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Fin de la cita

La alondra de Enescu y Bregović

Belgrado, 6 de abril de 1941. Marko Dren y Petar «Crni» Popara avanzan en un carro de caballos completamente borrachos mientras un grupo de músicos les persigue sin dejar de tocar sus instrumentos. No saben que los nazis están a punto de bombardear su ciudad, suceso que marca el principio de una rocambolesca historia. Así comienza Underground (1995), película con la que el director serbio Emir Kusturica ganó su segunda Palma de Oro en el 48º Festival Internacional de Cine de Cannes.

Primera escena de la película «Underground» (Emir Kusturica, 1995).

La música que persigue a los protagonistas en esta escena inicial es un elemento recurrente a lo largo de la película. Aparece en distintas ocasiones, incluso en el final, dando al conjunto un cierto aspecto cíclico. Esta curiosidad se acentúa en el disco de la banda sonora de la película, a cargo de Goran Bregović. En este álbum el tema aparece dos veces, también como primera (Kalašnjikov) y última pista (Sheva). Pero en esta ocasión ambas versiones son muy diferentes: Kalašnjikov se distancia del tema de la película ampliándolo para crear toda una canción, mientras que Sheva es fiel a la versión fílmica.

La música de Bregović se caracteriza por recurrir a elementos del folclore balcánico, a veces incluso adaptando directamente melodías populares. Este es el caso de Sheva, basada en una melodía del folclore romaní llamada Ciocârlia (alondra).

«Ciocârlia» por el Trío Dinicu.

El origen de esta melodía se remonta a finales del siglo XIX. Se cree que su autor fue Angheluş Dinicu. Este dato no es fácil de comprobar, ya que en estas composiciones se intentaba ocultar la autoría para envolverlas de un aire de leyenda y misticismo. Al cruzar a otros territorios Ciocârlia recibió otros nombres como Torola, Čučuliga o Ševa (nombre que usa Bregović).

Rapsodia rumana

Mucho antes de Underground, cuando el cinematógrafo acababa de nacer, la melodía de Dinicu captó la atención de un compatriota suyo, George Enescu (1881-1955). El compositor, director, violinista, pianista y pedagogo rumano escogió esta música como base sobre la que construir una parte importante de su Rapsodia rumana no. 1. Esta obra es la primera de un ciclo de dos rapsodias —aunque en ocasiones se llegó a hablar de una tercera, parece que en realidad nunca existió— agrupadas en el opus 11. Fueron escritas en 1901 y estrenadas dos años más tarde en Bucarest bajo la dirección del propio compositor.

«Rapsodia rumana no. 1» de George Enescu por la Filarmónica de Berlín.

La primera rapsodia se basa en movimientos de danza. Desarrolla muy bien la idea de accelerando continuo que tan presente está en la música balcánica. Enescu llegó a decir que eran “un puñado de melodías que había juntado sin pensar”, pero lo cierto es que se han encontrado borradores que muestran el cuidado con el que combinó esas melodías.

El comienzo de esta rapsodia es alegre y apacible, recurriendo a una cita de la canción popular Am un leu şi vreau să-l beau (tengo un leu y quiero bebérmelo). Tras un inicio casi camerístico la orquesta refuerza la melodía del grupo solista. La obra continúa su desarrollo cambiando entre distintas atmósferas y se adentra en una suerte de vals. En esta danza se alternan segmentos maestosos y otros de un carácter más festivo y popular. Son estos últimos los que empiezan a acelerar, apuntando hacia la segunda mitad de la rapsodia.

Las flautas lideran la orquesta, que acaba llegando a Ciocârlia. En este punto la música ha alcanzado una gran energía que impulsa a seguir avanzando. Los cantos de alondra se escuchan sobre el continuo sonoro sin interrumpir la direccionalidad. Y entonces, las melodías populares empiezan a entretejerse hacia lo que parece ser un final apoteósico. Sin embargo, de manera inesperada todo este frenesí se pausa para dar paso al verdadero final, con una conclusión no menos grandiosa.


Referencias:

Encyclopaedia Britannica. (2020, 15 de agosto). George Enesco. https://www.britannica.com/biography/George-Enesco

Zlateva, M. Z. (2003). Romanian folkloric influences on George Enescu’s artistic and musical development as exemplified by his third violin sonata. University of Texas.

Redacción y edición: S. Fuentes

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Una noche en la ópera

Unsuk Chin en el país de las maravillas

Componer una ópera sobre Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas fue algo que siempre rondó la mente de György Ligeti (1923-2006). El compositor húngaro ya se había adentrado en el mundo operístico con El gran macabro en 1978, pero aquella sería su primera y última incursión.

Sin embargo, la voluntad de Ligeti no desapareció con él. Un año después de su muerte su antigua discípula Unsuk Chin (1961) —también fascinada por la novela de Lewis Carroll desde su infancia— estrenaría su primera ópera:  Alicia en el país de las maravillas (2007).

Fragmento de la primera escena de la ópera en la versión de su estreno.

La compositora surcoreana ya había cosechado un gran reconocimiento internacional con sus primeras obras. En 1984 la Tribuna Internacional de Compositores seleccionó su obra Gestalten en la categoría de música de cámara. Al año siguiente ganó el primer premio de la Fundación Gaudeamus con Spektra. También en 1985 consiguió una beca para estudiar en Hamburgo con Ligeti. Tras tres años bajo la guía del compositor húngaro Chin se trasladó a Berlín en 1988, donde sigue establecida actualmente.

Una apuesta rompedora

Continuando este vínculo con la vida musical alemana, Chin estrenó Alicia en el país de las maravillas el 30 de junio de 2007 en la Ópera Estatal de Baviera, en Múnich. El libreto es una adaptación del texto original de Carroll. La compositora y el libretista estadounidense David Henry Hwang introdujeron pequeños guiños a la historia y cultura contemporáneas, como incluir en el listado de cosas que empiezan por m que recita el Lirón a Mickey Mouse, Marte, Mao y Marx.

5ª escena: Una merienda de locos en la versión de estreno.

La puesta en escena escogida para el estreno se ha convertido en la insignia de esta ópera. El director escénico, Achim Freyer, optó por una estética innovadora, empleando el escenario como un teatro de marionetas. Los cantantes estaban situados en la parte delantera, caracterizados como estatuas que solo intervenían cuando era el turno de sus personajes. Estos personajes fueron encarnados por cabezudos y marionetas, permitiendo una gran libertad a la hora de reflejar el pintoresco universo planteado por Carroll.

Alicia es la única que escapó a estas estatuas, aunando personaje y voz en una misma figura. La protagonista se situó en el centro de la escena durante casi toda la obra, convirtiéndose en el eje de la acción. La soprano encargada de este papel fue Sally Matthews. Pese a la presencia de la cantante, también se recurrió a las marionetas para, por ejemplo, representar la versión agrandada de Alicia.

Sally Matthews y Unsuk Chin.
Sally Matthews y Unsuk Chin.

En cuanto a la música, la obra consigue reflejar muy bien los distintos ambientes en que se desarrolla la historia. Desde la locura hasta la inocencia infantil, cambiando entre ellos con una notable fluidez. Sobre estas atmósferas siempre planea un matiz grotesco y decadente proporcionado por la escenografía. El conjunto consigue que la frase “Aquí todos estamos locos” no sea una mera línea en el texto, sino algo subyacente a toda la representación.

La compositora combina elementos y recursos de orígenes muy distintos en la orquesta y las voces. Por ejemplo, en la fiesta del té podemos escuchar reminiscencias barrocas, mientras que la fanfarria heráldica que acompaña a la Reina de Corazones parece sacada de una big band.

La Oruga Azul con un clarinete bajo y una lata de sopa tocando la armónica.
La Oruga Azul con un clarinete bajo y una lata de sopa tocando la armónica.

También cabe mencionar la aparición de instrumentos en escena, concretamente en los dos interludios de la ópera. El primero corresponde a “El consejo de una oruga”, donde aparece un clarinete bajo como parte de la Oruga Azul, probablemente como referencia al narguile que caracteriza a este personaje. El segundo interludio equivaldría a “Historia de la Falsa Tortuga” en la novela de Carroll. En esta ocasión se puede observar una lata de sopa —similar a las latas de sopa Campbell, pero cambiando el etiquetado por “Carroll’s Fake Turtle Soup”— tocando una armónica.


Referencias:

Contemporary Classical. (2015, 26 de agosto). Unsuk Chin: Alice in Wonderland 2007 Opera . Youtube. https://www.youtube.com/watch?v=_hXt-BPhRKA

IRCAM. (2019, 10 de septiembre). Unsuk Chin. http://brahms.ircam.fr/composers/composer/847/

Ross, A. (2007, 23 de julio). Looking-glass Opera. The New Yorker. https://www.newyorker.com/magazine/2007/07/30/looking-glass-opera

Redacción y edición: S. Fuentes

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Palomitas y partituras

Saint-Saëns hecho videojuego

Cuando pensamos en bandas sonoras nos suelen venir a la cabeza las grandes producciones de Hollywood. Desde Jerry Goldsmith hasta Howard Shore. De Rachel Portman a Lucas Vidal. Pero el cine (o la televisión) no es el único medio audiovisual que necesita ser aderezado musicalmente. Los videojuegos son un medio en auge en el que también son necesarias bandas sonoras. Además, presentan una particularidad: la falta de linealidad.

Si en una película la acción transcurre según el guion, en un videojuego no se puede saber cuánto tardará el jugador en superar una zona o nivel. Por tanto, la música tendrá que poder formar bucles o encadenarse con otras pistas para ajustarse al ritmo de cada usuario.

En esta ocasión vamos a adentrarnos en la música de un videojuego: The End is Nigh (Edmund McMillen, 2017). Se trata de un juego de plataformas que se caracteriza por su gran dificultad y por una ambientación distópica. La particularidad que presenta este título es que su banda sonora está formada íntegramente por versiones de obras clásicas. Entre las distintas pistas encontramos numerosos clásicos populares: la 9ª sinfonía de Dvořák, la Marcha eslava de Chaikovski, El vuelo del moscardón de Rimski-Kórsakov, Peer Gynt de Grieg…

Versión de la «Marcha turca» de Mozart en la banda sonora de «The End is Nigh».

Pero entre todos estos éxitos del imaginario colectivo destaca la Danza macabra de Camille Saint-Saëns (1835-1921). La obra del compositor francés funciona como música de fondo —aunque con una gran presencia— en las primeras zonas del juego. La temática del poema sinfónico casa perfectamente con la ambientación sombría y enfermiza de The End is Nigh. Además, el tempo movido ayuda a buscar respuestas ágiles por parte del jugador, convirtiéndose en la compañía perfecta para esta experiencia interactiva.

Danza Macabra

La Danza Macabra de Saint-Saëns es un poema sinfónico basado en una poesía de Henri Cazalis. Se basa en el tópico de la “danza de la Muerte”, que proviene de las supersticiones medievales. Es el precursor de otros motivos de temática similar como el de “la Muerte y la doncella”. En la danza, la Muerte —personificada como un esqueleto— llama a bailar alrededor de una tumba a personajes de todas las edades y posiciones sociales. De este modo se recuerda que la muerte es igual para todos.

«Danza macabra» de Camille Saint-Saëns, interpretada por la Orquesta Sinfónica de la Radio Eslovaca.

Zig y zig y zag, muerte en ritmo
Golpeando una tumba con su talón,
La muerte a la medianoche juega una canción de baile,
Zig y zig y zag, en su violín.

La transición de este tópico a la música es algo natural, ya que reta a los compositores a imaginar cómo sonaría esta funesta danza. Músicos de todas las épocas y estilos han explorado esta temática: desde el renacentista Nörmiger hasta Schoenberg, Mahler, Ligeti o incluso Iron Maiden.

En el caso de Saint-Saëns la danza además contiene una pieza vocal. Esto se debe a que en un primer momento (1872) el compositor francés escribió solamente una canción a partir de los versos de Cazalis. Esta obra se fue desarrollando hasta convertirse en el poema sinfónico que actualmente conocemos, estrenado en 1875. Si comparamos la métrica del poema con el ritmo del tema principal podemos comprobar cómo encajan perfectamente:

Saint-Saëns despliega a lo largo de la obra un macabro sentido del humor que convirtió el estreno del poema sinfónico en todo un escándalo. Para empezar, la personificación de la Muerte era escalofriantemente realista —para el modo en que se concebía en la época—. El compositor utilizó el xilófono para representar los huesos, algo totalmente novedoso, ya que hasta entonces el uso de este instrumento se limitaba casi exclusivamente al folclore. Tras el buen resultado de esta innovación, Saint-Saëns volvió a usar el mismo recurso en Fósiles del Carnaval de los animales.

La broma continúa con una cita del Dies Irae. Se trata de una secuencia gregoriana asociada a misas de difuntos que se ha empleado en numerosas ocasiones a lo largo de la historia de la música para simbolizar la muerte o un destino fatídico. Pero Saint-Säens le da una vuelta de tuerca y opta por parodiar la secuencia cambiándola al modo mayor, como si para la Muerte fuese un juego escoger quién ocupa la tumba.

Hacia el final de la obra escuchamos unas carcajadas. La celebración triunfal de la muerte, que una vez más ha conseguido imponerse. Tras esta victoria el gallo canta, dando paso al alba de un nuevo día y poniendo fin al escabroso ritual.


Referencias:

Henken, J. (s.f.). Danza macabra (Camille Saint-Saëns). LA Phil. Consultado el 12 de agosto de 2020. https://bit.ly/3kJ316r

Ridiculon. (s.f.). The End is Nigh. Consultado el 12 de agosto de 2020. https://ridiculon.bandcamp.com/album/the-end-is-nigh-ost

Redacción y edición: S. Fuentes

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Notas al programa

La intensa lucha de Smyth

Virginia Woolf escribió en su diario refiriéndose a Ethel Smyth (1858-1944): “es como ser atrapada por un cangrejo gigante”. La compositora —a sus 71 años— se había enamorado de ella. Al parecer este cortejo alarmaba y divertía a la escritora (24 años más joven), pero no llegó a nada más y simplemente acabó por convertirse en una buena amistad.

Este es solo un ejemplo de la intensa vida de dame Ethel Mary Smyth, compositora y sufragista británica condecorada por la Excelentísima Orden del Imperio Británico.

Smyth comenzó sus estudios de composición con Alexander Ewing, quien le mostró la música de Wagner y Berlioz. Al ver el talento de la joven el maestro sugirió que estudiara en el extranjero, idea que no agradó al padre de la compositora. Pese a esta reticencia, finalmente dio su brazo a torcer y permitió que su hija estudiara en Leipzig.

Ethel Smyth y su inseparable perro Marco.
Ethel Smyth y su inseparable perro Marco.

Una vez asentada en Leipzig, comenzó a estudiar con Carl Reinecke en el conservatorio de la ciudad alemana. Allí conoció a Dvorak, Grieg y Chaikovski. Sin embargo, tras un año abandonó la institución, desilusionada con la calidad de la educación que estaba recibiendo. Pero esto no desanimó a Smyth. La joven empezó a recibir lecciones privadas de Heinrich von Herzogenberg. Gracias a su nuevo maestro pudo conocer a Clara Schumann y a Johannes Brahms, a quien admiraba enormemente (y quien fue su mayor influencia musical).

En 1910, de vuelta en Reino Unido, Smyth se sumó a la Unión Social y Política de las Mujeres. Su implicación en el movimiento sufragista fue notoria durante toda su vida, llegando a costarle dos meses de encarcelamiento por romper las ventanas de políticos detractores del sufragio femenino.

The March of the Women (1910) de Ethel Smyth por el Glasgow University Chapel Choir.

Esta vida combativa llevó también a la compositora a ejercer como asistente de radiología en un hospital durante la Primera Guerra Mundial. Las duras condiciones afectaron a su salud hasta hacerla enfermar gravemente. Smyth se recuperó de distintas enfermedades respiratorias, pero su audición —ya deteriorada previamente— se vio perjudicada hasta casi perder el oído en sus últimos años de vida.

Serenata en re

La Serenata en re fue la primera obra orquestal de Ethel Smyth. Escrita en 1889, tuvo que esperar al año siguiente para ser estrenada en el Palacio de Cristal de Londres, no sin polémica. Los críticos de Leipzig habían acusado a su Sonata para violín en la menor (1887) de “falta de encanto femenino”. La compositora quería evitar que sucediera lo mismo en el estreno de la Serenata, que además era la primera obra que presentaría en su país natal.

Serenata en re (1889) de Ethel Smyth por la BBC Philarmonic.

Para intentar conseguir una crítica neutral y sin prejuicios, la compositora firmó el programa con sus iniciales, E. M. Smyth, pero no sirvió de nada. La crítica rechazó la obra por su “delicadeza”. El crítico George Bernard Shaw escribió:

Primero hubo una serenata de la señorita Smyth, quien escribió el programa analítico de modo que su sexo quedara oculto, hasta que dio un paso al frente para recibir los aplausos al final. Sin duda la señorita Smyth despreciaría recibir cualquier indulgencia como mujer, y lejos está de mi intención desanimar su legítimo orgullo… Sin embargo, estoy convencido de que hubiéramos sentido una menor decepción de haber sabido que nuestra paciencia era reclamada por una jovencita en vez de por algún señor Smyth. Las filigranas orquestales son muy puras y delicadas, pero no tienen cabida en una gran ocasión como esta.1

Si el machismo no hubiera cegado a los críticos, tal vez hubieran podido darse cuenta de la gran obra que tenían ante ellos. Pese a su título de Serenata, la obra es prácticamente una sinfonía al estilo de Brahms. La principal diferencia es que Smyth opta por solamente usar movimientos rápidos (allegros y allegrettos con algún pasaje vivace), prescindiendo de los tiempos lentos.

Reunión de la Unión Social y Política de las Mujeres.
Reunión de la Unión Social y Política de las Mujeres.

Toda la obra transmite la intensidad que tuvo la vida de la compositora. Comienza con un movimiento enérgico y elegante, con temas muy cantabiles. El final grandioso del primer movimiento da paso al Allegro vivace del segundo, que pese a ser mucho más juguetón —recurriendo al uso del canon— no pierde la direccionalidad y el dramatismo. Después de este emotivo movimiento llega el tercero, mucho más sobrio que los anteriores. Pero esa intensidad que envuelve al conjunto de la obra cobra más fuerza, imprimiendo un carácter combativo y fiero, plagado de ritmos sincopados.

Los movimientos intermedios reducen la densidad orquestal, eliminando parte del viento metal (aunque en el tercero el viento madera tiene un gran protagonismo). La orquesta vuelve a su completitud en el cuarto y último movimiento. Desde el principio quedan claras las intenciones de Smyth, con un carácter muy rítmico y marcato. Estos episodios casi marciales —impresión a la que contribuye la inclusión de fanfarrias— se alternan con momentos etéreos y ambiguos. En general todo este movimiento se caracteriza por una inquietud que sirve como impulso para continuar avanzando, como motor de este finale. La obra acaba con un final contundente y súbito, sin titubeos.


Textos originales:

1 First there was a serenade by Miss Smyth, who wrote the analytic program in such terms as to conceal her sex, until she came forward to acknowledge the applause at the end. No doubt Miss Smyth would scorn to claim any indulgence as a woman, and far from me be it to discourage her righteous pride…. [However,] I am convinced that we should have resented the disappointment less had we known that our patience was being drawn on by a young lady instead of some male Smyth. It is very neat and dainty, this orchestral filigree work; but it is not in its right place on great occasions [such as this]


Referencias:

Gates, E. (1997). Damned if You Do and Damned if You Don’t: Sexual Aesthetics and the Music of Dame Ethel Smyth. The Journal of Aesthetic Education, 31(1), pp. 63-71.

Greenfield, E. (Sin fecha). Smyth Serenade in D; Concerto for Violin and Horn. Gramophone. Consultado el 8 de agosto de 2020. https://bit.ly/31ADweJ

Redacción y edición: S. Fuentes

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Retratos sonoros

Wyschnegradsky: ¿A qué suena el arcoíris?

Que la escala tiene siete notas es algo que cualquiera que haya visto Sonrisas y lágrimas sabe. Que existen sostenidos y bemoles es también fácil de aceptar. Al fin y al cabo, el primero es como se llamaba en la antigüedad a los hashtags y el segundo suena a alguna clase de eufemismo. Con estas alteraciones ya hemos expandido la escala que cantaba Julie Andrews a 12 sonidos. La distancia entre cada nota y la siguiente es lo que conocemos como semitono (medio tono), la unidad más pequeña en el sistema tonal tradicional de la música occidental.

Mosaicos cromáticos.
Mosaicos cromáticos.

Estas 12 particiones son iguales en el sistema que usamos actualmente —el sistema equitemperado—, pero no siempre ha sido así. En la música antigua era habitual que los compositores usaran sus propios sistemas de afinación o temperamentos. De este modo, cada escala tenía sus propios matices, con distancias sutilmente diferentes a las del resto.

A lo largo de la historia occidental distintos teóricos se plantearon nuevas divisiones de la octava, pero la aplicación práctica de estos planteamientos tendría que esperar hasta el siglo XX. Compositores como Easley Blackwood, Alois Hába, Julián Carrillo o Ivan Wyschnegradsky diseñarían distintos sistemas para integrar la microtonalidad en sus obras. Por ejemplo, Blackwood escribió unos estudios en los que se aumenta progresivamente el número de divisiones de la octava: desde 13 hasta 24, lo que equivaldría a cuartos de tono.

El uso de cuartos de tono tiene un cierto calado en el repertorio contemporáneo, pero es una nadería si lo comparamos con los 72 segmentos —denominadas moria— en que los bizantinos dividían la octava. De hecho, la microtonalidad es algo muy típico en músicas árabes, indias y en los herederos directos de la Grecia clásica (como es el caso de Bizancio).

Para nuestros oídos —acostumbrados al sistema tonal occidental— estos pequeños intervalos muchas veces se perciben como desafinaciones, especialmente cuando las divisiones son irregulares.

Ivan Wyschnegradsky

El compositor ruso Ivan Wyschnegradsky (1893-1979) nació en una San Petersburgo imbuida del misticismo y la incertidumbre que los cambios de siglo acarrean. Los temas místicos despertaron la curiosidad del joven, apasionado de Nietzsche y Wagner, la teosofía y las especulaciones sobre la cuarta dimensión.

Mosaico cromático unido a su obra correspondiente.
Mosaico cromático unido a su obra correspondiente.

En noviembre de 1916 tuvo una experiencia que apenas podía describir. Afirmaba que “vio la gran luz en pleno día”. Esta revelación marcaría su camino como compositor, comprometiéndose a producir una obra que pudiera despertar en las personas una conciencia sobre las fuerzas cósmicas. Para cumplir este objetivo, la música debe fundirse en el continuo sonoro. Se debe romper el sistema interválico tradicional para crear un espacio sonoro que permita alcanzar una densidad ilimitada a través de distancias cada vez más pequeñas.

Poco a poco comienza a experimentar con este concepto. En 1918 escribe para dos pianos afinados con un cuarto de tono de diferencia, con lo que consigue dividir la octava en 24 partes. Su música empieza a difundirse entre los círculos más vanguardistas, pero se encuentra con que los instrumentos no están preparados para este tipo de música. Wyschnegradsky empieza a centrarse en solucionar este problema, una investigación que duraría una década y durante la cual se reuniría con distintos constructores de pianos y conocería a Alois Hába (1893-1973), que acabaría siendo otro de los grandes compositores microtonales.

Concierto para cuatro pianos por cuartos de tono.
Concierto para cuatro pianos por cuartos de tono. En la esquina inferior izquierda se encuentra Ivan Wyschnegradsky.

Además de las obras pianísticas, empezó a escribir para cuartetos de cuerda, canciones y obras corales. En París —ciudad a la que le habían llevado sus investigaciones— encuentra una respuesta positiva a sus obras. Sin embargo, cuando finalmente consigue un piano microtonal, los intérpretes se rehúsan a aprender la técnica necesaria, por lo que abandona la búsqueda de nuevos instrumentos.

Incansable, Wyschnegradsky reescribe 25 de sus obras para poder interpretarlas con varios instrumentos con distintas afinaciones. En 1937 se organiza en París un festival de música con cuartos de tono. Allí dirige a un pequeño grupo de pianos, cerrando el concierto con una obra que llevaba tiempo madurando, la sinfonía para cuatro pianos Así habló Zaratustra. Entre los espectadores se encontraban Charles Koechlin y Olivier Messiaen, que recibirían con entusiasmo las ideas del compositor ruso.

Ante esta buena acogida planea crear obras para varios pianos con distancias de sextos y doceavos de tono, pero la Segunda Guerra Mundial corta de raíz su actividad. Como residente en Francia sin la ciudadanía de este país se ve obligado a asumir lo que él denominó una “pasividad artística obligatoria”.

Sin embargo, el final de la guerra no supone una reactivación de su actividad. Wyschnegradsky enferma de tuberculosis, por lo que es internado en un sanatorio hasta 1950.

A partir de ese momento, su creatividad y actividad compositiva alcanzan su máximo esplendor. Escribe para orquesta y para ondas Martenot e incluso se interesa por los comienzos de la música electrónica (música concreta). Es en esta última etapa cuando conoce a otro de los principales compositores microtonales, el mexicano Julián Carrillo (1875-1965).

Alois Hába, Julián Carrillo e Ivan Wyschnegradsky.
Destacados en amarillo, de izquierda a derecha: Alois Hába, Julián Carrillo e Ivan Wyschnegradsky.

Mosaicos cromáticos

Wyschnegradsky escribió en su diario que desde la niñez le fascinaban los arcoíris. La relación entre sonido y color es algo que le acompañaría durante toda su vida. En los planos que dibujó para un piano ultracromático (microtonal) se pueden ver distintos colores para los teclados superpuestos. La sinestesia de Aleksandr Scriabin —a quien admiraba enormemente y de quien se consideraba sucesor espiritual— fue una gran influencia en este sentido.

Relación entre colores y notas para Scriabin.
Relación entre colores y notas para Scriabin.

Estudió la correlación entre las 12 notas de la escala cromática y los 12 colores del espectro: rojo, naranja, amarillo, verde, azul, violeta y las combinaciones de estos (azul-verde, violeta-rojo…). Esta transición del arcoíris a la música será el germen de sus mosaicos. Y es que, Wyschnegradsky creaba mosaicos para representar pictóricamente sus obras.

Llegó a adquirir tal maestría en esta técnica que era capaz de predecir el resultado que tendrían los cuadros antes de elaborarlos.

“He elaborado el lado visual de mi obra. Estoy conformando el proyecto de mosaicos luminosos y estudiando la secuencia de colores y formas que resultan de una secuencia musical dada1”.


Textos originales:

1 I’ve elaborated the visual side of my work. I am forming the luminous mosaic project and studying the sequence of colours and forms that result a given sequence.


Referencias:

Association Ivan Wyschnegradsky. (Sin fecha). CATALOGUE. Consultado el 30 de julio de 2020. http://www.ivan-wyschnegradsky.fr/en/biography/

Enke, E. (2010, 5 de noviembre). Byzantine chant and microtones. Lilypond-devel. https://bit.ly/2XhiSPq

Redacción y edición: S. Fuentes

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Una noche en la ópera

El Doctor Atómico de Adams

Cuando pensamos en ópera seguramente Nuevo México no sea la primera ambientación que se nos venga a la mente. Y sin embargo, este es un marco incomparable para una ópera, el lugar en que se gestó una de las mayores tragedias que jamás hayan existido: el desarrollo de la bomba atómica. Esta es la historia que recoge Doctor Atómico (Doctor Atomic, 2005), una ópera en dos actos del compositor estadounidense John Adams (1947).

El libreto de la ópera, escrito por Peter Sellars (1957), se basa principalmente en testimonios y diarios de los científicos y militares destinados en Los Álamos, lugar donde se produjeron las pruebas del arma. A estas fuentes primarias se añaden elementos de un trasfondo místico, como son fragmentos del Bhagavad-gītā y de los Sonetos sacros de John Donne. El primero es un texto sagrado del hinduismo que recoge una conversación entre la deidad Krishna y el héroe Arjuna. Los segundos son una colección de 19 poemas —aunque solamente se publicaron 12 en la primera edición de 1633— de temática religiosa y amorosa.

En 2007, dos años después del estreno de la ópera, se publicaron una adaptación orquestal de la misma (Doctor Atomic Symphony) y un documental sobre su creación, Wonders Are Many, dirigido por Jon Else.

Acto I

Laboratorio del Proyecto Manhattan en Los Álamos, Nuevo México, junio de 1945. Un grupo de científicos discute sobre las implicaciones morales de su trabajo. Robert Oppenheimer, director del proyecto, defiende el progreso y la importancia de la investigación a cualquier coste. El joven Robert Wilson teme las consecuencias que los hallazgos del proyecto puedan tener. El tercer hombre en el debate, Edward Teller, se mantiene en un término medio.

Teller: La bomba atómica puede ser un modo de combate efectivo; pero los ataques sobre Japón no pueden ser justificados hasta que aclaremos las condiciones de la paz y les demos la oportunidad de rendirse.

La acción se desplaza al hogar de los Oppenheimer, donde el científico lee documentos mientras continúa dándole vueltas a las conversaciones mantenidas en el laboratorio. Su mujer, Kitty, charla con él, intentando que aparte sus pensamientos del trabajo.

El tiempo pasa hasta el 15 de julio, situando esta vez la escena en la base de Alamogordo. Ante la insistencia de las autoridades de Washington se ha programado una prueba de la bomba. Sin embargo, las condiciones meteorológicas son muy adversas: se ha desatado una potente tormenta eléctrica. Oppenheimer y el general Leslie Groves —jefe militar del proyecto— se reúnen con el responsable de los meteorólogos, Frank Hubbard.

Groves quiere que la prueba continúe a toda costa, pero el meteorólogo se opone, advirtiéndoles de los riesgos. Finalmente, el general amenaza con acusarle de insubordinación, ante lo que Hubbard se ve obligado a ceder. Ante la insistencia del militar, el meteorólogo establece una hora para la prueba: las 5:30 a.m.

Oppenheimer se mantiene un tanto apartado durante este tira y afloja, recitando únicamente unos versos del Bhagavad-gītā. Parece que el científico empieza a tomar conciencia de lo que se traen entre manos y las consecuencias que puede tener. Cada frase que canta Oppenheimer transmite su creciente conflicto interior.

Hubbard y Groves discutiendo.
Hubbard y Groves discutiendo.

Cuando el meteorólogo y Nolan —que había intentado advertir al general de los problemas morales que la bomba atómica supondría— se retiran, en medio del caos de la base y la rugiente tormenta surge una conversación espontánea entre el director científico y el jefe militar. Oppenheimer le comenta que los únicos estragos que el proyecto ha hecho en el general son “en su silueta”. Groves le explica que desde niño tuvo problemas de peso, y se queja de la dureza de las dietas que ha intentado seguir.

Cuando se queda solo, Oppenheimer cierra el acto con un monólogo que refleja su conflicto interno: el aria Batter my heart. El texto pertenece a los Sonetos sacros de Donne, mencionados previamente:

Apalea mi corazón, Dios de tres personas; porque hasta ahora sólo golpeas, respiras, golpeas, respiras, resplandeces, y tratas de enmendarme.

Batter My Heart con Gerald Finley en el papel de Oppenheimer. Representación en De Nederlandse Opera, Ámsterdam.

Acto II

Con la gran tormenta de fondo, Kitty Oppenheimer reflexiona, temerosa, sobre la guerra. Desde la distancia está pendiente del resultado de las pruebas en que su marido está envuelto. En medio de esta tensión, su empleada Pasqualita, una nativa americana, canta una nana a la hija de los Oppenheimer: “En el norte florece la flor de nube”.

Esta canción servirá como nexo entre los distintos personajes. Cada estrofa presenta una transición, a veces intercalándose con las voces del resto de protagonistas. Wilson y Hubbard comparten sus dudas. En otro lugar Groves reflexiona sobre cómo retrasar las pruebas supondría dar tiempo a Japón para reaccionar. El general vuelve a discutir con Oppenheimer y el meteorólogo, confirmando la prueba para la hora prevista.

Personal de la base pendiente de la explosión.
Personal de la base pendiente de la explosión.

A pocos minutos del lanzamiento se nos muestra a los científicos y militares apostando sobre cuál será el poder destructivo de la bomba. Oppenheimer, tratando de calmar su conciencia, afirma que la explosión será comparable a 300 toneladas de TNT. Teller apuesta inicialmente por una fuerza de 20 kilotones (equivalente a 20 000 toneladas de TNT). El general Groves muestra su perplejidad ante el hecho de que los propios científicos tengan opiniones tan dispares sobre el resultado del experimento. Viendo las dudas del militar, Teller sube su apuesta a 45 kilotones1.

La hora de la prueba sigue acercándose. Groves ordena vigilar a Oppenheimer a la vista de las dudas que han empezado a surgir en el científico. Pero no hay tiempo para preocuparse. Un cohete verde en el cielo indica que quedan solo cinco minutos para la prueba. Hubbard confirma que el cielo está despejado sobre la zona del impacto.

El tiempo se diluye según se aproxima el lanzamiento. El cohete de aviso de 2 minutos es disparado antes de tiempo, por lo que todos los personajes tienen que apresurarse con los preparativos para ver la explosión.

La ópera acaba con el estallido de la bomba. El éxito del proyecto. La condena de miles de vidas.


Para las grabaciones en video de la obra se añadió después de este final una voz de mujer en japonés diciendo: “Agua, por favor. Los niños quieren agua. Señor Tanimoto ayúdenos, por favor, no encuentro a mi marido”.

1 La fuerza de la explosión fue de 22 kilotones.


Referencias:

Earbox – John Adams. (s.f.). Doctor Atomic. Consultado el 23 de julio de 2020. https://www.earbox.com/doctor-atomic/

Kareol. (s.f.). Dr. Atómico – Libreto. Consultado el 23 de julio de 2020. http://www.kareol.es/obras/dratomic/acto1.htm

medici.tv. (s.f.). Ópera Doctor Atomic de Adams. Consultado el 24 de julio de 2020. https://www.medici.tv/es/operas/doctor-atomic-john-adams-peter-sellars/

Redacción y edición: S. Fuentes

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Fin de la cita

Bach y el flamenco

En el tablao se hace el silencio. Un foco solitario ilumina el escenario alumbrando a Juan Arroyo. Descendiente de una larga estirpe de músicos, el que un día fuera Juanito ahora es el patriarca. Esta noche es especial. Hoy comparte el escenario con tres de sus hijos: Carlos, Cristo y Juanito el Chico. Temerosos de Dios, los Arroyo son todo un linaje de cantaores. Aun así, estos artistas no hacen ascos a ningún instrumento. Eso sí, canten o toquen, todo lo hacen con mucho arte.

Estos podrían ser los Bach (Bach es arroyo en alemán) si hubieran nacido en otra época y lugar. Hoy toca hablar de algo parecido a esta suposición: Bach y el flamenco. Aunque solo hablaremos de una cita del compositor alemán, esta teorización a modo de prólogo puede que no sea tan descabellada. Ya contaba Lorca que:

La vieja bailarina gitana La Malena exclamó un día oyendo tocar a Brailowsky un fragmento de Bach: «¡Olé! ¡Eso tiene duende!», y estuvo aburrida con Gluck y con Brahms y con Darius Milhaud.

Paso For El del disco Jazzpaña II.

Volviendo a nuestra cita, el tema donde la encontramos es Paso For El, del disco Jazzpaña II. Este álbum es fruto de la colaboración entre grandes maestros del flamenco-jazz como Gerardo Núñez, Chano Domínguez o Jorge Pardo, compositor de esta pista. Al flautista —y, aunque no en esta ocasión, saxofonista— le acompañan Carles Benavent al bajo y Tino Di Geraldo a la batería.

Vamos a centrarnos solo en un fragmento de Johann Sebastian Bach, pero cabe mencionar que las citas musicales son algo muy habitual en Jorge Pardo. De hecho, es casi un entretenimiento localizar todas las referencias de cada tema y cada solo. Sin ir más lejos, Paso For El empieza con una pequeña melodía del estándar de jazz The Shadow of Your Smile en el bajo:

En el caso de Bach, la cita es más extensa. Toma un fragmento de la obertura de la Suite orquestal no. 2 (1738-1739) y lo adapta al lenguaje y el estilo del tema. Aunque el cambio pueda parecer radical, en realidad se basa principalmente en el fraseo y la articulación, pero consigue un gran efectismo:

Suite orquestal no. 2 en si menor, BWV 1067

Esta obra consta de siete movimientos: obertura, rondó, zarabanda, bourée (I y II), polonesa (con un inicio lento y una double, es decir, una segunda parte al doble de velocidad), minueto y badinerie.

Obertura de la Suite orquestal no.2 de Johann Sebastian Bach por la Freiburger Barockorchester.

Cuando hablamos de suite orquestal no debemos pensar en una orquesta moderna. La instrumentación de la obra consta de: flauta (solista), violín I y II, viola y bajo continuo (el bajo continuo no es un instrumento, es una voz ejecutada por uno o varios instrumentos de registro grave para sustentar armónicamente la obra).

Polonesa y Double de la Suite orquestal no.2 de Johann Sebastian Bach por la Freiburger Barockorchester.

Estilísticamente, la obra parece tener una influencia francesa muy marcada. El primer movimiento es una obertura francesa con una parte rápida —en la que aparece nuestra cita— al estilo de Lully. Además de incorporar tres danzas galas (rondó, bourée y minueto), la zarabanda, danza de origen español, aparece en una versión más calmada, algo típico en la corte francesa.

Badinerie de la Suite orquestal no.2 de Johann Sebastian Bach por la Freiburger Barockorchester.

Algo que destaca en esta suite es el virtuosismo de la flauta solista, que llega a su máximo esplendor en la badinerie final. Se cree que Bach pensó en el flautista Pierre-Gabriel Buffardin al escribir esta suite. Según Johann Joachim Quantz, alumno de este flautista francés, su maestro solo tocaba obras rápidas ya que destacaba en ellas.


Referencias:

Discogs. (s.f.). Gerado Núñez / Chano Domínguez – Jazzpaña II. Consultado el 16 de julio de 2020. https://bit.ly/3eMrrYu

García Lorca, F. (2018). Juego y teoría del duende.

Mangum, J. (s.f.). Suite orquestal No. 2 en si menor, BWV 1067. LA Phil. Consultado el 18 de julio de 2020. https://bit.ly/39cv6Ok

Netherlands Bach Society. (s.f.). Orchestral Suite No. 2 in B minor. Consultado el 18 de julio de 2020. https://www.bachvereniging.nl/en/bwv/bwv-1067/

Redacción y edición: S. Fuentes

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Notas al programa

La muerte y la doncella

Franz Schubert (1797-1828) podría considerarse el epítome del músico romántico. Una vida breve en la que las penurias económicas, decepciones amorosas —su orientación sexual es aún a día de hoy objeto de debate— e inmerecidos fracasos profesionales fueron algo habitual. Una prolífica obra en la que la muerte siempre estuvo presente.

Allegro del cuarteto La muerte y la doncella de Franz Schubert por el Emerson String Quartet.

Como 12º hijo de un maestro de escuela Schubert comenzó su educación musical en casa, donde recibió lecciones de piano de uno de sus hermanos y de violín por parte de su padre. Con tan solo siete años llamó la atención de Salieri, convirtiéndose en alumno del Seminario Imperial con una beca como niño cantor. Allí se familiarizó con la música de Mozart, Haydn y Beethoven, los compositores más importantes de la época.

Al ver las primeras composiciones de Schubert, Salieri decidió darle clases privadas de composición, lecciones que continuaron incluso cuando el niño abandonó el Seminario. En esta etapa, el joven ejerció como profesor en la escuela de su padre, una época especialmente dura para él, surgiendo —según se cree— algunos indicios de depresión y un trastorno ciclotímico.

Tras ser rechazado en la Sociedad de amigos de la música vienesa, en la que esperaba que se pudieran interpretar sus canciones (lieder), acabó convirtiéndose en profesor de música de la familia Esterházy en el verano de 1818. Esta familia de la nobleza húngara fue durante muchos años mecenas de Joseph Haydn.

Schubert encadenó una serie de fracasos en proyectos escénicos. Las editoriales no querían publicar sus obras, aunque poco a poco fueron estrenándose y conociéndose más. Finalmente, en 1821 la Sociedad de amigos de la música le aceptó como miembro. Sin embargo, la alegría es pasajera. En 1823 aparecieron los primeros síntomas de sífilis.

La Muerte y la Doncella

Es en esta época (1824) cuando Schubert escribe su Cuarteto de cuerda no. 14, conocido como La muerte y la doncella, una obra de una calidad exquisita que se ha convertido en un imprescindible del repertorio camerístico.

Andante con moto del cuarteto La muerte y la doncella de Franz Schubert por el Emerson String Quartet.

El sobrenombre de este cuarteto viene de su segundo movimiento, basado en un lied que el propio Schubert había compuesto en 1817. Esta canción plasma una breve conversación entre la muerte y una joven a punto de fallecer, usando como letra un poema de Matthias Claudius:

La Doncella:

 ¡Aléjate, ah, aléjate!

 ¡Vete, cruel muerte!

 Todavía soy joven; ¡vete, querida!

 Y no me toques.

La Muerte:

 Dame tu mano, hermosa y tierna criatura.

 Soy una amiga, y no vengo a castigarte.

 ¡Anímate! No soy cruel,

 Dormirás dulcemente en mis brazos.1

El lied caracteriza a los personajes de una manera muy distintiva. Mientras que la doncella muestra agitación mientras intenta escapar de su final —aunque finalmente se ralentiza el tempo, lo que puede interpretarse como un signo de resignación y aceptación—, la muerte tiene un ritmo más lento, inevitable. Pese al tono oscuro de la mayor parte de la canción, el final es luminoso, como si fuera un acto de liberación.

Lied La muerte y la doncella de Franz Schubert por Jessye Norman y Phillip Moll.

Esta no es la única composición relacionada con la muerte en la producción de Schubert o en la del poeta Claudius. Se puede observar una tendencia en las obras del compositor a adoptar esta visión de la muerte “acogedora” como algo esperado, un reposo final. Esta temática aparece en Verklärung (Transfiguración), Der Jungling und der Tod (El joven y la muerte) o As den Tod (Como la muerte) entre otros lieder.

El concepto de la muerte y la doncella no es algo que inventaran los románticos. Este tópico existe en pintura desde el siglo XVI y fue algo recurrente en la Alemania renacentista.

Pese a estrenarse en 1826, el cuarteto La muerte y la doncella no se publicaría hasta 1831, con Schubert fallecido. La última etapa de la vida del compositor se caracteriza por una frenética actividad compositiva y una gran madurez musical. En 1827 la muerte de Beethoven —a quien había conocido cinco años antes— le afecta enormemente. Su salud se deteriora a pasos agigantados. Finalmente fallece víctima de fiebre tifoidea en 1828.


Textos originales:

1(Das Mädchen) Vorüber! Ach, vorüber!/ Geh wilder Knochenmann!/ Ich bin noch jung, geh Lieber! / Und rühre mich nicht an.
(Der Tod) Gib deine Hand, Du schön und zart Gebild!/ Bin Freund, und komme nicht, zu strafen./ Sey gutes Muths! ich bin nicht wild,/ Sollst sanft in meinen Armen schlafen! (Traducción al español).


Referencias:

Brown, M. J. E. (2020, 27 de enero). Franz Schubert: Austrian composer. Encyclopædia Britannica. https://www.britannica.com/biography/Franz-Schubert

McClary, S. (1994). Constructions of Subjectivity in Schubert’s Music. En Brett, P., Wood, E. y Thomas, G. C. (ed.), Queering the Pitch: The New Gay and Lesbian Musicology. Routledge.

Pujalte, S. (2015, 16 de junio). La muerte en los lieder de Schubert. Codalario. https://bit.ly/3frHoVg

Redacción y edición: S. Fuentes

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Retratos sonoros

Condesa de Día, trobairitz de noche

Cuando pensamos en música medieval nos vienen a la cabeza trovadores y juglares, monjes y catedrales. Grandes hombres como Perotín, Machaut o Dufay que contribuyeron a escribir la historia de su tiempo. Esa misma historia que se ha empeñado en olvidar, ocultar o menospreciar a grandes mujeres como Castelloza, Leonor de Aquitania o Almucs de Castelnau.

Si hay un elemento transversal en la historia y la música medieval, este es el cristianismo. La fe era el principal motor de la sociedad. Y era cosa de hombres.

Sin embargo, la cristiandad tenía sus enemigos: cualquiera que no comulgara con la doctrina papal. Y esos paganos y herejes no estaban solo en Tierra Santa. Existieron guerras santas en territorio europeo, ya fuera contra cátaros, husitas o simplemente por intereses políticos, utilizando la religión como una mera excusa.

Beatriz de Día
La Condesa de Día.

Nos dirigimos a una de estas islas heréticas donde el catarismo no era perseguido: la Occitania de finales del siglo XII y principios del XIII. Como la aldea de Astérix, esta región francesa —por aquel entonces independiente— resistía la omnipotencia de la Iglesia, llegando a convertirse en el centro cultural de Europa. Una meca cultural en la que las mujeres podían heredar propiedades y gestionarlas en ausencia de sus cónyuges.

Es en este marco donde surgen las trobairitz, trovadoras y poetisas de la nobleza. Pese a tener constancia de más de 20, apenas se conservan sus poemas y obras. De hecho, solo se ha conservado intacta la música de una cansó: A chantar m’er de so qu’eu no volria de la Condesa de Día (1175-1225).

Beatriz de Día

No se sabe con exactitud quién fue esta condesa, aunque a menudo se usa el nombre de Beatriz de Día para referirse a ella. Esta es solo una de las tres identidades que se barajan. Esta ambigüedad se debe a que la única fuente sobre la mayoría de trobairitz y trovadores son las vidas y razós —breves biografías en prosa. Y en esta ocasión, la información que nos aportan se limita a:

La condesa de Día fue esposa de Guilhem de Peitieu, dama hermosa y buena. Y se enamoró de Raimbaut d’Aurenga, y compuso sobre él muchas canciones buenas

Se han conservado 117 versos y 4 composiciones (cansós, canciones de amor) de esta trobairitz, además de una tensó (pieza de diálogo o debate) de la que pudo ser coautora junto a su amante, Raimbaut d’Aurenga. Esta última obra es Amics, en gran cossirier. Uno de los argumentos que defienden esta coautoría es Fin loi me don’alegranssa, una de las cansós de la Condesa de Día que parece ser respuesta a la tensó.

A chantar m’er de so qu’eu non volria de Beatriz de Dia por Evelyn Tubb, Michael Fields y David Hatcher.

La cansó conservada intacta, A chantar m’er de so q’ieu no volria, trata de un amor no correspondido. Los versos transmiten un profundo dolor. Es un texto de una increíble fuerza y que muestra la enorme sensibilidad de la compositora y poetisa.

Si la anterior cansó encaja perfectamente en los cánones del amor cortés —invirtiendo los roles de género a los que se nos ha acostumbrado—, Estat ai en greu cossirier se aleja completamente de ellos. Este poema muestra a una condesa que, en un plano mucho más terrenal, habla de su relación con un amante y cómo desearía que ocupara el lugar de su marido:

Yacería mi caballero una noche

desnudo en mis brazos

y me encontraría en éxtasis

siendo su almohada

[…]

Sabed que con pasión albergo la esperanza

de que ocupéis el lugar de mi marido

tan pronto como me juréis

que cumpliréis todos mis deseos.1

Represión y demonización

La Iglesia no se contentó con reprimir las libertades de que gozaban estas trobairitz. Para evitar que otras mujeres pudieran verse tentadas a seguir su ejemplo, hicieron lo posible por borrarlas de la historia. Una de las herramientas de las que se valieron fue la masculinización de los poemas, por ejemplo, intercambiando los géneros de la rapsoda y el amante.

Un caso aún más hiriente es el de Na Maria, prètz e fina valors de Bieiris de Romans, donde, además de existir una autoría femenina, la poetisa dirige su amor a otra mujer. Y esta tergiversación del poema original no fue inmediatamente posterior a la época de las trobairitz, sino que data del siglo XVIII.

Na Maria, prètz e fina valors de Bieiris de Romans por Rossignol.

También las representaciones de estas mujeres cambiaron para ocultarlas de la historia. Si en su época se llegó a representar a la condesa sosteniendo un halcón como muestra de su poder, las ilustraciones posteriores se inclinan más por poses devotas o por posturas grotescas y vestidos levantados en actitudes sugerentes.

Por suerte, la figura de la Condesa de Día fue rescatada y reivindicada como símbolo de la autonomía lingüística (Languedoc) y política de Occitania. En 1888 se erigió un busto suyo en Die (nombre actual de Día) y en 1896 Clara d’Anduza recibió el mismo honor en su localidad.

Otras trobairitz

Alamanda de Castelnau
Almucs de Castelnau
Azalaís de Porcairagues
Bieiris de Romans
Castelloza
Clara d’Anduza
Garsenda de Sabran
Gertrudis de Hackeborn
Gertrudis Magna
Gormonda de Monpeslier

Guillelma de Rosers
Hadewijch de Amberes
Herrada de Landsberg
Hildegarda de Bingen
Iseut de Capio
Leonor de Aquitania
María de Francia
María de Ventadorn
Tibors de Sarenom


Textos originales:

1Would that my knight might one night / lie naked in my arms / and find myself in ecstasy /with me as his pillow; […] Know that with passion I cherish / the hope of you in my husband’s place, / as soon as you have sworn to me / that you will fulfill every wish. (Traducción del original al inglés)


Referencias:

Ganze, A. (January 01, 2009). «Na Maria, pretz e fina valors»: A New Argument for Female Authorship. Romance Notes, 49(1), 23-33.

Institut d’Estudis Catalans (Sin fecha). Corpus des Troubadors. Consultado el 3 de junio de 2020. https://trobadors.iec.cat/

Lorenzo Arribas, J. (2008). Beatriz de Dia, condesa, trovadora… y símbolo de independencia. Revista Medieval, (27), 80-89.

Redacción y edición: S. Fuentes

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Una noche en la ópera

Albéniz en la corte del Rey Arturo

Isaac Albéniz (1860-1909) es sin duda uno de los compositores españoles más conocidos de todos los tiempos. Desde Asturias (1892) hasta la suite Iberia (1906-1909), las obras del músico catalán han pasado a formar parte del imaginario colectivo. Lo que no es tan conocido es su trilogía de óperas en inglés de temática artúrica. Hoy acompañaremos a Albéniz en la corte del Rey Arturo.

Albéniz siempre tuvo un perfil eminentemente europeo. Si bien su música está plagada de andalucismos y regionalismos españoles, desde una temprana edad empezó a viajar por todo el continente (y algunas zonas de América, como Puerto Rico o Cuba). El compositor y pianista fue un niño prodigio, hasta el punto de superar las pruebas de acceso al Conservatorio de París con solo siete años, aunque no fue admitido por ser demasiado joven. La influencia nacionalista se debe principalmente a Felipe Pedrell, a quien conoció en 1883. Además de maestro de Albéniz, lo fue también de Falla, Turina y Granados y es considerado el padre ideológico del nacionalismo musical español.

Tras una serie de viajes a Francia e Inglaterra acaba trasladándose a Londres en 1890, donde es contratado como intérprete y compositor. Allí empieza a relacionarse con el mundo teatral y llama la atención del Barón Latymer, que compra el contrato de Albéniz y empieza a escribir libretos para que el músico español cree la música. De esta colaboración surgen las óperas (todas ellas en inglés) Henry Clifford (1895), Pepita Jiménez (1896) y una trilogía de temática artúrica: Merlín, Lancelot y Ginebra. De esta trilogía, Albéniz sólo llegaría a completar la primera ópera antes de su muerte.

Merlín empuñando a Excalibur.

Merlín

Pese a acabar Merlín en 1902, la ópera tuvo que esperar 100 años su estreno, en 2003. Esto fue posible gracias a la recuperación y reconstrucción de la partitura original por parte de José de Eusebio.

La ópera comienza con Merlín en el exterior de la iglesia de San Pablo, presumiendo ante una de sus esclavas sarracenas, Nivian, de sus planes para conseguir más oro y derrotar a Morgana. Empiezan a salir de la iglesia caballeros y nobles. Entonces, Merlín y el arzobispo de Canterbury anuncian que quien consiga sacar la espada Excalibur de la piedra será coronado rey. Gawain y Mordred lo intentan, pero ninguno lo consigue.

Cuando ya todo el mundo se ha marchado, pasan por allí Sir Héctor y sus hijos, Arturo y Kay, junto a Sir Pellinore. Arturo ha olvidado su espada para un torneo y, al ver una clavada en la piedra, se dirige a sacarla. Consigue extraerla sin problemas, entonces Merlín y Sir Héctor le cuentan que en realidad es hijo de la Reina Igraine y Uther Pendragon y, por tanto, el legítimo rey.

La coronación de Arturo.

Al iniciarse el segundo acto encontramos a Arturo en el castillo de Tintagel. Merlín le trae la noticia de que han derrotado a Morgana, pero cuando la conversación toca la relación de Arturo con Ginebra, el mago se muestra reacio a consentirla. Entran caballeros y nobles, llevando prisioneros a Morgana, Mordred y Sir Pellinore. La gente —entre ellos Merlín y Gawain— piden sus cabezas, pero Arturo muestra su magnanimidad perdonándoles.

Cuando están solos, Morgana le cuenta a su hijo Mordred que Ginebra será la perdición de Arturo. También le dice que el rey no podrá ser derrotado hasta que Merlín muera. Cuando Mordred se retira, aparece en escena Nivian, que pide ayuda a la hechicera para que la libere de Merlín. La esclava le cuenta cómo el mago les hace bailar a ella y a sus hermanas para robarles el oro a los gnomos. Para ayudarla, Morgana le pide que consiga la varita de Merlín.

Morgana y Mordred.

El tercer acto comienza con una ensoñación de Arturo, que está en un bosque pensando en Ginebra. Llega Merlín, que advierte al rey del peligro de la joven. Arturo, encolerizado, ordena al mago marcharse e ir a pedir la mano de Ginebra. Antes de marcharse, Merlín llama a Nivian, a quien pide que robe más oro de los gnomos mientras él urde un plan para evitar la boda del rey.

Una vez robado el oro, Nivian baila para Merlín y le pide su varita. El mago accede, diciéndole que no será capaz de usarla. Pero cuando la esclava se marcha, mientras se dirige a la cueva de los gnomos para continuar el saqueo, el mago menciona que se podría usar la varita para encerrarlo en la cueva. Morgana le escucha y se lo cuenta a la esclava, que encierra al mago y huye con sus hermanas.


El Merlín de Albéniz es muy distinto al de la mayoría de relatos. En vez del viejo mentor sabio y afable nos encontramos a un avaro saqueador que quiere controlar los hilos que mueven la política del reino. Por el contrario, aunque Morgana sigue siendo una conspiradora que solo quiere hacer caer a Arturo para sentar a su hijo en el trono, es quien libera a las esclavas. Podría considerarse el “mal menor”. La visión de Albéniz y el Barón Latymer del mito artúrico es muy interesante e innovadora, pero al no haber podido completar la trilogía, nunca sabremos cómo acababa esta versión.


Referencias:

Barulich, F. (2001). Albéniz, Isaac. Oxford: Oxford University Press.

Kareol. (s.f.). Merlín – Libreto. Consultado el 28 de junio de 2020. http://www.kareol.es/obras/merlin/acto1.htm

La Voz por Excelencia. (2020, 5 de mayo). Albéniz – Merlín . Youtube. https://www.youtube.com/watch?v=oUOQa-QoDRI

Redacción y edición: S. Fuentes