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Palomitas y partituras

El discurso de Beethoven

El mes de diciembre que acabamos de comenzar viene marcado por un evento muy especial. Una fecha en el calendario que no nos podemos perder: se cumplen 250 años del nacimiento de Ludwig van Beethoven (1770-1827). La música del genio alemán sigue tan viva como siempre, sin perder ni un ápice de su fuerza y energía. Uno de los mayores ejemplos de esta pervivencia es el segundo movimiento, Allegretto, de la Sinfonía no. 7.

Podemos encontrar este movimiento en un sinfín de películas y series de televisión. Uno de los ejemplos más recientes es la serie Watchmen (2019), basada en los cómics homónimos de Alan Moore y Dave Gibbons. Sin salir del mundo de los superhéroes, la sinfonía también aparece en X-Men: Apocalipsis (2016), donde truena solemne mientras el villano de la película provoca el lanzamiento de misiles nucleares que le ayudarán a completar su plan.

Allegretto de la Sinfonía no. 7 de Ludwig van Beethoven por la Filarmónica de Israel.

Pero estos son solo unos ejemplos. “La séptima” aparece en películas de todos los géneros y épocas. Podemos escucharla en Satanás (The Black Cat, 1934), en Lola (1961) o en Un toque de distinción (1973). La música normalmente se asocia a momentos de gran importancia, ya sea para un personaje o para toda la trama.

Entre los largometrajes que usan la sinfonía, probablemente el más galardonado sea El discurso del rey (2010). La cinta fue merecedora de los Óscar a mejor película, mejor dirección, mejor actor y mejor guion original. A estos premios se les sumaron varias nominaciones en otras categorías, entre las que se encontraban mejor banda sonora y mejor sonido. Este drama histórico, pese a su distancia cronológica con Beethoven, seguramente constituya el acercamiento más cercano a las condiciones en que la Sinfonía no. 7 se estrenó.

La sinfonía

En El discurso del rey Beethoven marca la entrada de Inglaterra en la Segunda Guerra Mundial. El rey Jorge VI se dirige a sus compatriotas para comunicarles la aciaga noticia envuelto en el solemne y majestuoso manto de la sinfonía. Este ambiente bélico refleja el vivido por el compositor durante las guerras napoleónicas.

El estreno de la sinfonía se produjo el 8 de diciembre de 1813 en Viena bajo la dirección del propio Beethoven. Se trataba de un concierto benéfico para los soldados heridos en la Batalla de Hanau. De hecho, el compositor se dirigió a los asistentes con un discurso que no debió distar mucho del de Jorge VI. Les agradeció su sacrificio y patriotismo en la lucha contra Napoleón (al que Beethoven había admirado tiempo atrás, llegando a dedicarle su Sinfonía no. 3).

Dedicatoria de la "Sinfonía no. 3" de Beethoven.
Dedicatoria de la «Sinfonía no. 3» de Beethoven, donde aparece tachado el nombre de Napoleón.

Podría decirse que la causa patriótica supuso todo un llamamiento a filas, pues en la orquesta se encontraban algunos de los mejores músicos de la época, como Hummel, Meyerbeer o Salieri. Una de estas “estrellas del rock”, el violinista Louis Spohr, contaba impresionado cómo Beethoven se entregó por completo a la tarea de dirigir:

En cuanto aparecía un sforzando movía sus brazos con vehemencia, cuando hasta entonces los había tenido cruzados sobre el pecho. En un piano se dobló sobre sí mismo, bajando según quisiera que sonara. Luego, cuando llegó un crescendo, se alzó más y más, hasta que en el forte saltó en el aire. Para aumentar el forte aún más, en ocasiones gritaba a la orquesta sin ser consciente de ello.

Parece ser que esta manera de dirigir no era algo inusual en el genio de Bonn. Quizás fuese una forma de buscar una expresividad exagerada como respuesta a su sordera. Sea como fuere, la energía y el movimiento interno de esta sinfonía es innegable. Richard Wagner llegó a calificar los aspectos rítmicos de la obra como la “apoteosis de la danza”.


Referencias:

NPR. (2006, 13 de junio). Beethoven’s Symphony No. 7 in A Major, Op. 92. https://n.pr/3kZg6aQ

Spohr, L. (2010). Autobiography. Cornell University Library Digital Collections.

Redacción y edición: S. Fuentes

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Notas al programa

Los campos de antracita de Wolfe

Julia Wolfe (1958) creció en Montgomeryville, una pequeña ciudad de Pensilvania. La compositora estadounidense cuenta cómo al mudarse allí disfrutaba de los bosques que rodeaban su casa. Un entorno fantástico que ofrecía numerosos escondrijos y entretenimientos para una niña. Y más allá del bosque había una carretera que llevaba hacia la autopista. Una autopista que se dirigía a Filadelfia, pero también hacia otro destino más hostil: la Región del Carbón.

Pese a no adentrarse a menudo en esa zona, la compositora conocía los nombres de muchas de sus ciudades. Había oído contar historias a su abuela, que había crecido en Scranton, también conocida como “Ciudad vapor”, “La ciudad eléctrica” o “La capital del carbón”.

Estos recuerdos de su infancia fueron los que le llevaron a mirar hacia la Región del Carbón de Pensilvania cuando el Club Mendelssohn de Filadelfia le encargó una obra para su coro y el conjunto “Bang on a Can All Stars”. Este grupo instrumental está vinculado a Bang on a Can, una organización fundada por Wolfe y los compositores David Lang (1957) y Michael Gordon (1956). Así surgió el oratorio Anthracite Fields (Campos de antracita).

La investigación para la obra llevó a la compositora a buscar distintas fuentes sobre la época de máxima actividad minera de la región. Habló con mineros retirados y con hijos de mineros. Buscó entrevistas, historias de transmisión oral y dichos, pero también descripciones geológicas, un índice de accidentes mineros y un anuncio de carbón. E incluso tomó fragmentos de un discurso de John L. Lewis, quien fuera presidente de los Obreros Mineros Unidos de América. A partir de estos textos construyó su personal homenaje a las personas que durante tantos años soportaron las duras condiciones de las minas.

Anthracite Fields

El primer movimiento de la obra es Foundation. El coro canta los nombres de los mineros que figuran en el índice de accidentes, que recoge los fallecimientos en las minas desde 1869 hasta 1916. El listado es tan largo que la compositora limitó los nombres a aquellos que fueran “John” y un apellido monosílabo. Tras recitar a los mineros por orden alfabético, el texto cambia y describe el subsuelo, descendiendo verticalmente desde la superficie. Este fragmento corresponde a descripciones geológicas de formaciones de carbón. Pero los nombres regresan, recordándonos los horrores de la mina. Esta vez son nombres de varias sílabas y de distintos orígenes —muchos mineros procedían de familias migrantes—, que se entremezclan creando un ambiente colorido.

La obra continúa con Breaker Boys. El título se refiere a niños que se dedicaban a separar las impurezas del carbón cuando llegaba a las plantas que lo procesaban. Tenían prohibido llevar guantes, por lo que acababan con numerosos cortes en los dedos, donde se mezclaban el rojo de la sangre y la negrura del carbón. La compositora utiliza las palabras de uno de estos niños, Anthony Slick, extraídas de la película documental America and Lewis Hine (1984).

El tercer movimiento es Speech, el extracto del discurso de John L. Lewis:

Si debemos triturar carne y huesos humanos en la maquinaria industrial a la que llamamos “la América moderna”, juro ante Dios que aquellos que consuman el carbón —y ustedes y yo mismo, que nos beneficiamos de su servicio porque vivimos cómodamente— debemos protección a esos hombres [los mineros]. Y les debemos seguridad a sus familias si ellos mueren.1

Tras el alegato del líder sindicalista llega Flowers. Este movimiento es un respiro en el tono grave de la obra. Está inspirado en una entrevista con una hija y nieta de mineros, que contaba cómo los miembros de las comunidades de la zona se ayudaban entre ellos. Para hacer sus vidas más llevaderas, todas las familias tenían jardines, para así aportar color a aquel mundo de negrura. El texto de este movimiento recita un listado de flores, tal y como la descendiente de mineros hiciera en una entrevista.

La obra finaliza con Appliances, un enlace entre lo nuevo y lo viejo. Aunque la minería de carbón haya decrecido en la actualidad (o se haya trasladado a países donde es más fácil vulnerar los derechos de los trabajadores e ignorar su seguridad), el consumo de carbón sigue presente en nuestros días. Wolfe utiliza el texto de un antiguo anuncio de carbón en el que una mujer predicaba las ventajas de la antracita respecto a otras variedades. Gracias a la antracita podía ir en tren de Nueva York a Búfalo “sin que su vestido perdiera una pizca de su blancura”. Algo que, sin duda, contrastaría con las caras tiznadas de quienes extrajeran la negra roca de las entrañas de la tierra.


Textos originales:

1 If we must grind up human flesh and bones in the industrial machine that we call modern America, then before God I assert that those who consume the coal and you and I who benefit from that service because we live in comfort, we owe protection to those men and we owe the security to their families if they die.


Referencias:

Wolfe, J. (Sin fecha). Anthracite Fields (2014). Consultado el 14 de noviembre de 2020. https://juliawolfemusic.com/music/anthracite-fields

Redacción y edición: S. Fuentes

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Retratos sonoros

Breilh-Decruck: una vida entre continentes

Fernande Breilh-Decruck (1896-1954) fue una de las compositoras más importantes de su época. Sin embargo, mucha de su música cayó poco a poco en el olvido. Este abandono quizás fuese la consecuencia de una vida a caballo entre dos continentes, o puede que del rechazo que encontró en su país natal tras la Segunda Guerra Mundial. Por suerte, actualmente sus obras se empiezan a recuperar y grabar.

La compositora francesa comenzó sus estudios de música en el Conservatorio de Toulouse. Allí empezó a despuntar y fue merecedora de premios en piano, teoría musical y armonía. Con unos conocimientos respaldados por este palmarés, en 1918 entró al Conservatorio de París, donde repitió sus hazañas. Consiguió premios en armonía, contrapunto, fuga y piano acompañante.

En 1923 se convirtió en profesora asistente de armonía. Entre sus alumnos se encontraron compositores de la talla de Olivier Messiaen. De hecho, siete de sus alumnos ganaron el Premio de Roma, posiblemente la máxima distinción académica de composición en Francia.

Cantilene de Fernande Breilh-Decruck por Mark Allen Jr. y Allison Wang.

Pero Fernande Breilh no limitó sus estudios a la composición y el piano. A finales de 1922 comenzó a estudiar órgano. Su maestría con el instrumento le llevó a conseguir una gira como organista por Estados Unidos en 1928. En su primer concierto en el continente americano la compositora improvisó una sinfonía en tres movimientos sobre temas propuestos por compositores locales. La hazaña fue tan impresionante que a partir de entonces hizo lo mismo en cada recital.

A principios de los años 30 empezó a escribir sus primeras obras para saxofón, instrumento en el que se estaba especializando su marido. Entró en contacto con la escuela francesa —liderada por Marcel Mule—, que por aquel momento estaba empezando a surgir. Durante su estancia en Nueva York hizo varios viajes a Francia. En uno de estos viajes compuso Chant lyrique, una obra para saxofón y piano, que se convirtió en la primera obra de una compositora en formar parte del repertorio de la Guardia Republicana. De hecho, durante muchos años fue una de las obras obligadas para las pruebas de acceso al cuerpo.

Sonata en do# de Fernande Breilh-Decruck, 1º movimiento: Très modéré por Mathieu Gaulin y Jacynthe Riverin.

En 1932 su marido tuvo un accidente en el que perdió la movilidad de una mano, por lo que su carrera como instrumentista se vio cortada de raíz. Él volvió a Francia, donde fundó una editorial, pero la compositora permaneció en Estados Unidos un año más. Cuando finalmente regresó a París comenzó una etapa en la que compuso mucha música para instrumentos de viento, incluido el cuarteto Pavane, dedicado al Cuarteto de la Guardia Republicana que había fundado Mule. Durante esta época la compositora escribía su música por las noches, aprovechando que sus hijos dormían y sin posibilidad de ayudarse del piano.

Breilh-Decruck se marchó con sus hijos a Toulouse. Allí daba recitales de órgano e impartía clases. En 1942 volvió a París con la intención de dedicarse en exclusiva a la composición. En esta fase de retorno a la gran ciudad estrenó muchas obras —a veces tocando ella misma los papeles de órgano y piano—, incluida su Sonata en do# para saxofón (o viola) y orquesta, dedicada a Marcel Mule.

Pero este éxito y reconocimiento en la capital francesa acabó con el fin de la Segunda Guerra Mundial. Muchos compositores volvían entonces del exilio y se empezaba a mirar con recelo a los músicos que habían seguido trabajando durante la ocupación nazi (aunque no tuvieran relación con los alemanes). Capeó este ambiente agitado pasando unos meses en Estados Unidos, aunque finalmente regresó a Francia.

Pieces Françaises de Fernande Breilh-Decruck, 2º movimiento: Vieux calvaire por Elisa Urrestarazu y Cornelia Lenzin.

Sin embargo, este retorno fue agridulce. La compositora se apartó de París, trasladándose a Fontainebleu. Allí residió con su hijo menor —se había divorciado en 1950, aunque el matrimonio llevaba mucho tiempo viviendo separado—, compaginando la actividad docente con la de organista en una iglesia. Pero las condiciones en el templo eran duras, y en 1952 la compositora enfermó a causa del frío. Las cosas se complicaron y acabó sufriendo un derrame cerebral que la dejó hemipléjica. Murió dos años después.


Referencias:

Fernande Breilh-Decruck (Sin fecha). Biography. Consultado el 7 de noviembre de 2020. https://fernandedecruck.com/biography/

Redacción y edición: S. Fuentes

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Notas al programa

Sonido 13: Preludio a Colón

El compositor, director, violinista e investigador mexicano Julián Carrillo (1875-1965) era el menor de 19 hijos. Las dificultades económicas hicieron que abandonara sus estudios generales, aunque continuó con su formación musical. Gracias a ayudas de su estado, San Luis Potosí, consiguió estudiar en el Conservatorio Nacional de Música, del que años más tarde acabaría siendo director. Pero su formación musical no se limitó a su país natal, ya que también consiguió una beca para estudiar en Leipzig.

Tras una primera etapa compositiva tradicional, Carrillo empezó a cuestionarse los fundamentos de la tonalidad. Durante su formación había ahondado en el estudio de la acústica y los elementos matemáticos del sonido, por lo que se planteó cambiar las particiones en que se dividía la escala. Así nació Sonido 13.

Sonido 13 es un método para utilizar la música microtonal. Es decir, la música cuyas divisiones son menores al semitono. Mientras que otros autores —como Ivan Wyschnegradsky— optaron por alterar las grafías habituales de las alteraciones para representar la microinterválica, Carrillo diseñó un sistema de notación totalmente nuevo. Consiste en representar las alturas de las notas mediante una línea con cifrado numérico debajo del pentagrama.

Balbuceos de Julián Carrillo.

Empezando desde 0, se divide la escala en un número concreto de alturas. Partiendo de la nota más grave, el índice se va incrementando en uno para cada nota inmediatamente superior. Por ejemplo, en el sistema diatónico tradicional —con 12 particiones—, la correspondencia de notas para una escala mayor sería [0, 2, 4, 5, 7, 9, 11, 12]. Para representar una música con cuartos de tono, esa misma escala pasaría a ser [0, 4, 8, 10, 14, 18, 22, 24]. Este sistema se parece a la adaptación de la teoría de conjuntos que se utiliza para analizar algunas obras contemporáneas.

Aunque pueda parecer confuso, Carrillo demostró la efectividad de su sistema. Para ello, proporcionó una transcripción de una partitura de Bach a dos estudiantes de primaria que no habían tenido ningún contacto previo con Sonido 13. Los niños pudieron leer la partitura en menos de una hora.

Julián Carrillo.
Julián Carrillo.

El compositor gozó de tanto éxito en su país que incluso su pueblo natal cambió de topónimo. El 1 de julio de 1932 Ahualulco pasó a llamarse Ahualulco del Sonido 13.

Preludio a Colón

El Preludio a Colón es considerado la primera obra microtonal de Carrillo. Fue compuesto en 1922, aunque tuvo que esperar a 1924 para ser estrenado. Esta puesta de largo se produjo en un concierto de música microtonal, donde debutó junto a otras cuatro obras de Carrillo (Preludio para violonchelo en cuartos y octavos de tono, Ave María para voces, diversos instrumentos y arpa, Plenilunio en Tepepan, para voces y arpa y Hoja de Álbum para diversos instrumentos en cuartos, octavos y diesiseisavos de tono).

Preludio a Colón de Julián Carrillo.

Cuando escribió el Preludio Carrillo aún no había desarrollado Sonido 13, por lo que originalmente utilizó una grafía más cercana a la microtonalidad habitual. En 1944, cuando la obra fue publicada por primera vez, el compositor ya la había adaptado a su sistema de notación. Una tercera edición fue creada tras la muerte de Carrillo. En ella se cambiaba la plantilla original (soprano por quintos de tono, flauta, guitarra y violín —los tres por octavos de tono—, guitarrón mexicano por octavos y arpa por dieciseisavos o arpacitera) por soprano, flauta, cuarteto de cuerda, arpacitera y, opcionalmente, guitarra por cuartos de tono.

Cabe destacar que, si bien la melodía del Preludio a Colón exhibe las posibilidades de la música microtonal, su armonía está fundamentada totalmente en la tradición musical occidental (diatónica). Este fenómeno es común a las obras de esta primera etapa experimental de Carrillo, y se debe a que es más sencillo integrar estos sonidos extraños en una línea melódica —donde pueden ser escuchados como adornos o toques de color— que en la “verticalidad”, donde chocarían fácilmente con otros sonidos.


Referencias:

Gibson, C. T. (Sin fecha). Julián Carrillo’s Sonido 13 in 1920s New York. La Habana Elegante. Consultado el 31 de octubre de 2020.

Perón Hernández, G. (2020). El Sonido 13 de Julián Carrillo: Controversias cubanas alrededor de una quimera. En Marín-López, J. (ed.), De Nueva España a México: El universo musical mexicano entre centenarios (1517-1917). Universidad Internacional de Andalucía.

Redacción y edición: S. Fuentes

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Una noche en la ópera

Du Yun y los ángeles caídos

El señor y la señora X.E. llevaban una vida tranquila, monótona y repetitiva atrapados por la cotidianidad. Hasta que encontraron unos ángeles en su jardín. Esta es la premisa de la que parte la ópera Angel’s Bone (2015) de la compositora china Du Yun (1977). La obra recibió el Premio Pullitzer de Música en el año 2017.

Tráiler de la ópera.

Las escenas iniciales pueden hacer pensar que la ópera tiene una temática religiosa, pero nada más alejado de la realidad. El libretista, Royce Vavrek, quería escribir sobre ángeles, así que el dúo creativo usó esta escenografía para plasmar el tema sobre el que Du quería hablar: la trata de personas.

Cuando se abre el telón observamos a los X.E. presos de su rutina. La señora conversa con la televisión, planteándose si sigue queriendo a su cónyuge. Ambos parecen desconectados de la realidad, confinados en sus respectivos abismos interiores, producto de una vida inmóvil a la que han dejado de encontrar sentido.

Todo cambia repentinamente cuando el señor X.E. entra a la casa anunciando que ha hallado algo en el jardín. Se dan cuenta de que ante ellos se encuentran dos ángeles: un chico y una chica. Están en un estado lamentable, heridos y aterrorizados. El hombre quiere ayudarles, pero rápidamente la señora X.E. busca unas tijeras para cortarles las alas y evitar que escapen. Aquí comienza la historia de esclavitud y explotación de estos dos seres celestiales.

Tras reflexionar, la señora X.E. llega a la conclusión de que los ángeles son una señal divina y la respuesta a sus problemas maritales y económicos. La mujer se alimenta de sus propias mentiras. Ella “nunca quiso ser legendaria”, pero el Cielo la ha escogido. Esta autoindulgencia no deja de escalar, acabando en una suerte de éxtasis cabaretero.

El estado de los ángeles no mejora. Pronto dejan de ser una bendición para convertirse en los esclavos del matrimonio. La pareja se da cuenta de que el poder celestial es un bien con el que pueden hacer negocios, resolver todos sus problemas. ¿Por qué conformarse con bendiciones cuando pueden tener dinero? Además de fraguar la esclavitud de los ángeles, los X.E. empiezan a abusar y a agredir sexualmente a sus cautivos. “Dirán que te aman con un suspiro y una sonrisa”.

Los clientes desfilan por la habitación de los ángeles. Cuando su jornada de atracción de feria termina empiezan los terrores nocturnos. Oímos la voz desgarrada de la chica mientras su compañero es agredido por la señora X.E. “Costras sobre nuestros ojos, nuestras costillas están rotas. Nuestros dientes mellados, nuestras alas despellejadas. Nuestras arterias vacías. Soy una herida abierta, chorreante.”

Pero lo cierto es que la explotación de los ángeles no cambia nada en la vida del matrimonio. Entre ellos todo sigue igual: frío, distante. Esta infelicidad despierta un sentimiento de culpa en el señor X.E., que urde un precario plan para liberar a sus cautivos. Mientras tanto, los espectadores descubrimos que la mujer se ha quedado embarazada, que “un pequeño querubín aletea en su interior”. El hombre convence a los ángeles para que escapen:

Tened piedad de vosotros mismos. Haced que vuestras alas crezcan y volad. […] Volad en la oscuridad de la noche, volad al Cielo. Cientos de plumas con las que construir un ramillete. Antes de que el monstruo durmiente necesite alimentarse. La codicia engendra codicia. Aquí está vuestra salvación. Las plumas son vuestra salvación. Restaurad vuestras alas y volad. Tened piedad de vosotros, tened piedad de mí. Que mis nuevas alas reluzcan.

La señora X.E. sorprende a las víctimas en su huida. Su reacción pasa por todo un abanico de emociones: desde intentar chantajear al ángel contándole que espera un hijo suyo hasta un falso arrepentimiento pidiendo su perdón.

No tardamos mucho en descubrir que la mujer no ha renunciado a su oscuridad. Delibera sobre cómo venderá su versión de la historia a cualquier medio sensacionalista. Contará cómo su marido, un hombre débil, le forzó a prostituir a aquellas criaturas inocentes. Llorará en los periódicos, en los programas matinales y en la radio. Su historia: un espectáculo televisivo.

La ópera se cierra con un programa de televisión en el que la señora X.E. lleva a cabo el plan que había ideado. Cuenta la versión —que quizás ella misma haya llegado a creer— en la que es una víctima más de toda esta terrible historia. Al fin y al cabo, ella “nunca pidió ser legendaria”.

La compositora Du Yun.
La compositora Du Yun.

Tras bambalinas

Du Yun y Royce Vavrek han creado una obra descarnada que consigue conectar con el espectador y convertirle en un cómplice silencioso de este horror. La compositora ha explicado que escogieron no incluir elementos explícitos ni lenguaje soez en escena porque hubieran fomentado el morbo. Con la sobriedad con que tratan el tema consiguen transmitir unas sensaciones desagradables que llevan a muchos espectadores a sentirse mal e, incluso, a girar la cabeza en determinados momentos de la representación. Porque la realidad es lo suficientemente brutal. A través de la ópera cada uno confronta su propia oscuridad.

El libreto resulta enormemente veraz y creíble. Llegamos a aceptar ciegamente la existencia de los ángeles. Nos trasladamos a esa habitación oscura donde intentan lamerse sus heridas antes de que se abran unas nuevas. El realismo del texto viene acompañado por una coherencia musical que pocas veces encontramos en el género operístico. La compositora ha explicado cómo, para ella, no tiene sentido que una víctima cante un aria como si nada hubiera ocurrido, como si las cosas le hubieran sucedido a otra persona. Por eso el uso de la electrónica, el Sprechstimme (voz hablada) o lo que Du denomina “voz punk” (en Brick J) encajan perfectamente en esta historia.


Referencias:

Burrows, V. (2018, 20 de agosto). Chinese-born Du Yun’s Pulitzer-winning fantasy opera on human trafficking comes to Hong Kong. South China Morning Post. https://bit.ly/2HBqSGt

Yun, D. y Vavrek, R. (2017). Angel’s Bone [álbum]. VIA Records.

Redacción y edición: S. Fuentes

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Retratos sonoros

Las ensaladas del chef Mateo Flecha

Puede que Mateo Flecha el Viejo (1481-1553) no fuera el mejor chef del Renacimiento, pero sus exitosas ensaladas han conseguido llegar hasta nuestros días. Por si quedaban dudas, hablamos de ensaladas musicales, un género que —al igual que su homónimo culinario— mezcla ingredientes de lo más diverso con un resultado delicioso.

Para estas ensaladas cambiaremos la lechuga y el tomate por distintos géneros, estilos, idiomas y texturas. Entre los elementos usados en esta cocina musical podemos encontrar madrigales, canciones populares, villancicos —no necesariamente con nuestra acepción navideña—, romances, danzas e incluso géneros litúrgicos. Las texturas no se quedan atrás: homofonía, contrapunto, distintos números de voces…

Con este batiburrillo de ingredientes las temáticas eran también bastante flexibles, yendo de lo sacro a lo profano y de lo serio a lo cómico. Y, por si no fuera suficientemente complicado entender de qué trataban estas obras, ni siquiera empleaban un único idioma, sino que recurrían al castellano, catalán, portugués, italiano o latín indistintamente (e incluso de forma simultánea). Para complicar las cosas un poco más —o simplificar, quién sabe— habitualmente se recurría al uso de onomatopeyas.

Dindirindín de la ensalada La bomba de Mateo Flecha el Viejo. Interpretado por el Euskal Barrokensemble.

Pese a lo confuso de estos galimatías, las ensaladas eran el último grito en las fiestas palaciegas del Renacimiento. Los cortesanos y cortesanas disfrutaban enormemente de este entretenimiento, probablemente porque convertía algo cotidiano en una música exótica.

Asuntos de familia

Aunque conocemos ensaladas de otros autores, Mateo Flecha el Viejo es el compositor del que más obras de este tipo conservamos. El músico tarraconense comenzó su carrera como cantante en la Catedral de Lleida, de la que llegó a ser maestro de capilla (director musical). Al servicio de Diego Hurtado de Mendoza, duque del Infantado, se trasladó a Guadalajara. Tras algunos vaivenes por la geografía española, el compositor acabó como maestro de capilla en Sigüenza y, finalmente, en Arévalo. Tras esta agitada vida se unió a la orden cisterciense, orden en la que permaneció hasta su muerte, pocos años después.

Ensalada El fuego de Mateo Flecha el Viejo por The King’s Singers.

Para conocer cómo perduró la obra de este compositor debemos avanzar un poco en su árbol genealógico, concretamente hasta su sobrino: Mateo Flecha el Joven (c.1530-1604). El pequeño de los Flecha estudió con su tío, aunque también amplió su formación con otros grandes maestros de la época, como Antonio de Cabezón. Si la carrera de su tío le había llevado a recorrer España, la de Mateo Flecha el Joven le llevaría por toda Europa. Su primer viaje fuera de la península fue a Roma, donde completó su formación religiosa y entró en contacto con los cambios musicales que se estaban creando tras el Concilio de Trento.

Las andanzas europeas no terminaron con la aventura romana, que acabó con Flecha preso por una deuda con un noble. El compositor había servido a las hijas de Carlos V antes de tomar los hábitos. Por eso, cuando la hija mayor, la infanta María, se casó con el emperador Maximiliano II decidió hacer a Flecha su capellán. En esta nueva etapa el compositor fue admitido en la capilla imperial de Viena.

El capítulo de “Españoles en el mundo” continúa, porque el hijo de Maximiliano II hizo a Flecha abad de la localidad húngara de Tihany. A esta nueva responsabilidad se le añadió la de contratar a cantantes para el coro de la capilla, tarea para la que el compositor regresaba a España. Quizás fueron estos viajes —que le permitieron retomar el contacto con sus raíces— los que dieron lugar a la publicación en Praga de Las ensaladas de Flecha (1581).

Comienzo de "Las ensaladas de Flecha".
Comienzo de «Las ensaladas de Flecha».

Esta colección estaba dividida en seis tomos, aunque actualmente solo se conservan cuatro de ellos. En ella Flecha explicaba cómo su tío había creado el género. Esto es mentira, pero es cierto que Mateo Flecha el Viejo perfeccionó y popularizó las ensaladas. La colección contenía 14 piezas: La trulla de Bartomeu Càrceres, El molino de F. Chacón, El bon jorn y La lucha de Pere Alberch Vila, La feria y Las cañas de Mateo Flecha el Joven y El fuego, El jubílate, La bomba, La guerra, La justa, La negrina, La viuda, Las cañas y Los chistes de Mateo Flecha el Viejo.


Referencias:

Biblioteca Nacional de España (2015, 6 de febrero). Mateo Flecha el Viejo (1481-1553). http://blog.bne.es/recursosmusica/2015/02/06/982/

Centre de Documentació de l’Orfeó Catalá (Sin fecha). Las Ensaladas de Mateo Fletxa. Consultado el 16 de octubre de 2020. https://www.cedoc.cat/es/las-ensaladas-de-mateo-fletxa_3536

Gómez, M. (Sin fecha). Ensalada (Sp.: ‘salad’). Grove Music Online. Consultado el 16 de octubre de 2020. https://doi.org/10.1093/gmo/9781561592630.article.08851

Redacción y edición: S. Fuentes

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Fin de la cita

Vivaldi y la orquestación del power metal

La producción musical de Antonio Vivaldi (1678-1741) fue descomunal. El que fuera conocido por el color de su pelo como “Il prette rosso”, el cura rojo, escribió una veintena de sinfonías, 50 óperas, un centenar de sonatas y abundante música sacra. Pero si algo destacó en la obra del compositor italiano, fueron los conciertos. Vivaldi compuso más de 500 conciertos, cuatro de los cuales conforman la que seguramente sea su música más conocida: Las cuatro estaciones.

Las cuatro estaciones es un grupo de cuatro conciertos para violín que Vivaldi compuso alrededor de 1721. Cada uno hace referencia a una estación (La primavera, El verano, El otoño y El invierno) y está vinculado a un soneto. Se desconoce qué se creó primero —la música o los poemas— e incluso la autoría de estos versos, aunque se cree que pudo ser el propio Vivaldi quien los escribiera.

El Verano de Antonio Vivaldi por la Netherlands Bach Society.

Sea como fuere, los sonetos se hallan presentes en las partituras del compositor italiano. Esta simbiosis llega al punto de asociar las estrofas de cada poema a los movimientos de los conciertos: los dos cuartetos para el primer movimiento y un terceto para cada movimiento restante.

Una epopeya wagneriana

Una de estas estaciones, El verano, es la obra citada de la que vamos a hablar hoy. Podemos encontrar referencias a este concierto en la música de la banda italiana Rhapsody (posteriormente renombrada a «Rhapsody of Fire»). Desde sus orígenes este grupo ha abogado por integrar elementos clásicos en la música moderna. Esta labor integradora estaba liderada —antes de la escisión de Rhapsody en distintas bandas— por dos de sus fundadores: Luca Turilli, hijo de un violonchelista, y Alex Staropoli, un pianista y orquestador que actualmente está involucrado en la composición de música para cine.

Rhapsody of Fire. Destacados Luca Turilli y Alex Staropoli.
Rhapsody of Fire. Destacados Luca Turilli y Alex Staropoli.

Este interés por la tradición musical se centra principalmente en la música medieval, el Clasicismo y el Barroco, periodo del que recuperan a un compatriota suyo: Vivaldi. Además de una influencia musical general, se pueden localizar fragmentos de El Verano en su tema The Dark Tower of Abyss.

Comparación de fragmentos de The Dark Tower of Abyss y El Verano.

Este tema pertenece al segundo disco del grupo italiano: Symphony of Enchanted Lands (1998). Se trata de un álbum conceptual, es decir, que tiene una cohesión narrativa en la que las distintas pistas van conformando una única historia. Pero Rhapsody no limita esa unidad temática a este disco, sino que crea una gran historia a lo largo de cinco CD en lo que se ha denominado la “saga de la Espada Esmeralda”.

Como si de un ciclo wagneriano se tratara, la saga cuenta el viaje de un héroe, el Guerrero de Hielo, en su búsqueda de la Espada Esmeralda que le permita vengarse del gran villano, el Señor Oscuro Akron. Tras derrotar a sus miedos y a un dragón —que pasa a ser su aliado y montura—, el protagonista encuentra una fortaleza en cuya más alta torre (la torre oscura del abismo, The Dark Tower of Abyss) se encuentra la codiciada espada. Aunque consigue hacerse con el arma, su viaje no ha hecho más que empezar, y deberá enfrentarse a enemigos y peligros aún más terribles.

En Symphony of Enchanted Lands destaca la amplia plantilla de músicos que colaboró con Rhapsody, entre los que encontramos violines, violas, violonchelo y contrabajo, pero también instrumentos propios de la música antigua como viola da gamba, traverso, oboe barroco y clave.

The Magic of the Wizard’s Dream de Rhapsody of Fire con la colaboración del actor sir Christopher Lee.

Un tratado de orquestación vivo

Ya en este segundo disco podemos apreciar cómo en Rhapsody tienen clara la forma de combinar elementos clásicos con instrumentos eléctricos. Las distintas iteraciones de este grupo han sentado las bases de lo que podríamos considerar las “reglas de orquestación del power metal italiano”. La plantilla instrumental se divide en dos grandes grupos: instrumentos analógicos y sus versiones sintetizadas (a los que, para generalizar, nos referiremos como “cuerda”) e instrumentos eléctricos. Los teclados tienen una función ambivalente, ya que pueden representar a cualquiera de los grupos según el timbre y la textura que utilicen.

Si la cuerda y los eléctricos están en el mismo plano sonoro, la cuerda dobla la melodía o tiene una textura homofónica, es decir, van “en bloque”. Si, por el contrario, los grupos se encuentran en planos diferentes, el comportamiento dependerá de quién predomina. Cuando son los eléctricos quienes destacan, la cuerda tendrá una función de fondo, de colchón sonoro, con intervenciones sutiles para remarcar o encuadrar el carácter de la música. Por otro lado, cuando la cuerda resalta, los instrumentos eléctricos desaparecen o se limitan a puntualizar elementos, casi como pequeños acentos en la melodía. Con esta alternancia se evita una sobrecarga de densidad en la música.

Excalibur, tema de una de las escisiones de Rhapsody.

Muchas veces los adornos ágiles —que resultarían relativamente sencillos en la cuerda— se delegan en los instrumentos eléctricos. Esto es únicamente posible debido al virtuosismo de Turilli y el resto de componentes de Rhapsody. Es frecuente el uso de melodías —a modo de himnos— en figuras largas como fondo sonoro, del mismo modo que Chaikovski empleó el himno zarista en la Obertura 1812. En esta música también se juega mucho con los cambios texturales y tímbricos para enriquecer las canciones, pero siempre manteniendo la tensión y la direccionalidad de la música.

Estas reglas han marcado el camino a seguir para otras bandas de power metal (y de otros subgéneros), tanto las que buscan un “ambiente sinfónico” parecido al de Rhapsody como las que optan por un sonido más duro. Entre estas bandas podemos enumerar a Ancient Bards, Kalidia, Furor Gallico o Walk in Darkness.


Referencias:

Encyclopaedia Metallum. (Sin fecha). Symphony of Enchanted Lands. Consultado el 6 de octubre de 2020. https://bit.ly/34Fu37m

Middleton, E. y Thomas, P. (Sin fecha). Unwrap Vivaldi’s Four Seasons – Summer and Winter. Auckland Philarmonia Orchestra.

Redacción y edición: S. Fuentes

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Notas al programa

Saariaho: Pétalos y nenúfares espectrales

Petals (1988) es una obra de la compositora finlandesa Kaija Saariaho (1952-2023) para violonchelo y, opcionalmente, electrónica. Fue estrenada en Bremen por Anssi Karttunen, compatriota de la autora y uno de sus colaboradores más recurrentes. La obra fue compuesta en pocos días gracias a lo que Saariaho denomina una “larga preparación inconsciente”. Con estas palabras hace referencia a una de sus obras anteriores, Nymphéa, “Jardin secret III” (1987), cuyo título podríamos traducir como “nenúfar”.

Petals de Kaija Saariaho por Imke Frank.

La idea de Petals surge de las tensiones finales de Nymphéa, una obra para cuarteto de cuerda y electrónica. Esta relación es la preparación inconsciente a la que se refiere Saariaho, y también la justificación del título, ya que Petals es, de algún modo, un pétalo del nenúfar. Ambas obras están inspiradas por las pinturas de nenúfares de Claude Monet. Para la compositora, la imagen de la planta acuática evoca simetría, pero también una lenta transformación de sí misma y respecto al agua que la rodea. Visualiza cómo la flor blanca se alimenta del fango del lecho acuático. Imagina la planta en distintas dimensiones: desde el plano que forman las grandes hojas con el agua hasta la flor en todo su esplendor.

Nymphéa parte de sonidos complejos de violonchelo que la compositora analizó a nivel espectral para configurar la armonía de la obra. En cuanto a los elementos melódicos y rítmicos, estos provienen de la conversión gradual de distintos motivos, para que así evoquen el paso del tiempo a través de las plantas como ya hiciera Monet con sus pinturas. Estos dos aspectos compositivos fueron posibles gracias a la composición asistida por ordenador, campo en el que Saariaho ha investigado y ahondado con distintas obras. De hecho, tanto Nymphéa como Petals pertenecen al periodo en que la compositora estudiaba en el IRCAM (Instituto para la Investigación y Coordinación de Acústica/Música), en París.

Nymphéa de Kaija Saariaho por el Cuarteto Adastra.

Música espectral

La música espectral es la que se basa en el estudio del espectro sonoro del sonido. Cada sonido está compuesto por ondas de distintas frecuencias e intensidades. La frecuencia que más destaque (fundamental) es lo que percibiremos como altura del sonido, y el resto (parciales) determinarán su timbre. Por tanto, analizando la composición de frecuencias (espectro) de un sonido se puede intentar simular su “color”. Este es el objetivo de Kaija Saariaho en estas y otras obras, imitar tímbricamente sonidos concretos. Para ello utiliza indicaciones muy estrictas sobre la técnica necesaria en cada momento de la obra: tipos de glissando, de vibrato, presión del arco, parte del instrumento donde se debe tocar… Además de estas especificaciones, la compositora se ayuda de la electrónica para transformar los sonidos del violonchelo o el cuarteto de cuerda en tiempo real y acercarlos más a las frecuencias que busca.

El origen del espectralismo se puede ubicar en la Francia de la segunda mitad del siglo XX. Un grupo de compositores, el Ensemble l’Itinéraire, comienza a experimentar con la estructura interna del sonido. Este campo de investigación no es algo completamente novedoso —compositores anteriores, como Olivier Messiaen, ya habían intentado imitar los sonidos del canto de los pájaros—, pero los avances en la computación permiten una aproximación más precisa al estudio de las frecuencias, dando un giro de tuerca al concepto que existía hasta entonces.

Análisis espectral de la misma secuencia de sonidos en tres instrumentos (digitales) distintos.
Análisis espectral de la misma secuencia de sonidos en tres instrumentos (digitales) distintos. Cuanto más oscura sea una línea (frecuencia), más la percibiremos.

Para conseguir sintetizar sonidos no se puede limitar el estudio al timbre que se quiera conseguir, sino que se deben analizar los sonidos disponibles para predecir cómo interactuarán entre ellos y qué resultará de su combinación. Entre los compositores más destacados de esta corriente podemos encontrar a Giacinto Scelsi, Tristan Murail, Gérard Grisey o a la propia Saariaho.


Referencias:

Guinane, D. (2018, agosto). Saariaho’s Petals. Edexcel.

Kaija Saariaho. (Sin fecha). Nymphéa. Consultado el 10 de octubre de 2020. https://saariaho.org/works/nymphea/

Kaija Saariaho. (Sin fecha). Petals. Consultado el 10 de octubre de 2020. https://saariaho.org/works/petals/

Redacción y edición: S. Fuentes

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Palomitas y partituras

V de Bebop: el Chaikovski cinéfilo

V de Vendetta (2005) es, sin duda, una de las películas de los últimos años que más repercusión ha tenido en la cultura popular. Según la web Rotten Tomatoes, es una de las cintas esenciales de la primera década del siglo XXI. Se trata de una adaptación cinematográfica de la novela gráfica homónima, V de Vendetta, de Alan Moore y David Lloyd. La película supone una americanización descafeinada de la obra original —donde el tema es la lucha entre anarquía y fascismo—, pero conserva, en cierta medida, la temática de oposición social a un estado totalitario.

Probablemente lo más emblemático de la banda sonora de esta película sea la Obertura 1812 de Piotr Ilich Chaikovski (1840-1893). Secciones de esta obra suenan por todo Londres a través de altavoces para deleite de personajes y espectadores. Con la música del compositor ruso como espectadora, la anarquía triunfa y los edificios gubernamentales estallan en enormes explosiones.

Una de las escenas de V de Vendetta en que se escucha la Obertura 1812.

V de Vendetta no ha sido la única película en recurrir a esta obra de Chaikovski. En El club de los poetas muertos (1989) el personaje de Robin Williams, el señor Keating, silba parte de la obertura. Otras cintas no la usan en su diégesis, pero también la emplean como parte de su banda sonora. Entre estas últimas encontramos títulos como Volar por los aires (1994), El parque Gorki (1983) o Bananas (1971).

Obertura 1812

¿Por qué este nombre? ¿Chaikovski había escrito 1811 oberturas antes? No, el número del título hace referencia al año 1812. Conmemora la victoria de Rusia sobre la Francia de Napoleón. Describe al detalle la campaña militar recurriendo a himnos religiosos y a los himnos nacionales de los países envueltos en el conflicto.

Obertura 1812 de Piotr Ilich Chaikovski por la Orquesta de Filadelfia.

La obertura comienza con el pueblo ruso rezando por la paz. Pese a sus oraciones, los franceses avanzan inexorablemente hacia ellos. La música va reflejando la tensión del conflicto, que cada vez es más cercano. Escuchamos los redobles del ejército galo y retazos de La Marsellesa. En la primera batalla entre las dos facciones —la batalla de Borodinó— los rusos son derrotados, replegándose hacia el interior de su país. El zar convoca a su pueblo para defender a la Madre Rusia, lo que Chaikovski plasma recurriendo a música tradicional que refleje el espíritu nacional.

Napoleón carga hacia Moscú, pero los rusos se le han adelantado y han abandonado la ciudad, quemando todo tras ellos. El invierno dificulta la marcha de los franceses, que tienen problemas para acceder a sus suministros. Y cuando finalmente llegan a su destino, la gran conquista que esperaban resulta ser una ciudad abandonada y en ruinas. Napoleón decide replegarse, pero los rusos hostigan a su ejército en esta retirada. Escuchamos cómo La Marsellesa y la música tradicional entablan una batalla en la orquesta, chocando e intercalándose continuamente.

Descubrimos el resultado de estas escaramuzas cuando las campanas tañen para celebrar la victoria rusa. Para hacer aún más majestuosa esta celebración, Chaikovski describe cómo los rusos recuperan la artillería francesa, que las tropas de Napoleón habían abandonado al quedar inutilizada por el hielo. El himno ruso —el himno zarista, no el actual— resuena entre cañonazos y campanas en uno de los mayores estruendos que han presenciado jamás las salas de concierto (se han llegado a hacer interpretaciones con cañones auténticos disparando).

Fragmento del capítulo 23 de la serie Cowboy Bebop, en el que se escucha el himno zarista ruso.

Volviendo al mundo audiovisual, el himno nacional ruso utilizado en la obertura, Dios salve al zar, aparece también en la serie de animación Cowboy Bebop. Este himno fue compuesto por Alekséi Lvov y se utilizó hasta la revolución de 1917. Un dato curioso es que Lvov no escribió este himno hasta 1815, por lo que desde un punto de vista histórico supondría un anacronismo en la invasión napoleónica. Pese a ello, consigue transmitir la identidad nacional tal y como Chaikovski pretendía, pues estaba vigente en el momento en que compuso la obra. La Obertura 1812 se estrenó en 1882 para celebrar la Exhibición de Arte e Industria que se celebraba en Moscú ese año.


Referencias:

Felsenfeld, D. (2006). Tchaikovsky: A listener’s guide. Pompton Plains: Amadeus Press.

McTeigue, T. (2005). V for Vendetta [película]. Warner Bros. Pictures.

Redacción y edición: S. Fuentes

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Una noche en la ópera

Caccini y Ruggiero en la corte de los Médici

Se puede considerar la boda entre Enrique IV de Francia y María de Médici el origen de la ópera. Este evento supuso también el debut de una cantante de tan solo trece años, Francesca Caccini (1587-posterior a 1640). La joven había estudiado hasta entonces con su padre, el compositor, cantante e instrumentista Giulio Caccini.

Cuatro años más tarde, en 1604, la familia Caccini viajó a Francia, donde el rey Enrique —el mismo de la boda— llegó a ofrecerle a la joven quedarse en corte. Sin embargo, aquella aventura francesa no cuajó y los Caccini volvieron a Italia, donde Francesca continuó formándose y ahondando sus lazos con la Camerata Fiorentina.

Además de continuar con sus actuaciones —primero con el grupo familiar, el Concerto Caccini, y posteriormente con otras formaciones—, la joven se adentró en el mundo de la composición. Las óperas de la compositora adquirieron un gran renombre, valiéndole un hueco en la corte de Florencia, bajo el poder de los Médici.

Madrigal de Giulio Caccini Amarilli, mia bella por Johanette Zomer (soprano) y Fred Jacobs (tiorba).

Fue precisamente la archiduquesa María Magdalena de Austria, consorte de Cosme II de Médici, quien le encargó una ópera en 1625 para celebrar la visita a Florencia del príncipe Vladislao de Polonia. La obra gozó de tal éxito que el príncipe hizo que se representara en Varsovia tres años más tarde, convirtiéndose en una de las primeras óperas en cruzar las fronteras italianas y ser interpretada en el extranjero. Esta composición es la única de las cinco óperas de Caccini que conservamos: La liberazione di Ruggiero.

Orlando furioso

El libreto de La liberazione di Ruggiero fue escrito por Ferdinando Sarancinelli a partir de un poema épico de Ludovico Ariosto, Orlando furioso (1532). El extenso poema —tiene varias decenas de miles de versos— mezcla mitología grecorromana, leyendas artúricas e incluso episodios históricos, como la campaña de Carlomagno contra al-Ándalus. De este batiburrillo nacieron distintas tramas operísticas, pues Caccini no fue la única atraída por esta historia. Georg Friedrich Händel llegó a componer tres obras distintas a partir de diferentes episodios del poema: Orlando (1733), Ariodante (1735) y Alcina (1735).

La última de estas tres óperas es la más cercana temáticamente a la obra de Caccini, cuyo título completo es La liberazione di Ruggiero dall’isola d’Alcina, “la liberación de Ruggiero (Rogelio en las traducciones del poema) de la isla de Alcina”. Para adentrarnos en su argumento es conveniente dar unas pinceladas del culebrón que ocurre previamente en Orlando furioso.

Ludovico Ariosto, autor del poema épico "Orlando Furioso".
Ludovico Ariosto, autor del poema épico «Orlando Furioso».

Orlando regresa de sus peripecias en Oriente —estas aventuras están recogidas en el poema épico Orlando enamorado (1486), de Matteo Maria Boiardo— custodiando a una princesa, Angélica. Se dirige al campamento de Carlomagno en los Pirineos, donde se están ultimando los preparativos para cargar contra los musulmanes. Cuando llega la batalla, los cristianos son derrotados y entre ellos reina una confusión que Angélica aprovecha para escapar. Tras perseguirla infructuosamente, Reinaldo regresa a París, donde Carlomagno está rearmándose y le encarga buscar refuerzos. La hermana de Reinaldo, Bradamante, marcha en busca de Rogelio, un caballero que sirve al Rey de África. Por exigencias del guion, la dama acaba cayendo a la tumba de Merlín, donde conoce a la hechicera Melisa. La hermana de Reinaldo consigue rescatar a Rogelio de un castillo inexpugnable gracias a un anillo que le permite hacerse invisible. Una vez libre, el caballero monta en un hipogrifo que no le obedece y le lleva a la isla de Alcina, una perversa maga.

La ópera comienza con un diálogo entre Neptuno y distintas deidades acuáticas, como el río Vístula. Tras este prólogo la escena se traslada a Melisa, que está llegando a lomos de un delfín a la isla de Alcina. Vemos cómo la maga tiene encandilado a Rogelio y comparten una conversación pastelosa al más puro estilo “cuelga tú”. Alcina le anuncia que se dispone a abandonar la isla, por lo que el caballero se quedará solo. Rogelio aprovecha esta libertad para conversar con un pastor y una sirena sobre lo bonito que es el amor. La sirena, posiblemente harta de aguantarle, le lanza un hechizo para que se duerma.

Diálogo entre la sirena y Rogelio.

Melisa —disfrazada del titán Atlas— encuentra a Rogelio bajo los efectos de este conjuro durmiente y decide despertarle. Le hace ver su vida más allá de Alcina para que el caballero se dé cuenta de que la maga le ha hechizado. El tórtolo recupera la conciencia y confronta a la que cinco minutos antes era su amada.

Las dos siguientes escenas son un tira y afloja entre Rogelio y Alcina mientras el mar empieza a arder. La maga aparece montada en un “monstruoso barco de huesos de ballena” mientras la acompaña un coro de monstruos. Cuando Alcina pierde la discusión, le salen alas al barco y huye volando.

Final de la segunda escena: intervenciones de Astolfo, Melisa y Alcina (“Huiré, huiré, dado que se puede resistir al destino implacable”).

La cuarta y última escena de la ópera es un baile que poco tiene que ver con la historia. Esta danza está pensada para la archiduquesa, el príncipe Vladislao y el resto de miembros de la corte fiorentina.


Referencias:

Allabastrina, La Pifarescha y Sartori, E. (2016). La liberazione di Ruggiero dall’isola di Alcina [álbum]. Glossa.

Carter, T., Hitchcock, H. W., Cusick, S. G., y Parisi, S. (2001). Caccini family. Oxford: Oxford University Press.

Schulich School of Music. (2019, 30 de marzo). Opera McGill: La liberazione di Ruggiero . Youtube. https://www.youtube.com/watch?v=WumIwtCOs28

Redacción y edición: S. Fuentes