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Retratos sonoros

Appeldoorn, compositora esperantista

A finales de la década de 1870 el oftalmólogo polaco Ludwik Lejzer Zamenhof decidió emprender una labor titánica: buscar una lengua fácil de aprender y que facilitara la comunicación entre personas de distintos países. Durante los siguientes años desarrolló este idioma mediante la traducción de obras literarias al mismo. En 1887 los resultados de su trabajo salieron a la luz con la publicación en Varsovia de la primera gramática del esperanto.

La lengua construida por Zamenhof fue difundiéndose y ganando hablantes rápidamente. En distintas ciudades surgían grupos que impulsaban el nuevo idioma. Uno de los más importantes fue el de Núremberg, creado por Leopold Einstein en 1888. Este periodista fundó también la gaceta La Esprantisto, donde llegó a publicar León Tolstói.

Gaceta "La Esperantisto", fundada por Leopold Einstein.
Gaceta «La Esperantisto», fundada por Leopold Einstein.

Por su concepción universalista, el esperanto ganó una gran popularidad en el movimiento obrero, llegando a ser conocido como el “latín de los obreros” en Alemania. Esta vinculación política hizo que fuera perseguido por algunos de los regímenes imperantes en Europa, como la Rusia zarista. Pese a esta oposición, el idioma prosperó, consiguiendo un número significativo de hablantes y defensores que se mantiene a día de hoy.

Entre las personalidades fascinadas por el esperanto, podemos encontrar a la compositora y pianista neerlandesa Christina Adriana Arendina Koudijs-Appeldoorn, más conocida como Dina Appeldoorn (1884-1938). Tras descubrir la lengua de Zamenhof, compuso un gran número de obras en este idioma. La producción de la compositora holandesa estaba muy vinculada a la música vocal, por lo que la asimilación de una nueva lengua resultó algo natural.

Dina Appeldoorn

Appeldoorn se formó en el Conservatorio Real de La Haya. Allí estudió composición con Johan Wagenaar, que se convirtió en un gran amigo de la compositora al que siguió consultando durante el resto de su vida. Antes de concluir sus estudios, Appeldoorn ya había publicado veinte canciones. Algunas de estas composiciones tempranas recibieron una gran acogida de la crítica holandesa, como fue el caso de Frissche bloemen.

Pastorale, de Dina Appeldoorn.

Pese a su formación como compositora, Appeldoorn comenzó su carrera profesional como pianista. Trabajó acompañando a varios coros de La Haya, pero no abandonó por completo su faceta compositiva. Junto a la soprano Lena van Diggelen fundó un quinteto con el que estrenó muchas de sus obras tempranas. Además de estas interpretaciones en su entorno más cercano, la música de Appeldoorn traspasó las fronteras de Países Bajos gracias a Julie de Stuers, que daba recitales con música de compositores holandeses. A esta cantante dedicó Appeldoorn la obra Vondel-liederen.

Aunque Dina Appeldoorn centró su producción en la música vocal, no se limitó únicamente a este ámbito. Su primera gran obra, el poema sinfónico Pêcheurs d’Islande, fue estrenada por la Orquesta de la Ciudad de Utrecht en 1912. En esta misma ciudad recibió un premio por su Jubileum-lied, una obra para celebrar el 25º aniversario de la reina Guillermina. Esta no fue la única composición de carácter patriótico de Appeldoorn, quien encontró en este tema una fuente de inspiración para obras como Obertura holandesa o Loflied aan Nederland.

Además de su primer poema sinfónico, la Orquesta de la Ciudad de Utrecht estrenó más obras de Appeldoorn, como Noordzee-symfonie, una de sus tres sinfonías. Otra orquesta que mostró un gran interés en la música de la compositora fue la Orquesta Filarmónica de Róterdam. Su director, Eduard Flipse, era un gran admirador de las obras de Appeldoorn y se convirtió en un gran valedor de sus composiciones orquestales.


Referencias:

McVicker, M. F. (2016). Women Opera Composers: Biographies from the 1500s to the 21st Century.

Metzelaar, H. (2001). Appeldoorn, Dina. Grove Music Online. https://doi.org/10.1093/gmo/9781561592630.article.48107

Nederlands Muziek Instituut. (Sin fecha). Appeldoorn, Dina. Consultado el 6 de noviembre de 2021. http://voormalig.nederlandsmuziekinstituut.nl/nl/archieven/archievenoverzicht?task=listdetail&id=2_6792

Redacción y edición: S. Fuentes

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Palomitas y partituras

Músorgski: cuadros para Lebowski

En 1998 los hermanos Coen estrenaron El gran Lebowski, una película que narraba las surrealistas peripecias de Jeffresy Lebowski “El Nota”. La cinta fue un fracaso en taquilla en el momento de su estreno, pero rápidamente la opinión del público cambió hasta convertirla en una película de culto. En 2002 comenzó a celebrarse un festival anual para reunir a entusiastas de la película, el Lebowski Fest. Este evento ha recorrido un gran número de ciudades de Estados Unidos, como Los Ángeles, Chicago o Nueva York.

Los reconocimientos a El gran Lebowski no se limitan a los fanáticos de El Nota. En 2014, la película de los Coen fue una de las 25 seleccionadas para ser preservada en el Registro Nacional de Cine, perteneciente a la Biblioteca del Congreso de EE.UU. La banda sonora original de la cinta corrió a cargo del compositor Carter Burwell, un colaborador habitual de los hermanos Coen. Entre las películas a las que Burwell ha puesto música se encuentran títulos como Quemar después de leer, Fargo (ambas dirigidas por los Coen), Tres anuncios a las afueras o Cómo ser John Malkovich.

Para la banda sonora de El gran Lebowski, Carter Burwell recurrió a mucha música preexistente. Desde la versión de los Gipsy Kings de Hotel California hasta Oye cómo va, escrita originalmente por Tito Puente. En el apartado clásico, Burwell recurrió a compositores como Mozart o Modest Músorgski (1839-1881). La obra del compositor ruso escogida fue Cuadros de una exposición. El primer cuadro, Gnomos, se escucha de manera diegética mientras Lebowski, Walter y Donny traman un plan durante un espectáculo de danza.

El gran Lebowski: Gnomos, de Cuadros de una exposición, de Modest Músorgski.

Cuadros de una exposición

Músorgski compuso sus Cuadros en tan solo 20 días. Según contó a Vladímir Stásov en una carta, “no dejaban de ocurrírsele ideas, tantas que apenas las daba escritas”. Esta facilidad para componer era algo inusual en el músico ruso, cuyo proceso compositivo era a menudo muy tortuoso. Músorgski murió —a causa de su alcoholismo— sin ver publicada esta obra. Su testigo lo recogió su compañero y amigo Nikolái Rimski-Kórsakov, que se encargó de editar la partitura. La versión pianística original de Musórgski se publicó en 1886, cinco años después de su muerte.

Promenade, de Cuadros de una exposición, de Modest Músorgski, por la Filarmónica de Berlín.

Desde su publicación, Cuadros de una exposición ha fascinado a muchos músicos, que han hecho incontables versiones de la obra. Una de estas versiones ha llegado a convertirse en la forma habitual de interpretar la composición de Musórgski: la versión orquestada por Maurice Ravel. En 1922 el director Serge Koussevitzky le pidió a Ravel que orquestara los Cuadros, consiguiendo una obra que envuelve la música de Musórgski de la intensidad propia del compositor francés, consiguiendo una mezcla perfecta.

Cuadros de una exposición está basada, como su nombre indica, en una exposición pictórica, la que se dedicó a Víktor Hartmann un par de semanas después de su muerte. El arquitecto y artista era amigo de Músorgski y, al igual que el compositor, murió prematuramente. Un año después de la exposición, el músico ruso comenzó a plasmar musicalmente sus recuerdos de Hartmann. La obra representa al propio compositor caminando por la exposición y observando los cuadros. El hilo conductor de la obra es este paseo, Promenade, que se utiliza varias veces para unir los distintos números. Los cuadros representados son Gnomos, Il vecchio castello, Tullerías, Bydlo, Ballet de polluelos en sus cáscaras, Samuel Goldebnerg y Schmuyle, El mercado de Limoges, Catacumbas, La cabaña sobre patas de gallina y La Gran Puerta de Kiev.

La cabaña sobre patas de gallina y La Gran Puerta de Kiev, de Cuadros de una exposición, de Modest Músorgski, por la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar.

Cada uno de los cuadros tiene su propia historia. Unos son diseños arquitectónicos en los que Hartmann introdujo personajes para indicar a qué escala estaban. Otros son modelos variopintos de disfraces, relojes o cualquier cosa que el artista encontrara en sus viajes. Además de las transcripciones musicales “literales”, Músorgski incluyó algunas composiciones de su propia imaginación, en las que mezcló los elementos de los cuadros con el recuerdo de su amigo. La mayoría de los cuadros de Hartmann se han perdido, por lo que la única forma de conservarlos es a través de la música de Músorgski.


Referencias:

Burrows, V. (2018, 20 de agosto). Chinese-born Du Yun’s Pulitzer-winning

Schwarm, B. (2013). Pictures at an Exhibition. Encyclopedia Britannica. https://www.britannica.com/topic/Pictures-at-an-Exhibition

Howard, O. (Sin fecha). Pictures at an Exhibition (arr. Ravel). LA Phil. Consultado el 30 de octubre de 2021. https://www.laphil.com/musicdb/pieces/557/pictures-at-an-exhibition-arr-ravel

Houston Symphony. (2019, 26 de octubre). The Quest for Immortality: Mussorgsky’s Pictures at an Exhibition. https://houstonsymphony.org/mussorgsky-pictures/

Redacción y edición: S. Fuentes

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Una noche en la ópera

La ópera de Kralik que fue plagiada

El antiguo fraile capuchino Nicasius Schusser estuvo a punto de lograr un gran éxito con su ópera Quo Vadis. Si no consiguió consagrarse como un gran maestro de este género, fue porque se descubrió que su obra era un plagio. Había copiado nota a nota 52 páginas de una ópera ajena, Blume und Weißblume (Flor y Blancaflor), de la compositora austriaca Mathilde Kralik (1857-1944). La ópera fue muy conocida en la época de su estreno, ya que contó con varias representaciones en el entorno germánico, además de un gran eco en la prensa. Kralik respondió al plagio de Schusser mediante escritos en esa misma prensa, pero no llegó a emprender acciones legales.

Rapsodia en fa menor, de Mathilde Kralik, por Timur Sergeyenia.

Las primeras aventuras musicales de Mathilde Kralik consistieron en poner música a los poemas e himnos de uno de sus hermanos mayores, Richard von Kralik, quien acabó dedicándose profesionalmente a la literatura y la filosofía. Era frecuente que la familia Kralik hiciera música en casa. El padre tocaba el violín y la madre tocaba el piano. Gracias a estos ensayos y conciertos hogareños, los niños entraron en contacto con mucha música de cámara, además de descubrir algunas obras orquestales de compositores como Haydn, Mozart o Beethoven.

Mathilde Kralik procedía de una familia acaudalada. Su padre era un empresario muy importante en la industria del cristal de Bohemia, por lo que, cuando descubrió el talento para la música de su hija, no dudó en buscarle los mejores profesores que hubiera disponibles. La joven, que hasta entonces había recibido lecciones de su madre, comenzó a estudiar piano con Julius Epstein. El maestro al ver su potencial le recomendó recibir clases de contrapunto del mismísimo Anton Bruckner. En 1876, tan solo un año después de empezar a estudiar con Bruckner, Kralik superó el examen de ingreso al Conservatorio de la Sociedad de Amigos de la Música de Viena.

Lied der Sappho, de Mathilde Kralik, por Georgia Tryfona y Danai Vritsiou.

La estancia de Kralik en el Conservatorio fue breve, pero intensa. En la institución vienesa Kralik estudió con Franz Kenn, aunque afirmaba que su principal profesor había sido Bach. Fue compañera de clase de Gustav Mahler y Hans Rott. Pese a que su preparación podría parecer precipitada, la joven se saltó el primer curso de composición, comenzando directamente en segundo. Ese mismo año ganó el segundo premio del Concurso de la Escuela de Composición con su Scherzo para quinteto con piano. Ese segundo puesto fue mejorado por la obra con que Kralik concluyó sus estudios, el Intermezzo de una suite, que ganó el primer premio y le valió la Medalla de Plata de la Sociedad de Amigos de la Música junto a su diploma en composición. La propia compositora, con tan solo 20 años, dirigió el Intermezzo para el Concurso.

Las obras de Kralik ganaron una gran popularidad rápidamente. Sus oratorios y obras para coro se representaban en las grandes salas de Viena y sus óperas eran habituales en los teatros alemanes. Pese a este éxito, tras la Primera Guerra Mundial el interés por la música de Kralik decayó notablemente. La mayoría de sus composiciones no llegaron a editarse. Sus manuscritos se conservan en la Biblioteca Nacional de Austria y en el archivo privado de Rochus Kralik von Meyrswalden.

Nacht ist’s, de Mathilde Kralik, por Laura Orueta y Elena Frutos.

Kralik fue cofundadora de la Sociedad de Mujeres Músicas de Viena. Además de aportar sus obras, apoyaba el trabajo de sus compañeras fomentando que sus composiciones fueran programadas. También hizo distintas campañas en favor de los derechos de las mujeres y organizó conciertos matinales en su propio salón.


Referencias:

KralikKlassic. (Sin fecha). Biografie der Komponistin Mathilde Kralik von Meyrswalden. Consultado el 23 de octubre de 2021. http://www.kralikklassik.de/Mathilde-Biografie.pdf.

Lied-Wettbewerb. (Sin fecha). Mathilde Kralik von Meyrswalden (1857-1944). Consultado el 23 de octubre de 2021. https://www.lied-competition-goerlitz.net/mathilde-kralik-von-meyerswalden.

Österreichischer Rundfunk. (2021, 26 de agosto). Mathilde Kralik. https://oe1.orf.at/programm/20210826/648983/Mathilde-Kralik.

Redacción y edición: S. Fuentes

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Retratos sonoros

El serialismo catalán de Gerhard

Felipe Pedrell fue una figura clave para el desarrollo de la identidad musical española en la segunda mitad del siglo XIX. Además de sus composiciones y sus escritos, el mayor legado del músico tarraconense fueron sus alumnos. Pedrell fue maestro de muchos de los autores españoles más importantes de todos los tiempos, entre los que destacan Isaac Albéniz, Enrique Granados y Manuel de Falla. Estos compositores gozaron de un gran renombre internacional y trabajaron en capitales como Londres, Nueva York o París.

Cuarteto de cuerda no.2, de Robert Gerhard, por el Cuarteto Arditti.

En esta escuela pedrelliana se crio musicalmente el compositor Robert Gerhard (1896-1970). Estudió piano con Granados y composición con el propio Pedrell. Desafortunadamente, ambos maestros murieron antes de que Gerhard completara su formación, por lo que hubo de buscar nuevos profesores. Del piano se ocupó Frank Marshall, un pianista catalán discípulo de Granados. Cuando murió Pedrell, Gerhard intentó, sin éxito, estudiar con Falla. Ante esta negativa, el compositor puso sus ojos en el extranjero, planteándose viajar a París para estudiar con Charles Koechlin. Pese a esta tentativa, Gerhard acabó por trasladarse a Viena tras ser aceptado como pupilo por Arnold Schoenberg.

Gerhard, de padre suizo y madre alsaciana, ya había estudiado fuera de España previamente. Con doce años le enviaron a Lausana a estudiar comercio. Sin embargo, el compositor tenía claro que quería dedicarse a la música. Por ese motivo, en cuanto tuvo poder de decisión viajó a Múnich a estudiar en la Musikhochschule. Debido al estallido de la Segunda Guerra Mundial, Gerhard regresó a Cataluña, donde comenzaron sus lecciones con Granados y Pedrell.

Sinfonía no.4 ‘Nueva York’, de Robert Gerhard, por la Orquesta Sinfónica de Tenerife.

Una vuelta breve

Tras su etapa con Schoenberg, Gerhard volvió a Barcelona, donde se involucró enormemente en la difusión de la nueva música. Allí formó parte del Grup dels vuit (Grupo de los ocho), la rama musical catalana de la Generación del 27. A este grupo pertenecían también Agustí Grau, Joan Gibert Camins, Eduard Toldrá, Manuel Blancafort, Baltasar Samper, Ricard Lamote de Grignon y Frederic Mompou. Gerhard luchó por integrar la música de estos autores en los círculos musicales europeos. Con este objetivo llevó a Schoenberg y a Anton Webern a la capital catalana y fue el principal organizador del Festival de la Sociedad Internacional para la Música Contemporánea (ISCM) de 1936. También participó en la vida musical a nivel institucional, siendo miembro del Consejo Cultural de la Generalitat. Este activismo hizo que Gerhard tuviera que exiliarse tras la derrota del bando republicano en la Guerra Civil.

El primer destino en el exilio de Robert Gerhard fue París, ciudad que acogió a muchos músicos y artistas españoles, entre los que se encontraba su amigo Joan Miró. La estancia del compositor en la capital francesa fue muy breve, ya que en 1939 aceptó una beca de investigación del King’s College de Cambridge. Gerhard se trasladó a Cambridge —donde permaneció el resto de su vida— y se integró por completo en la vida musical inglesa, de la que pasó a ser una pieza fundamental. Compuso obras como Sinfonía homenaje a Pedrell, Don Quijote (ballet) o La dueña (ópera), integrando con gran maestría el serialismo de la Segunda Escuela de Viena con el folclore catalán, que el propio autor había recopilado cuando trabajaba en Cataluña.

Sis Cançon Populares Catalanes, de Robert Gerhard, por la Orquestra Simfònica de Barcelona.

Gerhard fue uno de los primeros compositores en adentrarse en la música electrónica en Inglaterra. Tuvo a su disposición el recién creado BBC Radiophonic Workshop, un laboratorio puntero para experimentar con este tipo de música. Las colaboraciones entre el compositor y la BBC incluyeron el estreno de La peste, de Gerhard, en el Royal Albert Hall con la orquesta y coro de la cadena.


Referencias:

Departament de Cultura. (Sin fecha). Any Robert Gerhard. Consultado el 16 de octubre de 2021. https://cultura.gencat.cat/ca/temes/commemoracions/2020/anyrobertgerhard/inici/

Fuentes, I. (2017, 21 de noviembre). Robert Gerhard, puente entre Europa y España. La Música del 27. https://lamusicadel27.wordpress.com/2017/11/21/robert-gerhard-puente-entre-europa-y-espana/

Roberto Gerhard Official Website. (Sin fecha). Biography. Consultado el 16 de octubre de 2021. https://www.robertogerhard.com/biography/

Redacción y edición: S. Fuentes

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Notas al programa

Leiviskä, bibliotecaria sinfónica

En diciembre de 2020, la Orquesta Sinfónica de la Radio Finlandesa (RSO) organizó un concierto para celebrar el Día de la Independencia. El programa incluía obras de compositores finlandeses de distintas épocas: Tundo!, de Cecilia Damström; el Concierto para clarinete no.2 de Bernhard Henrik Crusell; A Requiem in Our Time, de Einojuhani Rautavaara y, cómo no, Finlandia, de Jean Sibelius. A estas obras se sumó una composición que llevaba sin interpretarse desde 1935: el Concierto para piano op.7 de Helvi Leiviskä (1902-1982).

El concierto de la RSO puede verse en este enlace.

La RSO consiguió recuperar el concierto tal y como su creadora lo había escrito originalmente. Esta tarea no fue nada fácil, ya que, cuando el proyecto de recuperación comenzó, solo se conservaba la parte de piano y una reducción de los temas orquestales. Por si fuera poco, el pianista encargado del estreno, Ernst Linko, había llenado la particella de anotaciones. Incluso eliminó algunos pasajes por su cuenta y contra la voluntad de Leiviskä.

Fragmento de la particella del "Concierto para piano" de Helvi Leiviskä.
Fragmento de la particella del «Concierto para piano» de Helvi Leiviskä. Se puede apreciar un pasaje tachado por Ernst Linko.

Por suerte, el Concierto para piano está muy relacionado con otras obras sinfónicas de la compositora finlandesa. Uno de los temas que utiliza aparece también en su Sinfonía no.1, aunque con algunas modificaciones; y el tema principal se usó en la Sinfonía no.3. Las decisiones de Linko de eliminar pasajes pudieron deberse a la dificultad de los mismos. Según Mirka Viitala, pianista encargada del reestreno, Leiviskä “no tuvo piedad con el intérprete en este concierto, de una textura enormemente virtuosística”.

El Concierto es, como tantas otras obras, una joya perdida a lo largo de la historia de la música. Sus movimientos alternan una fuerza y energía desbordante con una quietud y belleza que condensa la naturaleza salvaje de los paisajes más primigenios de Finlandia. Con el reestreno de esta obra, la RSO buscaba reivindicar el papel de Leiviskä en la música finlandesa de la segunda mitad del siglo XX.

Bibliotecaria de la Academia Sibelius

Helvi Leiviskä, hija de un sacerdote, estuvo a punto de convertirse en diaconisa, pero eligió dedicarse a la música. Pese a esta elección, la espiritualidad que le inculcó su padre fue algo que le acompañó durante toda su vida y que puede apreciarse en su música. La compositora finlandesa se formó en el Instituto de Música de Finlandia, la actual Academia Sibelius. Accedió a la institución como estudiante de piano y pedagogía, pero soñaba con convertirse en compositora. Contactó con uno de los profesores de la Academia, Erkki Melartin, quien accedió a darle clases particulares. Al ver el talento de la joven, Melartin no dudó en apoyarla y en hacer todo cuanto estuviera en su mano para ayudar a Leiviskä, que acabó graduándose en composición en 1927. Tras esta primera etapa en su Helsinki natal, la compositora viajó a Viena para perfeccionar su orquestación.

Sinfonia Brevis (1962), de Helvi Leiviskä.

Cuando aún era muy joven, el padre de Leiviskä murió, por lo que la compositora pasó a ser una pieza fundamental en la economía familiar. Por el día trabajaba como profesora de piano y crítica musical, además de ser la bibliotecaria de la Academia Sibelius, puesto que ocupó durante varias décadas. Por las noches Leiviskä componía. El catálogo de la compositora no es especialmente amplio —algo comprensible, dadas sus circunstancias—, aunque cuenta con muchas obras de gran envergadura. Además del Concierto para piano, Leiviskä escribió tres sinfonías, dos obras para coro y orquesta (Hobgoblin of Darkness y The Lost Continent), un intermezzo para violín y orquesta y varias bandas sonoras. A estas obras orquestales hay que sumar varias piezas de música de cámara para distintas formaciones, casi todas ellas con piano.


Referencias:

Fronczak, M. (2020, 30 de junio). Helvi Leiviskä. Fantastic women composers & WHERE TO FIND THEM. https://www.fronczak.se/helvi-leiviska/

Kahila, S. (2020, 6 de mayo). RSO:n itsenäisyyspäiväkonsertissa Helvi Leiviskän pianokonserton alkuperäisversion ensiesitys. Radion Sinfoniaorkesteri. https://bit.ly/3oJdO55

Redacción y edición: S. Fuentes

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Una noche en la ópera

Cancino de Cuevas y la ópera mexicana

Ningún buen aficionado a la ópera ignora quién es en México doña Sofía”. Con estas palabras se refería en 1953 el crítico Armando de María y Campos a la mezzosoprano, pianista, compositora y directora mexicana Sofía Cancino de Cuevas (1897-1982). Lo cierto es que Cancino estaba involucrada en el mundo de la ópera desde muchos frentes. Ella misma se había formado como cantante y tenía a sus espaldas varios papeles operísticos, pero también había fundado su propia Escuela de Ópera, con la que organizaba representaciones. Cancino se ocupaba de arreglar las partituras para la plantilla instrumental que tuviera a su disposición y también dirigía a la orquesta. Un concierto de la Escuela fue, precisamente, el objeto de la crítica que mencionábamos. En ella se elogiaba a los alumnos y a su maestra tras una representación de Il matrimonio segreto, de Domenico Cimarosa.

Allegro deciso del Cuarteto op.38, de Sofía Cancino de Cuevas.

Sofía Cancino de Cuevas comenzó su formación musical como pianista en la Academia de Pedro Luis Ogazón, donde se tituló como profesora de piano. Decidió ampliar sus estudios en la Facultad de Música de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde estudió canto, dirección y composición. Entre sus maestros se encontraban grandes personalidades de la vida musical mexicana, como Consuelo Escobar de Castro, Rafael Tello, Manuel M. Ponce o el mismísimo Julián Carrillo. Cancino terminó la carrera de composición en solo cinco años, en lugar de los nueve habituales.

La polifacética compositora se presentó como intérprete cantando varias arias operísticas y tocando el Concierto para piano no.26, de Mozart, en el mismo recital. Mozart era un autor al que Cancino recurría a menudo. Además de escoger su concierto para debutar, la compositora programó en su Escuela óperas como Don Giovanni o Bastián y Bastiana. Pero su repertorio no se limitaba al genio austriaco, también incluía obras de otros autores, como La serva padrona, de Pergolesi, El barbero de Sevilla, de Rossini, o La Navarraise, de Massenet.

Minuetto del Cuarteto op.38, de Sofía Cancino de Cuevas.

La pasión de Cancino por la ópera iba más allá de su Escuela. Entre los escritos de la compositora encontramos, además de traducciones de autores como Paul Hindemith, dos monográficos  especialmente vinculados a este género: Origen, desarrollo y decadencia de la ópera y La ópera en México. También presentó un programa de radio sobre ópera y su historia y teoría. A esta experiencia radiofónica sumó conferencias sobre el mismo tema, que incluían demostraciones prácticas de sus alumnos y eran emitidas por Radio Universidad.

Rondó del Cuarteto op.38, de Sofía Cancino de Cuevas.

Por si no fuera suficiente, la propia Cancino escribió cuatro óperas: Gil González de Ávila (ópera en dos actos con libreto de Peón Contreras), Annette, Michoacana (prólogo y dos actos, libreto de la propia autora) y Promesa d’artista e parola di re (ópera en tres actos). En total escribió casi cien obras, que incluían lieder, arreglos de canciones folclóricas, música de cámara, sinfonías, un concierto para piano y poemas sinfónicos. Uno de estos poemas, Un gallo en Pátzcuaro, escrito para orquesta y coro masculino, recibió una mención honorífica de la Universidad Nacional Autónoma de México. La mayoría de las obras de Cancino no ha llegado a editarse nunca, aunque han sido catalogadas. Desafortunadamente, algunas de sus composiciones se han perdido. Entre las obras extraviadas se incluyen dos de sus óperas, su segunda sinfonía y su concierto para piano.


Referencias:

de María y Campos, A. (1953, 23 de marzo). Doña Sofía Cancino de Cuevas y la ópera en el teatro Aguileón. Novedades. http://criticateatral2021.org/html/resultado_bd.php?ID=983

Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura. (2021, 16 de marzo). En Viajes por la música clásica presentan la obra de Sofía Cancino de Cuevas. https://inba.gob.mx/prensa/15072/en-viajes-por-la-musica-clasica-presentan-la-obra-de-sofia-cancino-de-cuevas

Redacción y edición: S. Fuentes

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Retratos sonoros

Los Siete de Jrénnikov: Denísov

Lo primero que nos llama la atención cuando hablamos de Edison Denísov (1929-1996) es su nombre, algo completamente inesperado en un compositor ruso. Su padre, físico, eligió este nombre en honor al inventor estadounidense Thomas Alva Edison. Desde muy pequeño, el joven Edik —así es como le llamaban la mayoría de sus conocidos— demostró un gran interés por las matemáticas y las ciencias. Más tarde afirmaría que esta atracción se debía simplemente a que su padre tenía muchos libros sobre esos temas.

Con dieciséis años Denísov aprendió a tocar la mandolina. Su maestro fue un químico al que había escuchado tocar música folclórica en una residencia para estudiantes de postgrado de física y matemáticas en la Universidad de Tomsk, donde su padre investigaba. Tras este instrumento llegaron el clarinete y la guitarra de siete cuerdas, instrumentos que aprendió a tocar de forma autodidacta. La música se volvió poco a poco una parte indispensable en la vida de Denísov, que compaginaba conciertos en hospitales para distraer a los enfermos con sus estudios de matemáticas en la universidad.

Arreglo para grupo de jazz del 3º movimiento de la Sonata para saxofón alto y piano de Edison Denísov.

En 1950 Denísov sintió que había llegado el momento de decidirse entre las matemáticas y la música. Indeciso, escribió a uno de sus referentes, Dimitri Shostakóvich, quien, además de responderle, pidió al joven que le enviara alguna composición. Cuando Denísov le envió sus partituras, el consagrado músico le respondió: “Querido Edik, tus composiciones me dejan atónito. Creo que tienes un gran don para la composición y sería un pecado enterrar tu talento”. Respaldado por el propio Shostakóvich, el joven intentó acceder al Conservatorio de Moscú, pero dos miembros del tribunal le rechazaron por no tener una base sólida de teoría musical.

Denísov regresó a su Tomsk natal, donde se formó concienzudamente. En 1951 volvió a intentar acceder al Conservatorio, esta vez siendo admitido en el departamento de composición. Allí entró en contacto con la música vanguardista europea. Uno de sus profesores, Vissarión Shebalín, hacía llegar a sus alumnos partituras de compositores prohibidos por las autoridades, que incluían desde Mahler hasta la Segunda Escuela de Viena. El joven compositor, quizás por su formación como matemático, se vio muy atraído por esta música. Investigó las técnicas compositivas que utilizaban estos autores prohibidos y publicó artículos con sus hallazgos, además de integrarlos en su propio estilo. Rápidamente pasó a formar parte de los círculos de compositores soviéticos alternativos, tomando parte y organizando reuniones clandestinas donde contactaban entre ellos.

El sol de los incas, de Edison Denísov, por el grupo de solistas del Teatro Bolshói.

A través de estos círculos disidentes una de las obras de Denísov acabó siendo programada en Darmstadt y París. Esa obra fue El sol de los incas. La composición tuvo una gran acogida en occidente y le valió al compositor encargos de muchos grandes instrumentistas, pero también le puso en el punto de mira de las autoridades soviéticas. Quizás para huir de la vigilancia de las autoridades —o tal vez por su curiosidad innata—, Denísov realizó viajes por distintas regiones de Rusia para investigar su folclore. El compositor se comparaba con Bartók, que pasó a ser una más de sus influencias.

Tras concluir sus estudios de postgrado, Denísov acabó dando clases en el Conservatorio de Moscú. Seguramente el compositor transmitía a sus alumnos su amor y fascinación por la música contemporánea, igual que Shebalín hiciera con él años atrás. En 1979 Denísov y dos de sus alumnos —Yelena Fírsova y Dimitri Smirnov— fueron denunciados en el sexto congreso de la Unión de Compositores Soviéticos. Se acusaba a estos y otros compositores (Gubaidúlina, Artyomov, Suslin y Knaifel) de participar en festivales occidentales sin la aprobación de las autoridades. Se impusieron restricciones a este grupo, conocido como Los Siete de Jrénnikov, para publicar y programar su música.


Referencias:

Éditions Billaudot. (Sin fecha). Edison Denisov. Consultado el 25 de septiembre de 2021. https://www.billaudot.com/es/composer.php?p=Edison&n=Denisov

Haar, O. P. (2004). The Influence of Jazz Elements on Edison Denisov’s Sonata for Alto Saxophone and Piano [tesis doctoral, The University of Texas at Austin].

Redacción y edición: S. Fuentes

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Notas al programa

Kuyper, la fundadora de orquestas

A la compositora neerlandesa Elisabeth Kuyper (1877-1953), como a muchos de sus colegas, le picó el gusanillo de la dirección. Sin embargo, a comienzos del siglo XX eran muy pocas las oportunidades que se les daban a las directoras para demostrar su talento, por lo que Kuyper decidió crear su propio coro. Ante el éxito de esta formación, en 1910 la compositora fundó la Orquesta de Mujeres Músicas de Berlín, que ella misma dirigía. Bajo su batuta, la agrupación realizó lo que el compositor Max Bruch, maestro de Kuyper, definió como “un trabajo impecable”.

Con estos éxitos a sus espaldas, la compositora —vinculada al movimiento feminista— organizó un coro y una orquesta para el Consejo Internacional de Mujeres de La Haya en 1922. Ella misma fue la encargada de dirigir su Festival Cantata con estas agrupaciones. A raíz de este evento, Kuyper recibió el apoyo de lady Ishbel Aberdeen para fundar una nueva orquesta, esta vez en Londres. Así nació la London Women’s Symphony Orchestra. Poco después llegaría la American Women’s Symphony Orchestra, que la compositora fundó en Nueva York en 1924.

Sonata para violín en la mayor, de Elisabeth Kuyper, por Aleksandra Maslovaric (violín) y Tamara Rumiantsev (piano).

Tras recorrer medio mundo fundando orquestas, Elisabeth Kuyper regresó a su puesto como profesora de composición y teoría en la Hochschule für Musik. La compositora tenía un gran vínculo con esta institución berlinesa. La Hochschule fue su primer destino tras abandonar los Países Bajos en 1896, aunque para entonces Kuyper ya contaba con algunas composiciones tempranas de gran calidad, incluyendo una sonata para piano y una ópera en un acto. Una vez finalizados sus estudios en la Hochschule, la compositora neerlandesa se convirtió en la primera mujer en ser admitida en la Meisterschule für Komposition. Allí estudió con el director del centro, Max Bruch, quien hizo un gran trabajo en la difusión de la música de su alumna. Además de ser su profesor, Bruch recomendó al gobierno holandés que becara a Kuyper y le ayudó a conseguir la ciudadanía alemana.

Kuyper y el violín

Como compositora, Elisabeth Kuyper cosechó tantos éxitos como en su faceta de directora. Poco después de finalizar sus estudios en la Meisterschule, se convirtió en la primera mujer en dar clase en la Hochschule für Musik. También fue la primera mujer en recibir el Premio Mendelssohn en la categoría de composición.

Concierto para violín en si menor, de Elisabeth Kuyper, por Aleksandra Maslovaric y la Filarmónica de Brno.

Aunque la compositora holandesa comenzó sus estudios musicales tocando el piano, el instrumento protagonista de sus obras más conocidas es el violín. La primera de las grandes obras de Kuyper fue su Sonata para violín en la mayor op.1, estrenada en 1902 por Marie Hekker al violín y la propia compositora al piano. Fue la primera obra de Kuyper en publicarse y recibió unas críticas muy buenas. La prensa alemana dijo que “daba cuenta de un gran talento” y que conseguía que tanto los oyentes como los intérpretes disfrutaran enormemente de la música.

Su otra gran obra para violín es el Concierto para violín en si menor op.10, estrenado por la orquesta de la Hochschule bajo la batuta de Bruch. Aparte de esta primera representación, de carácter más académico, la obra se interpretó en concierto público por primera vez con la Filarmónica de Berlín dirigida por Ernst Kunwald. El recibimiento fue tan bueno como en la Sonata. La crítica calificó la obra de excelente y la situó a la altura de otras obras para violín de grandes autores, como Bruch, Vieuxtemps, Lalo y Saint-Saëns.


Referencias:

Feminae Records. (Sin fecha). Kuyper, Rediscovering a Dutch Master. Consultado el 18 de septiembre de 2021. https://www.feminaerecords.com/releases/kuyper-rediscovering-a-dutch-master/

Redacción y edición: S. Fuentes

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Palomitas y partituras

Cómo ser Béla Bartók

Cómo ser John Malkovich (1999) es una película estadounidense dirigida por Spike Jonze y escrita por Charlie Kaufman. Ambos recibieron el Premio Spirit (el equivalente a los Óscar del cine independiente) a mejor ópera prima en sus respectivas categorías. Además de estos triunfos en el circuito de cine independiente, la cinta fue nominada a tres Óscar y cuatro Globos de Oro. La película cuenta la historia de Craig Schwartz, un marionetista interpretado por John Cusack, que por distintas circunstancias acaba controlando al actor John Malkovich como si fuera una de sus marionetas. En un momento dado, Craig interpreta una coreografía a través de Malkovich: la “Danza de desesperación y desilusión”:

Escena de Cómo ser John Malkovich.

La música que acompaña a la danza de Craig y Malkovich es un fragmento del segundo movimiento, Allegro, de la Música para cuerda, percusión y celesta de Béla Bartók (1881-1945). Esta no es la única referencia cinematográfica a la obra del compositor húngaro. Stanley Kubrick utilizó el tercer movimiento, Adagio, en su película El resplandor. Tras el éxito de Cómo ser John Malkovich, el dúo Jonze-Kaufman hizo otra película en 2002: Adaptation. El ladrón de orquídeas. Esta segunda cinta convierte el final de Cómo ser John Malkovich en parte de la historia, centrándose en la figura del propio Charlie Kaufman, a quien interpreta Nicolas Cage.

Música para cuerda, percusión y celesta

El director suizo Paul Sacher decía de Bartók que todo el que le conocía en persona tras haber escuchado su música se quedaba sorprendido. La música del compositor húngaro se caracteriza por una gran energía y vitalidad, pero él fue una persona enfermiza y de salud frágil desde su niñez. Se dice que, cuando empezó a escribir música con nueve años, ya había sobrevivido a más enfermedades que la mayoría de adultos.

Música para cuerda, percusión y celesta, de Béla Bartók, por la RIAS Symphony Orchestra.

En 1936 Sacher le encargó una obra a Bartók para celebrar el décimo aniversario de la Orquesta de Cámara de Basilea, que él mismo había fundado con tan solo veinte años. El resultado de este encargo fue la Música para cuerda, percusión y celesta, una obra que selló la amistad entre los dos músicos. Bartók la escribió en tan solo diez semanas. Lo más curioso de esta composición —aparte de su plantilla, como el propio título indica— es la distribución espacial de los instrumentos. A cada lado del escenario se sitúa una orquesta de cuerda, con la sección de percusión en el centro a modo de separación. Esta distribución permite jugar con la espacialidad del sonido, potenciando el contraste entre recursos como ecos o unísonos entre las dos orquestas. La Música para cuerda, percusión y celesta fue una de las obras que reavivaron el interés por estos conceptos, que ya habían sido explorados en la Venecia de finales del siglo XVI por compositores como Giovanni Gabrieli.

El primer movimiento de la obra es una fuga cuyo tema se extiende también por el resto de números. Bartók juega con la idea de simetría en este movimiento inicial, en el que construye una tensión ascendente para, a partir del clímax, invertir el sujeto de la fuga en un lento descenso. Ocurren procesos similares con la textura, buscando el contraste entre los unísonos y un tejido musical de gran densidad. Esta simetría regresa en el Adagio, cuya forma es un palíndromo que repite las mismas secciones en orden inverso. A lo largo de la obra Bártok crea distintos ambientes: desde la misteriosa y oscura atmósfera del Andante tranquillo inicial hasta la viveza y agresividad del Allegro. También juega mucho con distintos conceptos rítmicos. Por ejemplo, el primer movimiento tiene constantes cambios métricos, mientras que el segundo tiene una cierta continuidad, aunque llena de irregularidades. El culmen de estas paradojas rítmicas está en el cuarto y último movimiento (Allegro molto), una especie de danza imposible de bailar.


Referencias:

Howard, O. (Sin fecha). Music for Strings, Percussion, and Celesta. Hollywood Bowl. Consultado el 11 de septiembre de 2021. https://www.hollywoodbowl.com/musicdb/pieces/2390/music-for-strings-percussion-and-celesta

Huscher, P. (Sin fecha). Music for Strings, Percussion, and Celesta. Chicago Symphony Orchestra. Consultado el 11 de septiembre de 2021.  https://cso.org/uploadedFiles/1_Tickets_and_Events/Program_Notes/ProgramNotes_Bartok_StringsPercCelesta.pdf

Redacción y edición: S. Fuentes

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Retratos sonoros

Urreta: de México al mundo

La compositora y pianista mexicana Alicia Urreta (1930-1986) unió en su música influencias de todo tipo, creando un estilo ecléctico y único. Se formó en el Conservatorio Nacional de Música de México con maestros como Joaquín Amparán, Eduardo Hernández Moncada o Rodolfo Halffter. A estos grandes nombres sumó lecciones de pianistas de la talla de Alicia de Larrocha. Tras esta etapa en México, continuó sus estudios en la Schola Cantorum de París, donde orientó su estilo compositivo hacia la música electrónica y electroacústica.

Como instrumentista, Urreta ganó el concurso de piano del Conservatorio Nacional de Música y el concurso Johann Sebastian Bach. Trabajó como acompañante de la Compañía de Danza Contemporánea, donde creó un fuerte vínculo con las artes escénicas que perduraría durante toda su carrera, al menos a nivel compositivo. También fue la pianista de la Orquesta Sinfónica Nacional de México desde 1957 hasta su muerte. Entre las capacidades de Urreta destacaban una gran habilidad para la improvisación y la lectura a primera vista. Gracias a estas características, la pianista pudo empaparse de una amplísima variedad de mundos sonoros, convirtiéndose en una intérprete muy polifacética.

De la palabra, el tiempo y el poeta, de Alicia Urreta.

En cuanto a su faceta compositiva, Urreta abarcó un sinfín de géneros. Sus obras fueron estrenadas por todo el mundo: desde México hasta París (Ralenti, estrenada en 1971) o Nueva Orleans (Natura mortis, estrenada en 1972). Escribió composiciones para prácticamente todas las formas de música escénica: música incidental, para danza, ópera (El romance de doña Balada), bandas sonoras de cine e incluso la cantata De la pluma al ángel (1983). Esta última obra combina textos bíblicos con otros de poetas como Alberti o Borges. Tiene una amplísima plantilla, incluyendo a un coro mixto, dos órganos y tres grupos de percusión, además de un armonio y los cantantes solistas.

Sus obras teatrales fueron muy aclamadas y premiadas por la crítica. El crítico José Antonio Alcaraz dijo de Urreta que “tuvo el valor de ser ella misma y de decidir por dónde iba su lenguaje, sin tomar en cuenta las modas o las necesidades tecnológicas, sino creándolas de acuerdo con lo que ella quería expresar”. El crítico también reconocía las hondas raíces en la cultura mexicana que tenía la música de la compositora.

Dameros I, de Alicia Urreta, por Armando Merino.

Durante su vida, Urreta ocupó un gran número de cargos de la más diversa índole. Ejemplos de esta diversidad son su puesto como profesora de acústica del Instituto Politécnico Nacional o el de Coordinadora Nacional de Ópera, que ocupó de 1973 a 1976. También fundó y dirigió la Camerata de México.

Urreta tuvo un importante papel en la divulgación de la música contemporánea mexicana. Junto al compositor español Carlos Cruz de Castro, creó el Festival Hispano Mexicano de Música Contemporánea. Este evento, además de ser un entorno perfecto para estrenar obras de nueva creación, era una plataforma para trabajar la integración de música, danza y artes plásticas contemporáneas. El festival tuvo diez ediciones, todas ellas coordinadas por el dúo de compositores. Entre los autores que estrenaron obras en el FHMMC encontramos nombres como Mario Kuri Aldana, Ramón Barce o Rodolfo Halffter, el antiguo maestro de Urreta.


Referencias:

Música Mexicana de Concierto. (Sin fecha). Urreta Alicia. Consultado el 4 de septiembre de 2021. https://www.sacm.org.mx/mmc/biografias_detalle.asp?id=1.

Piñero Gil, C. C. (2018). Alicia Urreta. Revista con la a, (57).

Redacción y edición: S. Fuentes