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Notas al programa

Berg: a la memoria de un ángel

El compositor austriaco Alban Berg (1885-1935) tenía una forma de trabajar muy concienzuda y minuciosa, pero también muy lenta. Cuando emprendía un proyecto, se volcaba en él hasta concluirlo, cosa que podía llevarle meses o incluso años. Por esta razón, cuando el violinista de origen ucraniano Louis Krasner le propuso a principios de 1935 escribir un concierto para violín, Berg rechazó el encargo. El compositor se hallaba inmerso en su ópera Lulú.

Pero el ofrecimiento de Krasner tenía algo de inaudito. El violinista había vendido el proyecto como un paso hacia la popularización del dodecafonismo, algo que veía necesario. A lo largo de su dilatada carrera —que por aquel entonces apenas estaba comenzando—, Krasner persiguió este sueño, llegando a convertirse en un importante intérprete de música contemporánea. Estrenó conciertos de autores como Schoenberg, Casella o Sessions, sin olvidar muchas otras obras más breves, pero de igual relevancia. Además de esta idea de poner en valor la música vanguardista, el proyecto de Krasner incluía una generosa cuantía económica. Aunque Berg había rechazado el ofrecimiento, fue incapaz de no preguntarse cómo sonarían las ideas de Krasner y empezó a bocetarlas de forma casi inconsciente. Ante la creciente fascinación por el proyecto, el compositor no tuvo más remedio que aceptar el encargo.

Concierto para violín, de Alban Berg, por la WDR Symphony Orchestra y Frank Peter Zimmermann.

En primavera de ese mismo año Berg recibió la noticia de que Manon Gropius había muerto a los 18 años. Se trataba de la hija de la compositora Alma Mahler y el arquitecto Walter Gropius. Durante un viaje a Venecia la joven había contraído la polio, enfermedad que acabó rápidamente con su vida. El compositor se decidió a dedicar el Concierto para violín a la memoria de la joven y así se lo transmitió a su madre en una carta.

El compositor se recluyó en una casa de verano junto al lago Wörthersee para trabajar en el concierto. Junto a este mismo lago también había escrito Johannes Brhams su Concierto para violín y Berg había coincidido allí con los Mahler. El trabajo del músico austriaco fue frenético y concluyó la obra en menos de cuatro meses. Este tiempo es especialmente significativo si tenemos en cuenta que una composición de la envergadura del concierto le habría llevado normalmente unos dos años. Este frenesí creativo llevó a Berg incluso a apartarse completamente de Lulú, cuyo último acto quedó inconcluso. El compositor murió el 24 de diciembre de ese mismo año por las complicaciones derivadas de una picadura de insecto. De forma póstuma, el Concierto para violín de Berg se estrenó el 19 de abril de 1936 en el Palau de la Música Catalana.

La cantata paralela

Como era habitual en él, Berg jugó con los principios del dodecafonismo en el Concierto como mejor le convino. La principal serie que utilizó estaba formada por cuatro tríadas encadenadas y un fragmento de una escala de tonos enteros. La elección de esta serie como elemento generador de la obra le permitió buscar una expresividad que hiciera justicia a su desolación tras la muerte de Manon Gropius. Berg recurrió al coral luterano Es ist genug! Herr wenn es Dir gefällt (¡Es suficiente! Señor, si te place) para expresar su frustración. Esta melodía quedó plasmada en el concierto a través de una serie de variaciones.

Cantata O Ewigkeit, du Donnerwort BWV 60, de Johann Sebastian Bach, por la Netherlands Bach Society.

Estando ya acabada la obra, el compositor se dio cuenta de que aquellas variaciones no eran la única referencia al coral en la obra. Las últimas cuatro notas de su serie se correspondían con la armonización que Bach hizo de este coral en su Cantata BWV 60.


Referencias:

Goldscheider, B. (Sin fecha). Day Fifteen: Berg’s Violin Concerto. Consultado el 14 de enero de 2023. https://www.bengoldscheider.com/blog/day-fifteen-bergs-violin-concerto

Keller, J. M. (2018, marzo). Berg: Violin Concerto. San Francisco Symphony. https://www.sfsymphony.org/Data/Event-Data/Program-Notes/B/Berg-Violin-Concerto

Redacción y edición: S. Fuentes

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Vivado: atonalidad chilena

Los comienzos de Ida Vivado (1913-1989) en el mundo de la música no fueron sencillos. La compositora chilena empezó a tocar el piano con cuatro años, demostrando una enorme vocación musical pese a su temprana edad. Con ocho años intentó acceder al Conservatorio Nacional de Chile, pero la solicitud fue entregada fuera de plazo y, por tanto, rechazada. Esta negativa supuso un duro golpe para Vivado, que se apartó por completo del piano hasta la década de los años 30.

Series alternadas para piano, de Ida Vivado, por Elvira Savi.

Vivado se reencontró con el piano y la música con ganas de recuperar el tiempo perdido. Rápidamente consiguió ser admitida en el Conservatorio y en 1942 terminó la carrera de piano. Inmediatamente después se adentró en la composición, a la vez que seguía perfeccionando su técnica como instrumentista. Sin embargo, Vivado sentía que ya era tarde para ella. Debido al hiato musical de su niñez, la compositora creía que no podría llegar a convertirse en una gran pianista y recondujo sus aspiraciones hacia la docencia. Lo cierto es que Vivado mantuvo un excelente nivel como intérprete durante toda su vida. De hecho, llegó a grabar varios discos al piano.

Como docente, Vivado dio clases de piano en el Conservatorio Nacional de Chile, formando a muchos pianistas que, como ella, también tenían una cierta vocación educativa. La composición le permitió unir su pasión por el piano, su creatividad y las ganas de enseñar a los jóvenes. Vivado dedicó parte de su obra a composiciones formativas, como sus Estudios para piano. Estos suponen una puerta de entrada para los estudiantes hacia algunas de las corrientes contemporáneas. Los estudios —de creciente complejidad técnica y conceptual— abarcan desde música diatónica y cromática hasta la bitonalidad o el serialismo. Todo ello sin descuidar la armonía o el contrapunto y fomentando en los alumnos la resolución de problemas de distinta índole, como rítmicos o de dinámicas.

Estudios para piano, de Ida Vivado, por Elvira Savi.

La relación de Vivado con las vanguardias europeas, especialmente el dodecafonismo y la atonalidad, surgieron a partir de la beca gubernamental que le permitió estudiar en Italia. También se formó junto al pianista neerlandés Fré Focke, un alumno de Anton Webern que vivió durante los años 50 en Chile. La influencia de la Segunda Escuela de Viena fue definitoria para Vivado, que hizo de sus postulados un pilar fundamental de su música. El otro recurso al que más acudió la compositora chilena fue el folclore de su país. Pese a no poder considerarse una compositora nacionalista, fueron muchos los guiños hacia la cultura patria: desde textos de autores locales hasta figuración representativa de Chile.

Este intercambio entre la tradición popular y las tendencias vanguardistas se puede apreciar en una de sus obras más destacadas: Picaresca. Se trata de una composición para voz y orquesta, la de mayor envergadura de cuantas escribió Vivado. El planteamiento de la obra es completamente atonal, pero la compositora no sacrificó para ello la expresividad melódica. En un delicado equilibrio, la voz deja entrever algunas tonalidades frente al acompañamiento orquestal, que con acordes disonantes impide que ninguna de estas propuestas llegue a definirse y consolidarse.


Referencias:

Bustos, R. (1978). Ida Vivado Orsini. Revista Musical Chilena, 32(142-), p. 106–112. Recuperado a partir de https://revistamusicalchilena.uchile.cl/index.php/RMCH/article/view/609

Memoria Chilena. (Sin fecha). Ida Vivado (1913 – 1989). Biblioteca Nacional de Chile. Consultado el 7 de enero de 2023. https://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-92948.html

Rex, Y. (2018, 24 de noviembre). SELLO FEMENINO. Ida Vivado: la primera presidenta de la Asociación Nacional de Compositores. La Izquierda Diario. https://www.laizquierdadiario.cl/Ida-Vivado-la-primera-presidenta-de-la-Asociacion-Nacional-de-Compositores

Redacción y edición: S. Fuentes

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Retratos sonoros

Guraieb: tradición e innovación

Con tan solo cuatro años, la compositora mexicana Rosa Guraieb (1931-2014) ya era capaz de tocar el piano. Su familia, de origen libanés, apoyó desde el primer momento el talento musical de la niña y le buscaron los mejores maestros. Cuando llegaron a Ciudad de México desde la Oaxaca natal de Guraieb, la compositora ingresó en el Instituto Nacional de Bellas Artes, del que se graduó con 16 años. Antes de acceder a los estudios superiores de música, la joven dedicó un tiempo a perfeccionar su técnica y habilidades en el Conservatorio de Beirut. De vuelta a su país, Guraieb accedió al Conservatorio Nacional de Música de Ciudad de México, donde tuvo como maestro a José Pablo Moncayo.

Sonata para violín y piano, de Rosa Guraieb, por Duane Cochran (piano) y Mitzuko Tempaku (violin).

Ya durante su etapa formativa Guraieb dio conciertos como solista en el Palacio de Bellas Artes. En su afán por perfeccionar su formación, la compositora viajó de nuevo al extranjero, en esta ocasión a la Universidad de Yale. El regreso a México de Rosa Guraieb fue triunfal, convirtiéndose en solista de la Orquesta Sinfónica Nacional con tan solo 25 años.

Pese a esta exitosa carrera como solista, Guraieb decidió hacer una gran apuesta por su faceta de compositora. En la década de 1960 regresó al Conservatorio Nacional de Música para estudiar composición con Carlos Chávez. También asistió a numerosos cursos impartidos por personalidades destacadas como István Láng o Rodolfo Halffter.

Pieza cíclica, de Rosa Guraieb, por Duane Cochran.

Como ya ocurriera con la interpretación, esta nueva apuesta de Guraieb acabó dando sus frutos. Poco a poco se fue reconociendo la figura de la pianista también como compositora. Este reconocimiento se materializó con el ingreso de la mexicana en diversos círculos musicales, como la Liga de Compositores de Música de Concierto de México, la Sociedad Mexicana de Música Nueva o la Liga Internacional de Mujeres Compositoras. También participó en eventos como el Foro Internacional de Música Nueva, el Festival Hispano Mexicano de Música Contemporánea o el Congreso Internacional de Mujeres en la Música.

La música de Guraieb estaba imbuida de corrientes vanguardistas, como el dodecafonismo, pero nunca perdió de vista sus raíces. La compositora afirmaba que “su pasión por la música y la composición serían siempre para el pueblo de México”. Guraieb concebía la música como algo que proporciona alegría y felicidad a los seres humanos. En esta línea de pensamiento, disfrutaba enormemente viendo a otros músicos interpretar sus obras. Uno de esos músicos fue el pianista mexicano Mauricio Náder, con quien la compositora hizo una gira por Europa en la primera década del siglo XXI.

Scriabiniana, de Rosa Guraieb, por Mauricio Náder.

Guraieb comenzó su transición hacia la composición recurriendo a su instrumento, ese piano que tan bien conocía. Entre las obras para piano solo podemos encontrar títulos como Pieza cíclica (galardonada en 2002 por la Sociedad Internacional para la Música Contemporánea), Cante, Scriabiniana, Murallas (citada en la Enciclopedia Internacional de Mujeres Compositoras), Puerto de arribo o El castillo de la luna. Al piano se le fueron añadiendo otros instrumentos, como la voz o el violín. Esta evolución concluyó con obras orquestales, como Espacios o Preludio, que Guraieb dio a conocer internacionalmente.


Referencias:

Gobierno de México. (2014, 3 de marzo). Fallece la pianista mexicana Rosa Guraieb Kuri. https://www.gob.mx/cultura/prensa/fallece-la-pianista-mexicana-rosa-guraieb-kuri

Sociedad de Autores y Compositores de México. (Sin fecha). Rosa Guraieb. Consultado el 27 de noviembre de 2021. https://www.sacm.org.mx/Informa/Biografia/27460

Redacción y edición: S. Fuentes