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Notas al programa

La muerte y la doncella

Franz Schubert (1797-1828) podría considerarse el epítome del músico romántico. Una vida breve en la que las penurias económicas, decepciones amorosas —su orientación sexual es aún a día de hoy objeto de debate— e inmerecidos fracasos profesionales fueron algo habitual. Una prolífica obra en la que la muerte siempre estuvo presente.

Allegro del cuarteto La muerte y la doncella de Franz Schubert por el Emerson String Quartet.

Como 12º hijo de un maestro de escuela Schubert comenzó su educación musical en casa, donde recibió lecciones de piano de uno de sus hermanos y de violín por parte de su padre. Con tan solo siete años llamó la atención de Salieri, convirtiéndose en alumno del Seminario Imperial con una beca como niño cantor. Allí se familiarizó con la música de Mozart, Haydn y Beethoven, los compositores más importantes de la época.

Al ver las primeras composiciones de Schubert, Salieri decidió darle clases privadas de composición, lecciones que continuaron incluso cuando el niño abandonó el Seminario. En esta etapa, el joven ejerció como profesor en la escuela de su padre, una época especialmente dura para él, surgiendo —según se cree— algunos indicios de depresión y un trastorno ciclotímico.

Tras ser rechazado en la Sociedad de amigos de la música vienesa, en la que esperaba que se pudieran interpretar sus canciones (lieder), acabó convirtiéndose en profesor de música de la familia Esterházy en el verano de 1818. Esta familia de la nobleza húngara fue durante muchos años mecenas de Joseph Haydn.

Schubert encadenó una serie de fracasos en proyectos escénicos. Las editoriales no querían publicar sus obras, aunque poco a poco fueron estrenándose y conociéndose más. Finalmente, en 1821 la Sociedad de amigos de la música le aceptó como miembro. Sin embargo, la alegría es pasajera. En 1823 aparecieron los primeros síntomas de sífilis.

La Muerte y la Doncella

Es en esta época (1824) cuando Schubert escribe su Cuarteto de cuerda no. 14, conocido como La muerte y la doncella, una obra de una calidad exquisita que se ha convertido en un imprescindible del repertorio camerístico.

Andante con moto del cuarteto La muerte y la doncella de Franz Schubert por el Emerson String Quartet.

El sobrenombre de este cuarteto viene de su segundo movimiento, basado en un lied que el propio Schubert había compuesto en 1817. Esta canción plasma una breve conversación entre la muerte y una joven a punto de fallecer, usando como letra un poema de Matthias Claudius:

La Doncella:

 ¡Aléjate, ah, aléjate!

 ¡Vete, cruel muerte!

 Todavía soy joven; ¡vete, querida!

 Y no me toques.

La Muerte:

 Dame tu mano, hermosa y tierna criatura.

 Soy una amiga, y no vengo a castigarte.

 ¡Anímate! No soy cruel,

 Dormirás dulcemente en mis brazos.1

El lied caracteriza a los personajes de una manera muy distintiva. Mientras que la doncella muestra agitación mientras intenta escapar de su final —aunque finalmente se ralentiza el tempo, lo que puede interpretarse como un signo de resignación y aceptación—, la muerte tiene un ritmo más lento, inevitable. Pese al tono oscuro de la mayor parte de la canción, el final es luminoso, como si fuera un acto de liberación.

Lied La muerte y la doncella de Franz Schubert por Jessye Norman y Phillip Moll.

Esta no es la única composición relacionada con la muerte en la producción de Schubert o en la del poeta Claudius. Se puede observar una tendencia en las obras del compositor a adoptar esta visión de la muerte “acogedora” como algo esperado, un reposo final. Esta temática aparece en Verklärung (Transfiguración), Der Jungling und der Tod (El joven y la muerte) o As den Tod (Como la muerte) entre otros lieder.

El concepto de la muerte y la doncella no es algo que inventaran los románticos. Este tópico existe en pintura desde el siglo XVI y fue algo recurrente en la Alemania renacentista.

Pese a estrenarse en 1826, el cuarteto La muerte y la doncella no se publicaría hasta 1831, con Schubert fallecido. La última etapa de la vida del compositor se caracteriza por una frenética actividad compositiva y una gran madurez musical. En 1827 la muerte de Beethoven —a quien había conocido cinco años antes— le afecta enormemente. Su salud se deteriora a pasos agigantados. Finalmente fallece víctima de fiebre tifoidea en 1828.


Textos originales:

1(Das Mädchen) Vorüber! Ach, vorüber!/ Geh wilder Knochenmann!/ Ich bin noch jung, geh Lieber! / Und rühre mich nicht an.
(Der Tod) Gib deine Hand, Du schön und zart Gebild!/ Bin Freund, und komme nicht, zu strafen./ Sey gutes Muths! ich bin nicht wild,/ Sollst sanft in meinen Armen schlafen! (Traducción al español).


Referencias:

Brown, M. J. E. (2020, 27 de enero). Franz Schubert: Austrian composer. Encyclopædia Britannica. https://www.britannica.com/biography/Franz-Schubert

McClary, S. (1994). Constructions of Subjectivity in Schubert’s Music. En Brett, P., Wood, E. y Thomas, G. C. (ed.), Queering the Pitch: The New Gay and Lesbian Musicology. Routledge.

Pujalte, S. (2015, 16 de junio). La muerte en los lieder de Schubert. Codalario. https://bit.ly/3frHoVg

Redacción y edición: S. Fuentes

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Retratos sonoros

Condesa de Día, trobairitz de noche

Cuando pensamos en música medieval nos vienen a la cabeza trovadores y juglares, monjes y catedrales. Grandes hombres como Perotín, Machaut o Dufay que contribuyeron a escribir la historia de su tiempo. Esa misma historia que se ha empeñado en olvidar, ocultar o menospreciar a grandes mujeres como Castelloza, Leonor de Aquitania o Almucs de Castelnau.

Si hay un elemento transversal en la historia y la música medieval, este es el cristianismo. La fe era el principal motor de la sociedad. Y era cosa de hombres.

Sin embargo, la cristiandad tenía sus enemigos: cualquiera que no comulgara con la doctrina papal. Y esos paganos y herejes no estaban solo en Tierra Santa. Existieron guerras santas en territorio europeo, ya fuera contra cátaros, husitas o simplemente por intereses políticos, utilizando la religión como una mera excusa.

Beatriz de Día
La Condesa de Día.

Nos dirigimos a una de estas islas heréticas donde el catarismo no era perseguido: la Occitania de finales del siglo XII y principios del XIII. Como la aldea de Astérix, esta región francesa —por aquel entonces independiente— resistía la omnipotencia de la Iglesia, llegando a convertirse en el centro cultural de Europa. Una meca cultural en la que las mujeres podían heredar propiedades y gestionarlas en ausencia de sus cónyuges.

Es en este marco donde surgen las trobairitz, trovadoras y poetisas de la nobleza. Pese a tener constancia de más de 20, apenas se conservan sus poemas y obras. De hecho, solo se ha conservado intacta la música de una cansó: A chantar m’er de so qu’eu no volria de la Condesa de Día (1175-1225).

Beatriz de Día

No se sabe con exactitud quién fue esta condesa, aunque a menudo se usa el nombre de Beatriz de Día para referirse a ella. Esta es solo una de las tres identidades que se barajan. Esta ambigüedad se debe a que la única fuente sobre la mayoría de trobairitz y trovadores son las vidas y razós —breves biografías en prosa. Y en esta ocasión, la información que nos aportan se limita a:

La condesa de Día fue esposa de Guilhem de Peitieu, dama hermosa y buena. Y se enamoró de Raimbaut d’Aurenga, y compuso sobre él muchas canciones buenas

Se han conservado 117 versos y 4 composiciones (cansós, canciones de amor) de esta trobairitz, además de una tensó (pieza de diálogo o debate) de la que pudo ser coautora junto a su amante, Raimbaut d’Aurenga. Esta última obra es Amics, en gran cossirier. Uno de los argumentos que defienden esta coautoría es Fin loi me don’alegranssa, una de las cansós de la Condesa de Día que parece ser respuesta a la tensó.

A chantar m’er de so qu’eu non volria de Beatriz de Dia por Evelyn Tubb, Michael Fields y David Hatcher.

La cansó conservada intacta, A chantar m’er de so q’ieu no volria, trata de un amor no correspondido. Los versos transmiten un profundo dolor. Es un texto de una increíble fuerza y que muestra la enorme sensibilidad de la compositora y poetisa.

Si la anterior cansó encaja perfectamente en los cánones del amor cortés —invirtiendo los roles de género a los que se nos ha acostumbrado—, Estat ai en greu cossirier se aleja completamente de ellos. Este poema muestra a una condesa que, en un plano mucho más terrenal, habla de su relación con un amante y cómo desearía que ocupara el lugar de su marido:

Yacería mi caballero una noche

desnudo en mis brazos

y me encontraría en éxtasis

siendo su almohada

[…]

Sabed que con pasión albergo la esperanza

de que ocupéis el lugar de mi marido

tan pronto como me juréis

que cumpliréis todos mis deseos.1

Represión y demonización

La Iglesia no se contentó con reprimir las libertades de que gozaban estas trobairitz. Para evitar que otras mujeres pudieran verse tentadas a seguir su ejemplo, hicieron lo posible por borrarlas de la historia. Una de las herramientas de las que se valieron fue la masculinización de los poemas, por ejemplo, intercambiando los géneros de la rapsoda y el amante.

Un caso aún más hiriente es el de Na Maria, prètz e fina valors de Bieiris de Romans, donde, además de existir una autoría femenina, la poetisa dirige su amor a otra mujer. Y esta tergiversación del poema original no fue inmediatamente posterior a la época de las trobairitz, sino que data del siglo XVIII.

Na Maria, prètz e fina valors de Bieiris de Romans por Rossignol.

También las representaciones de estas mujeres cambiaron para ocultarlas de la historia. Si en su época se llegó a representar a la condesa sosteniendo un halcón como muestra de su poder, las ilustraciones posteriores se inclinan más por poses devotas o por posturas grotescas y vestidos levantados en actitudes sugerentes.

Por suerte, la figura de la Condesa de Día fue rescatada y reivindicada como símbolo de la autonomía lingüística (Languedoc) y política de Occitania. En 1888 se erigió un busto suyo en Die (nombre actual de Día) y en 1896 Clara d’Anduza recibió el mismo honor en su localidad.

Otras trobairitz

Alamanda de Castelnau
Almucs de Castelnau
Azalaís de Porcairagues
Bieiris de Romans
Castelloza
Clara d’Anduza
Garsenda de Sabran
Gertrudis de Hackeborn
Gertrudis Magna
Gormonda de Monpeslier

Guillelma de Rosers
Hadewijch de Amberes
Herrada de Landsberg
Hildegarda de Bingen
Iseut de Capio
Leonor de Aquitania
María de Francia
María de Ventadorn
Tibors de Sarenom


Textos originales:

1Would that my knight might one night / lie naked in my arms / and find myself in ecstasy /with me as his pillow; […] Know that with passion I cherish / the hope of you in my husband’s place, / as soon as you have sworn to me / that you will fulfill every wish. (Traducción del original al inglés)


Referencias:

Ganze, A. (January 01, 2009). «Na Maria, pretz e fina valors»: A New Argument for Female Authorship. Romance Notes, 49(1), 23-33.

Institut d’Estudis Catalans (Sin fecha). Corpus des Troubadors. Consultado el 3 de junio de 2020. https://trobadors.iec.cat/

Lorenzo Arribas, J. (2008). Beatriz de Dia, condesa, trovadora… y símbolo de independencia. Revista Medieval, (27), 80-89.

Redacción y edición: S. Fuentes

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Una noche en la ópera

Albéniz en la corte del Rey Arturo

Isaac Albéniz (1860-1909) es sin duda uno de los compositores españoles más conocidos de todos los tiempos. Desde Asturias (1892) hasta la suite Iberia (1906-1909), las obras del músico catalán han pasado a formar parte del imaginario colectivo. Lo que no es tan conocido es su trilogía de óperas en inglés de temática artúrica. Hoy acompañaremos a Albéniz en la corte del Rey Arturo.

Albéniz siempre tuvo un perfil eminentemente europeo. Si bien su música está plagada de andalucismos y regionalismos españoles, desde una temprana edad empezó a viajar por todo el continente (y algunas zonas de América, como Puerto Rico o Cuba). El compositor y pianista fue un niño prodigio, hasta el punto de superar las pruebas de acceso al Conservatorio de París con solo siete años, aunque no fue admitido por ser demasiado joven. La influencia nacionalista se debe principalmente a Felipe Pedrell, a quien conoció en 1883. Además de maestro de Albéniz, lo fue también de Falla, Turina y Granados y es considerado el padre ideológico del nacionalismo musical español.

Tras una serie de viajes a Francia e Inglaterra acaba trasladándose a Londres en 1890, donde es contratado como intérprete y compositor. Allí empieza a relacionarse con el mundo teatral y llama la atención del Barón Latymer, que compra el contrato de Albéniz y empieza a escribir libretos para que el músico español cree la música. De esta colaboración surgen las óperas (todas ellas en inglés) Henry Clifford (1895), Pepita Jiménez (1896) y una trilogía de temática artúrica: Merlín, Lancelot y Ginebra. De esta trilogía, Albéniz sólo llegaría a completar la primera ópera antes de su muerte.

Merlín empuñando a Excalibur.

Merlín

Pese a acabar Merlín en 1902, la ópera tuvo que esperar 100 años su estreno, en 2003. Esto fue posible gracias a la recuperación y reconstrucción de la partitura original por parte de José de Eusebio.

La ópera comienza con Merlín en el exterior de la iglesia de San Pablo, presumiendo ante una de sus esclavas sarracenas, Nivian, de sus planes para conseguir más oro y derrotar a Morgana. Empiezan a salir de la iglesia caballeros y nobles. Entonces, Merlín y el arzobispo de Canterbury anuncian que quien consiga sacar la espada Excalibur de la piedra será coronado rey. Gawain y Mordred lo intentan, pero ninguno lo consigue.

Cuando ya todo el mundo se ha marchado, pasan por allí Sir Héctor y sus hijos, Arturo y Kay, junto a Sir Pellinore. Arturo ha olvidado su espada para un torneo y, al ver una clavada en la piedra, se dirige a sacarla. Consigue extraerla sin problemas, entonces Merlín y Sir Héctor le cuentan que en realidad es hijo de la Reina Igraine y Uther Pendragon y, por tanto, el legítimo rey.

La coronación de Arturo.

Al iniciarse el segundo acto encontramos a Arturo en el castillo de Tintagel. Merlín le trae la noticia de que han derrotado a Morgana, pero cuando la conversación toca la relación de Arturo con Ginebra, el mago se muestra reacio a consentirla. Entran caballeros y nobles, llevando prisioneros a Morgana, Mordred y Sir Pellinore. La gente —entre ellos Merlín y Gawain— piden sus cabezas, pero Arturo muestra su magnanimidad perdonándoles.

Cuando están solos, Morgana le cuenta a su hijo Mordred que Ginebra será la perdición de Arturo. También le dice que el rey no podrá ser derrotado hasta que Merlín muera. Cuando Mordred se retira, aparece en escena Nivian, que pide ayuda a la hechicera para que la libere de Merlín. La esclava le cuenta cómo el mago les hace bailar a ella y a sus hermanas para robarles el oro a los gnomos. Para ayudarla, Morgana le pide que consiga la varita de Merlín.

Morgana y Mordred.

El tercer acto comienza con una ensoñación de Arturo, que está en un bosque pensando en Ginebra. Llega Merlín, que advierte al rey del peligro de la joven. Arturo, encolerizado, ordena al mago marcharse e ir a pedir la mano de Ginebra. Antes de marcharse, Merlín llama a Nivian, a quien pide que robe más oro de los gnomos mientras él urde un plan para evitar la boda del rey.

Una vez robado el oro, Nivian baila para Merlín y le pide su varita. El mago accede, diciéndole que no será capaz de usarla. Pero cuando la esclava se marcha, mientras se dirige a la cueva de los gnomos para continuar el saqueo, el mago menciona que se podría usar la varita para encerrarlo en la cueva. Morgana le escucha y se lo cuenta a la esclava, que encierra al mago y huye con sus hermanas.


El Merlín de Albéniz es muy distinto al de la mayoría de relatos. En vez del viejo mentor sabio y afable nos encontramos a un avaro saqueador que quiere controlar los hilos que mueven la política del reino. Por el contrario, aunque Morgana sigue siendo una conspiradora que solo quiere hacer caer a Arturo para sentar a su hijo en el trono, es quien libera a las esclavas. Podría considerarse el “mal menor”. La visión de Albéniz y el Barón Latymer del mito artúrico es muy interesante e innovadora, pero al no haber podido completar la trilogía, nunca sabremos cómo acababa esta versión.


Referencias:

Barulich, F. (2001). Albéniz, Isaac. Oxford: Oxford University Press.

Kareol. (s.f.). Merlín – Libreto. Consultado el 28 de junio de 2020. http://www.kareol.es/obras/merlin/acto1.htm

La Voz por Excelencia. (2020, 5 de mayo). Albéniz – Merlín . Youtube. https://www.youtube.com/watch?v=oUOQa-QoDRI

Redacción y edición: S. Fuentes

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Palomitas y partituras

Shaw y la banda sonora de Dark

Dark es una serie alemana de suspense con elementos de ciencia ficción distribuida por Netflix. La acción transcurre en una pequeña ciudad, Winden, donde las enigmáticas desapariciones de unos niños harán salir a la luz un misterio que ha acechado a la localidad durante años.

Este artículo NO contiene destripes de la serie.

A punto de estrenar su tercera —y última— temporada, queremos prestar atención a su banda sonora. Pero no vamos a centrarnos en la banda sonora original, del australiano Ben Frost, vamos a fijarnos en la música preexistente que utiliza la serie.

Partita para 8 voces de Caroline Shaw por Roomful of Teeth.

La música en Dark es un nexo. Algo que trasciende el tiempo. Algo que unifica las épocas, que acompaña a los personajes sin importar en qué año se desarrolle la acción. Por ejemplo, la canción Irgendwie, irgendwo, irgendwann —estrenada en 1984— suena como despertador de Jonas en 2020.

Entre multitud de canciones que sirven para enmarcar (o desenfocar) cada época, encontramos dos obras de música contemporánea que merecen una mención especial. La primera es Anthracite Fields (2014) de Julia Wolfe (1958). La segunda es la Partita para 8 voces (2012) de Caroline Shaw (1982), que le valió a la compositora norteamericana el Premio Pullitzer de Música.

Partita para 8 voces

La Partita de Shaw es una obra que busca en el anacronismo su identidad, combinando conceptos y formas barrocos con técnicas vocales completamente ajenas al repertorio clásico. Encaja perfectamente con el espíritu de Dark y, de hecho, tiene una importante presencia en la primera temporada, aunque sólo aparezca residualmente en la segunda.

El uso más habitual del término partita como forma es para referirse a suites para un único instrumento. Que Shaw eligiera esta denominación parece indicar su concepción de las ocho voces como un único instrumento, como si fuera un coro o un órgano.

Las suites surgieron en el Renacimiento, pero alcanzaron su máximo esplendor en el Barroco, del que son muy representativas. Eran colecciones de danzas en la misma tonalidad —o en su relativo— que alternaban movimientos lentos y rápidos. En la época era habitual omitir movimientos o combinar danzas de distintas suites. Aunque hay una enorme variedad de danzas, entre las más habituales podemos encontrar la alemanda (allemande), la corrente (courante), la zarabanda (sarabande) o la giga (gigue).

La estructura de la Partita para 8 voces se basa en estas danzas habituales, siendo sus tres primeros movimientos Allemande, Courante y Sarabande. Para finalizar, sustituye la giga por un pasacalle (Passacaglia), una danza rápida de origen español. El movimiento utilizado en la banda sonora de Dark es el tercero, la Courante.

Pese a respetar la estructura de la suite, el lenguaje de Shaw es muy distinto del esperable en una obra barroca (o neobarroca). El amplio abanico de recursos vocales empleados por la compositora es consecuencia del grupo Roomful of Teeth, para el que fue compuesta la Partita. Este grupo ha investigado técnicas vocales de todo el mundo, desde el belting utilizado en Broadway o el canto tirolés hasta el khomei o canto tradicional tuvano.

Love Song por el dúo Nukariik

En la Courante que podemos escuchar en Dark encontramos otra técnica tradicional, el katajjaq o canto de garganta inuit. De hecho, los pasajes de la Partita están basados en una canción de amor inuit. Esta inspiración les supuso a Shaw y Roomful of Teeth acusaciones de exotismo y apropiación cultural ya que, si bien listaban la técnica entre sus recursos, inicialmente no mencionaron el uso específico de esta canción. El grupo y la compositora se disculparon y reconocieron su culpa.


Referencias:

Fuller, D., & Eisen, C. (2001). Partita. Oxford: Oxford University Press. https://doi.org/10.1093/gmo/9781561592630.article.20982

Saulle, J. H., Lefkowitz, David S1, Krouse, Ian, & Saulle, Joshua H. (2019). Vocal Timbre and Technique in Caroline Shaw’s Partita for 8 Voices. eScholarship, University of California.

Wilhoite, M. (2015). Shaw, Caroline. Oxford: Oxford University Press. https://doi.org/10.1093/gmo/9781561592630.article.2277536

Redacción y edición: S. Fuentes

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Fin de la cita

El legado de Finlandia

From Afar es el tema que da nombre al cuarto disco de estudio de Ensiferum, un grupo finlandés que define su música como folk-inspired melodic death metal. ¿Pero eso no suena a melenudos que gritan? Bueno, en parte. Pero no os vayáis, que estos greñudos en concreto tienen su miga.

Videoclip de From Afar, de Ensiferum.

La letra de From Afar se encuadra en el género épico, algo habitual en el metal. Cuenta una historia de cuervos, profecías y destinos mientras el videoclip nos muestra imágenes de bosques finlandeses poblados de escaldos y magia. Todo transcurre como cabría esperar, hasta que, tras repetir el segundo grupo de estrofas, aparece un puente instrumental. En ese puente escuchamos el siguiente motivo:

Ensiferum lo usa como separador entre repeticiones de la célula que genera el puente, pero su sonoridad resulta familiar. Es una cita de Finlandia, el poema sinfónico de Jean Sibelius (1865-1957).

Comparación del fragmento citado en Finlandia y From Afar.

En 1899, el zar Nicolás II aprobó el “Manifiesto de febrero,” que aumentaba el dominio ruso sobre el Gran Ducado de Finlandia. Esto condujo a un auge del sentimiento patriótico entre los finlandeses, siendo Sibelius uno de ellos. En este marco, le encargan una obra que representara la historia de Finlandia a través de una serie de cuadros. Tras reflejar la ocupación rusa (La Gran Hostilidad), el último cuadro, Finlandia despierta, era todo un llamamiento a sus compatriotas. Este último movimiento, con algunas modificaciones, se convertiría en el poema sinfónico Finlandia.

Pero, estamos hablando de una sucesión de cinco notas, quizás esto sean sólo conjeturas…

¿Coincidencia?

Además de las notas, la textura que usa Ensiferum es la misma que usa Sibelius: un ascenso en unísono (octavado) hacia un brillante acorde. El mismo acorde.

Finlandia de Jean Sibelius por la orquesta y coro de la BBC.

Aparte de las consideraciones musicales, hay que tener en cuenta la importancia de Sibelius en el país nórdico. El compositor da nombre a multitud de lugares e instituciones, como el Parque Sibelius de Helsinki. Los billetes de 100 marcos —anteriores a la introducción del euro— llevaban su cara. Hay gente que quiere que el himno nacional del país sea una parte de la Finlandia de Sibelius (añadido en el poema sinfónico respecto a la versión original).

Pese a que el puente en el que encontramos esta cita comienza siendo instrumental, cuando se repite entra una voz, con un texto completamente distinto al del resto de la canción. Dice lo siguiente:

The sky’s bird struck fire
Made a flame flare up
The north wind burnt the clearing
The north-east quite consumed it
It burnt all the trees to ash and reduced them to dust

Estas líneas están basadas en el Kalevala, una epopeya finlandesa recopilada a partir del folclore:

Entonces, rápidamente este pájaro celestial prendió fuego entre las ramas. Pronto las llamas fueron avivadas por los vientos del norte, y los vientos del este les prestaron sus fuerzas, quemando árboles de todo tipo, reduciéndolos a polvo y cenizas.1

Salvando los matices que se hayan podido perder a lo largo de las traducciones, podemos ver cómo este fragmento del segundo poema del Kalevala se integra perfectamente en From Afar.

El poema sinfónico y la epopeya se unen en la canción de Ensiferum como muestra de su herencia, de la identidad cultural de su país, dando valor al folk con el que definen su música. Todo un homenaje a sus raíces.


Textos originales:

1Quickly then this bird of heaven, / Kindled fire among the branches; / Soon the flames are fanned by north-winds, / And the east-winds lend their forces, / Burn the trees of all descriptions, / Burn them all to dust and ashes,


Referencias:

Crawford, J. M. (1904). The Kalevala, the epic poem of Finland into English.R. Clarke Co.

Dahlström, F. y Hepokoski, J. (2001). Sibelius, Jean. Oxford University Press. https://doi.org/10.1093/gmo/9781561592630.article.43725

Redacción y edición: S. Fuentes

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Notas al programa

Mihalovici y el canto del océano

Viejo océano, oh grande y sin ataduras, cuando viajas por la solitaria soledad de tus reinos flemáticos…1

Interpretación de Chant Premier por Tommy Davis.

Estas son las palabras —versos del Conde de Lautréamont— que Marcel Mihalovi (1898-1985) escribe al comienzo de su obra Chant Premier (Canto Primigenio, compuesta en 1973) y son toda una declaración de intenciones. Si cerramos los ojos, podemos viajar al fondo oceánico, a miles de metros de profundidad, y admirar el paisaje que se extiende ante nuestra imaginación. Criaturas abisales, enormes monstruos prehistóricos que el tiempo no se ha atrevido a borrar. Bestias marinas que nadan a nuestro alrededor imponentes, con una sorprendente gracilidad, pese a su aterradora presencia. Sentimos como crean potentes corrientes que, si realmente estuviéramos en este lecho marino, nos arrastrarían. Sentimos el fluir del agua a nuestro alrededor.

Y, de repente, un estruendo.

A poca distancia un volcán entra en una furibunda erupción, desatando el fuego del interior. La lava se solidifica al instante, creando estructuras irregulares y enormes burbujas de vapor, que intentan escapar hacia la superficie, aumentando la actividad que nos rodea hasta un frenetismo que nos hace perder toda referencia de dónde nos encontramos. Cuando parece que todo ha pasado, más erupciones se suceden, unas más cercanas, otras más alejadas de nosotros.

Pero al final, la calma del océano regresa, todo vuelve a ser como a nuestra llegada, recuperando la infinita quietud de los abismos insondables.

De Bucarest a París

Esta sonata para saxofón tenor y piano es solo una de las más de cien obras de Mihalovici, un compositor rumano que con 21 años emigró a Francia, país en el que desarrollaría su carrera. En Bucarest había complementado sus estudios de armonía y contrapunto con los de violín, y a su llegada a París los amplió con canto gregoriano en la Schola Cantorum. Y es que, la música vocal es algo recurrente en su producción. Si bien su obra es principalmente instrumental, encontramos algunas referencias a la voz, como es el caso de este Chant Premier.

También su Rumanía natal estuvo presente en la música de Mihalovici, de manera directa —como en sus Chansons et Jeux (1924), basadas en romances rumanos— o indirecta, a través de los rasgos más característicos de esta. Entre estos aires rumanos, Clemensa Firca enumera: “vitalidad, dinamismo, un lenguaje armónico que combinaba la música modal tradicional y la cromatización propia de la época, ritmos vivaces fruto de las asimetrías, polirritmias…”

Pese a tener siempre presentes sus orígenes, Marcel Mihalovici continuó aprendiendo y explorando distintos estilos, imbuyéndose del ambiente parisino de la época, todo un hervidero de creatividad. Aun siendo un claro defensor del neoclasicismo, nada le impidió tomar recursos modales, atonales e incluso seriales e incorporarlos a sus obras con total naturalidad.

Su presencia en el panorama musical francés fue notable, convirtiéndose en profesor de la Schola Cantorum y siendo uno de los fundadores de Le Triton, una sociedad de compositores centrada en promover la música de nueva creación, un grupo al que también pertenecían Poulenc, Prokofiev o Milhaud. Pero también aquí entra en juego la dualidad del compositor entre Francia y Rumanía, siendo también fundador de la Sociedad de Compositores Rumanos.


Textos originales:

1Vieil océan, ô grand célibataire, quand tu parcours la solitude solenelle de tes royaumes flegmatiques…


Referencias:

Cosma, V. y Arzoiu, R. (2001). Mihalovici, Marcel. Oxford University Press. https://doi.org/10.1093/gmo/9781561592630.article.18641

Evans, G. W. (2006). Marcel Mihalovici: A Critical Evaluation of His Solo and Chamber Works for Clarinet, A Lecture Recital, Together with Three Recitals of Selected Works by Bozza, Uhl, Martino, Sowerby, Kalliwoda, Bax, and Others. University of North Texas.

Redacción y edición: S. Fuentes

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Lluvias en el África de Reich

San Francisco, 1964. La sombra de la Crisis de los Misiles de Cuba aún planea sobre las cabezas de los estadounidenses. La Guerra Fría es una amenaza constante. El fin del mundo estaba cerca, como ya había ocurrido otras veces en la historia de la humanidad. En Union Square, un predicador pentecostal —el Hermano Walter— recordaba a los transeúntes la historia de Noé y el Diluvio Universal, y como la gente había ignorado sus apocalípticas predicciones:

Empezó a advertir a la gente. Dijo: “Dentro de poco, va a llover dentro de poco; durante cuarenta días y cuarenta noches». Y la gente no le creyó. Y empezaron a reírse de él. Y empezaron a burlarse de él. Y empezaron a decir: “no va a llover».1

It’s Gonna Rain, primera parte de Steve Reich.

Aunque la mayoría de la gente pasara de largo ignorando al predicador su discurso no cayó en el olvido. Steve Reich (1936) lo había grabado. Estas palabras serían el germen de una de sus primeras obras, It’s Gonna Rain (1965). Pero lo que iba a ser una obra electrónica más, se convirtió por accidente en el desarrollo de una nueva técnica que supondría un antes y un después en la música y, especialmente, en el minimalismo. Aunque la versión de Reich sobre cómo ocurrió el afortunado accidente ha cambiado a lo largo del tiempo, la esencia ha permanecido igual:

Tenía dos magnetófonos con dos bucles de él diciendo «it’s gonna rain» (va a llover). Ambos bucles tenían exactamente la misma longitud y los puse en las dos máquinas a la misma velocidad… Me di cuenta… de que las imperfecciones en los bucles y las pequeñas diferencias en las velocidades de los motores habían producido un pequeño cambio de fase. Dejé que siguieran y poco a poco empezaron a separarse; cuando lo escuché me di cuenta de que esto era una solución a lo que los compositores creen que es el problema de la estructura musical: cómo empezar en un punto y llegar a otro. Me di cuenta de que era una forma de recorrer distintas relaciones con la misma cosa sin tener nunca una transición. Sería un proceso continuo, sin costuras.2

It’s Gonna Rain, segunda parte de Steve Reich.

Reich había desarrollado el phasing, una técnica que sería la base de su trabajo hasta 1971 aproximadamente. Filosóficamente, este sistema interpreta la música como un proceso gradual, siendo el cambio el centro de atención (en contraposición a la tradición, donde hay una continua búsqueda de puntos cadenciales, de reposos). Reich sostiene que It’s Gonna Rain es el ejemplo más puro entre sus obras de este proceso. Este nuevo paradigma será una de las bases del minimalismo.

Llueve sobre mojado

Aunque su uso en conjunción con la tecnología era novedoso, el hecho de contraponer materiales musicales idénticos a distintas velocidades era algo con una larga historia, y es que se trata de un elemento muy típico en la música africana. Según Reich, su música siempre ha tenido una gran influencia de elementos no occidentales (África, India, Indonesia), pero no como modelos sonoros, tal y como hacían los exotismos en la música tradicional. El compositor neoyorquino aboga por un modelo más respetuoso, donde la aproximación a otras culturas se haga de igual a igual. Todo esto está presente en It’s Gonna Rain. Cuando le preguntaron qué había supuesto su viaje a África durante el verano de 1970, su respuesta fue: “confirmación”.

Teniendo en cuenta esta influencia cultural, el hecho de escoger al Hermano Walter, un predicador negro, como fuente del material sonoro, adquiere una nueva dimensión. En pleno movimiento por los derechos civiles, esta obra supone también un grito de libertad, un gesto de complicidad.

Musicalmente, la obra se estructura en dos partes. La primera usa casi exclusivamente la frase “it’s gonna rain durante 28 ciclos, hasta acabar con “after a while” (dentro de poco), elemento que marca el final de esta sección y que supone un recurso retórico para marcar la pausa. La segunda parte combina un número mayor de elementos, más parecido al collage que Reich tenía previsto antes del accidental descubrimiento del phasing. Las inflexiones y cadencias de la voz de Walter crean una rítmica particular que va evolucionando durante la obra. Para Reich, estos elementos vocales personifican a cada individuo tanto como una fotografía.


Textos originales:

1 He began to warn the people. He said: “After a while, it’s gonna rain after a while; for forty days and for forty nights”. And the people didn’t believe him. And they begin to laugh at him. And they begin to mock him. And they begin to say: “It ain’t gonna rain!”

2 I had two tape recorders with two loops of him saying «it’s gonna rain:’ Both loops were exactly the same length, and I ran them on two machines at the same speed … I noticed that … the imperfections in the loops and the small differences in the motor speeds caused a slight change of phase to happen. I let them go and they began gradually to separate; when I heard that, I realized that this was a solution to what a composer thinks of as a problem of musical structure: how to begin someplace and go somewhere else. This struck me as a way of going through a number of different relationships with the same thing, without ever having any transition. It would be a seamless continuous process.


Referencias:

Scherzinger, M. R. (2005). Curious intersections, uncommon magic: Steve Reich’s «It’s gonna rain». Current Musicology (79/80), pp. 207-244.

Redacción y edición: S. Fuentes