La compositora georgiana Natela Svanidze (1926-2017) se formó en el Conservatorio Estatal de Tifilis bajo las órdenes de Andria Balanchivadze, toda una eminencia musical en el país. Como muchos otros autores soviéticos, completó su formación en uno de las grandes instituciones formativas rusas. En el caso de Svanidze, este centro fue el Conservatorio de Moscú, donde amplió sus estudios con maestros como Revol Bunin o Nikolai Peiko. La trayectoria de la compositora parecía seguir los cauces establecidos: escribía obras con un fuerte carácter nacionalista, ingresó en la Unión de Compositores Georgianos y acabó dando clases en la actual Universidad Shota Rustaveli, donde ocupó cargos docentes cada vez de mayor envergadura.
El nacionalismo musical georgiano se apoyaba fuertemente en el folclore. Svanidze recurrió a la tradición popular a lo largo de toda su vida, utilizándolo de formas distintas en cada una de sus etapas compositivas. Estos usos abarcan desde las citas directas hasta apariciones veladas escondidas entre complejas estructuras. Otro elemento que Svanidze reivindicaba como propio de la música de su país era la concepción polifónica, mucho más marcada que en los folclores del occidente europeo. Este planteamiento, que para ella era intuitivo, acbaría desarrollando grandes sinergias con el serialismo en la etapa en que Svanidze se aproximó a la Segunda Escuela de Viena.
Adiós al oficialismo
Al igual que otros compositores soviéticos de su generación —como Edison Denisov, Sofiya Gubaidúlina, Alfred Schnittke o Arvo Pärt—, la autora georgiana se veía atraída por las vanguardias europeas, que estaban totalmente denostadas por las autoridades culturales soviéticas. Esta atracción alcanzó su punto de no retorno cuando Svanidze acudió al Festival Otoño de Varsovia en una de sus primeras ediciones. A partir de 1963 el estilo de la compositora abandonó sus sólidas raíces románticas y empezó a explorar distintas corrientes y técnicas: dodecafonismo, serialismo, sonorismo (corriente de origen polaco), música aleatoria y música electrónica, campo en el que acabaría destacando. Esta adscripción a las vanguardias hizo que la autora se ganara un cierto rechazo de los círculos culturales institucionales de Georgia.
La particularidad de la música electrónica frente al resto de influencias occidentales de Svanidze es la necesidad de tener medios apropiados para producirla. La primera experiencia de la compositora con este mundo sonoro fue en Moscú, utilizando un sintetizador que se había importado desde Inglaterra. La obra resultante fue el oratorio Lamentaciones georgianas, que tenía una plantilla formada por instrumentos acústicos, voces y cinta, que demostró su presencia en el movimiento Epitaphium. Esta composición, completada en 1974, fue la primera obra electrónica de Georgia. Svanidze se convirtió con ella en la pionera de una terna de autores georgianos, junto a Nodar Mamisashvili y Mikheil Shugliashvili, que abrirían camino a esta música en el país.
Referencias:
Chudozilov, J. (2021, 10 de febrero). Beyond The Dancefloor: A Brief History of Electronic Music in Tbilisi. The Attic. https://theatticmag.com/reports/2410/beyond-the-dancefloor%3A-a-brief-history-of-electronic-music-in-tbilisi.html
Nadareishvili, M. (2015). Musical Identity in New Georgian Music: Natel Svanidze–Eka Chabashvili. GESJ: Musicology and Cultural Science, 2(12), 46-51.
Redacción y edición: S. Fuentes
