Categorías
Retratos sonoros

El 27, los Ocho y García Ascot

Es impensable intentar comprender la cultura española del siglo XX sin hablar de la Generación del 27. El grupo intentó llevar el progreso a distintos ámbitos artísticos, consiguiendo grandes avances en la modernización y divulgación de la cultura. Sin embargo, este inmenso potencial se vio truncado por la Guerra Civil y la victoria del ejército golpista. Las alternativas para la mayoría de miembros fueron la muerte, el exilio o renunciar a sus ideas, víctimas de la censura del régimen y la que se autoimponían para seguir sobreviviendo.

En el ámbito musical, la Generación del 27 tuvo dos núcleos principales, situados en Madrid y Barcelona. El núcleo de Madrid correspondía al denominado Grupo de los Ocho, un conjunto de compositores muy vinculado al entorno de la Residencia de Estudiantes. Estaba compuesto por los hermanos Rodolfo y Ernesto Halffter, Fernando Remacha, Gustavo Pittaluga, Juan José Mantecón, Salvador Bacarisse, Rosa García Ascot y Julián Bautista.

Segundo movimiento, Poco adagio, de la Pequeña suite de Rosa García Ascot por Ignacio Clemente.

Rosa García Ascot

El primer contacto con la música de la compositora madrileña Rosa García Ascot (1902-2002) fue bastante temprano. Al igual que muchas otras niñas de clase media, aprendió a tocar el piano con su madre. Complementaba esta formación con lecciones de solfeo en el Conservatorio. Su talento musical se hubiera desperdiciado —como seguramente les ocurrió a muchas otras mujeres— de no ser por Felipe Pedrell. El musicólogo, que era amigo de la familia, insistió en que la niña no debía abandonar sus estudios y le asignó al mismísimo Enrique Granados como maestro.

Alemana de Rosa García Ascot por Ignacio Clemente.

La repentina y trágica muerte de Granados hizo necesario buscar un nuevo maestro para García Ascot. Fue así como se convirtió en la última alumna de Manuel de Falla, compositor que rápidamente se volvió un gran apoyo para la joven. En 1920, cuatro años después de ser aceptada por Falla, la pianista debutó como concertista en Madrid y París. En la capital francesa conoció a Maurice Ravel, quien se ofreció a darle clases de composición. La familia y el maestro de García Ascot se opusieron a este ofrecimiento (pese a la amistad que unía a los dos compositores). Según contó en sus memorias, pese a no tener ningún poder de decisión, la joven también prefería seguir bajo la tutela de Falla.

Los años treinta fueron una década muy ajetreada para la compositora madrileña. Comenzaron con la presentación oficial del Grupo de los Ocho a finales de 1930. Tras el estallido de la Guerra Civil se marchó a Cambridge junto a su marido, el también compositor Jesús Bal y Gay. Su siguiente destino —esta vez en solitario— fue París. En esta segunda estancia en el extranjero la compositora estudió con la maestra de maestros, Nadia Boulanger.

Tercer movimiento, Allegretto, de la Pequeña suite de Rosa García Ascot por Ignacio Clemente.

Tras estas estancias europeas, García Ascot acabó por exiliarse a México en 1939, país en el que ya se encontraba Bal y Gay. El matrimonio regresó a España en 1965. Salvo algunos homenajes y estrenos puntuales, ambos compositores permanecieron apartados de la vida pública hasta su muerte.

La casa de los padres de García Ascot fue expoliada durante de la Guerra Civil. Fue así como se perdieron la mayoría de obras de la compositora. Pese al apoyo de Bal y Gay y sus maestros (Granados, Falla, Turina y Boulanger), la pianista madrileña encontró numerosas dificultades para desarrollar su talento. Siempre intentó cumplir con el rol de género que la sociedad patriarcal le había impuesto. En distintas cartas a Falla aparecen quejas sobre cómo no podía componer por tener que cuidar a los familiares enfermos o a los hijos de las visitas. Esta falta de tiempo que poder dedicar a la música hizo que la compositora pensara en su propia música como obras inferiores, un posible caso del síndrome del impostor.


Referencias:

Palacios, M. (2010). La participación de la mujer: Rosa García Ascot. En García Gallardo, C. L., Martínez Gonzáliez, F. y Ruiz Hilillo, M. (coords.), Los músicos del 27 (pp. 343-360). Universidad de Granada.

Redacción y edición: S. Fuentes

Categorías
Fin de la cita

Machaut: grandes éxitos del Ars Nova

La canción The Garden of Earthly Delights del grupo sueco Apocalypse Orchestra comienza con una melodía que nos transporta unos cuantos siglos en el tiempo. El sonido de la gaita y la zanfoña nos llevan hacia la Francia del siglo XIV, hacia Reims, lugar de nacimiento y muerte del poeta y compositor Guillaume de Machaut (c.1300-1377).

The Garden of Earthly Delights de Apocalypse Orchestra.

La melodía procede de uno de los virelais de este músico: Je vivroie liement. Machaut fue uno de los máximos exponentes del Ars Nova. Esta denominación fue acuñada por Philippe de Vitry, otro de los compositores —y teóricos— más influyentes de dicho estilo. Aboga por una ruptura con la tradición medieval previa, un “nuevo arte” que pueda reflejar la revolución humanista que se estaba viviendo. Esta innovación y ruptura no fue aceptada por todo el mundo, hasta el punto de que el papa Juan XXII llegó a condenar algunos de los recursos rítmicos que utilizaban en la bula Docta Sanctorum Patrum. El campo en el que más innovó el Ars Nova fue, precisamente, la rítmica. Se popularizó el uso de una amplia gama de figuras, así como la combinación de ritmos binarios y ternarios, silencios y grupos de valoración especial. De todo este cúmulo de recursos surgieron una gran cantidad de síncopas y contratiempos.

La figura de Guillaume de Machaut es, cuanto menos, curiosa. Fue un clérigo de gran importancia. De hecho, llegó a ocupar la posición de canónigo en Verdún (1330), Arras (1332) y Reims (1333). Acabó renunciando al cargo por petición del papa, pero esto no supuso ningún problema para el compositor, ya que sus distinciones en la vida secular no eran menores. Fue durante muchos años el secretario de Juan I, rey de Bohemia y conde de Luxemburgo. Cuando murió el monarca, Machaut recorrió muchas de las cortes europeas prestando servicio a otros nobles.

Je vivroie liement (virelay) de Guillaume de Machaut por Elisabeth Pawelke.

La producción musical de Machaut refleja a la perfección la dualidad de su vida. En el ámbito sacro compuso la Misa de Nuestra Señora para la catedral de Reims, todo un hito de la historia de la música. Esta obra fue la primera (o, al menos, la primera de la que tenemos constancia) misa de un único compositor en abarcar todo el ordinario (las partes comunes a todas las ceremonias).

Formas fijas: el virelay

Pese a ostentar este notable logro en el ámbito de la música sacra, la producción de Machaut fue eminentemente secular, aunque también combinó ambas facetas con distintas canciones religiosas. El compositor solía escribir sus propias letras, a menudo encuadradas en el tópico del amor cortés. Cultivó distintos géneros, tanto monódicos como polifónicos: rondó, lay, virelay, balada y motete.

Douce dame Jolie (virelay) de Guillaume de Machaut por La Morra.

Tres de estas formas constituyen las conocidas como formas fijas: balada, rondó y virelay. Estas estructuras gozaron de una gran popularidad en Francia, y podemos encontrar equivalencias o formas similares en muchos otros países europeos. De hecho, la chanson —forma vocal que imperó en los siglos posteriores— surgió de estos géneros.

Comment qu’à moy lonteinne (virelay) de Guillaume de Machaut por Ex Silentio.

Regresando a Je vivroie liemont, el virelay con el que comenzábamos, se trata de una de las 33 obras de este tipo que conservamos de Machaut. El virelay es originalmente una estructura poética, aunque generalmente la encontramos musicalizada. Es una evolución del lay, una forma utilizada ampliamente para la narración de leyendas celtas (el término es la versión afrancesada de laid, canción en irlandés). El virelay adaptó la forma de origen celta a una estructura similar a la del rondó.

La música de Machaut parece seguir muy presente en nuestros días. Apocalypse Orchestra no ha sido el único grupo de música comercial en homenajear al compositor francés. Otros grupos, como los alemanes Faun, también han hecho grabaciones de sus obras.

Quant je sui mis au retour (virelay) de Guillaume de Machaut por Faun.


Referencias:

Arlt, W. (Sin fecha). Machaut, Guillaume de. Grove Music Online. https://doi.org/10.1093/gmo/9781561592630.article.51865

Fallows, D. (Sin fecha). Ars Nova. Grove Music Online. https://doi.org/10.1093/gmo/9781561592630.article.01360

Redacción y edición: S. Fuentes

Categorías
Notas al programa

Beethoven: oberturas y teatro

Cuando pensamos en Ludwig van Beethoven (1770-1827) se nos vienen a la mente sus majestuosas sinfonías, sus sonatas o su música de cámara, pero rara vez lo identificamos como un compositor de música escénica. Esto es normal, ya que en su producción solo encontramos una ópera completa: Fidelio (1805). Sin embargo, esta imagen no es del todo cierta —aunque, obviamente, la producción sinfónica destaca notablemente sobre el resto de obras—, ya que el genio de Bonn sí se acercó a las tablas, pero de otra manera. Beethoven escribió música incidental y oberturas para distintas obras teatrales.

Obertura Coriolano

En 1807 Beethoven estrenó la Obertura Coriolano, una introducción musical para la tragedia homónima del dramaturgo austriaco Heinrich Joseph von Collin. La primera representación de la obra teatral con su obertura se produjo en un concierto privado para el Príncipe Franz Joseph von Lobkowitz. Y no fue el único estreno de dicho evento, que supuso también la puesta de largo de otras composiciones de Beethoven: la Sinofnía no. 4 y el Concierto para piano no. 4.

La obra teatral cuenta la historia de un general romano, Cayo Marcio Coriolano. Roma tiene problemas para proveer grano a sus ciudadanos, por lo que surgen numerosas revueltas. Cayo Marcio y el patricio Menenio Agripa se encuentran con una de estas protestas. El noble intenta calmar la situación, pero el general echa más leña al fuego y acaba siendo denunciado por dos tribunos. Mientras tanto, el ejército volsco se reúne para preparar un ataque. El líder de las fuerzas romanas, Cominio, sale al encuentro del contingente enemigo, ocasión que aprovecha Cayo Marcio (que es su lugarteniente) para atacar la ciudad volsca de Corioli. Así consiguen derrotar a los enemigos y Cayo Marcio recibe el sobrenombre de Coriolano por su gesta.

Obertura Coriolano de Beethoven por la Filarmónica de Viena.

Cuando regresan a Roma, el general decide presentarse para ser elegido cónsul. Como héroe de guerra, parece contar con los apoyos del Senado y del pueblo, pero los tribunos que previamente le habían denunciado conspiran contra él. Organizan nuevas revueltas y Coriolano vuelve a perder los estribos, por lo que es expulsado de Roma. Viaja a la capital de los volscos para formar una alianza con sus antiguos enemigos con la que vengarse de Roma. Esta inusitada coalición marcha hacia la ciudad, donde el general se arrepiente y, ante la imposibilidad de decidir si traicionar a su pueblo o a sus nuevos aliados, se suicida.

Egmont

El caso de Egmont es distinto del de Coriolano. En esta ocasión, Beethoven escribió música incidental para acompañar a toda la obra, aunque rápidamente la obertura se desmarcó de los otros nueve números y actualmente se suele interpretar individualmente. Egmont es una obra de teatro de Goethe escrita en 1788. Beethoven era un gran admirador del escritor, por lo que aceptó encantado cuando el Burgtheater le pidió poner música a la obra. Cuando Goethe escuchó la música del compositor alemán le elogió y declaró que había representado a la perfección sus intenciones.

Obertura de Egmont de Beethoven por la Radio Filharmonisch Orkest.

El argumento de Egmont presenta muchos paralelismos con la historia de Coriolano. En esta ocasión, la acción se traslada hasta el siglo XVI, a la Guerra de los Ochenta Años. Es, de nuevo, un líder militar quien se alza para combatir al invasor. En este caso el protagonista es Lamoral, el Conde de Egmont, que se enfrenta a las fuerzas españolas comandadas por el Duque de Alba. El noble flamenco tiene la opción de huir de su tierra, pero decide quedarse para defenderla. Es encarcelado y abandonado por su gente. Acaba siendo condenado a muerte, y con sus últimos momentos de vida hace un llamamiento por la independencia. Muere como un mártir contra la opresión.

Aparte de su admiración por Goethe, Beethoven encontró en Egmont una oportunidad para reflejar sus propias ideas políticas. La historia del conde flamenco encajaba con la situación que Europa estaba viviendo en esos momentos: Francia invadía el continente, siendo necesarios héroes como Egmont para liberar a las distintas naciones. De este modo, el compositor continuó con su cruzada personal hacia Napoleón y su imperio.


Referencias:

Huscher, P. (Sin fecha). Program Notes: Egmont, Op. 84. Chicago Symphony Orchestra.

Keays, J. (Sin fecha). Coriolan Overture. Redlands Symphony. https://www.redlandssymphony.com/pieces/egmont-overture

Redacción y edición: S. Fuentes

Categorías
Una noche en la ópera

El Navegante de Lim

Tristán e Isolda (1865) de Richard Wagner es, sin duda, la ópera más conocida sobre la leyenda homónima del ciclo artúrico. Pero no es la única. ¿Qué ocurriría si mezcláramos la historia de amor wagneriana con elementos de otras tradiciones? La compositora australiana Liza Lim (1966) responde a esta pregunta en su ópera The Navigator (El Navegante, 2008), con libreto de Patricia Sykes. En ella nos abre las puertas a un mundo onírico y dramático a partes iguales.

La leyenda de Tristán comparte escena con elementos de la mitología griega y con el Mahabharata, un texto de la mitología hindú. La continuidad de la obra —sin ninguna pausa en sus 100 minutos de duración— quizás pueda atribuirse al concepto cíclico del pensamiento oriental. De esta mezcla surge un contraste que se convierte en el motor de la obra, extendiéndose a otros aspectos de la producción. Por ejemplo, en su instrumentación conviven una guitarra eléctrica con un trío barroco, formado por un arpa triple, viola d’amore y distintas flautas de pico. También se recurre a diferentes silbatos y arpas de boca para dotar de más recursos tímbricos a los cantantes.

Otra influencia, desde un punto de vista temático, es la del filósofo alemán Walter Benjamin. El pensador construyó una metáfora a partir del cuadro Angelus Novus de Paul Klee. Bautizó a la figura representada como “Ángel de la Historia”, un ser con «el rostro vuelto hacia el pasado», donde ve una catástrofe. Sin dejar de mirar, la criatura intenta alejarse de algo, pero un huracán se desata sobre el Paraíso, enredando las alas del ángel. Sin poder escapar, el tempestuoso viento lo empuja hacia el futuro, al que el ser celestial da la espalda. Para Benjamin ese huracán es el progreso. Lim convierte al ángel en un personaje de la ópera.

Aria del Ángel de la Historia de The Navigator de Liza Lim.

La sonoridad de la obra es muy innovadora, una posible influencia de Krzysztof Penderecki. La compositora conoció su música con 11 o 12 años y, aunque su forma de trabajar el sonido es diferente, se puede observar un mimo similar en la búsqueda de sonoridades. La diferencia entre ambos es que Penderecki buscaba “destilar” nuevos sonidos para destacar su pureza más fundamental, mientras que Lim intenta explorar el potencial dinámico de los mismos, incorporándolos con total naturalidad a su música.

The Navigator

La protagonista de la ópera es “The Beloved” (podría traducirse como “la Amada”, aunque el nombre en inglés crea una ambigüedad respecto al género y número que se pierde con la traducción). Comienza con un preludio en el que conviven el sonido de la flauta de pico con cigarras, creando un ambiente que bebe del lamento, lo pastoral y lo sobrenatural. Los insectos se mimetizan con el batir de las alas del Ángel de la Historia. La criatura celestial observa los horrores de la guerra con su rostro girado. La compositora concibe los conflictos bélicos como una forma de ludopatía, un tipo de destrucción adictiva, la máxima expresión de las apuestas. Un juego en el que se arriesga todo. Y la Amada ha perdido. Después de esta apuesta, la protagonista se sumerge en un río de transformación, del que surge su mitad oscura, “The Navigator” (el Navegante).

Fragmento de la segunda escena de The Navigator de Liza Lim.

Juntos —encarnando, a su manera, a Tristán e Isolda— viajan por distintos estados de éxtasis y unión, aunque también de separación y duda. Esta dualidad continúa cuando aparece un coro de sirenas: el Ángel de la Historia, la Anciana (“The Crone”) y el Loco (“The Fool”). Estos personajes intentan provocar a los amantes, pero también aliarse con ellos. Se crea un batiburrillo de caos y falsas señales que obstruyen la búsqueda de refugio que habían emprendido los protagonistas. Pero entre la angustia y el anhelo surge la esperanza, que les impulsa a continuar su viaje.


Referencias:

Johnson, T. R. (2009, 13 de diciembre). The Navigator. MusicalCriticism.com. http://www.musicalcriticism.com/concerts/bastille-navigator-1209.shtml

Lim, L. (2007). The Navigator: opera in six scenes with prelude; libretto by Patricia Sykes (2006-2007). Ricordi.

Redacción y edición: S. Fuentes

Categorías
Palomitas y partituras

El discurso de Beethoven

El mes de diciembre que acabamos de comenzar viene marcado por un evento muy especial. Una fecha en el calendario que no nos podemos perder: se cumplen 250 años del nacimiento de Ludwig van Beethoven (1770-1827). La música del genio alemán sigue tan viva como siempre, sin perder ni un ápice de su fuerza y energía. Uno de los mayores ejemplos de esta pervivencia es el segundo movimiento, Allegretto, de la Sinfonía no. 7.

Podemos encontrar este movimiento en un sinfín de películas y series de televisión. Uno de los ejemplos más recientes es la serie Watchmen (2019), basada en los cómics homónimos de Alan Moore y Dave Gibbons. Sin salir del mundo de los superhéroes, la sinfonía también aparece en X-Men: Apocalipsis (2016), donde truena solemne mientras el villano de la película provoca el lanzamiento de misiles nucleares que le ayudarán a completar su plan.

Allegretto de la Sinfonía no. 7 de Ludwig van Beethoven por la Filarmónica de Israel.

Pero estos son solo unos ejemplos. “La séptima” aparece en películas de todos los géneros y épocas. Podemos escucharla en Satanás (The Black Cat, 1934), en Lola (1961) o en Un toque de distinción (1973). La música normalmente se asocia a momentos de gran importancia, ya sea para un personaje o para toda la trama.

Entre los largometrajes que usan la sinfonía, probablemente el más galardonado sea El discurso del rey (2010). La cinta fue merecedora de los Óscar a mejor película, mejor dirección, mejor actor y mejor guion original. A estos premios se les sumaron varias nominaciones en otras categorías, entre las que se encontraban mejor banda sonora y mejor sonido. Este drama histórico, pese a su distancia cronológica con Beethoven, seguramente constituya el acercamiento más cercano a las condiciones en que la Sinfonía no. 7 se estrenó.

La sinfonía

En El discurso del rey Beethoven marca la entrada de Inglaterra en la Segunda Guerra Mundial. El rey Jorge VI se dirige a sus compatriotas para comunicarles la aciaga noticia envuelto en el solemne y majestuoso manto de la sinfonía. Este ambiente bélico refleja el vivido por el compositor durante las guerras napoleónicas.

El estreno de la sinfonía se produjo el 8 de diciembre de 1813 en Viena bajo la dirección del propio Beethoven. Se trataba de un concierto benéfico para los soldados heridos en la Batalla de Hanau. De hecho, el compositor se dirigió a los asistentes con un discurso que no debió distar mucho del de Jorge VI. Les agradeció su sacrificio y patriotismo en la lucha contra Napoleón (al que Beethoven había admirado tiempo atrás, llegando a dedicarle su Sinfonía no. 3).

Dedicatoria de la "Sinfonía no. 3" de Beethoven.
Dedicatoria de la «Sinfonía no. 3» de Beethoven, donde aparece tachado el nombre de Napoleón.

Podría decirse que la causa patriótica supuso todo un llamamiento a filas, pues en la orquesta se encontraban algunos de los mejores músicos de la época, como Hummel, Meyerbeer o Salieri. Una de estas “estrellas del rock”, el violinista Louis Spohr, contaba impresionado cómo Beethoven se entregó por completo a la tarea de dirigir:

En cuanto aparecía un sforzando movía sus brazos con vehemencia, cuando hasta entonces los había tenido cruzados sobre el pecho. En un piano se dobló sobre sí mismo, bajando según quisiera que sonara. Luego, cuando llegó un crescendo, se alzó más y más, hasta que en el forte saltó en el aire. Para aumentar el forte aún más, en ocasiones gritaba a la orquesta sin ser consciente de ello.

Parece ser que esta manera de dirigir no era algo inusual en el genio de Bonn. Quizás fuese una forma de buscar una expresividad exagerada como respuesta a su sordera. Sea como fuere, la energía y el movimiento interno de esta sinfonía es innegable. Richard Wagner llegó a calificar los aspectos rítmicos de la obra como la “apoteosis de la danza”.


Referencias:

NPR. (2006, 13 de junio). Beethoven’s Symphony No. 7 in A Major, Op. 92. https://n.pr/3kZg6aQ

Spohr, L. (2010). Autobiography. Cornell University Library Digital Collections.

Redacción y edición: S. Fuentes

Categorías
Notas al programa

Los campos de antracita de Wolfe

Julia Wolfe (1958) creció en Montgomeryville, una pequeña ciudad de Pensilvania. La compositora estadounidense cuenta cómo al mudarse allí disfrutaba de los bosques que rodeaban su casa. Un entorno fantástico que ofrecía numerosos escondrijos y entretenimientos para una niña. Y más allá del bosque había una carretera que llevaba hacia la autopista. Una autopista que se dirigía a Filadelfia, pero también hacia otro destino más hostil: la Región del Carbón.

Pese a no adentrarse a menudo en esa zona, la compositora conocía los nombres de muchas de sus ciudades. Había oído contar historias a su abuela, que había crecido en Scranton, también conocida como “Ciudad vapor”, “La ciudad eléctrica” o “La capital del carbón”.

Estos recuerdos de su infancia fueron los que le llevaron a mirar hacia la Región del Carbón de Pensilvania cuando el Club Mendelssohn de Filadelfia le encargó una obra para su coro y el conjunto “Bang on a Can All Stars”. Este grupo instrumental está vinculado a Bang on a Can, una organización fundada por Wolfe y los compositores David Lang (1957) y Michael Gordon (1956). Así surgió el oratorio Anthracite Fields (Campos de antracita).

La investigación para la obra llevó a la compositora a buscar distintas fuentes sobre la época de máxima actividad minera de la región. Habló con mineros retirados y con hijos de mineros. Buscó entrevistas, historias de transmisión oral y dichos, pero también descripciones geológicas, un índice de accidentes mineros y un anuncio de carbón. E incluso tomó fragmentos de un discurso de John L. Lewis, quien fuera presidente de los Obreros Mineros Unidos de América. A partir de estos textos construyó su personal homenaje a las personas que durante tantos años soportaron las duras condiciones de las minas.

Anthracite Fields

El primer movimiento de la obra es Foundation. El coro canta los nombres de los mineros que figuran en el índice de accidentes, que recoge los fallecimientos en las minas desde 1869 hasta 1916. El listado es tan largo que la compositora limitó los nombres a aquellos que fueran “John” y un apellido monosílabo. Tras recitar a los mineros por orden alfabético, el texto cambia y describe el subsuelo, descendiendo verticalmente desde la superficie. Este fragmento corresponde a descripciones geológicas de formaciones de carbón. Pero los nombres regresan, recordándonos los horrores de la mina. Esta vez son nombres de varias sílabas y de distintos orígenes —muchos mineros procedían de familias migrantes—, que se entremezclan creando un ambiente colorido.

La obra continúa con Breaker Boys. El título se refiere a niños que se dedicaban a separar las impurezas del carbón cuando llegaba a las plantas que lo procesaban. Tenían prohibido llevar guantes, por lo que acababan con numerosos cortes en los dedos, donde se mezclaban el rojo de la sangre y la negrura del carbón. La compositora utiliza las palabras de uno de estos niños, Anthony Slick, extraídas de la película documental America and Lewis Hine (1984).

El tercer movimiento es Speech, el extracto del discurso de John L. Lewis:

Si debemos triturar carne y huesos humanos en la maquinaria industrial a la que llamamos “la América moderna”, juro ante Dios que aquellos que consuman el carbón —y ustedes y yo mismo, que nos beneficiamos de su servicio porque vivimos cómodamente— debemos protección a esos hombres [los mineros]. Y les debemos seguridad a sus familias si ellos mueren.1

Tras el alegato del líder sindicalista llega Flowers. Este movimiento es un respiro en el tono grave de la obra. Está inspirado en una entrevista con una hija y nieta de mineros, que contaba cómo los miembros de las comunidades de la zona se ayudaban entre ellos. Para hacer sus vidas más llevaderas, todas las familias tenían jardines, para así aportar color a aquel mundo de negrura. El texto de este movimiento recita un listado de flores, tal y como la descendiente de mineros hiciera en una entrevista.

La obra finaliza con Appliances, un enlace entre lo nuevo y lo viejo. Aunque la minería de carbón haya decrecido en la actualidad (o se haya trasladado a países donde es más fácil vulnerar los derechos de los trabajadores e ignorar su seguridad), el consumo de carbón sigue presente en nuestros días. Wolfe utiliza el texto de un antiguo anuncio de carbón en el que una mujer predicaba las ventajas de la antracita respecto a otras variedades. Gracias a la antracita podía ir en tren de Nueva York a Búfalo “sin que su vestido perdiera una pizca de su blancura”. Algo que, sin duda, contrastaría con las caras tiznadas de quienes extrajeran la negra roca de las entrañas de la tierra.


Textos originales:

1 If we must grind up human flesh and bones in the industrial machine that we call modern America, then before God I assert that those who consume the coal and you and I who benefit from that service because we live in comfort, we owe protection to those men and we owe the security to their families if they die.


Referencias:

Wolfe, J. (Sin fecha). Anthracite Fields (2014). Consultado el 14 de noviembre de 2020. https://juliawolfemusic.com/music/anthracite-fields

Redacción y edición: S. Fuentes

Categorías
Retratos sonoros

Breilh-Decruck: una vida entre continentes

Fernande Breilh-Decruck (1896-1954) fue una de las compositoras más importantes de su época. Sin embargo, mucha de su música cayó poco a poco en el olvido. Este abandono quizás fuese la consecuencia de una vida a caballo entre dos continentes, o puede que del rechazo que encontró en su país natal tras la Segunda Guerra Mundial. Por suerte, actualmente sus obras se empiezan a recuperar y grabar.

La compositora francesa comenzó sus estudios de música en el Conservatorio de Toulouse. Allí empezó a despuntar y fue merecedora de premios en piano, teoría musical y armonía. Con unos conocimientos respaldados por este palmarés, en 1918 entró al Conservatorio de París, donde repitió sus hazañas. Consiguió premios en armonía, contrapunto, fuga y piano acompañante.

En 1923 se convirtió en profesora asistente de armonía. Entre sus alumnos se encontraron compositores de la talla de Olivier Messiaen. De hecho, siete de sus alumnos ganaron el Premio de Roma, posiblemente la máxima distinción académica de composición en Francia.

Cantilene de Fernande Breilh-Decruck por Mark Allen Jr. y Allison Wang.

Pero Fernande Breilh no limitó sus estudios a la composición y el piano. A finales de 1922 comenzó a estudiar órgano. Su maestría con el instrumento le llevó a conseguir una gira como organista por Estados Unidos en 1928. En su primer concierto en el continente americano la compositora improvisó una sinfonía en tres movimientos sobre temas propuestos por compositores locales. La hazaña fue tan impresionante que a partir de entonces hizo lo mismo en cada recital.

A principios de los años 30 empezó a escribir sus primeras obras para saxofón, instrumento en el que se estaba especializando su marido. Entró en contacto con la escuela francesa —liderada por Marcel Mule—, que por aquel momento estaba empezando a surgir. Durante su estancia en Nueva York hizo varios viajes a Francia. En uno de estos viajes compuso Chant lyrique, una obra para saxofón y piano, que se convirtió en la primera obra de una compositora en formar parte del repertorio de la Guardia Republicana. De hecho, durante muchos años fue una de las obras obligadas para las pruebas de acceso al cuerpo.

Sonata en do# de Fernande Breilh-Decruck, 1º movimiento: Très modéré por Mathieu Gaulin y Jacynthe Riverin.

En 1932 su marido tuvo un accidente en el que perdió la movilidad de una mano, por lo que su carrera como instrumentista se vio cortada de raíz. Él volvió a Francia, donde fundó una editorial, pero la compositora permaneció en Estados Unidos un año más. Cuando finalmente regresó a París comenzó una etapa en la que compuso mucha música para instrumentos de viento, incluido el cuarteto Pavane, dedicado al Cuarteto de la Guardia Republicana que había fundado Mule. Durante esta época la compositora escribía su música por las noches, aprovechando que sus hijos dormían y sin posibilidad de ayudarse del piano.

Breilh-Decruck se marchó con sus hijos a Toulouse. Allí daba recitales de órgano e impartía clases. En 1942 volvió a París con la intención de dedicarse en exclusiva a la composición. En esta fase de retorno a la gran ciudad estrenó muchas obras —a veces tocando ella misma los papeles de órgano y piano—, incluida su Sonata en do# para saxofón (o viola) y orquesta, dedicada a Marcel Mule.

Pero este éxito y reconocimiento en la capital francesa acabó con el fin de la Segunda Guerra Mundial. Muchos compositores volvían entonces del exilio y se empezaba a mirar con recelo a los músicos que habían seguido trabajando durante la ocupación nazi (aunque no tuvieran relación con los alemanes). Capeó este ambiente agitado pasando unos meses en Estados Unidos, aunque finalmente regresó a Francia.

Pieces Françaises de Fernande Breilh-Decruck, 2º movimiento: Vieux calvaire por Elisa Urrestarazu y Cornelia Lenzin.

Sin embargo, este retorno fue agridulce. La compositora se apartó de París, trasladándose a Fontainebleu. Allí residió con su hijo menor —se había divorciado en 1950, aunque el matrimonio llevaba mucho tiempo viviendo separado—, compaginando la actividad docente con la de organista en una iglesia. Pero las condiciones en el templo eran duras, y en 1952 la compositora enfermó a causa del frío. Las cosas se complicaron y acabó sufriendo un derrame cerebral que la dejó hemipléjica. Murió dos años después.


Referencias:

Fernande Breilh-Decruck (Sin fecha). Biography. Consultado el 7 de noviembre de 2020. https://fernandedecruck.com/biography/

Redacción y edición: S. Fuentes

Categorías
Notas al programa

Sonido 13: Preludio a Colón

El compositor, director, violinista e investigador mexicano Julián Carrillo (1875-1965) era el menor de 19 hijos. Las dificultades económicas hicieron que abandonara sus estudios generales, aunque continuó con su formación musical. Gracias a ayudas de su estado, San Luis Potosí, consiguió estudiar en el Conservatorio Nacional de Música, del que años más tarde acabaría siendo director. Pero su formación musical no se limitó a su país natal, ya que también consiguió una beca para estudiar en Leipzig.

Tras una primera etapa compositiva tradicional, Carrillo empezó a cuestionarse los fundamentos de la tonalidad. Durante su formación había ahondado en el estudio de la acústica y los elementos matemáticos del sonido, por lo que se planteó cambiar las particiones en que se dividía la escala. Así nació Sonido 13.

Sonido 13 es un método para utilizar la música microtonal. Es decir, la música cuyas divisiones son menores al semitono. Mientras que otros autores —como Ivan Wyschnegradsky— optaron por alterar las grafías habituales de las alteraciones para representar la microinterválica, Carrillo diseñó un sistema de notación totalmente nuevo. Consiste en representar las alturas de las notas mediante una línea con cifrado numérico debajo del pentagrama.

Balbuceos de Julián Carrillo.

Empezando desde 0, se divide la escala en un número concreto de alturas. Partiendo de la nota más grave, el índice se va incrementando en uno para cada nota inmediatamente superior. Por ejemplo, en el sistema diatónico tradicional —con 12 particiones—, la correspondencia de notas para una escala mayor sería [0, 2, 4, 5, 7, 9, 11, 12]. Para representar una música con cuartos de tono, esa misma escala pasaría a ser [0, 4, 8, 10, 14, 18, 22, 24]. Este sistema se parece a la adaptación de la teoría de conjuntos que se utiliza para analizar algunas obras contemporáneas.

Aunque pueda parecer confuso, Carrillo demostró la efectividad de su sistema. Para ello, proporcionó una transcripción de una partitura de Bach a dos estudiantes de primaria que no habían tenido ningún contacto previo con Sonido 13. Los niños pudieron leer la partitura en menos de una hora.

Julián Carrillo.
Julián Carrillo.

El compositor gozó de tanto éxito en su país que incluso su pueblo natal cambió de topónimo. El 1 de julio de 1932 Ahualulco pasó a llamarse Ahualulco del Sonido 13.

Preludio a Colón

El Preludio a Colón es considerado la primera obra microtonal de Carrillo. Fue compuesto en 1922, aunque tuvo que esperar a 1924 para ser estrenado. Esta puesta de largo se produjo en un concierto de música microtonal, donde debutó junto a otras cuatro obras de Carrillo (Preludio para violonchelo en cuartos y octavos de tono, Ave María para voces, diversos instrumentos y arpa, Plenilunio en Tepepan, para voces y arpa y Hoja de Álbum para diversos instrumentos en cuartos, octavos y diesiseisavos de tono).

Preludio a Colón de Julián Carrillo.

Cuando escribió el Preludio Carrillo aún no había desarrollado Sonido 13, por lo que originalmente utilizó una grafía más cercana a la microtonalidad habitual. En 1944, cuando la obra fue publicada por primera vez, el compositor ya la había adaptado a su sistema de notación. Una tercera edición fue creada tras la muerte de Carrillo. En ella se cambiaba la plantilla original (soprano por quintos de tono, flauta, guitarra y violín —los tres por octavos de tono—, guitarrón mexicano por octavos y arpa por dieciseisavos o arpacitera) por soprano, flauta, cuarteto de cuerda, arpacitera y, opcionalmente, guitarra por cuartos de tono.

Cabe destacar que, si bien la melodía del Preludio a Colón exhibe las posibilidades de la música microtonal, su armonía está fundamentada totalmente en la tradición musical occidental (diatónica). Este fenómeno es común a las obras de esta primera etapa experimental de Carrillo, y se debe a que es más sencillo integrar estos sonidos extraños en una línea melódica —donde pueden ser escuchados como adornos o toques de color— que en la “verticalidad”, donde chocarían fácilmente con otros sonidos.


Referencias:

Gibson, C. T. (Sin fecha). Julián Carrillo’s Sonido 13 in 1920s New York. La Habana Elegante. Consultado el 31 de octubre de 2020.

Perón Hernández, G. (2020). El Sonido 13 de Julián Carrillo: Controversias cubanas alrededor de una quimera. En Marín-López, J. (ed.), De Nueva España a México: El universo musical mexicano entre centenarios (1517-1917). Universidad Internacional de Andalucía.

Redacción y edición: S. Fuentes

Categorías
Una noche en la ópera

Du Yun y los ángeles caídos

El señor y la señora X.E. llevaban una vida tranquila, monótona y repetitiva atrapados por la cotidianidad. Hasta que encontraron unos ángeles en su jardín. Esta es la premisa de la que parte la ópera Angel’s Bone (2015) de la compositora china Du Yun (1977). La obra recibió el Premio Pullitzer de Música en el año 2017.

Tráiler de la ópera.

Las escenas iniciales pueden hacer pensar que la ópera tiene una temática religiosa, pero nada más alejado de la realidad. El libretista, Royce Vavrek, quería escribir sobre ángeles, así que el dúo creativo usó esta escenografía para plasmar el tema sobre el que Du quería hablar: la trata de personas.

Cuando se abre el telón observamos a los X.E. presos de su rutina. La señora conversa con la televisión, planteándose si sigue queriendo a su cónyuge. Ambos parecen desconectados de la realidad, confinados en sus respectivos abismos interiores, producto de una vida inmóvil a la que han dejado de encontrar sentido.

Todo cambia repentinamente cuando el señor X.E. entra a la casa anunciando que ha hallado algo en el jardín. Se dan cuenta de que ante ellos se encuentran dos ángeles: un chico y una chica. Están en un estado lamentable, heridos y aterrorizados. El hombre quiere ayudarles, pero rápidamente la señora X.E. busca unas tijeras para cortarles las alas y evitar que escapen. Aquí comienza la historia de esclavitud y explotación de estos dos seres celestiales.

Tras reflexionar, la señora X.E. llega a la conclusión de que los ángeles son una señal divina y la respuesta a sus problemas maritales y económicos. La mujer se alimenta de sus propias mentiras. Ella “nunca quiso ser legendaria”, pero el Cielo la ha escogido. Esta autoindulgencia no deja de escalar, acabando en una suerte de éxtasis cabaretero.

El estado de los ángeles no mejora. Pronto dejan de ser una bendición para convertirse en los esclavos del matrimonio. La pareja se da cuenta de que el poder celestial es un bien con el que pueden hacer negocios, resolver todos sus problemas. ¿Por qué conformarse con bendiciones cuando pueden tener dinero? Además de fraguar la esclavitud de los ángeles, los X.E. empiezan a abusar y a agredir sexualmente a sus cautivos. “Dirán que te aman con un suspiro y una sonrisa”.

Los clientes desfilan por la habitación de los ángeles. Cuando su jornada de atracción de feria termina empiezan los terrores nocturnos. Oímos la voz desgarrada de la chica mientras su compañero es agredido por la señora X.E. “Costras sobre nuestros ojos, nuestras costillas están rotas. Nuestros dientes mellados, nuestras alas despellejadas. Nuestras arterias vacías. Soy una herida abierta, chorreante.”

Pero lo cierto es que la explotación de los ángeles no cambia nada en la vida del matrimonio. Entre ellos todo sigue igual: frío, distante. Esta infelicidad despierta un sentimiento de culpa en el señor X.E., que urde un precario plan para liberar a sus cautivos. Mientras tanto, los espectadores descubrimos que la mujer se ha quedado embarazada, que “un pequeño querubín aletea en su interior”. El hombre convence a los ángeles para que escapen:

Tened piedad de vosotros mismos. Haced que vuestras alas crezcan y volad. […] Volad en la oscuridad de la noche, volad al Cielo. Cientos de plumas con las que construir un ramillete. Antes de que el monstruo durmiente necesite alimentarse. La codicia engendra codicia. Aquí está vuestra salvación. Las plumas son vuestra salvación. Restaurad vuestras alas y volad. Tened piedad de vosotros, tened piedad de mí. Que mis nuevas alas reluzcan.

La señora X.E. sorprende a las víctimas en su huida. Su reacción pasa por todo un abanico de emociones: desde intentar chantajear al ángel contándole que espera un hijo suyo hasta un falso arrepentimiento pidiendo su perdón.

No tardamos mucho en descubrir que la mujer no ha renunciado a su oscuridad. Delibera sobre cómo venderá su versión de la historia a cualquier medio sensacionalista. Contará cómo su marido, un hombre débil, le forzó a prostituir a aquellas criaturas inocentes. Llorará en los periódicos, en los programas matinales y en la radio. Su historia: un espectáculo televisivo.

La ópera se cierra con un programa de televisión en el que la señora X.E. lleva a cabo el plan que había ideado. Cuenta la versión —que quizás ella misma haya llegado a creer— en la que es una víctima más de toda esta terrible historia. Al fin y al cabo, ella “nunca pidió ser legendaria”.

La compositora Du Yun.
La compositora Du Yun.

Tras bambalinas

Du Yun y Royce Vavrek han creado una obra descarnada que consigue conectar con el espectador y convertirle en un cómplice silencioso de este horror. La compositora ha explicado que escogieron no incluir elementos explícitos ni lenguaje soez en escena porque hubieran fomentado el morbo. Con la sobriedad con que tratan el tema consiguen transmitir unas sensaciones desagradables que llevan a muchos espectadores a sentirse mal e, incluso, a girar la cabeza en determinados momentos de la representación. Porque la realidad es lo suficientemente brutal. A través de la ópera cada uno confronta su propia oscuridad.

El libreto resulta enormemente veraz y creíble. Llegamos a aceptar ciegamente la existencia de los ángeles. Nos trasladamos a esa habitación oscura donde intentan lamerse sus heridas antes de que se abran unas nuevas. El realismo del texto viene acompañado por una coherencia musical que pocas veces encontramos en el género operístico. La compositora ha explicado cómo, para ella, no tiene sentido que una víctima cante un aria como si nada hubiera ocurrido, como si las cosas le hubieran sucedido a otra persona. Por eso el uso de la electrónica, el Sprechstimme (voz hablada) o lo que Du denomina “voz punk” (en Brick J) encajan perfectamente en esta historia.


Referencias:

Burrows, V. (2018, 20 de agosto). Chinese-born Du Yun’s Pulitzer-winning fantasy opera on human trafficking comes to Hong Kong. South China Morning Post. https://bit.ly/2HBqSGt

Yun, D. y Vavrek, R. (2017). Angel’s Bone [álbum]. VIA Records.

Redacción y edición: S. Fuentes

Categorías
Retratos sonoros

Las ensaladas del chef Mateo Flecha

Puede que Mateo Flecha el Viejo (1481-1553) no fuera el mejor chef del Renacimiento, pero sus exitosas ensaladas han conseguido llegar hasta nuestros días. Por si quedaban dudas, hablamos de ensaladas musicales, un género que —al igual que su homónimo culinario— mezcla ingredientes de lo más diverso con un resultado delicioso.

Para estas ensaladas cambiaremos la lechuga y el tomate por distintos géneros, estilos, idiomas y texturas. Entre los elementos usados en esta cocina musical podemos encontrar madrigales, canciones populares, villancicos —no necesariamente con nuestra acepción navideña—, romances, danzas e incluso géneros litúrgicos. Las texturas no se quedan atrás: homofonía, contrapunto, distintos números de voces…

Con este batiburrillo de ingredientes las temáticas eran también bastante flexibles, yendo de lo sacro a lo profano y de lo serio a lo cómico. Y, por si no fuera suficientemente complicado entender de qué trataban estas obras, ni siquiera empleaban un único idioma, sino que recurrían al castellano, catalán, portugués, italiano o latín indistintamente (e incluso de forma simultánea). Para complicar las cosas un poco más —o simplificar, quién sabe— habitualmente se recurría al uso de onomatopeyas.

Dindirindín de la ensalada La bomba de Mateo Flecha el Viejo. Interpretado por el Euskal Barrokensemble.

Pese a lo confuso de estos galimatías, las ensaladas eran el último grito en las fiestas palaciegas del Renacimiento. Los cortesanos y cortesanas disfrutaban enormemente de este entretenimiento, probablemente porque convertía algo cotidiano en una música exótica.

Asuntos de familia

Aunque conocemos ensaladas de otros autores, Mateo Flecha el Viejo es el compositor del que más obras de este tipo conservamos. El músico tarraconense comenzó su carrera como cantante en la Catedral de Lleida, de la que llegó a ser maestro de capilla (director musical). Al servicio de Diego Hurtado de Mendoza, duque del Infantado, se trasladó a Guadalajara. Tras algunos vaivenes por la geografía española, el compositor acabó como maestro de capilla en Sigüenza y, finalmente, en Arévalo. Tras esta agitada vida se unió a la orden cisterciense, orden en la que permaneció hasta su muerte, pocos años después.

Ensalada El fuego de Mateo Flecha el Viejo por The King’s Singers.

Para conocer cómo perduró la obra de este compositor debemos avanzar un poco en su árbol genealógico, concretamente hasta su sobrino: Mateo Flecha el Joven (c.1530-1604). El pequeño de los Flecha estudió con su tío, aunque también amplió su formación con otros grandes maestros de la época, como Antonio de Cabezón. Si la carrera de su tío le había llevado a recorrer España, la de Mateo Flecha el Joven le llevaría por toda Europa. Su primer viaje fuera de la península fue a Roma, donde completó su formación religiosa y entró en contacto con los cambios musicales que se estaban creando tras el Concilio de Trento.

Las andanzas europeas no terminaron con la aventura romana, que acabó con Flecha preso por una deuda con un noble. El compositor había servido a las hijas de Carlos V antes de tomar los hábitos. Por eso, cuando la hija mayor, la infanta María, se casó con el emperador Maximiliano II decidió hacer a Flecha su capellán. En esta nueva etapa el compositor fue admitido en la capilla imperial de Viena.

El capítulo de “Españoles en el mundo” continúa, porque el hijo de Maximiliano II hizo a Flecha abad de la localidad húngara de Tihany. A esta nueva responsabilidad se le añadió la de contratar a cantantes para el coro de la capilla, tarea para la que el compositor regresaba a España. Quizás fueron estos viajes —que le permitieron retomar el contacto con sus raíces— los que dieron lugar a la publicación en Praga de Las ensaladas de Flecha (1581).

Comienzo de "Las ensaladas de Flecha".
Comienzo de «Las ensaladas de Flecha».

Esta colección estaba dividida en seis tomos, aunque actualmente solo se conservan cuatro de ellos. En ella Flecha explicaba cómo su tío había creado el género. Esto es mentira, pero es cierto que Mateo Flecha el Viejo perfeccionó y popularizó las ensaladas. La colección contenía 14 piezas: La trulla de Bartomeu Càrceres, El molino de F. Chacón, El bon jorn y La lucha de Pere Alberch Vila, La feria y Las cañas de Mateo Flecha el Joven y El fuego, El jubílate, La bomba, La guerra, La justa, La negrina, La viuda, Las cañas y Los chistes de Mateo Flecha el Viejo.


Referencias:

Biblioteca Nacional de España (2015, 6 de febrero). Mateo Flecha el Viejo (1481-1553). http://blog.bne.es/recursosmusica/2015/02/06/982/

Centre de Documentació de l’Orfeó Catalá (Sin fecha). Las Ensaladas de Mateo Fletxa. Consultado el 16 de octubre de 2020. https://www.cedoc.cat/es/las-ensaladas-de-mateo-fletxa_3536

Gómez, M. (Sin fecha). Ensalada (Sp.: ‘salad’). Grove Music Online. Consultado el 16 de octubre de 2020. https://doi.org/10.1093/gmo/9781561592630.article.08851

Redacción y edición: S. Fuentes