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Retratos sonoros

Mamlok y la evolución infinita

La familia de Ursula Mamlok (1923-2016), como tantos otros judíos, se vio obligada a dejar Berlín para huir de los nazis. En 1939 emigraron a Ecuador, donde tenían un familiar. Intentaron rehacer sus vidas en el país latinoamericano, pero la joven Ursula (por aquel entonces Ursula Lewy) no conseguía reemplazar el entorno musical en el que se había criado hasta entonces. Desde muy joven había recibido lecciones de piano, a las que a los doce años se sumaron otras de composición. La compositora siempre guardó un muy buen recuerdo de aquella temprana etapa, bajo la tutela de Gustav Ernest y Emily Weissgerber.

En su nueva vida en Guayaquil, Mamlok intentó integrarse en el conservatorio, pero sentía que no estaba recibiendo la formación adecuada. Intentó mantener el contacto por correspondencia con su antiguo maestro Ernest, que había huido a Amsterdam, pero el pianista murió en 1941. Buscando solucionar su estancamiento formativo, Mamlok solicitó una beca para estudiar en la Mannes School of Music de Nueva York. Le fue concedida, por lo que la joven se marchó en solitario a estudiar en la institución neoyorquina. No tenía dinero y no conocía el idioma, e incluso tuvo que esperar un año hasta que sus padres pudieron reunirse con ella.

Suite para violín y piano de Ursula Mamlok por Emily Kruspe y Saeha Youn.

Mamlok cumplió su objetivo de seguir formándose al más alto nivel, pero la institución era demasiado conservadora musicalmente. La joven deseaba salirse del molde de la composición clásica. Con la intención de ampliar sus horizontes, consiguió una beca para estudiar durante tres meses en el Black Mountain College de Carolina del Norte. Allí entró en contacto con la obra de Arnold Schoenberg y la Segunda Escuela de Viena. Encantada con esta nueva realidad sonora, Mamlok estudió en profundidad la música dodecafónica.

Pese a su formación internacional, las idas y venidas por distintas instituciones privaron a Mamlok de terminar el programa educativo de cualquiera de ellas. A sus 26 años, no se sentía capacitada para trabajar como compositora porque no tenía ninguna titulación. Ingresó en la Manhattan School of Music de Nueva York, pero se sentía avergonzada por tener compañeros mucho más jóvenes. La solución de Mamlok para este complejo fue quitarse cinco años de encima cambiando el 3 de su fecha de nacimiento por un 8.

Ursula Mamlok siguió formándose durante muchos años, compatibilizando su aprendizaje con su actividad profesional. Estudió con un gran número de profesores y encontró nuevas influencias musicales en compositores consagrados, como Hindemith y Bartók. A medida que su estilo se fue definiendo, fue la propia Mamlok quien se convirtió en profesora. Enseñó teoría y composición en distintas universidades estadounidenses y en la Manhattan School of Music en que ella misma se había formado. Entre sus alumnos podemos encontrar figuras de la talla de Tania León, Alba Potes o Alex Shapiro.

Der Andreasgarten de Ursula Mamlok por el Damselfly Trio.

A la muerte de su marido, en 2005, la compositora decidió regresar a su Berlín natal. Este retorno a la patria fue una vuelta triunfal, ya que la música de Mamlok gozó de una enorme acogida en el circuito musical europeo. Sus obras fueron protagonista de conciertos y grabaciones, tanto de discos como para radio y televisión. Y durante esta última etapa, prácticamente hasta su fallecimiento en 2016, la compositora no dejó de crear nueva música, especialmente centrada en el repertorio camerístico para distintas formaciones.

Una larga evolución

El estilo de Mamlok evolucionó continuamente durante toda su vida. La compositora afirmaba que “la música debería expresar las diversas emociones con claridad y convicción”. Aspiraba a que su música fuera “como las flores de una planta: cada una diferente y única pese a provenir de un mismo material”, en su caso un material mínimo que mediante transformaciones diera la impresión de ser siempre nuevo.

La música de cámara siempre ocupó un lugar destacado en la producción de Mamlok. Desde el Quinteto para viento madera con el que se graduó en 1957 hasta las composiciones de su última etapa en Europa. Pese a esta predilección, Mamlok también se adentró en la música orquestal, como con su Scherzo and Finale for Orchestra o su Concierto para oboe. E incluso se atrevió a trabajar con la voz, tanto en canciones como integrando a los cantantes en obras camerísticas. Uno de estos ejemplos es Der Andreasgarten para mezzosoprano, flauta y arpa, para la que su marido escribió el texto.


Referencias:

Mamlokstiftung. (Sin fecha). Biography. Consultado el 1 de mayo de 2021. https://www.mamlokstiftung.com/ursula-mamlok/biographie/

Redacción y edición: S. Fuentes

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Palomitas y partituras

Von Bingen, una mente maravillosa

La película Una mente maravillosa (2001) nos muestra la vida del matemático John Nash, Premio Nobel de Economía en 1994. La cinta, ganadora de cuatro Premios Óscar, está basada en una novela homónima de la escritora Sylvia Nasar. Pese a ser imprecisa en algunos aspectos —ya que Nash no llegó a participar en su elaboración ni a autorizarla—, la historia contribuye a la visibilización de la esquizofrenia.

Nash sufría alucinaciones debido a su enfermedad mental. En la película estas alucinaciones toman la forma de tres personas: William Parcher, Charles y la sobrina de este último, Marcee. La cinta comienza con la llegada de Nash a Princeton, donde conoce a su inexistente compañero de habitación, Charles. Este encuentro está enmarcado por la música del vinilo que el matemático está escuchando. Aunque sea brevemente, alcanzamos a escuchar unos segundos de Columba aspexit, una obra de la compositora alemana Hildegard von Bingen (1098-1179).

Columba aspexit de Hildegard von Bingen por Voices of Ascension.

Hildegard von Bingen

La elección de Hildegard von Bingen, Doctora de la Iglesia, para formar parte de la banda sonora de Una mente maravillosa puede ser una pequeña broma del director, Ron Howard, ya que las visiones y apariciones divinas fueron algo habitual en la vida de la compositora. Siendo muy pequeña, von Bingen fue entregada a un monasterio, Disibodenberg, como ofrecimiento a Dios. Allí creció bajo la tutela de una monja, Jutta von Sponheim, que le enseñó teología y algo de latín.

Cuando la niña tenía seis años, afirmó haber tenido visiones. Se lo contó a Jutta, que también había sufrido experiencias similares y pudo ayudar a Hildegard a sobrellevar la situación. Con el tiempo, se fue corriendo la voz sobre aquellas dos mujeres bendecidas por la divinidad. Según su fama crecía, muchos padres fueron dejando a sus hijas a cargo de Jutta y Hildegard, con lo que se fue creando una pequeña congregación femenina junto a Disibodenberg.

O tu illustrata de Hildegard von Bingen por VocaMe.

Cuando Jutta murió, Hildegard se hizo cargo del grupo. En 1141 le comentó a uno de los monjes que, en una de las apariciones, Dios le había pedido que anotara las visiones. Tras estudiar las transcripciones, el monje confirmó la procedencia divina de las mismas. Este reconocimiento puso a la congregación en un problema: no querían que una mujer profetizara, pero tener una figura así en el monasterio aumentaría los donativos y los ingresos de nuevos miembros. Las distintas autoridades eclesiásticas fueron escurriendo el bulto hacia sus superiores, y las visiones de von Bingen acabaron por llegar a oídos del papa Eugenio III.

El Papa investigó la cuestión y le dio a Hildegard su beneplácito, además de animarla a compartir todo lo que el Espíritu Santo le comunicara. Ante esta autorización papal y la incesante llegada de nuevas acólitas, von Bingen tuvo una visión para trasladar el convento a otro lugar. Pese a la oposición de los monjes, la religiosa consiguió su propósito y fundó el monasterio de Rupertsberg. Con este golpe sobre la mesa, la congregación femenina consiguió escapar del control de los monjes. La fama de Hildegard von Bingen era tan grande que, gracias a las distintas donaciones, el nuevo monasterio también consiguió ser independiente económicamente de los poderes laicos. Tan bien les iba a las arcas de Rupertsberg que la abadesa se permitió admitir únicamente a hijas de familias nobles y acaudaladas.

In Principio del auto sacramental Ordo virtutum de Hildegard von Bingen por Psallentes.

Pero la separación de Disibodenberg también tuvo sus consecuencias negativas. Algunos nobles decidieron apartar a sus hijas de aquel monasterio regido por mujeres para enviarlas a otras comunidades religiosas. Ese fue el caso de Richardis von Stade, una monja que compartía las visiones de Hildegard y estaba llamada a ser su sucesora. Aparte de la ausencia de hombres, otro de los aspectos más criticados de Rupertsberg era el atuendo de las monjas en los días de fiesta. Se ponían coronas con símbolos religiosos y anillos de oro, ya que la abadesa afirmaba que no merecían menos ornamentos que los sacerdotes y obispos. Pese a las bajas, el flujo de mujeres no cesó, hasta el punto de tener que redirigir a algunas hacia otro monasterio, el de Eibingen, donde actualmente están los restos de von Bingen.

Aparte de sus visiones, la abadesa escribió o dictó otros libros. Entre sus obras teológicas podemos encontrar Scivias, el Liber Vitae Meritorum o el Liber Divinorum Operum. A partir de su llegada a Rupertsberg, Hildegard von Bingen comenzó a escribir música. De su producción conservamos un auto sacramental, Ordo virtutum, y un conjunto de obras agrupadas en el libro Sinfonía de la armonía de las revelaciones divinas.

Además de compositora y teóloga, von Bingen tenía unos amplios conocimientos de botánica, medicina y fisiología. En este campo escribió el Libro sobre las propiedades naturales de las cosas creadas, dividido en Physica y Causae et Curae. Tales eran los conocimientos de Hildegard von Bingen, que esta obra se volvió a utilizar tras la Segunda Guerra Mundial. Ante la escasez de medicamentos, una abadesa recurrió al tratado, cuyos remedios naturales fueron recuperados y aplicados a los pacientes.


Referencias:

Morrón, L. (2015, 6 de noviembre). Santa Hildegarda de Bingen: religión, ciencia y poder. Los Mundos de Brana. https://bit.ly/3eugkGX

Rabassó, G. (2012). Hildegarda de Bingen: Sinfonía de la armonía de las revelaciones celestiales. Lletra de Dona. https://bit.ly/3eWjHFi

Redacción y edición: S. Fuentes

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Notas al programa

Lucier sentado en una habitación

Un buen día de 1969, Alvin Lucier (1931) se sentó en silencio en medio del Estudio de Música Electrónica de la Universidad de Brandeis. El compositor estadounidense comenzó a explicar lo que estaba a punto de ocurrir en aquel lugar, todo un hito de la música electrónica:

“Estoy sentado en una habitación diferente de en la que tú estás ahora. Estoy grabando el sonido de mi voz al hablar y voy a reproducirlo en la habitación una y otra vez hasta que las frecuencias de resonancia propias de la habitación se refuercen tanto que no haya ningún parecido con mi discurso, tal vez con la excepción del ritmo. Lo que vas a oír son, por tanto, las frecuencias de resonancia naturales de la habitación articuladas por mi discurso. No considero esta actividad la demostración de un acto físico, sino una forma de suavizar las irregularidades que mi discurso pueda tener».1

I Am Sitting in a Room de Alvin Lucier.

Y eso fue exactamente lo que ocurrió. Así nació I Am Sitting in a Room (Estoy sentado en una habitación), uno de los mayores logros de la música electrónica minimalista. La obra consigue convertir las características del entorno en frecuencias pedales, cambiando por completo en función del espacio en que se interprete. Pese a la última frase de Lucier, que afirmó que la obra solo buscaba suavizar su tartamudeo, lo cierto es que es una más entre las muchas exploraciones del fenómeno acústico y la percepción auditiva del compositor.

La inspiración para esta obra le llegó gracias a Amar Bose. El fabricante de altavoces explicó en una charla en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) que para probar sus productos hacían grabaciones de lo que emitían los altavoces y las reproducían por esos mismos aparatos. Lucier no asistió a la charla, pero cuando un científico para el que trabajaba le habló de este proceso, el compositor rápidamente planteó su obra experimental.

Tras la grabación inicial de 1969, I Am Sitting in a Room se interpretó en directo por primera vez un año después, en el Museo Guggenheim de Nueva York. Años después llegaron más interpretaciones y grabaciones, algunas de la mano del propio Lucier. Cada una de ellas con una sonoridad particular. De hecho, el compositor ha confesado que hay al menos una habitación cuyo sonido no le agradó al interpretar la obra. Aunque normalmente se utiliza el texto descriptivo de Lucier, él mismo ha especificado que se puede utilizar cualquier texto en la obra.

Una de las proyecciones de "Polaroid Image Series" de Mary Lucier.
Una de las proyecciones de «Polaroid Image Series» de Mary Lucier.

El deterioro de la conservación

La interpretación de I Am Sitting in a Room en el Guggenheim estuvo acompañada por unas proyecciones tituladas Polaroid Image Series, realizadas por Mary Lucier, compañera del compositor. Las proyecciones mostraban imágenes generadas a partir de una fotografía instantánea reproducida una y otra vez. El resultado presentaba una degradación similar a la observada en la voz de Lucier a lo largo de su obra.

Al trasladar la experiencia de I Am Sitting in a Room a otras disciplinas artísticas se puede extraer una segunda lectura de la obra: el deterioro de las obras a través de los medios que estaban destinados a conservarlas. Tanto las proyecciones como el discurso de Lucier llevan al extremo esta situación, forzando un rápido deterioro que podría no llegar a ocurrir nunca en condiciones normales.

Esta redefinición de la obra pudo ser un efecto colateral en el caso de los Lucier, pero es el eje en torno al que giró una obra audiovisual de 2010 heredera de I Am Sitting in a Room, titulada VIDEO ROOM 1000. Este proyecto de Patrick Liddell buscaba experimentar con los algoritmos de compresión de la plataforma YouTube. Para ello, el compositor y artista audiovisual subió y descargó un mismo vídeo 1000 veces a lo largo de un año.

Timelapse de VIDEO ROOM 1000 de Patrick Liddell.

Textos originales:

1 I am sitting in a room different from the one you are in now. I am recording the sound of my speaking voice and I am going to play it back into the room again and again until the resonant frequencies of the room reinforce themselves so that any semblance of my speech, with perhaps the exception of rhythm, is destroyed. What you will hear, then, are the natural resonant frequencies of the room articulated by speech. I regard this activity not so much as a demonstration of a physical fact, but more as a way to smooth out any irregularities my speech might have.


Referencias:

Rugiero, F. (Sin fecha). I am sitting in a room. Proyecto IDIS. Consultado el 24 de abril de 2021. https://proyectoidis.org/i-am-sitting-in-a-room/

Hasse, S. (2012). I am Sitting in a Room. Body, Space & Technology, 11. http://doi.org/10.16995/bst.71

Arts at MIT. (2014, 4 de noviembre). Alvin Lucier on «I am sitting in a room» . Youtube. https://www.youtube.com/watch?v=v9XJWBZBzq4

Redacción y edición: S. Fuentes

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Retratos sonoros

Wilhelmine de Prusia, margravina de la cultura

Érase una vez una princesa prusiana, hija de Federico Guillermo I y Sofía Dorotea de Hannover. Pese a su noble linaje, no tuvo una infancia feliz: la pequeña recibía constantes palizas de su institutriz. En palabras de nuestra protagonista, Wilhelmine (o Guillermina) de Prusia (1709-1758), “no había día en que la institutriz no demostrara el temible poder de sus puños”. Fue gracias a su hermano pequeño, el que llegaría a convertirse en Federico el Grande y a quien estaba muy unida, que escapó de este maltrato. La institutriz de Federico acudió a la madre de los niños, que hasta entonces había hecho la vista gorda, y le dijo que no se sorprendiera si Wilhelmine acababa lisiada por las palizas recibidas.

Una vez superada esta temprana violencia, la vida de la princesa transcurrió bajo el yugo de su autoritario padre. Cuando lo estimó oportuno y tras explorar varias opciones, acabó por casar a Wilhelmine con el futuro Margrave de Brandemburgo-Bayreuth, dos años menor que ella. El enlace fue una sorpresa para casi toda la corte, incluyendo al novio. El noble estaba prometido a una hermana menor de Wilhelmine, pero en el último momento el rey decidió unilateralmente escoger a otra de sus hijas como novia. El margrave heredó su título y dominios en 1735 y desde entonces, el matrimonio apostó por convertir Bayreuth en un pequeño Versalles.

Reconstruyeron su residencia de verano, el palacio y el teatro de la ópera. E incluso crearon un nuevo teatro de ópera (que hoy en día se conoce como Ópera del Margrave y coexiste con la Festpielhaus de Wagner) y una universidad, la actual Universidad de Erlangen-Núremberg. Este boom inmobiliario dejó el margraviato al borde de la bancarrota, pero consiguió convertir a Bayreuth en uno de los centros culturales más importantes del Sacro Imperio Romano Germánico.

Obertura de la ópera Argenore de Wilhelmine de Prusia.

Wilhelmine mantuvo una estrecha relación con su hermano durante toda su vida. Se convirtió en los ojos y oídos de Federico en el sur de Alemania. La muerte de la margravina supuso un golpe durísimo para el rey prusiano, que se sumió en una depresión de la que nunca llegó a recuperarse por completo. En el décimo aniversario de la muerte de Wilhelmine, Federico hizo construir en su memoria el Templo de la Amistad en su palacio de verano de Sanssouci.

El legado de Wilhelmine

La margravina siempre tuvo un gran interés por la literatura. Durante sus años de juventud en Berlín empezó a reunir una pequeña colección de libros que fue ampliando notablemente desde su llegada a Bayreuth. Cuando fundó la Universidad de Erlangen-Núremberg, dejó escrito en su testamento que legaba su colección bibliográfica a dicha institución. El catálogo que recibió el centro constaba de 4226 volúmenes marcados con las iniciales de la margravina (FSW, de Friederike Sophie Wilhelmine) bajo la corona real prusiana. La mayoría de los libros eran de carácter histórico, especialmente centrados en la historia moderna temprana, aunque unos pocos se ocupaban de la historia medieval. Entre esta sección histórica había un gran número de biografías y memorias. De hecho, la propia Wilhelmine escribió sus memorias bajo el título Memoires de ma vie. Se publicaron en 1810 en alemán y francés, pero existen dudas sobre la veracidad de lo que la margravina relató en este libro.

Concierto para tecla en sol menor de Wilhelmine de Prusia por la Orquesta Barroca Casa de Música.

Pese a que la literatura histórica era la gran protagonista en la colección de Wilhelmine, también estaban presentes en ella traducciones al francés de clásicos grecorromanos y obras renacentistas, trabajos teológicos y filosóficos y algunos libros sobre ciencia y medicina. Casi todos los libros de Wilhelmine estaban en francés. De hecho, los únicos volúmenes en alemán de todo el conjunto eran algunas biblias y un libro sobre arquitectura de castillos.

Además de este interés en la literatura, la margravina fue también compositora y mecenas de músicos. Como laudista, fue alumna de Silvius Leopold Weiss. Entre las obras que conservamos de Wilhelmine de Prusia se encuentran el Concierto para tecla en sol menor, la ópera Argenore, una sonata para flauta, varias obras camerísticas y algunas canciones.


Referencias:

Ambache, D. y Schleifer, M. F. (2006, 17 de agosto). Wilhelmine [Wilhelmina; Sophie Friederike Wilhelmine], Princess of Prussia, later Margräfin of Bayreuth. Grove Music Online. https://doi.org/10.1093/gmo/9781561592630.article.2022329

University Library of Erlangen-Nüremberg. (Sin fecha). Wilhelmine of Prussia, Margravine of Brandenburg-Bayreuth. Recuperado el 17 de abril de 2021. https://ub.fau.de/en/history/wilhelmine-of-prussia-margravine-of-brandenburg-bayreuth/

Redacción y edición: S. Fuentes

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Fin de la cita

Dvořák: Nuevo Mundo, nuevos tiempos

Antonín Dvořák (1841-1904) fue un compositor muy viajero. El músico checo hizo viajes y estancias por distintos países de Europa, incluyendo lugares tan dispares como Rusia o Inglaterra. Pero las andanzas de Dvořák no se detuvieron en el Viejo Continente. El compositor cruzó el Atlántico hacia Estados Unidos, donde vivió durante tres años.

La visita al continente americano se produjo gracias a una invitación. Jeanette Thurber, una acaudalada filántropa y mecenas, pidió al compositor checo que se hiciera cargo del Conservatorio Nacional de Música de América, que ella misma había fundado pocos años antes. Dvořák aceptó con una condición: que los nativos americanos y afrodescendientes que mostraran dotes para la música, pero no pudieran costearse los estudios, fueran admitidos gratuitamente en la institución. Thurber dio su visto bueno y en 1892 el conservatorio estrenó nuevo director.

Adagio, Allegro molto de la Sinfonía no.9 de Dvořák por la Filarmónica de Viena.

A diferencia de otros músicos, que emprendían aventuras americanas con el único fin de lucrarse, desde el primer momento Dvořák quiso conocer la música de su nuevo hogar. Se interesó por el folclore estadounidense, que para él estaba constituido por la música de los nativos y los espirituales de los afroamericanos. El compositor tuvo una gran relación con los espirituales gracias a uno de sus alumnos, Harry Burleigh. El músico afroamericano ayudaba a Dvořák en su adaptación al Nuevo Mundo a cambio de las lecciones. Burleigh era, además de un estudiante de composición, un gran cantante, y fue a través de su voz como el compositor checo conoció un gran número de espirituales.

Scherzo: Molto vivace de la Sinfonía no.9 de Dvořák por la Czech Philharmonic Orchestra.

La relación entre Dvořák, sus alumnos y los espirituales fue, en cierto modo, circular. Si Burleigh le había abierto las puertas de este género, fue otro de sus alumnos, William Arms Fisher, quien convirtió el Largo de la Sinfonía no.9 (1893) en una suerte de espiritual: Goin’ Home (hasta el punto de ser considerado parte del repertorio tradicional). Dvořák ya había reparado en la fuerza del movimiento. De hecho, se planteó utilizarlo como base para una cantata o una ópera sobre La canción de Hiawatha, un poema épico de Henry Wadsworth Longfellow. Este proyecto nunca llegó a realizarse, privándonos de la que seguro hubiera sido una gran obra sobre la figura del líder nativo.

Goin’ Home de William Arms Fisher.

Sinfonía del Nuevo Mundo

Esta Sinfonía no.9, también conocida como Sinfonía del Nuevo Mundo o Sinfonía desde el Nuevo Mundo, fue una de las obras que Dvořák compuso durante su estancia en Estados Unidos. Las otras son el Cuarteto de cuerda no.12 (1893, Cuarteto americano), el Quinteto de cuerda en mi bemol (1893) y el Concierto para violonchelo en si menor (1895). Para la sinfonía, Dvořák recurrió a los conocimientos que había adquirido sobre el folclore estadounidense. Aunque no llegó a emplear ninguna melodía de los nativos, utilizó los recursos de esta minoría para crear sus propios temas originales. Aunque se puede percibir claramente la identidad americana, Dvořák también incorporó elementos del folclore de su tierra, Bohemia, ya que era algo inherente a su música. Esta intrusión, ya fuera consciente o inconsciente, refuerza la idea de mestizaje y multiculturalidad sobre la que se ha intentado construir la sociedad y la cultura estadounidense.

Goin’ Home no es la única obra que bebe de la Sinfonía del Nuevo Mundo. William Arms Fisher pudo ser el primero o uno de los primeros en utilizar la música de Dvořák, pero no fue ni será el único. La sinfonía sigue hechizando a músicos de todos los géneros y estilos a día de hoy. Podemos encontrar numerosas referencias a esta obra en temas de música comercial. Distintos fragmentos (a menudo del cuarto movimiento, Allegro con fuoco) han inspirado a grupos como Arch Enemy (War Eternal), Accept (Samson and Delilah) o Blind Guardian (By the Gates of Moria). Pero, sin duda, uno de los mayores homenajes a la sinfonía es el de la banda italiana Rhapsody en The Wizard’s Last Rhymes.

The Wizard’s Last Rhymes de Rhapsody.

El tema no se limita a referenciar la obra de Dvořák, sino que se basa casi completamente en la Sinfonía no.9. Es la última pista del disco Rain of a Thousand Flames. En este álbum también aparecen también otras referencias, como a la secuencia Dies irae (solo el texto), a la banda sonora de la película Phenomena (1985) o a la melodía tradicional irlandesa Cooley’s Reel.


Referencias:

Döge, K.  (2001). Dvořák, Antonín. Grove Music Online.  https://doi.org/10.1093/gmo/9781561592630.article.51222

Beckerman, M.  (2014, 31 de enero). Dvořák, Antonín (USA). Grove Music Online. https://doi.org/10.1093/gmo/9781561592630.article.A2257504

Redacción y edición: S. Fuentes

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Notas al programa

Lutyens en el valle de Hatsu-se

Elisabeth Lutyens (1906-1983) decidió que quería ser compositora con tan solo 9 años. La joven londinense comenzó a formarse y en 1922 ingresó en la École Normale de Musique de París. Su educación musical se vio interrumpida por un viaje a la India junto a su madre. Una vez transcurrido este aparte, de vuelta a su Inglaterra natal Lutyens accedió al Royal College of Music, donde fue alumna de Harold Drake.

6 Tempi de Elisabeth Lutyens por Jane’s Minstrels.

En dicha institución, Lutyens tuvo contacto con música de autores de los más diversos estilos. Ya en esta temprana etapa la compositora mostró un cierto distanciamiento con los gustos generalizados. Rechazaba la música de Mahler, Bruckner o Elgar, mientras que le fascinaba el estilo de Debussy, compositor que había descubierto en París y que por aquel entonces era considerado una figura menor.

La compositora trabó amistado con la directora Iris Lemare y la violinista Anne MacNaughton. Las tres solían debatir sobre los problemas que sufrían las mujeres en el ámbito musical. Lemare y MacNaughton organizaban conciertos, que poco a poco adquirieron cierta relevancia en la escena londinense. En ellos se interpretaban y estrenaban obras de autores como Benjamin Britten, Grace Williams o Elizabeth Maconchy. Rápidamente Lutyens entró a formar parte de esa lista de jóvenes compositores. Además de esta apuesta por la música de nueva creación, estos conciertos recuperaron numerosas obras poco conocidas de los siglos XVI y XVII.

O Saisons, O Châteaux! de Elisabeth Lutyens por el Brunel Ensemble.

Lutyens intentó aislarse de las corrientes compositivas dominantes en Reino Unido, pero también de los nuevos movimientos que no paraban de surgir en Europa. Gracias a esto, la compositora londinense desarrolló un estilo propio. Su mayor influencia le llegó a través de Humphrey Searle. El compositor, alumno de Anton Webern, llegó a ser productor de la BBC, y utilizó esta plataforma para dar difusión a la música serial. Continuando con su trayectoria singular, Lutyens utilizó recursos serialistas sin adherirse estrictamente al movimiento. Le gustaba la impredecibilidad que imprimía a la música. Esta proximidad a los preceptos de la Segunda Escuela de Viena hizo que Lutyens se ganara el sobrenombre de “12-Note Lizzie” (Lizzie de las 12 notas).

The Valley of Hatsu-se

En 1962 falleció el director Edward Clark, segundo marido de Elisabeth Lutyens. Esta pérdida fue un golpe muy duro para la compositora. Llegó en el momento álgido de su carrera, cuando tenía una mejor acogida por parte de la crítica. Sus cuatro hijos se habían emancipado y Lutyens disponía de más tiempo para componer. Pese a encontrarse sumida en la desesperación, la compositora utilizó su actividad creativa para escapar del dolor.

The Valley of Hatsu-Se de Elisabeth Lutyens por el Psappha Ensemble.

Según sus creencias, la música no debía basarse en los sentimientos del creador. Esto contrasta con The Valley of Hatsu-se (1965, El valle de Hatsu-se), una obra de Lutyens de este periodo sobre poemas japoneses que tratan, precisamente, el tema de la pérdida. La composición, escrita para soprano y un grupo de cámara, recibe su nombre de uno de los poemas. El tono predominante en estos textos es el del enfado. La persona protagonista recrimina al difunto haberle abandonado. Posiblemente esta temática refleje le frustración de Lutyens, que había explorado distintas teorías sobre la vida después de la muerte intentando encontrar consuelo. La compositora, que no era una persona religiosa, fue incapaz de creer en esas historias.

La obra respondió a un encargo para el Festival de Verano de Darlington. Se estrenó en dicho evento el 6 de agosto de 1965. Los encargados de esta primera interpretación fueron el Vesuvius Ensemble y la soprano Jane Manning. The Valley of Hatsu-se supuso el comienzo de una fructífera relación profesional entre Lutyens y Manning.


Referencias:

Guiter, C. (Sin fecha). Lutyens, Elisabeth (1906-1983). MCNBiografías. Consultado el 3 de abril de 2021. https://bit.ly/3dBLjPI

AllMusic. (Sin fecha). Elisabeth Lutyens: Valley of Hatsu-se for soprano & chamber ensemble, Op. 62. Consultado el 3 de abril de 2021. https://bit.ly/3sIjlrH

Redacción y edición: S. Fuentes

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Retratos sonoros

Desglosando a Diego Ortiz

Pese a tratarse de uno de los grandes nombres del Renacimiento español, apenas conocemos nada de Diego Ortiz (c.1510-c.1576). Sabemos que el músico toledano era compositor, violagambista y teórico musical. Sabemos que en 1553 residía en Nápoles. Fue, precisamente, en el virreinato napolitano donde llegó a convertirse en maestro de capilla. Trabajó al servicio de varios virreyes: desde el duque de Alba (Fernando Álvarez de Toledo) hasta, por lo menos, el duque de Alcalá (Per Afán de Ribera). De hecho, hasta hace poco se creía que el compositor había fallecido en Nápoles, pero actualmente existe una teoría que indica que trabajó en Roma en la última etapa de su vida, entre 1572 y 1576. De confirmarse, en este periplo romano Ortiz habría estado al servicio de la familia Colonna.

Aunque la vida de Diego Ortiz sea una gran incógnita, su legado musical es un tesoro de un valor incalculable. Del compositor toledano conservamos dos libros y una obra (Doulce Memoire). El más reciente de estos libros es Musices liber primus hymnos, magnificas, Salves, motecta, psalmos, más conocido como Musices liber primus. Se trata de una colección de música polifónica religiosa publicada en Venecia en 1565. Contiene un total de 69 composiciones que desarrollan melodías de canto llano preexistentes. Entre estas obras podemos encontrar himnos, magnificats o motetes.

Recercada segunda sobre «La Spagna» del Tratado de glosas de Diego Ortiz. Varios intérpretes.

Pero aún es más relevante la primera publicación de Ortiz, su Tratado de glosas sobre cláusulas y otros géneros de puntos en la música de violones nuevamente puestos en luz (Tratado de glosas), publicado en Roma el 10 de diciembre de 1553.

Tratado de glosas

El Tratado de glosas de Diego Ortiz está dedicado a Pedro de Urriés, barón de Riesy. Es una colección de obras para viola da gamba y clave. Fue editado en italiano y castellano, y es, de hecho, el único documento teórico-práctico de la época en español dedicado a la viola de gamba (a la que Ortiz se refiere como violón o vihuela de arco).

Recercada primera sobre el passamezzo antiguo y Recercada octava sobre la folia del Tratado de glosas de Diego Ortiz. Versión del Flanders Recorder Quartet.

Las obras contenidas en el tratado aparecen con el nombre de recercadas. Esta denominación no alude a su forma, sino al concepto subyacente: re-cercar, buscar de nuevo, explorar las distintas dimensiones de las melodías. Esta exploración se consigue utilizando diversas formas musicales, como pueden ser fantasías, variaciones o diferencias.

El uso del término “glosa” en música es algo típico del Renacimiento español y portugués. Habitualmente se aplica a música instrumental en la que se sustituyen unos intervalos concretos de la melodía por ornamentaciones. Pueden considerarse precursoras de una forma muy empleada a lo largo de la historia de la música: el tema con variaciones. Además de Diego Ortiz y su Tratado de glosas, existieron otros compositores que destacaron en este género, siendo los principales Antonio de Cabezón (1510-1566) y Luis Venegas de Henestrosa (c.1510-1570).

Recercada segunda sobre el passamezzo moderno del Tratado de glosas de Diego Ortiz. Versión de Hespèrion XXI.

Al igual que Ortiz, Henestrosa es especialmente célebre por uno de sus libros: el Libro de cifra nueva para tecla, arpa y vihuela. En esta ocasión no trata sobre las glosas, sino sobre un sistema de tablatura inventado por el propio compositor. Contiene más de 200 obras, entre las que se incluyen 40 de Cabezón.


Referencias:

Biblioteca Digital Hispánica. (Sin fecha). El primo [secondo] libro de Diego Ortiz Tolletano: nel qual si tratta delle glose sopra le cadenze et altre sorte de punti in la musica del violone nouamenti posti in luce. Biblioteca Nacional de España. Consultado el 27 de marzo de 2021. http://bdh.bne.es/bnesearch/detalle/202423

Camacho, L. D. (2013, 8 de junio). Recercadas del tratado de glosas de 1553 de Diego Ortiz. Resonare fibris. https://bit.ly/3cpU3c0

Lafarga, M., Cháfer, T., Navalón, N. y Alejano, J. (2017). Il Veronese and Giorgione in concerto: Diego Ortiz in Venice (M. Lafarga y P. Sanz, ed.). Lafarga & Sanz.

Redacción y edición: S. Fuentes

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Una noche en la ópera

Bertin y la ópera que acabó en disturbios

La compositora y poeta francesa Louise Bertin (1805-1877) nació con una parálisis parcial que limitó enormemente su movilidad durante toda su vida. Criada en un hogar acomodado, la joven pudo explorar distintas disciplinas artísticas: poesía, música y pintura. Su familia le animó a desarrollar su carrera musical y con solo 19 años compuso su primera ópera, Guy Mannering.  Esta obra estaba basada en una novela homónima de Walter Scott.

Dos años después, en 1827, la joven estrenó su segunda ópera, El hombre lobo, en la Opéra-Comique. En esta misma época, Bertin comenzó a trabajar en su siguiente proyecto, una adaptación del Fausto de Goethe. La propia compositora se encargó de escribir el libreto en italiano para la obra. Tras muchas complicaciones y con un año de retraso, esta nueva ópera pudo estrenarse. La acogida del Fausto de Bertin no fue buena y tras tres representaciones la producción fue cancelada.

Por aquel entonces, Louise Bertin y su familia trabaron amistad con Victor Hugo. El escritor había comenzado a trabajar en una adaptación escénica de Nuestra Señora de París poco después de terminar la novela en 1830. Esta obra atrajo el interés de un gran número de compositores, entre los que se encontraba Hector Berlioz. Victor Hugo rechazó las propuestas de todos estos músicos salvo una, la de Louise Bertin. De aquí surgiría la única colaboración directa entre el escritor y un compositor o, en este caso, compositora.

D’ici Vous Pourrez Voir de La Esmeralda de Louise Bertin.

La Esmeralda

Bertin y Hugo comenzaron a trabajar mano a mano en esta nueva aventura. El escritor estaba a cargo del libreto de la ópera, que incluía bastantes modificaciones respecto al texto original. Se eliminaron algunos personajes y se cambió la importancia de otros. Por ejemplo, Quasimodo abandonó su papel protagonista para pasar a un segundo plano, de modo que se pudiera destacar la historia de amor entre Esmeralda y Febo. Este nuevo foco de atención incluso les llevó a cambiar el final para que Esmeralda pudiera escapar de la ejecución.

La novela de Victor Hugo había sido incluida en el Index Librorum Prohibitorum (el Índice de libros prohibidos) de la Iglesia católica en 1834, por lo que la adaptación tuvo que pasar por las manos de los censores. Para intentar distanciar la ópera del original, pidieron que se cambiara el título a La Esmeralda y que se eliminaran las referencias a Claude Frollo como religioso (era el archidiácono de la catedral parisina). Hugo y Bertin cambiaron el título, pero no la identidad de Frollo.

Gracias a la influencia de la familia de Louise Bertin y a la popularidad de Victor Hugo, La Esmeralda se convirtió rápidamente en una superproducción. Para los cuatro papeles principales contrataron a las estrellas más conocidas de la ópera parisina por aquel entonces. Debido a la discapacidad de Bertin, que le impedía acudir regularmente a los ensayos, contrataron a Berlioz para dirigir estos ensayos.

Fragmentos de La Esmeralda de Louise Bertin.

Pese a este plantel de grandes nombres, el panorama tras bambalinas era totalmente descorazonador. Circulaban rumores sobre que la ópera solo se producía por la influencia de los Bertin o sobre una posible autoría de Berlioz de algunos números de la ópera. El compositor desmintió estos rumores, pero la situación seguía siendo muy opresiva. De hecho, Berlioz se desahogó en una carta a Franz Liszt, expresando el infierno en que se había convertido La Esmeralda.

Con este ambiente desasosegante como telón de fondo, llegó el día del estreno en el Teatro de l’Académie Nationale de Musique. Los rumores se concretaron en teorías que vinculaban a las instituciones responsables de la ópera en París con el Journal des débats —el periódico en que el hermano de Louise Bertin trabajaba como editor—, alegando que La Esmeralda se debía únicamente al tráfico de influencias. Cuando llegó el cuarto acto en el estreno, surgieron muchas voces entre el público que gritaron “¡Es de Berlioz!”. Entre estos alborotadores se encontraba el escritor Alexandre Dumas. Tras unas pocas representaciones, estas tanganas acabaron en disturbios, por lo que la ópera fue cancelada. Louise Bertin continuó cultivando otros géneros musicales (sinfonías, cantatas, cuartetos…), pero no volvió a escribir ninguna ópera.

Contra todo pronóstico, este hostil rechazo inicial no hundió por completo a La Esmeralda. Se hizo una versión modificada del primer acto que se utilizó como “telonera” de ballets entre 1837 y 1839. También Franz Liszt escribió una reducción de la partitura para voz y piano que se publicó en 1837. E incluso se interpretó La Esmeralda en versión de concierto en 1865.


Referencias:

Boneau, D. (2002). Bertin, Louise (opera) (-Angélique ). Grove Music Online. https://doi.org/10.1093/gmo/9781561592630.article.O900744

Reinhard, G. (2021, 9 de febrero). Composer Profile: Louise Bertin, Composer of ‘La Esmeralda’. Operawire. Recuperado de https://operawire.com/composer-profile-louise-bertin-composer-of-la-esmeralda/

Redacción y edición: S. Fuentes

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Notas al programa

La Suite rústica de Kaprálová

La Sociedad Internacional para la Música Contemporánea celebró en junio de 1938 un festival en Londres. Uno de los éxitos de este evento fue Vojenská symfonieta, una obra de la joven compositora checa Vítězslava Kaprálová (1915-1940). La composición causó tal impresión que la editorial Universal Edition encargó a Kaprálová una nueva obra sinfónica. En esta ocasión debía tratar sobre canciones y danzas populares checas.

Este encargo cohabitó con otros proyectos de la compositora durante unos meses. En octubre de ese mismo año, un mes antes del plazo de entrega previsto, la editorial comenzó a insistir en conocer el progreso de la obra, por lo que Kaprálová aparcó sus otras composiciones para centrarse en la que sería bautizada como Suite rústica. Demostrando una gran capacidad de trabajo, la compositora consiguió terminar el borrador de la suite el 2 de noviembre y la versión orquestada tan solo una semana después. Pese a la gran calidad de la obra, la editorial decidió no publicarla.

Afortunadamente, el desprecio de la editorial vienesa pudo ser compensado. La Suite rústica se estrenó en Brno —ciudad natal de Kaprálová— el 16 de abril de 1939.

Suite rústica de Vítězslava Kaprálová por la Brno State Philharmonic Orchestra.

La Suite rústica tiene una gran influencia de Petrushka de Igor Stravinski. La joven descubrió este ballet siendo niña y rápidamente se sintió fascinada por él. Durante sus estudios en Praga examinó en profundidad la obra y volvió a encontrarse con ella cuando continuó su formación en París.

Petrushka y la Suite rústica parten de una misma idea: crear una tensión inicial —en el caso de Stravinski esta tensión no se crea al principio de la obra, sino antes de la entrada del Mago— e ir liberándola a lo largo de sus distintos episodios. En el primer movimiento de la suite, Kaprálová se sirvió del contraste entre ritmos y melodías populares sobre un fondo plagado de recursos modernistas, como ya hiciera Stravinski. Sin embargo, la compositora checa optó por un sonido más potente, con una orquestación en la que el viento metal y la percusión tienen un gran protagonismo.

El segundo movimiento de la suite aparca temporalmente la influencia rusa de Stravinski para mirar hacia dos compatriotas de Kaprálová: Bedřich Smetana y Antonín Dvořák. Del primero tomó el tratamiento de la furiant, una danza checa a la que muchos compositores habían recurrido, pero que pocos habían logrado controlar con la maestría de Smetana en La novia vendida. De Dvořák, concretamente del Largo de su Sinfonía no.9, tomó la forma de enmarcar las melodías populares. Kaprálová encuadró con esta técnica una danza de la zona occidental de Bohemia (en su sinfonía Dvořák empleó una canción silesia).

Sedlák, sedlák, danza bohemia utilizada por Kaprálová en la Suite rústica. Versión de Iveta Bartošová.

En el tercer movimiento, Kaprálová retornó a Stravinski. En esta ocasión recurrió a los ritmos frenéticos y el primitivismo que podemos encontrar en La consagración de la primavera. La compositora trasladó estos recursos rítmicos al mundo eslavo a través de una canción popular eslovaca.

Vítězslava Kaprálová

En sus 25 años de vida, Vítězslava Kaprálová llegó a componer y estrenar un gran número de obras. Abarcó distintos géneros y plantillas: desde las obras orquestales como la Suite en miniatura o la Suite rústica a obras camerísticas como el Trío para oboe, clarinete y fagot o incluso para piano solista, como los April Preludes. Además de este éxito como compositora, Kaprálová también ganó un notable prestigio como directora, llegando a dirigir la Orquesta Filarmónica Checa o la Orquesta de la BBC. Lamentablemente, su temprana muerte segó esta trayectoria que podría haber situado a la compositora checa entre los músicos más grandes de todos los tiempos.

Sonata Appasionata de Vítězslava Kaprálová por Virginia Eskin.

Pese a su breve carrera, la importancia de Kaprálová es tal que se ha creado una sociedad musical alrededor de su figura: The Kapralova Society. Esta organización sin ánimo de lucro fue fundada en 1998 en Toronto para preservar el legado de la autora y promover el interés en su música y la de otras compositoras. Colaboran con otras instituciones a través de proyectos educativos y de investigación. The Kapralova Society está adscrita a la International Alliance for Women in Music.


Referencias:

Kapralova Society. (Sin fecha). Vítězslava Kaprálová. Consultado el 13 de marzo de 2021. http://www.kapralova.org/

Mabary, J. (2018). Suita rustica, op. 19 (1938). The Kapralova Society Journal, 16(2), 14-15.

Redacción y edición: S. Fuentes

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Palomitas y partituras

La urraca que retó a Sherlock Holmes

La obertura de La gazza ladra (1817, La urraca ladrona) de Gioachino Rossini (1792-1868) es una de esas melodías que se han vuelto una parte imprescindible del imaginario colectivo. Ya sea por sus redobles iniciales o su juguetona melodía, esta obertura operística ha llamado la atención de un gran número de creadores audiovisuales. Rossini y su urraca han llegado a películas, series de televisión e incluso videojuegos, como es el caso de Saints Row: The Third (2011).

Entre las películas que han caído en las garras de la urraca podemos encontrar títulos como La naranja mecánica (1971), Érase una vez en América (1984) o El honor de los Prizzi (1985). Aunque, sin duda alguna, una de las obras que mejor captura el espíritu del original rossiniano es la serie Sherlock (2010-2017).

Uno de los capítulos de la serie comienza con Moriarty orquestando un ataque a varios enclaves cruciales del entorno londinense: el Banco de Inglaterra, la prisión de Pentonville y la Torre de Londres. El genio criminal comienza a reproducir la obertura en sus auriculares y los espectadores tenemos el privilegio de compartir esta escucha. Moriarty es un perfecto símil de la urraca: un villano que se gana la simpatía del público. Un robo por el placer de hacerlo. Como la ópera de Rossini, el capítulo de Sherlock esconde giros inesperados y una historia que se mueve entre lo trágico y lo cómico, entre lo serio y lo bufo.

Escena de la serie Sherlock.

Según Ludovico Settimo Silvestri, un biógrafo del siglo XIX, Rossini escribió la obertura de la ópera el día antes de su estreno. El productor encerró al compositor en una habitación de La Scala de Milán, donde iba a representarse La gazza ladra, para que finalizase la obra. Había cuatro personas vigilándole y llevando las páginas completadas al copista para que terminara la orquestación. Esta anécdota refuerza la creencia de que Rossini escribía sus obras a una velocidad endiablada.

El compositor italiano hizo varias revisiones de la partitura a lo largo de su vida. Y no fue el único. En 1822 se estrenó una versión con texto en francés en Lille. Su título era La pie voleuse, el nombre original de la obra en que se basó Giovanni Gherardini para escribir el libreto de la ópera. También se creó una versión en inglés, estrenada en 2013 en The Bronx Opera de Nueva York.

La gazza ladra

El argumento de la ópera transcurre alrededor del hogar de Fabrizio Vingradito. Él y su cónyuge, Lucia, esperan el regreso de la guerra de su hijo Giannetto. Una de las criadas, Ninetta, está enamorada del joven. Este amorío es de dominio público y del agrado de casi todos, aunque Lucia desconfía de su potencial nuera. Cree que está relacionada con la desaparición de un tenedor de plata.

Come frenare il pianto! de La gazza ladra de Rossini.

Giannetto no es el único que regresa de la guerra. El padre de Ninetta, Fernando Villalbella, también vuelve del frente. Pero, a diferencia del joven, es un desertor. Acude a su hija en busca de ayuda. Le entrega dos piezas de plata de la familia para que las venda y consiga dinero para poder huir. Aprovechando un momento de tranquilidad en el que nadie se halla presente, una urraca entra en escena y roba una cuchara de plata de Lucia.

Ninetta vende la plata a un buhonero y se dirige a terminar los preparativos para la fiesta de bienvenida de Giannetto. Mientras tanto, Lucia echa en falta su cuchara y comienza una investigación. Con el ajetreo a la joven se le cae el dinero de vender la plata de su padre, algo que resulta muy sospechoso. Llaman al buhonero, quien cuenta que ya no tiene los artículos en su poder pero que recuerda que tenían grabadas las iniciales F. V. Todos asumen que corresponden a Fabrizio Vingradito (aunque en realidad sean de Fernando Villalbella). La joven decide no defenderse, ya que llamaría la atención sobre su padre, y es arrestada.

Gracias a un guardia de la prisión, Ninetta intercambia mensajes con el jefe de los criados, e incluso consigue reunirse con Giannetto. Poco a poco va ganando aliados en el exterior, pero el tiempo apremia. Se produce un juicio en el que la joven es declarada culpable y condenada a muerte.

A questo seno de La gazza ladra de Rossini.

Este fatídico destino parece cambiar cuando llega un amigo militar de Fernando con un perdón real. El jefe de los criados le guía hacia su destino y es recompensado con una moneda de plata. En ese instante la urraca vuelve a entrar en escena para hurtar la moneda. El guardia de la prisión y el jefe de los criados persiguen al ave hasta su nido, donde encuentran la cuchara desaparecida. En el último momento consiguen detener la ejecución de Ninetta.


Referencias:

Kareol. (s.f.). La urraca ladrona – Libreto. Consultado el 6 de marzo de 2021. http://kareol.es/obras/lagazzaladra/acto1.htm

Silvestri, L. S. (1874). Della vita e delle opere di Gioachino Rossini: Notizie biografico, artistico, aneddotico, critiche.

Redacción y edición: S. Fuentes