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Retratos sonoros

Los Siete de Jrénnikov: Gubaidúlina

En 1979 se celebró el Sexto Congreso de la Unión de Compositores Soviéticos. En este evento, el líder de dicha institución, Tijon Jrénnikov, denunció a un grupo de compositores. En la Rusia soviética estas denuncias no eran nada nuevo. Ya en el Primer Congreso, celebrado en 1948, fueron denunciadas figuras como Prokófiev, Shostakóvich o Miaskovski.

El grupo denunciado en el Sexto Congreso recibió el sobrenombre de “Los Siete de Jrénnikov”. Fueron acusados de participar en festivales de música soviética en occidente sin autorización. El líder de la Unión calificó su música de “ruido sin sentido en vez de auténtica innovación musical”. Los Siete de Jrénnikov eran: Yelena Fírsova, Dimitri Smirnov, Alexander Knaifel, Viktor Suslin, Vyacheslav Artyomov, Edison Denísov y Sofiya Gubaidúlina.

A diferencia de la generación de Shostakóvich, que trató de encajar en el régimen pese a sus discrepancias, Los Siete de Jrénnikov mantuvieron sus ideas estéticas. Sufrieron restricciones a la hora de publicar e interpretar sus obras. Esta presión institucional llegó a tal punto que, en pocos años, la mayoría de Los Siete abandonó el país.

Offertorium de Sofiya Gubaidúlina por la Orquesta Evgeny Svetlanov (solista: Vadim Repin).

Sofiya Gubaidúlina

Las diferencias con el régimen de Sofiya Gubaidúlina (1931) comenzaron a surgir siendo muy pequeña. Cuando estudiaba en una escuela de música para niños, entró en contacto con conceptos de espiritualidad que veía reflejados en la música de maestros como Johann Sebastian Bach. Instintivamente mantuvo esta inquietud religiosa en secreto, una decisión que le evitó un gran número de problemas con las instituciones soviéticas, opuestas a la religión.

Se graduó de piano y composición en el Conservatorio de Kazán. En esta institución aparecieron de nuevo las desavenencias con las corrientes oficiales. La mayoría de música occidental contemporánea estaba prohibida, hasta el punto de realizar registros de los dormitorios en busca de partituras ilegales. Este férreo control no fue impedimento para Gubaidúlina y sus compañeros. La compositora comenta que, pese a las prohibiciones, conocían músicas de todo tipo: desde Charles Ives hasta John Cage.

La siguiente etapa formativa de Sofiya Gubaidúlina se produjo en el Conservatorio de Moscú. Aunque recibió una beca Stalin, su música era calificada de irresponsable, en parte por su experimentación con afinaciones alternativas. En este entorno hostil, la compositora agradeció el espaldarazo de Shostakóvich. El compositor, al evaluarla en su examen final, le animó a “continuar su camino, aunque otros lo calificaran de errado”.

Sonata para contrabajo y piano de Sofiya Gubaidúlina por Daniele Roccato (contrabajo) y Fabrizio Ottaviucci (piano).

Tras graduarse, la compositora tártara buscó formas de continuar el camino que Shostakóvich le había señalado. Compuso música para documentales, donde tenía una cierta libertad para añadir elementos de modernidad a sus obras. También creó un grupo de improvisación de música folclórica, Astreja, junto a los compositores Viktor Suslin y Vyacheslav Artyomov.

La música de Sofiya Gubaidúlina se caracteriza por aunar distintas corrientes: música electrónica y canciones populares, instrumentos tradicionales —como el bayán, un acordeón ruso— y usos innovadores de instrumentos de la tradición occidental. La religión (ortodoxia rusa) siempre está presente, conviviendo con elementos matemáticos como la serie de Fibonacci. Concretamente, la compositora ha recurrido a esta sucesión numérica desde principios de los 80 para asignar distintos parámetros estructurales en sus composiciones.

Poco después de la denuncia de Jrénnikov, Gubaidúlina ganó un gran renombre internacional gracias a su obra Offertorium (1980). Se trata de un concierto para violín basado en un tema de la Ofrenda musical de J. S. Bach. Federico II, rey de Prusia y alumno de Quantz, retó al compositor alemán a improvisar una fuga sobre un Thema Regium que él mismo había escrito. Bach salió airoso del desafío y más tarde incorporó ese tema a la Ofrenda musical. Este tema real es el que la compositora rusa tomó para su Offertorium.


Referencias:

Berry, M. (2009). The Importance of Bodily Gesture in Sofia Gubaidulina’s Music for Low Strings. Music Theory Online, 15(5).

Medić, I. (2012). Gubaidulina, misunderstood.Muzikologija, 2012(13), 101-123. https://doi.org/10.2298/muz120303014m

Redacción y edición: S. Fuentes

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Notas al programa

Berio: canciones del mundo

Luciano Berio (1925-2003) se crio entre órganos. Su padre y su abuelo eran organistas y con ellos el músico italiano se inició en el mundo del piano. Esta hogareña formación se vio truncada por la Segunda Guerra Mundial. El joven fue llamado a filas, pero no tuvo mucho recorrido militar: cuando estaba aprendiendo a disparar se hirió una mano. Este accidente hizo que Berio pasara la mayor parte de su servicio entre hospitales, pero también le obligó a abandonar sus aspiraciones como pianista.

Tras la guerra ingresó en el Conservatorio de Milán, donde centró toda su atención en el estudio de la composición. En esta etapa, a caballo entre la formación y el mundo laboral, trabajó como pianista acompañante en clases de canto. En estas clases conoció a la mezzo-soprano estadounidense Cathy Berberian, con quien se casó en 1950.

Sequenza V de Luciano Berio por Christian Lindberg. La obra está dedicada a Grock, «el último de los payasos».

Este matrimonio supuso el comienzo de una larga relación entre el compositor y el país americano. En 1952 viajó a Estados Unidos para estudiar con Luigi Dallapiccola en Tanglewood (Massachusetts). Gracias a este maestro Berio se interesó por el serialismo, que acabó por llevarle a la meca de la modernidad, a Darmstadt. En los Cursos de Verano de Darmstadt conoció a otros pioneros contemporáneos como Boulez, Stockhausen, Kagel o Ligeti. Fue en este entorno revolucionario donde entró en contacto con la música electrónica.

En 1955 —de vuelta en su Italia natal— creó el Studio di fonología musicale de la Radio de Milán junto a Bruno Maderna. Pero Estados Unidos llamó de nuevo a su puerta, esta vez personificado en Darius Milhaud, que le invitó a ser profesor del Mills College (California). De esta institución pasó a la prestigiosa Juilliard, donde tuvo entre sus alumnos a Steve Reich.

La ajetreada vida de Berio le llevó a cruzar el Atlántico una y otra vez. En el continente americano llegó a ser compositor residente de la Universidad de Harvard. En Europa permaneció cerca del entorno más vanguardista —con el IRCAM parisino como referencia—, pero no perdió de vista nunca su país. Con esta intención de acercar el mundo contemporáneo a Italia, en 1987 Berio creó en Florencia Tempo Reale, un centro de investigación de música electrónica.

3º movimiento de la Sinfonía de Luciano Berio por la Orquesta de la Academia de Santa Cecilia.

Folk Songs

Durante su estancia en el Mills College, la institución estadounidense encargó a Luciano Berio una obra. El compositor optó por crear un ciclo de canciones: Folk Songs (1964, Canciones populares) y dedicó esta composición a su cónyuge, Cathy Berberian. De hecho, hay quienes sospechan que Berio pudo querer salvar su matrimonio con esta obra. Si esto fuera cierto, el músico italiano fracaso, ya que la pareja se divorció el mismo año en que Folk Songs se estrenó. Incluso con estas desavenencias, ambos siguieron colaborando a nivel profesional durante el resto de sus vidas.

Pese a su nombre, no todas las canciones incluidas en el ciclo son de origen popular. Las dos primeras, Black is the Color y I Wonder as I Wander, fueron compuestas por el cantautor de música folk Jacob Niles. Black is the Color existía previamente, pero Niles escribió una nueva melodía para el texto porque la música original de la canción no acababa de gustarle a su padre.

Tras estas dos primeras canciones, Berio abandona el folclore (o falso folclore) estadounidense para viajar al Viejo Mundo. La primera parada de este tour euroasiático es Armenia, el país de origen de la familia de Berberian. De Armenia procede Loosin yelav, un canto que describe el alzamiento de la Luna en el cielo. A continuación, Berio se desplaza a Francia con Rossignolet du bois, la historia de un ruiseñor que da consejos a un enamorado. Tras esta canción llega A la femminisca, una canción siciliana de origen marinero.

Folk Songs de Luciano Berio por UMZE Ensemble y Anna Molnár.

Sin salir de Italia, Berio vuelve a trampear el concepto de canciones populares. Los siguientes números de Folk Songs, La Donna Ideale y Ballo, son composiciones de juventud del propio Luciano Berio. Ambas se construyen sobre viejos poemas italianos, algo que parece apuntar la importancia que tuvo posteriormente la relación entre texto y música en la obra del compositor italiano.

Tras estos polizones, Folk Songs recupera las auténticas melodías populares con Motettu de tristura, una canción sarda que trata, de nuevo, sobre un ruiseñor. Los dos números siguientes proceden de Chants d’Auvergne, una recopilación de canciones populares occitanas del musicólogo francés Joseph Canteloube. Se trata de Malurous qu’o uno fenno y Lo Fiolairé.

La última canción de la obra es Azerbaijan Love Song. Este curioso nombre esconde una historia igual de curiosa. Berio y Berberian encontraron este tema en un viejo vinilo maltrecho procedente de la República Socialista Soviética de Azerbaiyán. La mayoría de la letra estaba en el idioma local, el azerí. Ante el desconocimiento de la lengua, Cathy Berberian transcribió fonéticamente la letra.


Referencias:

Glass, H. (Sin fecha). Canciones populares (Luciano Berio). LA Phil. Consultado el 20 de febrero de 2021. https://es.laphil.com/musicdb/pieces/1803/folk-songs

Pardo Salgado, C. (Sin fecha). Luciano Berio: Folk Songs. La Quinta de Mahler. Consultado el 20 de febrero de 2021. http://laquintademahler.com/shop/detalle.aspx?id=52039

Redacción y edición: S. Fuentes

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Una noche en la ópera

Jacintos, León y Yemenyá

La compositora y directora cubana Tania León (1943) comenzó a estudiar música con tan solo 4 años. Su abuelo le regalo su primer piano un año después y el entusiasmo de la niña hizo el resto. Estudió en distintos centros de La Habana, concluyendo su primera etapa de formación musical en el Conservatorio Nacional de Cuba. Ante la falta de trabajo y por sugerencia de su familia, añadió a su currículum la contabilidad y administración de empresas, que cursó en la Universidad de La Habana.

Esta perspectiva poco halagüeña condujo a la joven a tomar una decisión: dejaría su país natal para continuar sus estudios musicales. Su intención era viajar a París, pero acabó emigrando a Estados Unidos en 1967. Allí consiguió una beca para estudiar en la Universidad de Nueva York, donde amplió de manera extensa su formación.

Lento doloroso de las Cuatro piezas para cello de Tania León por Natasha Farny.

León intentó compaginar sus estudios de composición con su faceta de intérprete, llegando a tocar como pianista con distintas orquestas del entorno neoyorquino. También se acercó al trombón y al fagot, pero sentía que el perfeccionamiento de la técnica como instrumentista era incompatible con el tiempo exigido por sus composiciones. Esta dicotomía irreconciliable hizo que se decidiera por abandonar su carrera como pianista. Pero León encontró una actividad que podía compatibilizar con la composición: la dirección.

En 1969 León fue invitada al proyecto de Arthur Mitchell, un bailarín que había decidido fundar su propia compañía de danza. Se convirtió así en la directora musical del Teatro de Danza de Harlem. Este puesto le permitía combinar su labor como compositora —escribió tres ballets para la compañía— con la de directora, ya que dirigía la orquesta del teatro.

El teatro harlemita fue el primero de muchos destinos para la compositora cubana. A lo largo de su trayectoria, León ha sido compositora residente en instituciones de todo el mundo: desde el Lincoln Center hasta la Musikschule de Hamburgo. Su carrera como directora no se queda atrás, ya que ha dirigido orquestas en ciudades como Roma, Johannesburgo o Leipzig.

Paisanos Semos! de Tania León por Jiji Kim.

Scourge of Hyacinths

La internacionalidad de la música de Tania León hizo que en 1994 la Bienal de Múnich le encargara una ópera. Fue así como nació Scourge of Hyacinths (Plaga de jacintos), una ópera en 12 escenas basada en una obra teatral del escritor nigeriano Wole Soyinka, ganador del Nobel de Literatura en 1986.

La obra cuenta la historia de un hombre que es acusado de un crimen que no cometió. Ante la injusticia y presa de la impotencia, el protagonista acaba con su vida. La acción no se limita a este personaje, sino a todos los contextos que rodean la tragedia. Uno de ellos —quizás el más importante— es el drama de la madre del hombre. Es, precisamente, esta figura de la madre la que convirtió esta obra en algo personal para Tania León.

La compositora cuenta cómo rápidamente trazó paralelismos entre esta historia —ambientada en Nigeria— y sus raíces cubanas. La población africana esclavizada llevó al Nuevo Mundo su cultura y su religión. Las creencias de los esclavos se mezclaron con las de los esclavistas, y así nació la santería, combinación de la religión de los yorubas y el catolicismo de los españoles.

Aria Oh, Yemanja de la ópera Scourge of Hyacinths de Tania León. Sequina DuBose (soprano), Andrew Welch (piano) y Pecos Singer (cello).

El nombre de la deidad a la que rezaba la madre del protagonista era Yemoya. León asoció rápidamente a esta diosa con la Virgen de Regla o Yemanyá, a quien su familia había rezado en numerosas ocasiones. Cuando estaba escribiendo Scourge of Hyacinths, Tania León aprovechó una visita de su propia madre para revivir recuerdos del pasado. Le preguntó por las melodías que cantaba cuando rezaba a la Virgen. La compositora se dio cuenta de que la canción consistía en un motivo que se repetía subiendo de altura gradualmente. Ese motivo sirvió para crear el aria en que la madre del protagonista pide a Yemanyá por su hijo, uno de los momentos más emotivos de toda la obra.


Referencias:

Career Girls. (2012, 12 de enero). Composer/Conductor: Scourge of Hyacinths Opera – Tania Leon Career Girls Role Model [vídeo]. Youtube. https://www.youtube.com/watch?v=XpQw_KtSiDA

Duran, A. (2002, 15 de marzo). Tania León y el Lenguaje Universal de la Música. Contacto Magazine. https://www.contactomagazine.com/tanialeon100.htm

León, T. y Soyinka, W. (1999). Scourge of hyacinths: An opera in twelve scenes: libretto. Peermusic Classical.

Redacción y edición: S. Fuentes

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Retratos sonoros

Las estaciones de Dong

Cuando tenía solo 15 años, uno de los profesores de Kui Dong (1966) le dijo que por su estatura nunca llegaría a ser una pianista o directora exitosa. La joven decidió reorientar sus estudios hacia la composición y se presentó a las pruebas para el Conservatorio Central de Música de Beijing. Debido a su corta edad no pudo ser aceptada, pero accedió a un programa de instituto asociado a la institución pekinesa. Allí estudió composición y teoría para, cuando llegó el momento, ingresar en el Conservatorio.

El programa de estudios del centro incluía formación en música occidental, pero también en música china, tanto tradicional como clásica. Durante los veranos proporcionaban a los alumnos de composición una pequeña dotación económica para recopilar canciones populares de aldeas remotas.

Invierno de Las estaciones Kui Dong, versión del disco Since When Has the Bright Moon Existed?.

Tras terminar su carrera de composición, Dong continuó estudiando un máster en el mismo centro. Durante esta etapa trabajó con el Ballet Nacional de China, para el que escribió —junto a Duo Huang— un ballet en tres actos. Esta obra permaneció en cartel durante dos años tras su estreno.

En 1991, una vez finalizada esta primera etapa formativa, Kui Dong emigró a Estados Unidos para realizar un doctorado en la Universidad Stanford. A nivel musical este traslado supuso todo un choque para la compositora. Hasta entonces sus referencias de modernidad eran autores como Stravinsky, Bartók y Prokofiev. De repente descubrió el aluvión de corrientes surgidas durante el siglo XX y todo un abanico de posibilidades se abrió ante ella.

Otoño de Las estaciones Kui Dong, versión del disco Since When Has the Bright Moon Existed?.

La asimilación de tantas novedades redujo drásticamente la actividad compositiva de Dong, pero poco a poco comenzó a experimentar con lo aprendido. Se interesó por la composición asistida por ordenador, como muestra su obra basada en algoritmos Flying Apples (1994). Pese a todas las innovaciones que iba añadiendo a su música, la compositora china siempre mantuvo como referencia el lenguaje musical que más familiar le era: la música clásica de su país natal (basada en heterofonía imitativa en vez de en el contrapunto occidental). Este “hogar musical” sumado a los estilos contemporáneos convirtió rápidamente su música en una fusión de tradición e innovación. De hecho, a menudo se basaba en canciones populares o incorporaba a sus obras instrumentos populares chinos.

El otro gran pilar en la música de Kui Dong —al menos desde un punto de vista filosófico— es la figura de György Ligeti. El primer encuentro con el compositor húngaro fue muy chocante. Ligeti le preguntó a Dong cuántos estudiantes habían muerto durante el movimiento estudiantil en China. La compositora le respondió “¿uno no sería ya suficiente?”. Tras este escabroso comienzo, la relación entre ambos mejoró notablemente. Encontraron paralelismos entre la ocupación soviética que vivió Ligeti de joven y la represión del movimiento estudiantil en China. Kiu Dong cuenta que un día le preguntó qué tipo de compositora quería ser. Ella respondió “una compositora china”, y su propia respuesta le hizo replantearse su identidad. A partir de entonces aumentó la influencia de la tradición china en su música.

Las estaciones

Una obra que transluce esta unión de oriente y occidente, de tradición y modernidad tan habitual en la música de Dong es Primavera, verano, otoño e invierno (también conocida como Las estacioens). La suite en cuatro movimientos está escrita para cuarteto de cuerda y cuatro instrumentos tradicionales: guzheng (cítara), dulcimer (salterio), sheng (órgano de boca) y percusión china. La obra es eminentemente minimalista, con una sonoridad —especialmente en el primer movimiento— que recuerda a la música de Steve Reich. Un ejemplo de este minimalismo es la estructura simétrica de los acordes.

Primavera de Las estaciones Kui Dong, versión del disco Since When Has the Bright Moon Existed?.

La obra es un homenaje particular de Dong hacia John Cage y Antonio Vivaldi. Ambos compositores escribieron música basada en las estaciones del año. En el caso de il Prette Rosso, referencia a su serie de conciertos para violín. Por su parte, el compositor estadunidense escribió la música para un ballet titulado, precisamente, Las estaciones. La obra llegó a Dong a través de su versión pianística.

Verano de Las estaciones Kui Dong, versión del disco Since When Has the Bright Moon Existed?.

Referencias:

Dartmouth College. (Sin fecha). Kui Dong, composer. Consultado el 6 de febrero de 2020. https://www.dartmouth.edu/~kui/index.html

Kui Dong. (Sin fecha). About Kui. Consultado el 6 de febrero de 2020. http://www.kuidong.net/about/

Redacción y edición: S. Fuentes

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Fin de la cita

Joaquín Rodrigo: de Aranjuez a Corea

Chick Corea (1941-2021) fue, sin duda, una de las personalidades más importantes en el mundo del jazz. En su dilatada carrera acumuló grabaciones con un amplísimo número de músicos de estilos muy diversos y de todos los confines del mundo. Estas colaboraciones están recogidas en alrededor de 200 discos. El pianista estadounidense firmó un amplio número de temas que rápidamente se han convertido en estándares, siempre sin perder su característico estilo abierto a la fusión con otras músicas y con una fuerte influencia latina.

Spain de Chick Corea, versión original de Light as a Feather por Chick Corea y Return to Forever.

Uno de estos estándares es Spain, el que quizás sea su tema más conocido. Existen infinidad de versiones de esta obra, que fue grabada por primera vez para el disco Light as a Feather en 1972. Las interpretaciones y reinterpretaciones de la obra son de lo más diverso: desde el flamenco de Paco de Lucía hasta la voz a capela de Bobby McFerrin. Muchas de ellas incluso han contado con la participación del propio compositor, como su dúo de pianos con la japonesa Hiromi Uehara.

Spain por Chick Corea y Hiromi Uehara.

La mayoría de versiones siguen el ejemplo de Light as a Feather y comienzan el tema con una introducción: el segundo movimiento del Concierto de Aranjuez de Joaquín Rodrigo (1901-1999). Es posible que Corea descubriera esta obra gracias a Miles Davis, con quien colaboró a finales de los años 60. Poco antes el trompetista había grabado su disco Sketches of Spain (1960), en el que se incluían versiones de la Canción del fuego fatuo de Manuel de Falla (El amor brujo) y del Concierto de Aranjuez.

Adagio del Concierto de Aranjuez de Joaquín Rodrigo por Miles Davis.

Concierto de Aranjuez

La historia de esta obra es cuanto menos curiosa. Joaquín Rodrigo contaba cómo el guitarrista Regino Sainz de la Maza le había propuesto la idea de escribirle un concierto en San Sebastián en 1938. El compositor valenciano aceptó gustoso tras unos vasos de vino. Rodrigo regresó a su residencia parisina y dos años después —tras el final de la Guerra Civil— volvió definitivamente a España con el manuscrito del Concierto de Aranjuez.

Esta simpática anécdota pudo ser el desencadenante que finalmente llevara a Rodrigo a escribir la obra, pero lo cierto es que la idea llevaba un tiempo rondándole. El compositor y su mujer, la pianista turca Victoria Kamhi, habían visitado Aranjuez en su viaje de novios en 1933. Los paisajes del Real Sitio impresionaron enormemente a Rodrigo y pueden percibirse en las notas de su concierto. Pero aún hay otro factor presente escondido entre los pentagramas: el dolor.

Concierto de Aranjuez de Joaquín Rodrigo por Pablo Sáinz Villegas y la philharmonie zuidnederland (Holanda).

Unos meses después de este viaje la pareja esperaba su primer hijo, pero el bebé nació muerto. Su madre estuvo a punto de correr la misma aciaga suerte, pero afortunadamente consiguió salvar la vida. Esta pérdida se puede respirar en el emotivo segundo movimiento (Adagio), en la sentida melodía que durante años ha impresionado e inspirado a músicos de todos los estilos.

La formación musical de Joaquín Rodrigo empezó cuando el compositor —ciego desde su infancia— tenía nueve años. En esta primera etapa aprendió solfeo, violín, piano y armonía. En 1927 se trasladó a París, donde estudió con Paul Dukas en la École Normale de Musique. Allí conoció a Victoria Kamhi y a compositores como Ravel, Milhaud, Honegger, Stravinsky o Falla.

La producción del compositor valenciano abarca obras vocales e instrumentales, orquestales y camerísticas, e incluso hizo algunas incursiones en la música escénica. Contribuyó al repertorio guitarrístico, algo que ayudó a dignificar el instrumento y terminar de integrarlo en el mundo clásico. Recibió numerosas distinciones, entre las que destacan el Premio Nacional de Música en 1983 y el Príncipe de Asturias en 1996. En 1991 fue nombrado marqués de los Jardines de Aranjuez.


Referencias:

Blue Note Records. (Sin fecha). Chick Corea. Consultado el 30 de enero de 2021.  http://www.bluenote.com/artist/chick-corea/

Joaquín Rodrigo. (Sin fecha). Concierto de Aranjuez. Consultado el 30 de enero de 2021. https://www.joaquin-rodrigo.com/index.php/es/concierto-de-aranjuez-2

Prieto, D. (2019, 13 de noviembre). La dramática historia personal que se esconde tras el ‘Concierto de Aranjuez’ de Joaquín Rodrigo. El Mundo. https://www.elmundo.es/loc/famosos/2019/11/13/5dcb064cfdddfff20f8b45e9.html

Redacción y edición: S. Fuentes

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Notas al programa

Hyde y el piano de títeres

Apenas habían transcurrido unos pocos años del siglo XX cuando Miriam Hyde (1913-2005) nació en Adelaida. La música no escaseaba en el hogar de la compositora australiana: su hermana tocaba el violín y cantaba, su tía —perteneciente a la South Australian Symphony Orchestra, la actual Orquesta Sinfónica de Adelaida— tocaba el violín, la viola y el arpa; y su madre tocaba el piano. Fue este instrumento en el que se inició Hyde. Gracias a las lecciones maternas la joven consiguió acceder al conservatorio de su ciudad, el Elder Conservatorium of Music.

Tras graduarse en dicho conservatorio, consiguió una beca para estudiar en Londres, en el Royal College of Music. Hyde esperaba poder estudiar con Ralph Vaughan Williams, pero esto no fue posible. Pese a esta primera decepción, la joven tuvo la suerte de trabajar con maestros (Reginald Owen Morris y Gordon Jacob) que rápidamente vieron su potencial y le animaron a ampliar sus horizontes. Fue así, alentada por Morris, como convirtió algunas de sus composiciones pianísticas en todo un concierto, el Concierto para piano no.1 (1933).

Hyde pudo estrenar su concierto con la Orquesta Filarmónica de Londres, ejerciendo ella misma como solista. Fue un rotundo éxito y pocos días después comenzó a trabajar en su Concierto para piano no.2. Durante su estancia londinense, la joven compositora y pianista estrenó varias obras con distintas orquestas. En 1936 regresó a Australia y acabó por trasladarse a Sidney, donde desarrolló la mayor parte de su carrera.

The fountain de Miriam Hyde, interpretada por la propia compositora.

Además de intérprete y compositora, Miriam Hyde fue poeta. Escribió cerca de 500 poemas, e incluso puso música a algunos de ellos. También trabajó con la Australian Music Examinations Board, una empresa encargada de emitir certificaciones de música. Fue nombrada oficial de la Orden del Imperio Británico y de la Orden de Australia. A día de hoy Hyde se encuentra entre los compositores australianos más respetados.

Un concierto inusual

El Concierto para piano no.1 de Hyde es una obra de grandes contrastes perfectamente maridados. En él cohabitan la juventud —lo compuso con tan solo 20 años— y algunos atisbos de madurez. La solidez de una compositora se une el virtuosismo y el conocimiento de su instrumento de una intérprete. Consta de tres movimientos: Allegro, Lento y Allegro scherzando.

Cuando se combinan una orquesta y un instrumento solista solemos encontrar un choque de fuerzas primordiales que unas veces pugnan entre ellas y otras caminan de la mano. En otras ocasiones el solista desempeña el papel de un cantante de ópera: un personaje que domina la escena, representada en la orquesta. Hyde huye de estos dos roles solistas en el comienzo de su primer movimiento. El conjunto de piano y orquesta es una especie de órgano: la solista tiene a su disposición tiradores para aportar, a su gusto, distintas sonoridades y colores a su música. La solista es una titiritera que maneja los hilos de la orquesta.

Primer movimiento, Allegro, del Concierto para piano no.1 de Miriam Hyde por la West Australian Symphony Orchestra.

El resultado de esta curiosa combinación es magistral: el piano —ya de por sí con una escritura virtuosística y un carácter tempestuoso— ejecuta un intrincado teatro de sombras sonoro en el que casi olvidamos que hay más instrumentos sobre el escenario. Tras este éxtasis inicial, las melodías se vuelven más amables y emotivas, migrando la energía inicial hacia unas relaciones solista-orquesta más tradicionales.

Segundo movimiento, Lento, del Concierto para piano no.1 de Miriam Hyde por la West Australian Symphony Orchestra.

Con el segundo movimiento llega un espacio de calma, un respiro tras el torbellino de energía del Allegro. Encontramos un movimiento más coral, en el que el piano comparte su protagonismo con otros solistas de la propia orquesta. El concierto se rodea de una atmósfera de gran lirismo con un cierto tinte sombrío. Hay pequeñas reminiscencias del ímpetu del primer movimiento que nos recuerdan cómo esta música puede volver en cualquier momento a su bravura inicial.

Y ese retorno llega.

Tercer movimiento, Allegro scherzando, del Concierto para piano no.1 de Miriam Hyde por la West Australian Symphony Orchestra.

El tercer movimiento recupera el espíritu ternario del Allegro en un aire de vals que combina la elegancia tempestuosa del primer movimiento con la tensión amable del segundo. Se alternan pasajes de subdivisión binaria con otros ternarios, creando una especie de polos que magnetizan la obra de un lado a otro. Estos extremos se entretejen con gran maestría. Se combinan una energía firme, casi marcial, con un fluir grácil y, en cierto modo, decadente. Y, finalmente, la solista lidera a la orquesta hacia un final grandilocuente y algo precipitado.


Referencias:

Australian Music Centre. (Sin fecha). Miriam Hyde (1913-2005) : Represented Artist. https://bit.ly/3pd3CiF

Burns, A. (2020, 23 de octubre). Miriam Hyde ‘Piano Concerto No.1’: Bold Piano. Classicalexburns. https://bit.ly/2KJRJ4M

The University of Adelaide. (Sin fecha). Miriam Hyde (1913-2005); Scores 1930-1988. https://bit.ly/366mLLM

Redacción y edición: S. Fuentes

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Palomitas y partituras

El resplandor de Wendy Carlos

El resplandor es una novela de terror de Stephen King publicada en 1977. La obra se convirtió rápidamente en un superventas. Cuenta la historia de un escritor, Jack Torrance, que consigue un trabajo para cuidar y mantener un hotel durante el invierno. Durante este tiempo tendrá que estar aislado en el edificio —que estará cerrado al público y sin personal—, por lo que se traslada hasta allí con su familia. El confinamiento invernal y ciertos fenómenos sobrenaturales forman la mezcla perfecta para crear una angustiosa historia.

La novela de King despertó la curiosidad de Stanley Kubrick. El cineasta quería acercarse al género de terror y decidió llevar El resplandor a la gran pantalla. Desde el principio existieron desavenencias entre el director y el escritor. King había preparado un guion para la cinta, pero Kubrick lo rechazó y escribió el suyo propio. Su justificación era que “no quería una historia de fantasmas”, e impuso su visión creativa sobre la del autor original.

La película se estrenó en 1980 y tuvo una recepción negativa (aunque con el tiempo se haya convertido en una obra de culto). Kubrick incluso fue nominado al Premio Razzie a peor director. King siempre ha criticado la adaptación, afirmando que el cineasta no había entendido las convenciones del género de terror. Kubrick había intentado crear una obra de terror que se extendiera más allá de la pantalla, como prueban las condiciones inhumanas a las que sometió durante el rodaje a Shelley Duvall, la actriz que interpretó el papel de Wendy Torrance.

Secuencia inicial de la película El resplandor, con música de Wendy Carlos.

King tuvo la oportunidad de desquitarse de la versión cinematográfica gracias a la miniserie televisiva El resplandor (1997). El autor escribió el guion y consiguió que se rodara en el Hotel Stanley de Colorado, el mismo que le inspiró originalmente para escribir la novela. Pero Kubrick no fue el único creador atraído por la terrorífica historia. En 2016 se estrenó la ópera El resplandor, con música de Paul Moravec y libreto de Mark Campbell.

Dies Irae

Volviendo a la cinta de Kubrick, en ella podemos encontrar una fuerte presencia de la música clásica, algo muy habitual en la producción del director estadounidense. El compositor con más presencia es Krzysztof Penderecki (El despertar de Jacob, Utrenja, De natura sonoris), aunque también aparecen Lontano de György Ligeti y la Música para cuerda, percusión y celesta de Béla Bartók. La película comienza con una música a caballo entre lo original y lo preexistente: una versión para sintetizador de la secuencia medieval Dies Irae hecha por la compositora Wendy Carlos.

De este modo, el himno medieval pasó a convertirse en el tema principal de la película (apareciendo también en su secuela de 2019 Doctor Sueño). El Dies Irae siempre ha sido una de las melodías más referenciadas a lo largo de la historia de la música. Podemos encontrarla en obras como la Danza macabra de Saint-Saëns o en la Sinfonía fantástica de Berlioz. Pero su magnetismo parece trascender los siglos, y sigue siendo ampliamente citada a día de hoy. Se puede escuchar (normalmente solo sus cuatro primeras notas, correspondientes a las palabras dies irae) en películas como Qué bello es vivir (1946), El rey león (1994), El séptimo sello (1957) o varias entregas de la saga Star Wars.

Ejemplos de citas de la secuencia Dies Irae en películas y series.

Wendy Carlos (1939) es toda una virtuosa del sintetizador. Poco tiempo después de terminar su formación en música y física entró en contacto con Robert Moog, creador del sintetizador Moog, con quien ha colaborado muy estrechamente. La tradición musical occidental tiene un gran peso en la producción de Carlos. Sus primeros discos adaptaban música barroca —especialmente de Bach— a su instrumento: Switched-On Bach (1968) y The Well-Tempered Synthesizer (El sintetizador bien temperado, 1969).

Pero el interés de Wendy Carlos fue más allá de simples versiones de Bach, Monteverdi, Händel o Scarlatti. A partir de su disco Beauty In The Beast (1986), la compositora comenzó a experimentar con la afinación de los sintetizadores. De este modo, consiguió distintos temperamentos (sistemas de afinación en los que las distancias entre notas no son constantes, a diferencia del sistema equitemperado que usamos de manera generalizada en la actualidad), tal y como se hacía en la época de Bach. En 1992 revisitó sus grabaciones de música barroca aplicando sus nuevos avances en sintetizadores temperados. Así nació Switched-On Bach 2000.

Preludio 2 de El sintetizador bien temperado de Wendy Carlos.

Desgraciadamente, la figura de Wendy Carlos se caracteriza por un ostracismo que se acentúa con el tiempo. Este aislamiento llega hasta el punto de negarse a conceder entrevistas para la biografía sobre su persona que se publicó en 2020 (y que Carlos ha calificado como ficción). Algo similar sucede con su música, que apenas se halla disponible en plataformas digitales y ha pasado a ser un bien de difícil acceso. Pese a ello, Wendy Carlos se ha convertido en una influencia para muchos músicos que exploran la electrónica, y podemos encontrar numerosas reinterpretaciones de obras del repertorio tradicional “al estilo de Carlos”.


Referencias:

Rosen, J. y Schockley, A. (2020, 24 de noviembre). Carlos, Wendy [Walter]. Grove Music Online. https://doi.org/10.1093/omo/9781561592630.013.90000328458

Sewell, A. (2020). Wendy Carlos: A biography. Oxford University Press.

Vox. (2019, 16 de septiembre). Why this creepy melody is in so many movies . Youtube. https://www.youtube.com/watch?v=-3-bVRYRnSM

Redacción y edición: S. Fuentes

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Retratos sonoros

Menéndez: historia del clarinete

El clarinetista bilbaíno Julián Menéndez nació en Santander en 1895. Cuando apenas tenía un par de meses su familia se trasladó a la capital de Vizcaya, donde el músico y sus hermanos se criaron. Desde una temprana edad demostró grandes dotes para la música. Con 12 años ingresó en la Banda Municipal de Bilbao, pero los estudios del joven acabaron por llevarle a Madrid.

En Madrid consiguió una plaza como clarinetista en la Banda Municipal. Rápidamente llegó a ser solista de la agrupación gracias, en parte, al respaldo de Miguel Yuste, otro ilustre clarinetista —y subdirector de la banda— que vio el enorme potencial del joven. Pese a alcanzar esta notoriedad tan pronto, Menéndez no se relajó y continuó desarrollando distintas facetas de su carrera profesional.

Estudio de concierto no.2 de Julián Menéndez por Enrique Pérez Piquer (clarinete) y Aníbal Bañados (piano).

Menéndez compuso obras para banda, orquesta y un amplio abanico de formaciones instrumentales. Incluso se atrevió con la zarzuela en La canción del corso, que gozó de una estupenda acogida en su época. Pero, sin lugar a dudas, el grueso de la composición del músico vasco se centró en su instrumento, el clarinete. Revisó, actualizó y amplió los métodos de Antonio Romero (quien, junto a Yuste y Menéndez, es considerado uno de los tres pilares de la Escuela Española del Clarinete) y escribió un gran número de estudios. Entre ellos figuran sus Seis estudios de concierto, que se convirtieron en obras de concurso en la Banda Municipal de Madrid.

Las composiciones de Menéndez continúan siendo una parte indispensable de la formación de los clarinetistas hoy en día, pero no gozan de gran difusión fuera de este instrumento. El verdadero legado de Julián Menéndez son sus arreglos. El clarinetista arregló para banda un inmenso número de obras orquestales. Muchos de sus arreglos que continúan en el repertorio de la ahora Banda Sinfónica Municipal de Madrid. Tal era su maestría en esta labor que incluso Igor Stravinsky —acérrimo detractor de los arreglos— elogió la transcripción para banda que el clarinetista hizo de La consagración de la primavera.

Estudio de concierto no.3 de Julián Menéndez por Enrique Pérez Piquer (clarinete) y Aníbal Bañados (piano).

Además de la interpretación, la composición y los arreglos, Menéndez se aventuró en más ámbitos musicales. En 1930 creó una sociedad de venta de partituras, instrumentos y discos junto a Manuel Garijo y Vicente Respaldiza (esa es la fecha del primer registro del que se tiene constancia, aunque los implicados sostenían que comenzaron en 1924). Tras unos años la sociedad se disolvió —aunque Menéndez ya había salido de ella previamente— y Garijo y Respaldiza fundaron sus propias tiendas de música.

Menéndez y el Régimen

Julián Menéndez colaboró con varias orquestas y agrupaciones como solista, aunque continuó trabajando en la Banda Municipal de Madrid hasta su jubilación en 1956. Sin embargo, su carrera estuvo a punto de truncarse tras el golpe de estado franquista. En su afán por destruir el legado de la República y asesinar a cualquier potencial disidente, el Régimen sometió a gran parte de los músicos de la Banda Municipal a “depuraciones”. En estos procesos estudiaban a las personas sobre las que tenían dudas y a sus familias.

Estudio de concierto no.1 de Julián Menéndez por Enrique Pérez Piquer (clarinete) y Aníbal Bañados (piano).

Menéndez y su hermano Severiano, trompetista en la Banda Municipal, fueron sometidos a estos procesos. El clarinetista se había adherido al sindicato UGT, por lo que las cosas no pintaban bien para él. Mediante una serie de escritos intentó, sin éxito, rebatir las acusaciones. Buscó testigos que le respaldaran —entre los que figuraba Respaldiza— pero solo uno de los cuatro que había citado se prestó a declarar. Pese a las circunstancias adversas, todo apuntaba a que el largo proceso no iba a tener consecuencias graves para el clarinetista. Cuando parecía que la situación iba a solucionarse, Menéndez fue denunciado por el trompista Álvaro Mont, que sostenía que Gabriel Garijo había oído al clarinetista hablar contra el Régimen. En 1942, cuatro años después de comenzar el proceso judicial, Garijo dio su versión de los hechos, confirmando la acusación a Menéndez.

Quinteto de viento: Álvaro Mont (verde) y Manuel Garijo (azul).
Quinteto de viento: Álvaro Mont (verde) y Manuel Garijo (azul).

Las alegaciones del clarinetista eran continuamente ignoradas, por lo que, desesperado, dejó de recurrir las acusaciones. Salieron en su auxilio 31 músicos de la Banda Municipal, que redactaron un escrito defendiendo la inocencia de su compañero y proclamándole “el mejor músico de Madrid”. El juez consideró que, pese a este documento, no había suficientes apoyos que atestiguaran la afinidad al Régimen de Menéndez.

Sin embargo, este apoyo de sus compañeros pareció calar de alguna manera en los jueces. En 1943 se emitió una resolución definitiva: el clarinetista demostraba ideas de izquierdas y se oponía al Régimen. Pese a este veredicto adverso, se desaconsejó retirarle de sus funciones como clarinetista por su valor como profesional. Severiano Menéndez no corrió la misma suerte. Fue encarcelado y, finalmente, retirado de la función pública (los músicos de la Banda Municipal son funcionarios). Murió poco tiempo después.


Referencias:

Fernández Garín, R. (2017). El clarinetista Julián Menéndez González (1895-1975) [tesis doctoral, Universidad de Oviedo]. Repositorio Institucional de la Universidad de Oviedo. http://hdl.handle.net/10651/44544

Redacción y edición: S. Fuentes

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Una noche en la ópera

El singspiel de la Duquesa

Durante el siglo XVIII la corte de Weimar se convirtió en uno de los principales enclaves culturales de Europa. En pocos años la capital del Ducado de Sajonia-Weimar-Eisenach adquirió un gran renombre y atrajo a literatos de la talla de Goethe o Schiller. Llegó a conocerse como “la corte de las musas”. Este auge comenzó tras la muerte del duque Ernesto Augusto II con tan solo 20 años, cuando su primogénito tenía apenas 9 meses y su hijo menor no había nacido aún.

La regencia fue ocupada por Anna Amalia von Braunschweig-Wolfenbüttel (1739-1807), la viuda del duque. El abuelo materno de la noble fue el rey Federico Guillermo I de Prusia, por lo que a menudo fue tratada como una princesa, aunque ese título solo recaía sobre su madre. La cultura de la noble era enorme, ya que todos los hijos del duque de Braunschweig-Wolfenbüttel recibieron la misma educación, independientemente de su género: latín, alemán, inglés, francés, historia, geografía y teología. El duque seguía los principios de la Ilustración y promovía la cultura y la educación en sus dominios.

Durante su regencia la duquesa siguió los preceptos en que se había educado. Su gobierno se caracterizó por la aplicación —o, al menos, el intento de aplicar, ya que los consejeros se oponían a muchas de sus decisiones— de medidas de carácter social y cultural. Creó una escuela pública y trasladó la biblioteca del palacio ducal a un edificio que actuara exclusivamente como biblioteca, el Palacio Verde. Esta decisión evitó que el fondo literario se perdiera, ya que el palacio ducal quedó destruido por un incendio en 1774.

Auf dem Land und in der Stadt de Anna Amalia von Braunschweig-Wolfenbüttel por Hannah Kolarik y Tim Foster.

Intentó crear un paritorio y dar formación a las matronas con el fin de reducir la elevada mortalidad infantil. Esta medida requería unos fondos adicionales, haciendo necesaria la creación de un nuevo impuesto. La oposición ciudadana fue enorme, con numerosos disturbios por toda Weimar. Ante esta hostilidad la medida no pudo salir adelante.

La regencia de la duquesa Anna Amalia acabó en 1775. A partir de entonces la noble pudo centrarse en su faceta de mecenas y artista, libre de sus obligaciones como gobernante. Estas fechas coinciden con la llegada de Goethe a «la corte de las musas». Poco antes el literato había escrito Erwin y Elmira, una “obra teatral con canto” (Shauspiel mit Gesang). La duquesa aprovechó su nueva libertad para musicalizar la obra.

Erwin y Elmira

Erwin y Elmira es un singspiel (el equivalente alemán a la zarzuela o el musical: una obra que combina secciones teatrales con otras cantadas o instrumentales, a diferencia de la ópera en que toda la obra tiene música) en dos actos. La duquesa no fue la única compositora que se vio atraída por la obra de Goethe. Otros autores que pusieron música a este texto fueron Johann André, Carl David Stegmann, Ernst Wilhelm Wolf, Karl Christian Agthe o Johann Friedrich Reichardt.

Obertura de Erwin y Elmira de Anna Amalia Braunschweig-Wolfenbüttel por la Academy of Ancient Music.

Erwin y Elmira no era una obra original de Goethe. El escritor alemán la había adaptado de un texto de Oliver Goldsmith, la balada de Angélica y Edwin, que se había vuelto enormemente popular desde su publicación en 1764.

La versión de la duquesa demostró sus amplios conocimientos musicales. Tomó elementos de las canciones populares, la ópera seria y la ópera bufa y los combinó con gran maestría. La música se encuentra completamente adaptada al texto, siendo una de las primeras obras en alemán en alcanzar este grado de unidad.

Entreacto de Erwin y Elmira de Anna Amalia Braunschweig-Wolfenbüttel por la Thüringisches Kammerorchester Weimar.

El argumento de Erwin y Elmira es sencillo. Tras un comienzo donde aparece Olimpia, la madre de Elmira, su hija entra en escena completamente desconsolada. Olimpia intenta animarla sin éxito. Cuando la muchacha se queda sola cuenta al público la causa de su pena: se reprocha haber sido fría con Erwin, un pretendiente de baja cuna. Elmira ama a Erwin, pero tras tratarlo con indiferencia su amado ha desaparecido. El mentor de la joven, Bernardo, escucha sus llantos y la convence para que vaya a visitar a un ermitaño que vive en un valle aislado.

En el segundo acto Bernardo visita a Erwin, que está escondido en una cabaña. Le cuenta que Elmira le visitará pronto, aunque no conocerá su verdadera identidad. Disfraza al muchacho de ermitaño para que la joven no pueda identificarle. Cuando Elmira llega confiesa arrepentida haber despreciado a su amado por su clase social inferior. Ante la sinceridad de la confesión Erwin le revela su identidad.


Referencias:

Abert, A. A. (2001). Anna Amalia [Amalie] (ii), Duchess of Saxe-Weimar. Grove Music Online. https://doi.org/10.1093/gmo/9781561592630.article.00961

Redacción y edición: S. Fuentes

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Notas al programa

La fantasía de Williams

Dacw Mam yn Dwad (Aquí viene mamá) es una canción infantil galesa. También es conocida como Jim Cro, el nombre de un juego de cartas popular entre los mineros de la región que se menciona en la letra. Esta pequeña tonadilla es la primera de las ocho que aparecen en la Fantasía sobre canciones infantiles galesas de Grace Williams (1906-1977).

La siguiente canción de la Fantasía es Deryn y Bwn. Cuenta las aventuras de un pájaro sobre el que caen un montón de manzanas. El ave decide ir al mercado a venderlas, consiguiendo así unos cuantos peniques. Esta canción enlaza con Migildi, Magildi, cuyo título imita el repiqueteo del martillo contra el yunque.

Canción galesa Migildi, Magildi (letra traducida al inglés) por The King’s Singers.

Después llega el turno de las nanas: Si Hei Lwli ‘Mabi, una canción marinera; Ji, Geffyl Bach, que trata sobre un caballo; y Cysga di fy Mhlentyn Tlws, una especie de “duérmete niño”. Todas estas canciones de cuna muestran grandes diferencias entre sí, especialmente a nivel narrativo, mostrando la diversidad de la tradición galesa.

Canción galesa Cysga di fy Mhlentyn Tlws por Cowbois Rhos Botwnnog.

Tras recorrer estas soñolientas melodías, la Fantasía comienza a animarse de nuevo con Ble Rwyt Ti’n Myned? (también conocida como Yr eneth ffein ddu). Se trata de una canción amorosa de gran sencillez que nos aleja rápidamente de las cunas previas. La última tonada que encontramos es Cadi Ha, una melodía tontorrona que nos prepara para volver a Jim Cro y afrontar el final de la Fantasía.

Canción galesa Ble Rwyt Ti’n Myned? por Pererin.

La obra fue compuesta por Williams en 1940. Es una de sus obras más famosas, aunque es muy distinta al resto de su producción. La compositora hablaba de cómo su niñez y adolescencia en su Gales natal habían sentado unas fuertes bases para esta y otras obras tempranas, aunque la Fantasía fue la única que perduró. Grace Williams ya había estado un tiempo planteando la obra, ya que en los registros de Benjamin Britten se ha encontrado una reunión con la compositora en 1938 para discutir “sus nuevas variaciones galesas”.

Entre las principales influencias —o, para ser más exactos, precedentes— podemos encontrar la Fantasía sobre canciones marineras británicas de Henry Wood o las fantasías sobre temas populares de Ralph Vaughan Williams. La compositora recordaba su propia obra con gran cariño, aunque reconocía temer que su éxito limitara el interés del público por sus otras composiciones, que tenían un carácter más serio, muy distinto al de la Fantasía.

Fantasía sobre canciones infantiles galesas de Grace Williams por la BBC National Orchestra of Wales.

Williams consiguió orquestar la obra de modo que hay un gran equilibrio entre la majestuosidad de la orquesta y la inocencia de las canciones. Añadió a la plantilla habitual un arpa, para aportar un cierto sabor galés, y un glockenspiel, que con su sonido delicado y juguetón ayuda a despertar recuerdos de la niñez. Los enlaces entre los distintos números son sutiles, encajando unos con otros a la perfección.

Grace Williams

La compositora galesa Grace Williams aprendió a tocar el violín y el piano de niña. Su padre era músico y profesor y tocaba tríos junto a Grace y su hermano. Además de recibir esta educación en casa, la joven ya demostró un gran interés por la composición en la escuela del condado. En 1923 ganó la beca Morfydd Owen para estudiar en la Universidad de Cardiff. Su siguiente destino educativo fue el Royal College of Music de Londres. Allí estudió con Gordon Jacob y Vaughan Williams. Completó sus estudios con Egon Wellesz en Viena, tras ganar en 1930 una beca para estudiar en el extranjero.

Poco tiempo después la compositora comenzó a dar clases. El estallido de la Segunda Guerra Mundial obligó a estudiantes y profesores a trasladarse a Grantham, donde desarrolló una importante actividad compositiva. A esta etapa pertenecen la Fantasía sobre canciones infantiles galesas, la Sinfonía no.1 y la Sinfonía concertante.

Sinfonía no.2 de Grace Williams por la BBC Welsh Symphony Orchestra.

Tras el final de la guerra, la música de Williams experimentó una gran evolución, alcanzando su época de madurez. La compositora decidió trasladarse a su ciudad natal, cerca de Cardiff, donde vivió a partir de entonces, alejada del bullicio londinense. Su producción abarcó obras instrumentales y vocales, e incluso escribió música para cine. Sus sinfonías figuran entre las más importantes escritas por compositores británicos.


Referencias:

Blevins, P. (Sin fecha). Biography. Grace Mary Williams. Consultado el 26 de diciembre de 2020. https://bit.ly/34K3wa7

Redacción y edición: S. Fuentes