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Las 200 obras de Leonarda

Durante el siglo XVII hubo varios compositores que contribuyeron al desarrollo de la sonata a trío antes de que Arcangelo Corelli estableciera esta denominación y perfeccionara la forma hasta definir su versión más estandarizada. A este grupo perteneció Isabella Leonarda (1620-1704), una compositora que cayó en el olvido por la poca difusión de su música más allá del entorno de Novara, en el norte de Italia. Uno de los factores que probablemente contribuyera a este aislamiento geográfico —además del hecho de ser mujer— fue que Leonarda era una monja ursulina y, aunque participaba en la vida social de su ciudad, su capacidad de apartarse del convento estaría limitada.

Sonata décima, de Isabella Leonarda, por Adriane Post, Boel Gidholm, Lisa Terry, Naomi Gregory y Deborah Fox.

Leonarda procedía de una familia perteneciente a la aristocracia local. Como tal, recibió formación musical desde su niñez. Tenía conocimientos avanzados, incluyendo un gran dominio del contrapunto y una concepción de la armonía adelantada a su tiempo. Con 16 años ingresó en el Colegio de Santa Úrsula, convento en el que permaneció el resto de su vida. Se cree que después de este ingreso pudo recibir lecciones de Gaspare (o Gasparo) Casati, maestro de capilla de la Catedral de Novara, aunque este dato no es seguro. Uno de los argumentos que refuerza esta teoría es que el compositor incluyó dos obras de Leonarda en un libro que publicó en 1640.

Estas no fueron las únicas composiciones de Leonarda que fueron editadas y distribuidas. Se han contabilizado una veintena de volúmenes con obras de la prolífica autora —llegó a firmar casi 200 composiciones—, cuyos ejemplares se han encontrado en ciudades como Venecia o Milán. Aunque en la actualidad se conoce especialmente a Leonarda por sus sonatas, la mayoría de su música era vocal y de carácter sacro. Todas las obras de la compositora están dedicadas a la Virgen María, aunque la autora solía añadir algún co-dedicatario que pudiera contribuir económicamente a financiar su convento. Entre estos potenciales donantes aparecieron figuras como el arzobispo de Milán, el obispo de Novara o Leopoldo I del Sacro Imperio Romano Germánico.

Sonata duodécima, de Isabella Leonarda, por Rachel Podger y Daniele Caminiti.

Gracias a una de estas dedicatorias, concretamente la de su opus 10, se sabe que Leonarda solo componía en el tiempo que tenía asignado al descanso, para así no descuidar sus obligaciones en el convento. Quizás esta sea la razón de que la mayoría de sus obras pertenezcan al periodo entre 1670 y 1700, cuando posiblemente tuviera menos responsabilidades. Esta dedicación a sus hermanas fue recompensada con distintos puestos y cargos. Leonarda pudo enseñar música a las jóvenes y llegó a ser consejera y madre superiora en el convento. Probablemente estas posiciones privilegiadas le ayudaran a difundir localmente su música, ya que las monjas ocupaban un lugar elevado en el ámbito social de la ciudad. Esto se debe a que muchas eran, como Leonarda, hijas de aristócratas y estaban muy involucradas en la educación religiosa y obras de caridad.


Referencias:

Augustynowicz, E. A. (2022). Isabella Leonarda (K. Singleton, trad.). https://www.academia.edu/102490003/ISABELLA_LEONARDA

Bristol Ensemble. (Sin fecha). Isabella Leonarda. Consultado el 14 de septiembre de 2024. https://bristolensemble.com/notes-for-women/isabella-leonarda/

Swan, M. (Sin fecha). Finding Isabella Leonarda. Saskatoon Symphony Orchestra. Consultado el 14 de septiembre de 2024. https://saskatoonsymphony.org/finding-isabella-leonarda/

Redacción y edición: S. Fuentes

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Carreño: una niña en la Casa Blanca

La pianista y compositora venezolana Teresa Carreño (1853-1917) procedía de una familia de gran importancia en su país. Su padre fue ministro de Hacienda y Exteriores y su tío, Simón Rodríguez, fue tutor de Simón Bolívar, el Libertador. Estos orígenes habrían bastado para poner a disposición de Carreño cuantos recursos fueran necesarios en su educación, pero además su familia provenía de un linaje de destacados músicos. Tanto el abuelo como el bisabuelo de la compositora fueron maestros de capilla de la Catedral de Caracas, el epicentro de la música en Venezuela durante su época. Su padre también era pianista, aparte de diplomático, y fue el encargado de guiar a la joven en sus primeros pasos por el mundo de la música.

Ballade, de Teresa Carreño, por Clara Rodríguez.

Gran conocedor de los ambientes musicales y experto en el ámbito de la diplomacia, el padre de Carreño trazó un plan para sacar el máximo partido al enorme talento que mostraba su hija. Fue así como la familia se trasladó a Estados Unidos, consiguiendo que la pianista tocara ante Abraham Lincoln en la Casa Blanca con tan solo nueve años. Sin embargo, la atmósfera musical estadounidense tenía más de negocio que de arte, por lo que la familia se mudó de nuevo, en este caso poniendo rumbo a Europa. En el Viejo Continente Carreño pasó de ser una niña prodigio a convertirse en una intérprete consagrada. Fueron muchas las giras de conciertos que dio a lo largo de su carrera, llegando a acumular más de 5000 actuaciones.

Aunque Carreño era reconocida y celebrada como pianista, también sentía una gran pasión por la composición. Con el tiempo tuvo que dejar de lado esta faceta, ya que debía mantener a sus seis hijos y la interpretación era una actividad mucho más lucrativa, sobre todo si se tienen en cuenta los numerosos obstáculos a los que se enfrentaban las mujeres para que sus obras se editaran y publicaran. Por suerte, Carreño pudo permitirse introducir sus obras en sus programas, colocando su música junto a la de otros grandes compositores. Con el tiempo, el destacado papel de intérprete que tuvo la autora venezolana ha eclipsado a su faceta creativa, pero en su época sus obras fueron elogiadas por músicos de la talla de Rossini.

La primavera, de Teresa Carreño, por Clara Rodríguez.

Como compositora, Carreño se especializó en obras de pequeño formato, sobre todo danzas. Esta era una forma de desarrollar el folclore de su país, que a su vez bebía de una cierta criollización de formas procedentes de Europa. También tuvo un gran peso en la música de Carreño su capacidad para la improvisación. Este talento ya quedó patente en su infancia y durante sus aventuras de niña prodigio y acompañó a la pianista venezolana a lo largo de su vida. Con cierta frecuencia en sus conciertos tomaba melodías que no conocía de antemano y tocaba sobre ellas, variándolas y armonizándolas en todo un ejercicio de composición en tiempo real. El precio del éxito de Carreño fue una vida alejada de su país natal. Solo regresó a Venezuela en un par de ocasiones.


Referencias:

Bermúdez, A. (2020, 22 de febrero). Teresa Carreño: la poco conocida historia de la niña prodigio venezolana que tocó el piano para Abraham Lincoln. BBC News Mundo. https://www.bbc.com/mundo/noticias-51451987

Jiménez Emán, G. (2020, 16 de noviembre). Teresa Carreño, primera pianista de Venezuela. Letralia. https://letralia.com/sala-de-ensayo/2020/11/16/teresa-carreno/

Sans, J. F. (2010). Teresa Carreño: Una excepcional compositora venezolana del siglo XIX. Revista de investigación, 34(69), 17-37.

Redacción y edición: S. Fuentes

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El sevillano Guerrero y los piratas

El compositor sevillano Francisco Guerrero (1528-1599) comenzó a aprender música en el coro de la Catedral de Sevilla con ayuda de su hermano Pedro. Desde este renombrado templo captó la atención de Cristóbal de Morales, uno de los músicos españoles más importantes de la época. Morales acababa de regresar de Roma y, viendo el talento y el potencial del joven, lo tomó como pupilo para enseñarle composición, llevándoselo a Toledo. El maestro debió sentir que sus lecciones habían tenido efecto, porque recomendó a Guerrero para el puesto de maestro de capilla de la Catedral de Jaén. El joven consiguió este cargo con solo 17 años.

In Passione positus Iesus, de Francisco Guerrero, por The Gesualdo Six.

Pese a su poca experiencia como compositor, Guerrero empezó a desempeñar su nueva labor con cierta solvencia. Los problemas a los que se enfrentaba no eran musicales, sino personales. Quizás por haber abandonado su hogar desde una edad temprana, el músico echaba de menos Sevilla. Viajaba cuanto podía a su ciudad natal y estuvo cerca de ser despedido por sus numerosas ausencias. Finalmente, incapaz de hacerse a la catedral jienense, Guerrero acabó abandonando su cargo por uno de mucha menor envergadura como cantante en la Catedral de Sevilla. Desde el templo hispalense le prometieron el cargo de maestro de capilla cuando muriera Pedro Fernández de Castilleja, quien lo ocupaba por aquel entonces.

Tal y como le prometieron, Guerrero acabó ascendiendo y dirigiendo los asuntos musicales de la catedral sevillana. Aunque resulte curioso dado su periplo jienense de juventud, el compositor utilizó su nuevo cargo para viajar con frecuencia. Emprendió múltiples expediciones a Portugal, Italia y Francia, consiguiendo publicar varias de sus obras en el extranjero. La música de Guerrero incluso cruzó el Atlántico, ya que se han encontrado partituras suyas en la Catedral de Lima. Estos viajes no hicieron que desatendiera sus obligaciones en la catedral y, de hecho, Guerrero fue un prolífico autor, tanto de música sacra como profana. En su época fueron especialmente apreciados sus motetes dedicados a la Virgen, que le hicieron ganarse el apodo de “el cantor de María”.

Maria Magdalene, de Francisco Guerrero, por The Sixteen.

Quizás la aventura más ambiciosa de Guerrero en el extranjero fue su peregrinaje a Tierra Santa en 1589. Pasó por Zacinto, en las islas Jónicas, Damasco y Belén, hasta llegar a Jerusalén. En el viaje de regreso su barco fue atacado por piratas… dos veces. El doble asalto —en el que, además de robarle sus pertenencias, le exigieron el pago de un rescate a cambio de su libertad— arruinó por completo a Guerrero. El compositor narró sus andanzas y desventuras en El viaje de Jerusalén. Intentando recuperarse económicamente, el autor contrajo algunas deudas para poder publicar y vender sus obras. Sus impagos hicieron que acabara en la cárcel, aunque el cabildo accedió a pagar las deudas para que pudiera salir. Guerrero empezó a buscar financiación para preparar un segundo viaje a Tierra Santa, pero una epidemia de peste acabó con su vida en 1599.


Referencias:

Johnson, A. E. (2022, 11 de marzo). Francisco Guerrero: Catching On Again, Five Centuries Later. PS Audio. https://www.psaudio.com/blogs/copper/francisco-guerrero-catching-on-again-five-centuries-later

Predota, G. (2012, 27 de julio). Francisco Guerrero. Interlude. https://interlude.hk/francisco-guerrero/

Truslove, D. (2023, noviembre). Francisco Guerrero from The Brabant Ensemble. Opera Today. https://operatoday.com/2023/11/francisco-guerrero-from-the-brabant-ensemble/

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Priaulx Rainier: compositora escultural

El South African College of Music fue inaugurado en Ciudad del Cabo en 1910. Entre sus primeros alumnos estaba una joven prometedora, una violinista que con solo once años ya participaba con regularidad en cuartetos de cuerda estables: Priaulx Rainier (1903-1986). En la institución sudafricana estudió con Winifred Leffler y Ellie Marx y, aunque no fue su profesor, recibió una gran influencia de William Henry Bell. En 1919 la violinista fue becada por la Universidad de Sudáfrica para estudiar en el extranjero, por lo que se trasladó a Londres para formarse en la Royal Academy of Music. Gracias a su trabajo, repitió en suelo británico el éxito que ya había tenido en su país natal. Se convirtió en una de las intérpretes más prometedoras, pero, desgraciadamente, en 1935 un accidente de coche hizo que tuviera que abandonar el violín.

Cuarteto de cuerda, de Priaulx Rainier, por el Signum Quartet.

Rainier reorientó su carrera hacia la composición. Este cambio fue un proceso paulatino, ya que su gran exigencia impidió que estuviera conforme con la mayoría de sus primeras composiciones. Esta transición se volvió más sencilla cuando la compositora empezó a integrarse en la comunidad artística residente en St Ives, en Cornualles, donde pasaba largas temporadas. Rainier se hizo amiga de la escultora Barbara Hepworth, que se había mudado a aquella localidad a principios de la Segunda Guerra Mundial. Escribía su música desde una pequeña choza cercana al jardín de la artista plástica y, de hecho, llegó a cuidar este jardín, en el que cohabitaban las obras de Hepworth con las plantas y el paisaje marítimo.

Junto a Hepworth y el compositor Michael Tippett —también amigo suyo—, Rainier organizó un festival artístico en St Ives para celebrar la coronación de la reina Isabel II en 1953. Al evento acudieron muchos artistas e intérpretes de renombre. Este festival dejó patentes las pocas dotes de la compositora sudafricana para la gestión. Por ejemplo, se programó un concierto de madrigales en el muelle. Los cantantes estarían a bordo de un barco, aprovechando el carácter marítimo de St Ives. La idea no era mala, pero Rainier olvidó consultar las mareas. El barco empezó a alejarse de la orilla, con las voces de los cantantes perdiéndose poco a poco en la distancia. Finalmente, la embarcación acabó a la deriva y tuvo que ser rescatada, aunque todo quedó en un susto.

Suite para clarinete y piano, de Priaulx Rainier, por Maria du Toit (cl.) y Vera Kooper (pno.).

El estilo compositivo de Rainier tuvo tres grandes influencias. En primer lugar, sus raíces sudafricanas. Aunque la compositora pasó casi toda su vida adulta en Reino Unido, siempre se sintió extranjera. Añoraba su país, pero sentía que, si quería empaparse del intercambio cultural y seguir aprendiendo, no podía regresar. El segundo pilar corresponde a Ígor Stravinski, a quien Rainier idolatraba. La compositora tomó elementos de las distintas fases del autor ruso y las incorporó a su música: desde los ritmos primitivistas de sus orígenes hasta el acercamiento al dodecafonismo y la música serial de su última época. Por último, la obra de Rainier quedó muy marcada por su relación de Hepworth, hasta el punto de concebir la composición de una forma similar a la escultura. La autora partía de un bloque de sonido, que cincelaba poco a poco hasta extraer la forma buscada.


Referencias:

Soden, O. (2021, 17 de agosto). Priaulx Rainier: Fearless and pioneering composer. Engelsberg ideas. https://engelsbergideas.com/portraits/priaulx-rainier-fearless-and-pioneering-composer/

Van der Spuy, H. (Sin fecha). Rainie, Priaulx. University of Pretoria. Consultado el 22 de junio de 2024. https://www.up.ac.za/sacomposers/article/2756320/rainie-priaulx

Redacción y edición: S. Fuentes

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Los admiradores de Szymanowska

Desde muy pequeña Maria Symanowska (1789-1831) —por aquel entonces Marianna Agata Wołowska— dejó claro que sería quien dirigiera su propia vida. Cuando aún no conocía las notas, la pianista polaca ya improvisaba en la espineta en reuniones familiares, llegando incluso a acompañar a su madre cuando esta cantaba. Su educación formal comenzó a los ocho años de la mano de dos maestros locales: Antoni Lisowski y Tomasz Gremm. Symanowska se desarrolló rápidamente como intérprete y en 1810 emprendió su primera gira europea, que le llevaría hasta París. La joven impresionó a Luigi Cherubini, que fue una de las personalidades que acudieron a escuchar a la pianista polaca. Tal fue la admiración que despertó en el compositor italiano, que Szymanowska se convirtió en la dedicataria de la Fantasía en do de Cherubini.

Nocturno en si bemol mayor, de Maria Szymanowska, por Natasha Stokanovska.

De regreso a Polonia, Szymanowska se casó con un rico terrateniente con el que tuvo tres hijos. La compositora continuó con su actividad sobre los escenarios, embarcándose en varias giras por toda Europa. Su marido no lo veía con buenos ojos, por lo que en 1820 el matrimonio se separó. Szymanowska se quedó con sus hijos, a los que sustentó gracias a su incansable labor profesional dando conciertos y clases magistrales. Sus actuaciones, que empezaron siendo recitales privados para personalidades influyentes, se convirtieron poco a poco en conciertos públicos con un gran éxito entre los asistentes. Esta excelente acogida tuvo un efecto secundario que también contribuyó a la estabilidad económica de Szymanowska y su familia: la publicación de muchas de sus obras.

Los hermanos y hermanas de la compositora le ayudaron a organizar sus giras, que cada vez tenían dimensiones mayores. Por ejemplo, entre 1815 y 1820 (cuando aún estaba casada), Szymanowska recorrió Dresde, Viena, Londres, San Petersburgo y Berlín, además de varias ciudades de Polonia. Durante estos viajes, la pianista tejió una tupida red de contactos y admiradores, entre los que se encontraban algunas de las figuras más destacadas de distintos ámbitos culturales y artísticos, como Goethe, Salieri, Paganini o Beethoven. Algunos de estos fans le entregaban poemas, dibujos y partituras dedicadas, llegando a conformar una pequeña colección de estos artículos autografiados.

Polonesa en fa menor, de Maria Szymanowska, por Aleksandra Świgut.

En 1827, tras una gira por Rusia, Ucrania y los países bálticos, Szymanowska se mudó a San Petersburgo, ciudad en la que se instaló de forma definitiva. La pianista era muy apreciada en Rusia desde la primera vez que tocó en el país, siendo admirada incluso por el zar Alejandro I. Las veladas organizadas en la residencia de Szymanowska eran frecuentadas por, entre otros, Mijaíl Glinka o Serguéi Pushkin, padre del escritor Aleksandr Pushkin. La autora polaca compaginó su actividad como maestra, compositora e intérprete, además de aprovechar la estabilidad para volcarse en la educación de sus hijos. Desgraciadamente, Szymanowska murió durante una epidemia de cólera que asoló San Petersburgo durante el verano de 1831.


Referencias:

Culture.pl. (2018, 15 de abril). Maria Szymanowska. https://culture.pl/en/artist/maria-szymanowska

Modern Reveal. (Sin fecha). Maria Anna Szymanowska. Consultado el 1 de junio de 2024. https://www.amodernreveal.com/maria-szymanowska

Zapolska Chapelle, E. (2011). Maria Szymanowska (1789-1831): a Woman of Europe. Société Maria Szymanowska. http://www.maria-szymanowska.eu/kto-to-jest-en?cmn_id=1017&ph_content_start=show

Redacción y edición: S. Fuentes

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Von Paradis: una pianista visionaria

En la Viena del Clasicismo hubo una figura que convivió y trabó amistad con los grandes genios de la época, aunque su nombre no ha sobrevivido con la misma fuerza que los de Mozart, Haydn y Salieri. Esta olvidada compositora fue Maria Theresia von Paradis (1759-1824). Además de autora, fue una virtuosa de los instrumentos de teclado, algo que la convirtió en dedicataria de algunos conciertos de sus coetáneos. Von Paradis, ciega desde su niñez, se ganó un importante lugar en el mundo musical vienés. A ello contribuyó la excelente formación musical que recibió gracias a la ayuda económica de su madrina, la emperatriz María Teresa. Von Paradis no estaba emparentada con la familia imperial, pero era hija del secretario de la emperatriz, que se encariñó con ella.

Aunque von Paradis desarrolló la mayoría de su carrera en Viena, también realizó giras por Europa, algo muy habitual en los virtuosos de la época. Además de pianista, la compositora había recibido formación como cantante y, de hecho, su debut sobre los escenarios fue con el Stabat Mater de Pergolesi cantando y tocando su propio acompañamiento. La gira más importante de von Paradis duró alrededor de tres años y le llevó a pasar meses en distintas capitales europeas, como París, Londres o Praga. Posiblemente la parada más significativa, al menos en su faceta de intérprete, fuera la británica, ya que tocó para lo más selecto de la sociedad londinense. Entre el público que escuchó a von Paradis se encontraban el rey Jorge III, la reina y el príncipe, el futuro Jorge IV.

Obertura de la ópera Der Schulkandidat (El candidato de la escuela), de Maria Theresia von Paradis, por The Women’s Philharmonic.

Los catálogos de la época recogen numerosas composiciones de la autora austriaca, que incluyen multitud de obras para teclado, pero también óperas y cantatas. Aunque su producción fue significativa, durante mucho tiempo se creyó que era más abultada de lo que en realidad fue. Esto se debe a que se atribuyeron a von Paradis algunas obras del compositor y clavecinista italiano Pietro Domenico Paradies (o Paradisi). La confusión habría surgido por la similitud entre los apellidos de ambos autores. Aparte de este malentendido, existe otra obra cuya atribución a la compositora austriaca se cree que es errónea. Se trata de una Siciliana que se ha convertido en una de las piezas más conocidas de von Paradis, pese a no ser suya. En este caso, la confusión fue generada por el autor de la obra, el violinista Samuel Dushkin, quien afirmó haber descubierto la obra en vez de haberla escrito.

Además de su relevancia como intérprete y creadora, von Paradis desempeñó un importantísimo papel en la creación y adaptación de métodos educativos para las personas invidentes. Cuando estuvo en París durante su gran gira europea, la compositora coincidió con Valentin Haüy, a quien explicó cómo había aprendido música, ayudándole a establecer las bases del Instituto de los Niños Ciegos. De esta institución sería alumno y profesor Louis Braille, creador del sistema que lleva su nombre. Von Paradis no solo ayudó a Haüy en París, también fundó en 1808 su propia escuela para niñas ciegas en Viena. Gracias a la cuantía económica que la compositora legó a este centro, la escuela sobrevivió durante décadas después de que la autora muriera.


Referencias:

De Brito, E. (2022, 3 de noviembre). Composer of the Month: Maria Theresia von Paradis (1759-1824). Women’s Philharmonic Advocacy. https://wophil.org/composer-of-the-month-maria-theresia-von-paradis-1759-1824/

Jeffries, S. (2022, 12 de abril). ‘People were always trying to fix her’: the ‘blind enchantress’ who wowed Mozart. The Guardian. https://www.theguardian.com/music/2022/apr/12/maria-theresia-von-paradis-blind-opera-star-errollyn-wallen-graeae

Penthreath, R. (2020, 29 de octubre). The story of Maria Theresia von Paradis, the blind pianist, singer and composer who inspired Mozart. Classic FM. https://www.classicfm.com/discover-music/maria-theresia-von-paradis-blind-pianist-singer-composer/

Sanz Mengíbar, M. P. (2021, 18 de noviembre). María Teresa von Paradis y su aportación a la musicografía. Universidad de Granada – Estudios de género aplicados a la música. https://blogs.ugr.es/musicaygenero/maria-teresa-von-paradis-y-su-aportacion-a-la-musicografia/

Redacción y edición: S. Fuentes

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Zhubanova: la gran autora kazaja

Gaziza Zhubanova (1927-1993) es considerada una de las compositoras más relevantes de Kazajistán. No solo su música ocupa un lugar privilegiado entre la producida por los autores kazajos, también fue maestra y referente de las generaciones posteriores. La importancia de Zhubanova va más allá de lo musical y en la actualidad incluso existen calles que llevan su nombre. También se han nombrado en su honor un cuarteto de cuerda y la Filarmónica de Aktobé, la cuarta ciudad más poblada del país. Para celebrar el 95º aniversario de su nacimiento se organizaron actos por todo el país, que llegaron a emplazamientos tan emblemáticos como la Ópera de Astaná.

La compositora kazaja procedía de una familia con cierta tradición musical. Su padre era el compositor, director y musicólogo Akhmet Zhubanov. Con un maestro como este en su hogar, la autora fue admitida en la Escuela Estatal de Música Gnessin de Moscú, un centro de élite fundado en 1895 por tres hermanas pianistas. Tras pasar por esta institución, Zhubanova ingresó en el Conservatorio de Moscú, donde estudió composición con Yuri Shaporin. Una vez concluida esta etapa formativa en Rusia, la autora regresó a Kazajistán y empezó su larga carrera como docente. Zhubanova dio clases en el Conservatorio de Almatý hasta su jubilación (en la actualidad Conservatorio Nacional de Kazajistán).

Cuarteto de cuerda n.º 1, de Gaziza Zhubanova, por el Gaziza Zhubanova State String Quartet.

Por influencia de su padre, Zhubanova tenía un gran interés en el folclore de su país. Desde niña la música tradicional había formado parte de su vida. Tal era su implicación que afirmaba que para los compositores era necesario tener un profundo conocimiento de su folclore y cultura nacional. Este interés se manifestó de distintas formas en su música. La manera más directa fue mediante citas, incluyendo canciones populares en sus obras. También utilizó leyendas kazajas como temas sobre los que componer e incluso añadió un instrumento típico del país, el dombra, en uno de sus oratorios. La música folclórica era un lenguaje tan natural para Zhubanova que hasta lo utilizaba para hablar sobre temas contemporáneos y geográficamente distantes, como hizo en su ballet Hiroshima.

Además del folclore, otro de los grandes pilares de la música de Zhubanova fue la identidad soviética. La compositora recibió la distinción de Artista del Pueblo de la URSS (una distinción superior a la de Artista del Pueblo de la RSS de Kazajistán que recibiera su padre). Los temas soviéticos se pueden apreciar en algunas de sus obras, como el ballet La Tierra, la Luna y el Sputnik o su trilogía sobre Lenin. Esta última colección, formada por el oratorio Lenin y las cantatas Lenin con nosotros y Carta a Lenin, gozó de una enorme popularidad. Zhubanova fue diputada del soviet de la ciudad de Almatý y presidenta de la Unión de Compositores de Kazajistán.


Referencias:

Burns, A. (2021, 20 de mayo). Gaziza Zhubanova ‘String Quartet No.1’: From the Top! Classicalexburns. https://classicalexburns.com/2021/05/20/gaziza-zhubanova-string-quartet-no-1-from-the-top/

Culture Map. (Sin fecha). Regional Philharmonic of Gaziza Zhubanova. Consultado el 27 de abril de 2024. https://culturemap.kz/en/object/oblastnaya-filarmoniya-imeni-gazizy-jubanovoiy

De Brito, E. (2022, 4 de agosto). Composer of the Month: Gaziza Zhubanova. Women’s Philharmonic Advocacy. https://wophil.org/composer-of-the-month-gaziza-zhubanova/

Redacción y edición: S. Fuentes

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Soublette y la música antigua

Hija de una pianista y cantante y nieta de una pianista y compositora, Syilvia Soublette (1923-2020) procedía, sin duda, de un linaje de mujeres vinculadas a la música. No es de extrañar que la artista chilena acabara siendo compositora y cantante, pero a estas vocaciones heredadas sumó las de directora y gestora cultural. Soublette comenzó su formación musical en Viña del Mar, donde el periodista y compositor Federico Heinlein se convirtió en su maestro de teoría musical, pero también de literatura y filosofía. Estos primeros estudios se complementaron con lecciones de canto recibidas de Alina Piderit, que comenzaron en 1939.

Soublette demostró su precocidad cuando en 1941 fundó el Coro Femenino Viña del Mar. Esta agrupación tuvo tanto éxito que poco después tuvo que crear una contraparte masculina, ligada a la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, en la que la compositora daba clases. Finalmente, estos dos coros se unieron en el coro mixto de la universidad. Tras esta primera —y exitosa— experiencia que ya aunaba interpretación, dirección y gestión, Soublette se trasladó a la capital chilena, Santiago, para estudiar en el Conservatorio Nacional. Allí se formó con Domingo Santa Cruz y Clara Oyuela, especializándose en contrapunto, fuga y composición. Una vez se graduó en la institución capitalina, la autora emprendió un nuevo viaje formativo, que en esta ocasión la llevaría a Francia. En el Conservatorio de París perfeccionó su técnica de la mano de Darius Milhaud y Olivier Messiaen.

Misa Romana, de Sylvia Soublette, por la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil de Chile.

De regreso a Chile, Soublette emprendió una nueva aventura musical, confundando en 1960 junto a Juana Subercasseaux el Conjunto de Música Antigua de la Pontificia Universidad Católica de Chile. La música antigua se había convertido en la gran pasión de la compositora, tanto en sus facetas de intérprete y directora como en la de gestora. La creación de este grupo supuso todo un hito, ya que anteriormente solo había otro conjunto dedicado a este repertorio en toda Sudamérica. La agrupación se convirtió rápidamente en un referente con proyección internacional, como demostraron sus giras por Europa. Tal era la calidad de esta formación que, tras un concierto en Madrid, la prensa conservadora llegó a afirmar que “Chile, con elegante naturalidad, sin pedantería, puede darnos lecciones de buen europeísmo”.

Con la llegada de la dictadura militar comandada por Pinochet, Soublette se vio obligada a exiliarse de su patria, ya que estaba casada con un exministro de exteriores, perteneciente al gobierno inmediatamente anterior a Allende. En un primer momento se trasladó a Nueva York, pero acabó instalándose en Venezuela. Allí creó junto a José Antonio Abreu el conjunto de música antigua Ars Musicae. En 1981, con Chile aún bajo el yugo de Pinochet, Soublette regresó a su país. Siguiendo su pasión por la música antigua, participó en la creación del Centro Musical San Francisco, que tenía por objetivo promover la investigación y difusión de la música del pasado iberoamericano. También contribuyó al nacimiento de la Corporación Cultural Instituto de Música de Santiago.


Referencias:

Basáez Rodríguez, V. (Sin fecha). Sylvia Soublette: Compositora, música, gestora cultural y pedagoga. Enciclopedia de Mujeres en el Arte. Consultado el 13 de abril de 2024. https://www.emaenciclopedia.cl/creadoras/musica/sylvia-soublette/

De La Sotta, R. (2020, 30 de enero). Adiós a Sylvia Soublette, pionera de la música antigua en la UC. Instituto de Música. https://musica.uc.cl/noticias/adios-a-sylvia-soublette-pionera-de-la-musica-antigua-en-la-uc/

Memoria Chilena. (Sin fecha). Sylvia Soublette (1922-2020). Biblioteca Nacional de Chile. Consultado el 13 de abril de 2024. https://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-92954.html

Soto Lagos, X. (2020). Sylvia Soublette Asmussen (Antofagasta, 5 de febrero de 1923-Santiago, 29 de enero de 2020). Revista musical chilena, 74(234), 235-236. https://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902020000200235

Redacción y edición: S. Fuentes

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Paraskevaídis, impulsora de Latinoamérica

La compositora de origen argentino Graciela Paraskevaídis (1940-2017) realizó una labor titánica para la difusión de la música contemporánea y de la música latinoamericana. Para ello no solo contribuyó con sus composiciones, también con sus escritos y ocupando distintos cargos que le permitían llevar a cabo esta labor. Un ejemplo es su pertenencia a la Sociedad Argentina de Música Contemporánea y al Núcleo Música Nueva de Buenos Aires. Cuando Paraskevaídis emigró a Uruguay en 1975, instalándose en Montevideo para el resto de su vida, abandonó estas dos instituciones y pasó a formar parte de la Sociedad Uruguaya de Música Contemporánea y el Núcleo Música Nueva de Montevideo.

Además de su vinculación a distintos países de Latinoamérica (aparte de vivir y trabajar en Argentina y Uruguay, Paraskevaídis colaboró como docente y autora con instituciones y revistas de, por ejemplo, México y Chile), la compositora nacionalizada uruguaya tuvo fuertes conexiones con el mundo alemán. La autora comenzó su formación en su Buenos Aires natal, donde estudió con Roberto García Morillo en el Conservatorio Nacional de Música y con Iannis Xenakis y Geraldo Gandini en el Instituto Di Tella, gracias a una beca del Centro Latinoamericano de Altos Estudios Musicales. Tras estos comienzos, la compositora fue becada nuevamente, aunque en esta ocasión por el Servicio de Intercambio Académico Alemán.

Libres en el sonido presos en el sonido, de Graciela Paraskevaídis, por el Ensamble de Música Contemporánea Simón Bolívar.

Gracias a esta nueva beca, Paraskevaídis estudió con Wolfgang Fortner en la Hochschule für Musik de Friburgo desde 1968 a 1971. Aprovechando su estancia en Alemania y su interés por la música de nueva creación, la compositora acudió a los Cursos de Verano de Darmstadt en 1972. Su conexión con el mundo alemán no terminó con esta estancia, ya que posteriormente fue invitada como artista residente del Berliner Künstlerprogramm. También, en su faceta de escritora, Paraskevaídis colaboró con la revista alemana MusikTexte. Gracias a este papel tan activo en el mundo musical germano, la compositora latinoamericana recibió una medalla del Instituto Goethe por sus esfuerzos para el acercamiento cultural entre pueblos.

Este acercamiento premiado por el Instituto Goethe indirectamente también da cuenta de la defensa de la música latinoamericana que Paraskevaídis llevó a cabo, mencionada previamente. En algunas de sus obras incorporó instrumentos propios del continente (sobre todo andinos), como sikus, tarkas, pinquillos, quenas y tinyas o wankaras. También publicó textos sobre autores del continente, siempre con un enfoque que iba más allá de la división entre países. Esta labor se vio recompensada con numerosos galardones en Argentina y Uruguay, además de con una gran acogida y apreciación de su música. Por poner cifras a esta cálida recepción, la compositora afirmaba que de sus más de 50 obras concluidas solo dos estaban pendientes de estrenarse.


Referencias:

Albertson, D. y Hannah, R. (2017, 28 de febrero). Graciela Paraskevaídis. The Living Composers Project. http://www.composers21.com/compdocs/paraskeg.htm

Fundación Archivo Aharonián-Paraskevaídis. (Sin fecha). Graciela Paraskevaídis: Biografía. Consultado el 23 de marzo de 2024. https://faap1940.com/biografia-graciela-paraskevaidis/

García Arancibia, F. (2015). Estudios sobre la obra musical de Graciela Paraskevaídis. Revista musical chilena, 69(223), 103-104. https://dx.doi.org/10.4067/S0716-27902015000100010

Redacción y edición: S. Fuentes

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Retratos sonoros

Demersseman: el flautista virtuoso

El siglo XIX fue una época en la que florecieron los virtuosos de distintos instrumentos a lo largo y ancho de Europa. Esta oleada de músicos sobresalientes se extendió también a América, con varias figuras que despuntaron, como la pianista venezolana Teresa Carreño. De entre todos estos solistas extraordinarios, la mayoría de los que han pasado a la historia eran violinistas, como Paganini o Sarasate, o pianistas, como Liszt o Chopin. A mediados de siglo surgió en París una excepción a esta regla: un virtuoso de la flauta, la primera superestrella de este instrumento. Se trataba de Jules Demersseman (1833-1866). Quizás el motivo de que este flautista y compositor no pasara a la posteridad —como los músicos previamente mencionados— se debiera a su temprana muerte. Demersseman murió con tan solo 33 años, seguramente de tuberculosis.

Solo de conciert n.º 6, de Jules Demersseman, por Yuki Koyama y Jeonghwa Hur.

Demersseman empezó a despuntar siendo muy joven. Fue admitido en el Conservatorio de París con tan solo once años. En la institución parisina estudió flauta con Jean-Louis Tulou y solfeo con Alexandre Tariot, además de armonía y contrapunto y fuga. Ya en sus primeros cursos consiguió un primer premio en flauta y un accésit en solfeo. Con trece años amplió estos galardones con un primer premio en solfeo y un accésit en contrapunto y fuga, demostrando que además de un destacado flautista era un compositor prometedor. Demersseman llegó a ser admitido como candidato al Premio de Roma en dos ocasiones, aunque no consiguió hacerse con este codiciado galardón.

La prensa se hizo eco rápidamente de la maestría de Demersseman, elogiando su “talento […] altamente refinado, extremadamente brillante y muy distinguido”. El flautista se consagró en los conciertos organizados por Musard y Arban, con emplazamientos tan selectos como el Casino de París o los Campos Elíseos. Demersseman llegó a ser comparado con Paganini, quizás por su doble vertiente como virtuoso y compositor. Al igual que el violinista italiano, el flautista francés plasmó en sus composiciones su brillante técnica interpretativa, pero también fue más allá de su instrumento. En el caso de Demersseman, escribió música para otros instrumentos de viento, como el saxofón o el trombón.

Fantasía sobre un tema original (arreglo para saxofón barítono), de Jules Demersseman, por Makoto Hondo y Michiyo Haneishi.

Demersseman fue uno de los primeros compositores en escribir música para saxofón (el instrumento fue patentado en 1846) gracias a la amistad que le unía con Adolphe Sax. Este vínculo también dio lugar a obras para saxcorno y para un diseño de trombón de seis pistones desarrollado por el fabricante de instrumentos belga. Pese a que estos dos últimos prototipos no alcanzaron la misma fama que el saxofón, las obras de Demersseman se convirtieron en una parte importante del repertorio para trombón. La mayoría eran solos de concierto y temas con variaciones extraídos de óperas. Gracias a este formato y a la exigencia técnica de las composiciones, estas obras breves fueron requeridas con frecuencia en distintos concursos. Por ejemplo, en el Conservatorio de París se pidieron veinte veces obras de Demersseman en concursos de trombón entre 1863 y 1896.


Referencias:

Editions BIM. (Sin fecha). Jules Demersseman (1833-1866). Consultado el 2 de marzo de 2024. https://www.editions-bim.com/composers/jules-demersseman

Mead, S. (Sin fecha). Steve in recording studio once again for Jules Demersseman solo repertoire CD. Euphonium.net. Consultado el 2 de marzo de 2024. http://www.euphonium.net/home.php?newsID=102

Musik Fabrik. (Sin fecha). Biographical Sketch. Jules Auguste DEMERSSEMAN. Consultado el 2 de marzo de 2024. http://www.julesdemersseman.com/

Redacción y edición: S. Fuentes