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Thieme y los coros de Núremberg

La compositora y pedagoga musical Kerstin Thieme (1909-2001) nació en la pequeña localidad sajona de Bad Schlema. Ante la imposibilidad de formarse en este municipio, la joven tuvo que desplazarse primero a Aue y posteriormente a Leipzig para avanzar en sus estudios. Ya en la gran ciudad, Thieme accedió a la Universidad de Música y Teatro, donde estudió con Hermann Grabner. Entre sus compañeros se encontraba el compositor húngaro Miklós Rózsa, quien llegaría a ser un célebre creador de bandas sonoras en Hollywood. Thieme terminó sus estudios —incluyendo un doctorado sobre el sonido orquestal de Mozart— y, guiada por su interés en la pedagogía y la docencia, aprobó el examen estatal para ser profesora de música en enseñanzas secundarias.

Thieme comenzó a trabajar como docente, compaginando esta actividad con sus primeras composiciones, que tuvieron una muy buena acogida. Sin embargo, este comienzo profesional prometedor se vio interrumpido cuando fue llamada a filas durante la Segunda Guerra Mundial. En el conflicto fue hecha prisionera y trasladada a Italia, donde fue retenida hasta 1946. Tras regresar a Alemania, Thieme tuvo que huir de la zona de ocupación soviética por razones políticas, mudándose a Núremberg, en Baviera. Allí ocupó primero un puesto de Consejera de Educación gracias a su formación pedagógica, aunque rápidamente abandonó este puesto de carácter más técnico para volver a ejercer de docente, retomando también su actividad como compositora.

Sogni, de Kerstin Thieme, por la Academia Sancta Katharina.

La autora alemana continuó dando clases hasta su jubilación, en 1974. Durante este tiempo fue profesora en, por ejemplo, la Hochschule für Musik Nürnberg o la Universidad Friedrich Alexander de Erlangen-Núremberg. Thieme estableció una relación muy fuerte con la ciudad bávara que la había acogido tras su huida del este. Contactó con los distintos coros y asociaciones corales amateurs de la ciudad y les hizo partícipes de algunos de sus estrenos. Este dato es especialmente relevante teniendo en cuenta que la música vocal gozó de una posición privilegiada en el repertorio de Thieme y en ella daba una importancia muy parecida al coro y a los solistas. También como parte de esta participación en la vida musical de la ciudad, la compositora escribió numerosas obras para que se estrenaran en las distintas ediciones de la Semana Internacional del Órgano de Núremberg.

Las obras de Thieme gozaron de un gran reconocimiento en vida de la compositora. Fueron galardonadas con numerosos premios nacionales e internacionales, como el Premio Fanny Mendelssohn o el Premio Città di Trieste, que ganó en tres ocasiones con las obras Varianti b-a-c-h, Mosaici y el concierto para violín Omaggio a Tartini. En la última etapa de su vida, Kerstin Thieme fue incorporando cada vez más la religiosidad en su música. La fe siempre había sido algo importante para la compositora, pero en esta etapa adquirió un papel crucial. Fue en estos últimos años cuando Thieme puso música a varios salmos y escribió su célebre Réquiem. Estas obras incorporaron textos en latín a la producción de la compositora, idioma que no había utilizado previamente. Ella concebía esta lengua como una forma de extender su mensaje musical a un público mucho más amplio, más allá del mundo alemán al que ella pertenecía.


Referencias:

Firnkees, N. (Sin fecha). Die menschliche Komponente in der Musik gefunden: Zum Tode der Komponistin und Musikpädagogin Kerstin Thieme. Consultado el 17 de febrero de 2024. https://www.kompositionen-thieme.de/assets/applets/Festrede_Firnkees_2001.pdf

Redacción y edición: S. Fuentes

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Cubiles, guiado por Cádiz

A finales del siglo XIX nació en Cádiz todo un prodigio del piano. Debido a su corta edad —dio sus primeros conciertos con apenas ocho años— era conocido como Pepito Cubiles, pero llegaría a convertirse en el célebre José Cubiles (1894-1971). El niño comenzó sus estudios en la Academia Filarmónica Santa Cecilia de su ciudad natal. Allí tuvo como maestro al director de la institución, Rafaele Tomasetti. Viendo el potencial de Cubiles, su mentor se ocupó de que el niño recibiera la mejor formación posible. Fue así como con once años llegó a Madrid para estudiar en el Real Conservatorio de la capital. Esto fue posible gracias al patronazgo de la infanta Isabel, hija de la reina Isabel II.

Lágrimas, de José Cubiles, por la Asociación Filarmónica Ciudad de Conil.

En Madrid Cubiles encajó a la perfección con su nueva maestra, la catedrática de piano Pilar Fernández de Mora. Pese a haber nacido en Sevilla, la pianista estaba muy vinculada a Cádiz, lo que quizás facilitara la adaptación del joven Cubiles. Su estancia en el Real Conservatorio terminó con premios en piano y armonía, a los que se sumaron otros galardones ajenos a la institución. Un ejemplo de estos laureles es el Premio del Círculo de Bellas Artes, que recibió en 1909, dos años antes de graduarse. Dando por cerrada esta etapa formativa madrileña, Cubiles se dirigió al Conservatorio de París, donde fue alumno de Louis Diémer. Al igual que ocurriera en el Real Conservatorio, la capital francesa se rindió ante el talento del joven pianista, que obtuvo el Premio Extraordinario en la institución parisina.

Cubiles planeaba desarrollar su carrera desde París, pero el estallido de la Primera Guerra Mundial hizo que regresara a Madrid, donde se instaló de forma permanente. Allí consiguió una plaza como profesor de su alma mater, el Real Conservatorio. A partir de entonces compaginó una intensa labor docente con conciertos por todo el mundo. Rápidamente Cubiles se convirtió en un referente en el panorama pianístico español. Por ejemplo, fue el encargado de tocar la parte de piano en Petrushka cuando Stravinski viajó a España para estrenar este ballet y El pájaro de fuego. Pero su consagración definitiva llegó en 1916 de la mano de un gaditano como él: Manuel de Falla.

Noches en los jardines de España, de Manuel de Falla, por Javier Perianes y la Orquesta de la Radio de Frankfurt.

Falla había programado el estreno de Noches en los jardines de España para el 9 de abril de 1916. La obra estaba dedicada a Ricardo Viñes, quien había influido en la composición de la misma, pero el pianista ilerdense rechazó participar en el estreno. Con una fecha de estreno apremiante, Falla buscó a otro pianista que pudiera empaparse de la obra en el tiempo que quedaba hasta el concierto. Cubiles asumió la responsabilidad y defendió la composición de Falla a la perfección. El pianista gaditano convirtió Noches en los jardines de España en una obra recurrente en su repertorio, tanto que el también pianista Antonio Lucas Moreno le apodó “el jardinero mayor del reino”. Quizás este título cómico también dejara entrever la cercana relación entre Cubiles y su primera mecenas, la infanta Isabel, que incluso fue madrina del pianista en la primera de sus bodas.


Referencias:

Canal de Cultura Contemporánea de las Universidades Públicas de Andalucía. (Sin fecha). José Cubiles. Consultado el 27 de enero de 2024. https://www.cacocu.es/andalucia-contemporanea/jose-cubiles/

López, J. A. (2021, 9 de mayo). José Cubiles, el piano olvidado de Cádiz. Diario de Cádiz. https://www.diariodecadiz.es/ocio/Jose-Cubiles-piano-olvidado-Cadiz_0_1572143260.html

Recio Aguado, R. M. (Sin fecha). José Antonio Cubiles Ramos. Real Academia de la Historia. Consultado el 27 de enero de 2024. https://dbe.rah.es/biografias/5518/jose-antonio-cubiles-ramos

Redacción y edición: S. Fuentes

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Auspitz-Kolár, la promesa checa

En 1849 el compositor checo Bedřich Smetana se casó con Kateřina Kolářová, a quien había conocido cuando ambos eran niños. La joven pianista consiguió que el compositor diera lecciones de piano a una de sus primas, casi dos décadas menor que ella. Se trataba de Auguste Auspitz-Kolár (1844-1878). La niña era hija de una cantante y un dramaturgo, por lo que no era ajena al mundo cultural. Tras estos comienzos con tal eminencia del nacionalismo checo, Auspitz-Kolár pasó a una educación reglada en el instituto de educación musical dirigido por Joseph Proksch en Praga, su ciudad natal. Proksch era, sin duda, uno de los maestros más importantes de la región y había formado anteriormente tanto a Smetana como a Kolářová.

La formación de Auspitz-Kolár se completó en París, ciudad a la que viajó junto a su madre. Allí estudió bajo la dirección de Wilhelmine Clauss-Szarvady. Esta pianista y maestra, pese a estar afincada en Francia, también era de origen checo. Entre sus credenciales se encontraban dos obras dedicadas por Liszt para apoyarla en su carrera cuando Clauss-Szarvady apenas tenía 16 años. Tras esta etapa de perfeccionamiento parisina, el regreso de Auspitz-Kolár a Praga fue completamente triunfal. La crítica ensalzó su talento como pianista y calificó sus primeras composiciones de ingeniosas y prometedoras. Pese a esta buena acogida, la autora se centró en su carrera como intérprete y, aunque llegó a publicar algunas de estas obras tempranas, no profundizó en su faceta de autora.

Trío con piano op.22, de Władysław Żeleński, dedicado a Auguste Auspitz-Kolár. Interpretado por el Trio Fortepiano.

Auspitz-Kolár decidió abandonar su ciudad natal para establecerse en Viena. En la capital austriaca se convirtió en una habitual de las veladas organizadas por el Cuarteto Hellmesberger. Además de junto a esta agrupación, la pianista tocó como solista con la Filarmónica de Viena, abarcando un gran repertorio que incluía a autores como Beethoven, Mozart o Schumann. Auspitz-Kolár se atrevió incluso con música de Bach —concretamente, el Concierto en re menor BWV 1052—, que según los absurdos roles de género de la época y de forma completamente arbitraria se consideraba ajena al repertorio propio de las intérpretes mujeres. Además de tocar en Viena, durante esta época Auspitz-Kolár actuó como pianista en numerosas ciudades europeas, incluyendo Brno, Múnich, Colonia, París, Praga, Pest y Londres. De estos viajes se conservan reseñas muy favorables por parte de la crítica.

En 1868 la compositora y pianista se casó con el dermatólogo Heinrich Auspitz, adaptando su nombre (hasta entonces había sido simplemente Auguste Kolár o Kolářová). A diferencia de otras intérpretes de la época, su actividad sobre los escenarios no se interrumpió con el matrimonio. De hecho, a esta etapa pertenecen eventos tan importantes como las dos veladas que protagonizó como solista durante la Exposición Universal de Viena de 1873. Aunque el matrimonio no supuso un obstáculo para su carrera, no ocurrió lo mismo con la maternidad. Auspitz-Kolár se retiró de los escenarios en 1874, ante el nacimiento de su hijo Hans a comienzos del año siguiente. Quizás ese parón habría sido el momento idóneo de retomar su faceta de compositora, tan prometedora en sus orígenes. Desgraciadamente, la pianista murió en 1878, pocas semanas antes de que también falleciera su hijo.


Referencias:

Hoffmann, F. (2012). Auspitz-Kolár, Auguste. Sophie Drinker Institut. https://www.sophie-drinker-institut.de/auspitz-kolar-auguste

Österreichisches Biographisches Lexikon. (2018, 14 de diciembre). Auspitz-Kolár, Auguste (Augusta); geb. Kolárová. https://www.biographien.ac.at/oebl/oebl_A/Auspitz-Kolar_Auguste_1843_1878.xml

The New York Public Library. (Sin fecha). Auguste Kolar papers. Consultado el 6 de enero de 2024. https://archives.nypl.org/mus/20008

Redacción y edición: S. Fuentes

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Crawford Seeger: guardiana de canciones

En su periplo estadounidense, Antonín Dvořák estaba llamado a sentar las bases del que sería un estilo propio y nacional del país norteamericano. Y, ciertamente, contribuyó notablemente al desarrollo de la música clásica en Estados Unidos desde que se pusiera al frente del National Conservatory of Music of America neoyorquino en 1892. Pero Dvořák no dejaba de ser un extranjero y algunos de los compositores más jóvenes veían la ruta a seguir que había marcado como algo impuesto desde Europa. Fue así como surgió el modernismo estadounidense: como un nuevo intento de encontrar una identidad musical propia, aunque esta vez con una intención claramente rupturista. Una joven compositora captó la atención de algunas de las figuras más importantes del movimiento, como Charles Ives o Henry Cowell. Se trataba de Ruth Crawford (1901-1953), quien con apenas 20 años había llegado al American Conservatory of Music de Chicago.

Crawford inicialmente accedió al Conservatorio para conseguir un certificado de piano en un año, algo que su madre consideraba sería bueno para ella. Las cosas no salieron como la madre de la compositora planeaba y esta etapa formativa se prolongó hasta 1929. Crawford no se convirtió en una pianista amateur, sino en una compositora en toda regla. La joven comenzó a codearse con otros artistas y personalidades culturales, como el poeta Carl Sandburg, de cuyos hijos fue profesora de piano. Crawford captó especialmente la atención de Cowell, que la consideraba una “compositora completamente disonante por naturaleza”, todo un halago para el músico modernista. Con el afán de que la joven llegara lo más lejos posible, Cowell le recomendó estudiar con su antiguo maestro, Charles Seeger, que residía en Nueva York.

Music for Small Orchestra, de Ruth Crawford Seeger, por el Ensemble Musikfabrik.

Aunque Seeger también era compositor, en esa época sus trabajos se centraban en el plano teórico. Sus métodos eran una gran referencia para los vanguardistas estadounidenses e inmediatamente se convirtió también en un referente para Crawford. Bajo su guía, la compositora ganó una Beca Guggenheim, siendo la primera mujer en conseguir esta hazaña. Este premio le permitía estudiar en Europa durante un año. Los destinos escogidos para el viaje fueron París y Berlín. Crawford intentó aproximarse a muchas de las vanguardias del viejo continente, “aunque solo fuera para rechazarlas”, como contaba a Seeger en sus cartas. Una excepción a este eclecticismo fue el dodecafonismo. Aunque Schoenberg vivía en Berlín en la época en que Crawford estuvo en la capital alemana, la compositora evitó deliberadamente aproximarse a él.

De Crawford a Seeger

Una vez finalizada la beca —y tras la negativa por parte de los organizadores a prorrogarla—, Crawford regresó a Nueva York y se casó con Seeger, adoptando el nombre de Ruth Crawford Seeger. La compositora había vuelto de Europa con su Cuarteto de cuerda, una de sus obras más importantes y que le auguraba una prometedora carrera. Sin embargo, esta trayectoria se cortó de forma brusca por culpa, en gran medida, de su reciente matrimonio. Crawford pasó a cuidar a los tres hijos que Seeger aportó a la unión, a los que con el tiempo se sumarían cuatro más. La familia se trasladó a Washington D. C., donde la compositora descubrió una nueva pasión: la etnomusicología.

Cuarteto de cuerda, de Ruth Crawford Seeger, por The Playground Ensemble.

En la capital estadounidense Crawford empezó a trabajar en la Biblioteca del Congreso, concretamente en el Archivo de la Canción Estadounidense. Desde esta posición transcribió numerosas canciones folclóricas, por las que consiguió un gran reconocimiento. Fueron muchas sus publicaciones en este campo, como Our Singing Country, American Folksongs for Children, Animal Folksongs for Children o American Folk Songs for Christmas. Este legado etnomusicológico fue continuado por varios de los hijos de los Seeger. Esta labor familiar eclipsó los inicios de Crawford como compositora, después de haber sido una de las figuras más prometedoras del modernismo estadounidense. Afortunadamente, su música no cayó en el olvido y poco a poco se redescubre, recupera y amplía el catálogo de sus obras.


Referencias:

Dickinson, P. (Sin fecha). Portrait of Ruth Crawford Seeger. Gramophone. Consultado el 9 de diciembre de 2023. https://www.gramophone.co.uk/review/portrait-of-ruth-crawford-seeger

Finn, C. (Sin fecha). Ruth Crawford Seeger. Song of America. Consultado el 9 de diciembre de 2023. https://songofamerica.net/composer/crawford-seeger-ruth/

Lewis, D. (Sin fecha). Ruth Crawford Seeger Biography. Peggy Seeger. Consultado el 9 de diciembre de 2023. http://www.peggyseeger.com/ruth-crawford-seeger/ruth-crawford-seeger-biography

Robin, W. (2017, 13 de octubre). The Pioneering Modernist Who Wrote an Audacious String Quartet. The New York Times. https://www.nytimes.com/2017/10/13/arts/music/ruth-crawford-seeger-jack-quartet.html

Redacción y edición: S. Fuentes

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Hopekirk: pianista internacional

Habitualmente los músicos más prolíficos destacan en un ámbito concreto, ya sea composición, interpretación, dirección, docencia o cualquier otra disciplina de carácter más teórico. Aunque muchos han alcanzado una gran relevancia en varias disciplinas, son pocos los ejemplos que hayan conseguido un currículum abultado en más de una rama de la música. Una de estas figuras es la escocesa Helen Hopekirk (1856-1945). Como autora, firmó varias obras orquestales y camerísticas, además de un centenar de canciones. Como pianista, fue una solista de gran renombre internacional, que solo en EE.UU. y Canadá dio más de 200 recitales, sin contar sus apariciones con orquestas y formaciones camerísticas. Y estos números no incluyen los comienzos de su carrera antes de que partiera hacia el continente americano.

Hopekirk procedía de Portobello, cerca de Edimburgo. Comenzó su formación musical en la capital escocesa y ya desde sus inicios apuntaba maneras, como demuestran las tres ocasiones en que tocó como solista con la Edinburgh Amateur Orchestra Society. Tras esta primera etapa formativa y siguiendo las últimas voluntades de su padre, Hopekirk internacionalizó su formación, incorporándose a las clases de, entre otros, Carl Reinecke en el Conservatorio de Leipzig. En la ciudad alemana repitió su éxito como solista, en esta ocasión junto a la orquesta de la Gewandhaus. En esta época también actuó junto a la orquesta del Crystal Palace londinense.

Pieza de concierto en re menor, de Helen Hopekirk, por Gary Steigerwalt y la Mount Holyoke Symphony Orchestra.

La compositora se casó con un empresario que renunció a parte de las responsabilidades de la empresa en la que era socio para ejercer como representante de Hopekirk y ayudar a impulsar su carrera. La unión desembocó en dos grandes giras por Gran Bretaña —en 1880 y 1881— que incluyeron un total de 42 conciertos. Ante el gran éxito de estos proyectos, Hopekirk emprendió dos años después una nueva tournée, en esta ocasión por Estados Unidos. Fue una gira muy ambiciosa que puso de manifiesto la descomunal capacidad de la compositora, que llegó a tocar cuatro programas distintos en un lapso de apenas doce días. Se dice que en la época solo Arthur Rubinstein era capaz de abarcar un repertorio activo tan amplio.

De vuelta a Europa, Hopekirk decidió reorganizar sus prioridades. Buscó un maestro para reforzar sus estudios pianísticos. Su primera opción para este cometido era Franz Liszt, pero murió antes de que se uniera a sus clases, por lo que tomó como mentor a Theodor Leschetizky. Salvo alguna gira esporádica, Hopekirk dedicó sus inviernos principalmente a la docencia y la interpretación —aunque con una agenda menos apretada— y los veranos a la composición. Este nuevo ritmo de trabajo duró algo más de una década, pero se vio interrumpido cuando en enero de 1897 el marido de la pianista sufrió un accidente de tráfico. Hopekirk se convirtió en el soporte económico de la familia, por lo que buscó una opción que le permitiera generar ingresos estables. Fue así como aceptó la propuesta de un antiguo compañero de Leipzig para dirigir el departamento de piano del Conservatorio de Nueva Inglaterra.

Iona Memories, de Helen Hopekirk, por Gary Steigerwalt.

Aunque Hopekirk solo dio clases en el Conservatorio durante cuatro años, este traslado a Estados Unidos fue definitivo. Una vez la familia recuperó la estabilidad económica, la compositora limitó su actividad docente a lecciones privadas y dedicó el resto de su tiempo a componer y tocar. Desde su residencia en Boston Hopekirk se integró completamente en el círculo de compositores de la ciudad, al que pertenecían, por ejemplo, George Whitefield Chadwick, Amy Beach o Mabel Wheeler Daniels. Como intérprete, se encargó de los estrenos estadounidenses de varias obras de compositores europeos, especialmente de autores franceses, como d’Indy o Fauré. Hopekirk siguió dando conciertos hasta los 82 años, poniendo el broche final a su magnífica carrera como pianista con un recital monográfico de sus obras.


Referencias:

British Music Collection. (Sin fecha). Helen Hopekirk. Consultado el 25 de noviembre de 2023. https://britishmusiccollection.org.uk/composer/helen-hopekirk

Scottish Music Centre. (Sin fecha). Helen Hopekirk. Consultado el 25 de noviembre de 2023. https://www.scottishmusiccentre.com/helen-hopekirk

Redacción y edición: S. Fuentes

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Klechniowska: la educación premiada

La compositora polaca Anna Maria Klechniowska (1888-1973) llegó a conseguir un gran reconocimiento en su país. Fue galardonada con, entre otras, la Cruz de Caballero de la Orden Polonia Restituta o la Medalla del 10.º Aniversario de la Polonia Popular. Además de por sus composiciones, Klechniowska recibió estas distinciones por su inmensa labor en distintos ámbitos de la pedagogía musical. La polifacética autora ejerció como maestra, pero también creó material para ayudar a enseñar música y supervisó que distintas instituciones estuvieran educativamente a la altura que se les presuponía. Por si fuera poco, también organizó durante casi dos décadas sus propios cursos de iniciación a la música en Varsovia.

Klechniowska sabía de primera mano cómo funcionaban muchas de las instituciones educativas polacas en el ámbito de la música. Esto se debe a que cursó sus estudios en distintos centros y con diversos profesores particulares, tanto en Polonia como en el extranjero. Comenzó su formación en el Conservatorio de Varsovia (actual Universidad de Música Fryderyk Chopin), donde estudió piano y teoría musical. En 1905 cursó un año en Leópolis (en la actualidad parte de Ucrania), añadiendo a su currículum la composición. Tras asentar las bases de sus conocimientos, amplió sus estudios en el Conservatorio de Leipzig y, de vuelta a Polonia, en Cracovia. Esta formación itinerante se cerró en 1917 —aunque solo de forma temporal— en la Musikakademie de Viena, donde tuvo como maestro a Franz Schmidt.

Zabłąkana owieczka, de Anna Maria Klechniowska, por Michał y Małgorzata Tchórz.

Tras su estancia en Viena, Klechniowska comenzó a dar clases y publicó su primera obra sobre pedagogía del piano. Durante casi veinte años vivió y enseñó música en Varsovia. El hecho de encontrarse en la capital polaca le permitió compaginar su trabajo con nuevos estudios, en esta ocasión de dirección orquestal. Quizás con unas renovadas ganas de aprender tras esta toma de contacto con una rama de la música hasta ahora inexplorada para ella, Klechniowska emprendió un nuevo viaje. En esta ocasión se dirigió a Francia, donde reforzó sus dotes de compositora con la maestra de maestros, la inigualable Nadia Boulanger. Este periplo comenzó en 1939, permitiendo que Klechniowska evitara estar en su país durante la invasión de Polonia.

Al regresar a Polonia tras la Segunda Guerra Mundial, Klechniowska ocupó puestos directivos en distintas instituciones educativas. Por ejemplo, fue directora del Departamento de Música en la Facultad de Cultura y Artes de Lodz. También continuó impartiendo clases de piano en esta misma ciudad. En 1947 regresó a Varsovia, donde dirigió la sección de educación en la Asociación de Compositores Polacos. También ejerció como inspectora de escuelas de música para el Ministerio de Cultura. Durante esta etapa de postguerra, Klechniowska dotó a su vocación docente de un carácter más social, intentando que la música pudiera llegar a toda la infancia, sin importar los recursos de sus familias. Esta labor se alineaba con los ideales del nuevo estado surgido tras la Segunda Guerra Mundial, la República Popular de Polonia, perteneciente a la órbita soviética. Quizás esta afinidad contribuyera a que en 1950 recibiera un premio del Primer Ministro por su trabajo con la infancia.


Referencias:

Culture.pl. (2016). Anna Maria Klechniowska. https://culture.pl/pl/tworca/anna-maria-klechniowska

Polskie Kompozytorki. (Sin fecha). Klechniowska Anna Maria. Consultado el 4 de noviembre de 2023. https://polskiekompozytorki.pl/en/project/klechniowska-anna-maria-2/

Redacción y edición: S. Fuentes

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Parral: compositora y primera dama

Aunque es principalmente conocida por haber sido primera dama de Ecuador en cuatro ocasiones, Corina del Parral Durán (1905-1979) fue también compositora y escritora. La autora argentina comenzó a estudiar música de niña, en el Conservatorio Williams de su ciudad natal, Bahía Blanca. Parral era hija de un gibraltareño emigrado que había contribuido a crear un barrio inglés en esta localidad. Tras completar esta primera etapa formativa, la compositora continuó su formación en Buenos Aires. Allí amplió sus estudios de piano y los completó aprendiendo armonía, fuga, contrapunto y composición.

Parral comenzó a ganarse la vida como compositora y pianista, consiguiendo labrarse rápidamente una cierta reputación. Aunque la autora escribió algunas obras para piano solo y para orquesta, su producción se centró en las canciones, bebiendo enormemente de la música popular y del folclore (tanto de Argentina como, con el paso del tiempo, de Ecuador). Seguramente esta predilección por las canciones se debiera a su afinidad con la poesía, género literario que más cultivó. Parral también escribió una novela y varios relatos, aunque firmó muchos de sus textos bajo un seudónimo: Alma Helios.

Soledad en la altura, de Corina del Parral, por Sofía Sosa.

En 1934 la compositora acudió a un acto en la Embajada de Ecuador. Según algunas fuentes, estaba allí en calidad de pianista, aunque también existe la versión que apunta a que era una invitada más en el acto. Sea como fuere, al evento acudió José María Velasco Ibarra, un filósofo que recientemente había sido elegido como presidente de Ecuador. Se dice que la pareja se enamoró en aquel acto en la embajada, aunque este flechazo no llegó a ningún sitio porque Velasco estaba casado.

La carrera política de Velasco se vio marcada por la inestabilidad. Ecuador sufrió varios golpes de estado que hicieron que el presidente se viera obligado a pasar largos periodos en el exilio. El primero de estos levantamientos llegó cuando apenas llevaba un año en el poder. Velasco se exilió en Colombia y desde allí se carteó con Parral. Esta relación a distancia dio sus frutos y en 1938 el político se divorció de su mujer y se casó con la compositora. Velasco llegaría a la presidencia de Ecuador en cuatro ocasiones más —una de ellas aupado por un levantamiento, el resto mediante elecciones—, aunque entre estos mandatos se intercalaron largas estancias en Chile, Colombia y Argentina. Durante estos exilios y etapas apartado de la primera línea política, Velasco a menudo ejercía como profesor universitario… o incluso de escuela.

Me pongo un sombrero negro, de Corina del Parral.

Parral siguió componiendo y escribiendo, pero centró casi toda su atención en su labor como primera dama. Desde su posición emprendió distintas iniciativas para proteger a colectivos vulnerables. Dentro de estos proyectos sociales cabe destacar su defensa de los derechos de la infancia. Fundó el Patronato Nacional del Niño, cuyo epicentro era la Ciudad del Niño, situada cerca de Quito. Para ayudar a recaudar fondos con que sufragar este proyecto, Parral organizó la grabación de dos discos con obras suyas y destinó los beneficios a la Ciudad. También fundó el Patronato Provincial del Niño en Guayaquil y el Club Femenino de Cultura en Quito.


Referencias:

David, G. (2023, 12 de marzo). Corina Parral, la Evita ecuatoriana. Página 12. https://www.pagina12.com.ar/530751-corina-parral-la-evita-ecuatoriana

Hidalgo-Ayala, X. (2018). Corina Parral de Velasco Ibarra. XHA Club. https://www.xhaclub.net/post/2018/03/08/four-times-first-lady

Redacción y edición: S. Fuentes

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El desarraigo de Hannikainen

El compositor Pekka Juhani Hannikainen fue el iniciador de una importante dinastía de músicos finlandeses. Las distintas ramas de esta familia incluyen a numerosos autores e intérpretes ligados a diversos instrumentos que han portado el apellido Hannikainen desde el siglo XIX hasta la actualidad. Ann-Elise Hannikainen (1946-2012) perteneció a este distinguido linaje. Aunque era bisnieta de Pekka Juhani, su abuelo y su padre no se habían dedicado a la música. Pese a estas dos generaciones de distancia, la atracción familiar de Hannikainen por la música se manifestó cuando la compositora era muy joven.

Esta vocación temprana tuvo que lidiar con un obstáculo: el padre de Hannikainen era un diplomático que viajaba por todo el mundo junto a su familia, por lo que la niña no comenzó una educación formal y reglada hasta 1963, cuando empezó a estudiar en la Academia Moderna de Piano de Lima. Tras cuatro años de formación en Perú, Hannikainen regresó a Finlandia. Pese a ser su país de origen, la compositora solo había vivido en él apenas tres años hasta entonces. Allí ingresó en la Academia Sibelius, donde estudió piano y composición. Si bien las lecciones de instrumento fueron enormemente productivas, Hannikainen no pensaba lo mismo de las clases de composición, que afirmaba que eran simplemente un repaso de lo que ya aprendiera en Perú. En Lima Hannikainen había estudiado con un músico alemán expatriado, Rodolfo Holzmann. Gracias a él se familiarizó con el dodecafonismo, corriente que permeó en sus primeras obras.

Concierto para piano, de Ann-Elise Hannikainen, por Ossi Tanner y la Orquesta Filarmónica de Helsinki.

Hannikainen aspiraba a convertirse en pianista de concierto, teniendo la composición como una disciplina secundaria. Sin embargo, este objetivo se vio truncado por la artritis reumatoide que empezó a sufrir, enfermedad que echó por tierra la prometedora carrera que estaba comenzando. Este vuelco en su vida coincidió con el nombramiento de su padre como embajador de Finlandia en España. La compositora decidió acompañarle para distanciarse del dolor y la frustración.

En tierra de nadie

En Madrid, Hannikainen se convirtió en discípula de Ernesto Halffter. El compositor, ya consagrado, afirmaba que quería continuar el legado que había recibido de Falla y dar así el testigo a la finlandesa. Maestro y alumna se tomaban muy en serio esta idea de herencia musical, como se puede apreciar en Anerfálicas, una obra cuyo título está formado por los nombres de ambos y el de Falla (ANn, ERnesto y FALla).

Hannikainen se volcó en la composición y cosechó grandes éxitos con sus obras. Ernesto Halffter dirigió muchos de sus estrenos y propició que la música de su pupila —y, un tiempo después, compañera— fuera programada. Tras recibir la aclamación del público y la crítica, el tándem de compositores programó un concierto con sus obras en Finlandia, concretamente con el Concierto para piano de Hannikainen y la Sinfonietta de Halffter. El evento generó una gran expectación, pero no tuvo una buena acogida. Las sonoridades de los compositores no acabaron de encajar con el público finlandés, pese al éxito que esas mismas obras tuvieron en España.

Sexteto, de Ann-Elise Hannikainen, por el quinteto Kuura y Jussi Littunen.

Ann-Elise Hannikainen continuó viviendo y trabajando en España hasta la muerte de Ernesto Halffter en 1989. A partir de entonces regresó a su país de origen y prácticamente dejó de componer. Su figura cayó rápidamente en el olvido, ya que ninguno de los países sentía a la compositora como suya. Por fortuna, tres años después de la muerte de Hannikainen, su compatriota Markus Virtanen escribió una ópera sobre su vida, La compositora Ann-Elise Hannikainen, que despertó un gran interés en Finlandia sobre la autora.


Referencias:

Stammeier, J. (2015, 13 de noviembre). Kuinka naissäveltäjä unohdetaan – tapaus Ann-Elise Hannikainen. Kulttuuricocktail. https://yle.fi/aihe/artikkeli/2015/11/13/kuinka-naissaveltaja-unohdetaan-tapaus-ann-elise-hannikainen

Virtanen, M. (2021, 30 de marzo). Hannikainen, Ann-Elise (1946 – 2012). Henkilöhistoria. https://kansallisbiografia.fi/kansallisbiografia/henkilo/10156

Redacción y edición: S. Fuentes

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Lutyens, reina del terror

La compositora inglesa Elisabeth Lutyens (1906-1983) procedía de una familia muy importante de la alta sociedad británica. Pese a trasfondo, no deja de sorprender uno de los apodos que se ganó, un título digno de la realeza: la reina del terror.

El padre de la compositora era sir Edwin Lutyens, un arquitecto condecorado con la Orden del Mérito del Reino Unido y la Orden del Imperio de la India, miembro del Real Instituto de Arquitectos Británicos y la Real Academia de las Artes. Descendía del pintor Charles Augustus Henry Lutyens, confirmando una ascendencia artística de al menos dos generaciones para la compositora. Por parte materna, Elisabeth Lutyens era hija de lady Emily Bulwer-Lytton y nieta de Robert Bulwer-Lytton, 1º Conde de Lytton y virrey de la India.

En un contexto tan privilegiado y vinculado a distintas disciplinas artísticas, no es de extrañar que cuando Lutyens dijo con tan solo 9 años que quería ser compositora, recibiera todas las facilidades posibles para cumplir este sueño. Estudió en la École Normale de Musique de París y en el Royal College of Music de Londres, además de recibir lecciones privadas de distintos maestros.

Cuarteto de cuerda nº. 6 de Elisabeth Lutyens, por el Fanny Mendelssohn Quartet.

Los problemas para Lutyens comenzaron cuando decidió romper por completo con la teosofía. Su madre estaba muy ligada al movimiento teosófico y al misticismo oriental y había inculcado estos preceptos a sus hijos. Por eso, cuando la compositora renunció a ellos, su madre cortó bruscamente su relación con Lutyens. Este suceso desencadenó el primer episodio depresivo de cuantos la autora llegó a sufrir a lo largo de su vida. Desembocó en un problema de alcoholismo y la compositora inglesa acabó ingresando durante algunos meses en un hospital psiquiátrico.

El primer matrimonio de Lutyens también supuso un fracaso, aunque de mucha menor envergadura. Poco después de la ruptura, la compositora empezó una relación con el director Edward Clark, un antiguo alumno de Schoenberg.

Terror por necesidad

Clark había trabajado como productor de la BBC, pero tras ese empleo no consiguió encontrar ningún otro trabajo estable. Por esta razón, Lutyens se convirtió en el soporte económico de su familia. La música de concierto de la compositora no tenía una acogida especialmente buena, ya que era muy cercana a los postulados de la Segunda Escuela de Viena —Lutyens se había formado con un alumno de Webern— y solo con el tiempo ganó el reconocimiento que merecía.

Banda sonora de la película Paranoiac, de Elisabeth Lutyens.

La compositora encontró un filón para mantener a sus cuatro hijos en la música para medios audiovisuales. Aunque escribió música para programas televisivos y radiofónicos de la BBC, el grueso de la producción comercial de Lutyens se centró en el cine. Concretamente, el cine de terror. Hasta los años 60, las películas británicas de este género se habían localizado en ambientes exóticos. Sin embargo, la nueva década trasladó la ambientación de las cintas a un entorno mucho más reconocible para su público: la propia Gran Bretaña. En este nuevo contexto, la música de Lutyens encajaba a la perfección, por lo que rápidamente se convirtió en una de las autoras de bandas sonoras más importantes del género.

Lutyens colaboró con distintos estudios —como Hammer, Amicus o Pennea— y directores. Puso música a películas como Dr. Terror’s House of Horrors, The Skull, Paranoiac o Theatre of Death. Muchas de estas Cintas se convirtieron con el tiempo en clásicos de culto para los amantes del género, que apodaron a la compositora “the Horror Queen”, la reina del terror.


Referencias:

Kilpatrick, S. (Sin fecha). 12-Note Liuzzie, the Horror Queen: Elisabeth Lutyens’ British Horror Legacy. Horrified. Consultado el 19 de agosto de 2023. https://www.horrifiedmagazine.co.uk/film/elisabeth-lutyens-british-horror/

Lindbergs, K. (2020, 11 de marzo). Elisabeth Lutyens: The horror queen of film composers. Cinebeats. https://cinebeats.wordpress.com/2020/03/11/elisabeth-lutyens-the-horror-queen-of-film-composers/

The Lutyens Trust. (Sin fecha). Composer Elisabeth Lutyens, daughter of Edwin. Consultado el 19 de agosto de 2023. https://www.lutyenstrust.org.uk/portfolio-item/composer-elisabeth-lutyens-daughter-of-edwin/

Redacción y edición: S. Fuentes

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Retratos sonoros

La desaparición de Sepúlveda

María Luisa Sepúlveda (1898-1958) fue una pionera en distintos ámbitos de la música chilena. Es considerada la primera compositora titulada del país, la primera directora de orquesta y una de las primeras personas que se dedicó a recopilar el folclore de Chile. Aunque en su día tuvo una gran notoriedad, con el tiempo fue quedando relegada a un segundo plano.

Sepúlveda era hija de una poeta y un profesor de filosofía, por lo que, pese a no tener una relación familiar directa con la música, sí procedía de una familia abierta a una que desarrollara su carrera en un ámbito cultural. Con 15 años accedió al Conservatorio Nacional de Música de Santiago, donde estudió piano. Durante un tiempo su vida estuvo muy ligada a la institución, ya que poco tiempo después de graduarse comenzó a dar clases en el centro. Mientras desarrollaba esta actividad docente, fue estudiando sucesivamente violín, composición y canto en el propio Conservatorio.

El afilador, de María Luisa Sepúlveda, por Álvaro Bravo.

El final de la década de 1910 fue de grandes éxitos para la compositora chilena. En 1916 fundó una orquesta formada exclusivamente por mujeres, para lo que contó con maestras y alumnas del Conservatorio. En estos mismos años, poco después de graduarse en composición, Sepúlveda ganó con su Bourrée el primer premio de la revista Zig-Zag. Quizás para evitar que los prejuicios influyeran en la decisión del jurado, la compositora publicó esta obra para piano bajo el pseudónimo “Alfonso y Corbalán”.

Como docente, Sepúlveda publicó distintos métodos de iniciación a la música, como El amigo del niño (método de piano), Cantos escolares o Nuevo método de guitarra: para aprender a tocar por cifra y música sin maestro.

Un cambio de rumbo

En 1928 se produjo una reestructuración del Conservatorio que acabaría poniendo fin a la prometedora carrera de Sepúlveda. Estos cambios fueron propiciados por la creación del Consejo de Enseñanza Musical de Chile. Este grupo fue impulsado por la Sociedad Bach, vinculada a la Universidad de Chile y enfrentada al grueso de profesores del Conservatorio, entre los que se encontraba Sepúlveda.

El Lamento de Aracné, de María Luisa Sepúlveda, por Benjamín Zúñiga

En el caso de la compositora, los ataques que recibió procedieron de dos frentes. El primero de ellos, a través de textos y reseñas negativas en prensa, que rompieron súbitamente con la admiración y los elogios recibidos previamente. El segundo frente fue administrativo. Fue acusada de “profesional incapaz”, de “mala docente” y de que sus alumnos tenían malos resultados. Sepúlveda fue apartada de la enseñanza en el Conservatorio en 1929. Recurrió la decisión y fue readmitida, pero la nueva dirección del centro tampoco cejó, consiguiendo volver a expulsarla una segunda y definitiva vez.

Para Sepúlveda la música era su medio de vida. La compositora dependía de los ingresos que recibía como profesora para sobrevivir, por lo que tuvo que ingeniarse nuevas formas de ejercer su profesión. Fue así como comenzó a recopilar folclore, llegando a publicar su Cancionero chileno para voz y piano y La voz del pasado: pregones santiaguinos antiguos y otros temas folklóricos.

Estudio en Cuartas, de María Luisa Sepúlveda, por Patricia Castro Ahumada.

Aunque tras el acoso y derribo Sepúlveda quedó desplazada a espacios considerados «más apropiados para una mujer» y alejada de la primera línea de compositores, las instituciones siguieron recurriendo esporádicamente a su ayuda. Llegó a participar en una comisión seleccionada por el ministro de educación (en la que también había miembros de la Sociedad Bach). También contribuyó a establecer la Sección Chilena de la Sociedad Internacional de Música Contemporánea.


Referencias:

Memoria chilena. (Sin fecha). María Luisa Sepúlveda Maira (1883-1958). Biblioteca Nacional de Chile. Consultado el 22 de julio de 2023. https://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-92952.html

Vera Malhue, F., Sánchez Hernández, D. y Mora Salas, I. (2020). María Luisa Sepúlveda Maira (1883-1957): Desde el «desvanecimiento historiográfico» hasta la presencia actual de una compositora y música chilena. Neuma (Talca), 13(2), 40-77.  http://doi.org/10.4067/S0719-53892020000200040

Redacción y edición: S. Fuentes