

Pese a que la producción de Marić no fue especialmente abultada, sus obras tienen una gran calidad. La compositora consiguió reflejar un sentimiento de introspección en su música, llevando a los oyentes a adentrarse en su mundo interior y a acercarse a la forma más pura del sonido. Este recogimiento es heredero de autores como Johann Sebastian Bach, aunque en el caso de Marić, no respondía a la misma religiosidad, sino a una búsqueda abstracta de trascendencia. De hecho, Bach fue una de las inspiraciones para Monodia octoicha, una obra para chelo solo que bebe de las suites para este instrumento del compositor alemán. La otra gran influencia de esta obra fue la tradición bizantina, que Marić concebía como una de las bases de la música serbia.

La compositora recuperó la idea del oktoíjos u octoechos (como apunta el título Monodia octoicha), que es el sistema estructural de modos eclesiásticos de la ortodoxia griega, equivalente a los modos gregorianos de la Europa occidental. Los ocho modos (protos, défteros, tritos, tétartos, plagios tu protu, plagios tu defleru, barís y plagios tu tétartu) se agrupan en tres familias: diatónica, cromática y enarmónica. El hecho de que esta música utilizara sistemas de afinación distintos al equitemperado imperante en la música occidental moderna enlazó perfectamente con la formación microtonal de Marić. La compositora interpretaba este sistema como un símbolo de simplicidad arcaica y, por ende, de la pureza musical más absoluta.

Monodia octoicha, de Ljubica Marić, por Xenia Janković.

Bizancio no fue el único objeto de estudio medieval de Ljubica Marić. Tras la Segunda Guerra Mundial, el gobierno de Yugoslavia impuso el realismo socialista, que obligaba a los compositores a prescindir de muchos elementos musicales contemporáneos y a recurrir al uso del folclore. Aunque la compositora conocía las tradiciones de su país, era reacia a emplear de manera directa las melodías populares en sus obras. Por esta razón, se abstuvo de componer durante la época más estricta del realismo socialista y se centró en investigar la música medieval, algo que no levantaría sospechas. Marić llegó a estudiar en profundidad temas muy diversos, como la historia de los bogomilos, una secta cristiana (aunque acabaron por convertirse al islam tras su alianza con los otomanos) a la que homenajeó en su cantata Canciones del espacio.


Referencias:

Composers’ Association of Serbia. (Sin fecha). Ljubica Marić. Consultado el 19 de febrero de 2022. https://composers.rs/en/?page_id=1694

Musician Biographies. (Sin fecha). Ljubica Maric Biography. Consultado el 19 de febrero de 2022. https://musicianguide.com/biographies/1608004097/Ljubica-Maric.html

Redacción y edición: S. Fuentes

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Notas al programa

El triunfo de Carl Orff

Carmina Burana es, sin duda, una de las obras del repertorio clásico con más calado en el público general. La cantata de Carl Orff (1895-1982) ha sonado infinidad de veces en el cine y la televisión. Basta con escuchar “O Fortuna” —las dos primeras palabras de la obra— para adentrarse en la atmósfera neomedieval creada por el compositor alemán.

O Fortuna de Carmina Burana, de Carl Orff, por la Johann Strauss Orchestra.

La obra recibe su título de un manuscrito homónimo, también conocido como Códex Buranus o Los cánticos de Bauern. Se trata de una colección de cantos que se encontró en Benediktbeuern, un pequeño pueblo alemán construido alrededor de un monasterio benedictino cuyo nombre en latín era Bura. El carácter de este manuscrito dista mucho de la religiosidad que podría esperarse de una fuente de alrededor del siglo XII. El Códex Buranus recoge canciones satíricas e irreverentes que se burlan de la Iglesia y su moralidad o celebran el amor (en todas sus versiones), la bebida y el juego. Fueron escritas por múltiples autores de toda Europa, la mayor parte de ellos goliardos: estudiantes y clérigos errantes. Se han identificado canciones con origen en Occitania, Francia, Inglaterra, Escocia, Aragón, Castilla y el Sacro Imperio Romano Germánico. Pese a esta disparidad de localizaciones, la mayoría comparte el mismo idioma: el latín secular utilizado como lingua franca en la Edad Media. También hay algunos en alto alemán medio y en provenzal antiguo.

Orff conoció el Códex Buranus en 1934 e inmediatamente empezó a plantear una obra sobre aquel texto. Ayudado por Michel Hofmann, un estudiante de derecho al que entusiasmaban el latín y el griego, seleccionaron 24 poemas del manuscrito medieval. Aunque algunos venían acompañados por neumas, en aquella época aún no se habían descifrado las melodías originales, por lo que Orff creó su propia música.

In Taberna Quando Sumus (Cuando estamos en la taberna) de Carmina Burana, de Carl Orff, por la Orquesta de Philadelphia y el Rutgers University Choir.

Carmina Burana se estrenó en la Ópera de Frankfurt el 8 de junio de 1937 y desde entonces su fama creció rápidamente. Las autoridades culturales nazis se plantearon prohibirla por el tono erótico de algunos poemas, pero la obra acabó evadiendo la censura. Su popularidad tras la Segunda Guerra Mundial continuó en ascenso, convirtiéndose en una obra muy programada en salas de concierto de todo el mundo. Curiosamente, la intención de Orff era que la obra solo se representara en su versión escénica, como apuntaba en el título completo de la obra: Carmina Burana: Cantiones profanae cantoribus et choris cantandae comitantibus instrumentis atque imaginibus magicis (Canciones de Beuern: canciones seculares para cantantes y coros para ser cantadas junto a instrumentos e imágenes mágicas).

Trionfi

Carmina Burana no fue la única incursión de Orff en el mundo grecorromano. De hecho, es la obra inaugural de una trilogía: Trionfi. La segunda obra de este ciclo es Catulli Carmina (Canciones de Catulo), basada en poemas del poeta latino Cayo Valerio Catulo a los que el compositor añadió algún texto de su propia creación. Orff describió la obra como ludi scaenici, obra escénica, compartiendo el mismo espíritu teatral de su predecesora. El compositor contaba que, tras el éxito de Carmina Burana, varios teatros le pidieron una segunda obra para acompañarla. Tras abandonar varias ideas, Orff recuperó unas composiciones corales que había aparcado tiempo atrás. En la plantilla de Catulli Carmina el coro y los dos cantantes solistas están acompañados por cuatro pianos y un sinfín de instrumentos de percusión.

Catulli Carmina, de Carl Orff, por el coro de la Ópera Alemana de Berlín.

La tercera obra de Trionfi es Trionfo di Afrodite. El título de esta obra, que da nombre a la trilogía completa, procede del uso latino (y su recuperación en el Renacimiento) de trionfo como procesión o festival. De este modo, Orff enlazó sus obras con la tradición renacentista y barroca de la que era un gran conocedor. El texto de este concerto scenico retoma los versos de Catulo —en esta ocasión, poemas de boda—, a los que suma poemas de Safo y unas pequeñas pinceladas de Eurípides. Trionfo di Afrodite se estrenó en 1953 en La Scala de Milán bajo la batuta de Herbert von Karajan.


Referencias:

Carl Orff Stiftung. (Sin fecha). Carmina Burana. Consultado el 5 de febrero de 2022. https://www.orff.de/en/works/trionfi/carmina-burana/

Carl Orff Stiftung. (Sin fecha). Catulli Carmina. Consultado el 5 de febrero de 2022. https://www.orff.de/en/works/trionfi/catulli-carmina/

Carl Orff Stiftung. (Sin fecha). Trionfo di Afrodite. Consultado el 5 de febrero de 2022. https://www.orff.de/en/works/trionfi/trionfo-di-afrodite/

Redacción y edición: S. Fuentes